GQ y yo (o por qué hay una revista con mujeres semidesnudas en mi casa)


playboy
Odio ir a que me saquen sangre. Tengo venas sumamente tímidas y se enroscan en mi codo cuando sienten que alguien intenta penetrarlas con un pedazo de metal hueco para extraer de ellas el líquido que guardan tan celosamente. Pero cuando toca, toca y el sábado tocó. Pero como ya me ha pasado tantas veces soy precavida y llevo musiquita, revistica y celular con pila para poder jugar póquer (soy un as) mientras me encuentran la vena. Todo lo anterior es para explicarles por qué estaba yo parada frente a la exhibición de revistas del supermercado 24 horas que hay cerca de mi casa MUY temprano el sábado. Llevaba bastante tiempo mirando los titulares de las revistas “femeninas” y no sabía si decidirme por la que prometía enseñarme cómo conquistar a mi jefe; la que ofrecía mil y una maneras de mejorar mi estado físico mientras hacía oficios domésticos; o la que contenía la última dieta rápida súper efectiva. Ya iba a resignarme cuando de reojo ví la palabra humor. Allí, diagonal a las piernas de Penélope Cruz, estaba anunciada la edición de humor de la revista para caballeros GQ. Miré de cerca y resultó que tenía un artículo de Woody Allen (digan lo que quieran de sus habilidades como niñero pero es un genio de la comedia), una entrevista con Jim Carey y otro barbado simpático que aparecía con unos patos en la tina (no es un eufemismo). Sin pensarlo mucho, tomé la GQ e inmediatamente hice tres descubrimientos importantes:
1)   Hay algo inherentemente sexy en que una mujer lea una revista para hombres. No lo sabía cuando elegí la GQ pero fue evidente en cuanto fui a pagar pues el de la caja, que me había visto una docena de veces antes, de repente se puso de simpático y me preguntó qué hacía y si leía GQ con frecuencia y si quería que me guardara la próxima Playboy. Aún después de usar las palabras esposo, hijo y diabetes gestacional (¿habrá palabras menos sensuales?) el tipo seguía con su tono aterciopelado y sus ojos de alcoba.
2)   Los artículos que salen son bastante interesantes y la desnudez femenina es menor de lo que pensaba –es más, en esta edición muestran mucho más piel de un modelo masculino que de Penélope. Ustedes son libres de sacar sus propias conclusiones al respecto. Tienen reseñas de dispositivos tecnológicos y libros, entrevistas, perfiles de artistas, en fin, mucho más que cómo conquistar a tu jefe. O secretaria. O lo que sea.
3)   Las viejitas se espantan con la GQ. Esto podrá no ser atractivo para mucha gente, pero yo soy un imán para las viejitas con traumas severos y me ven como una cara amigable sedienta de detalles sobre sus enfermedades y penas. Usualmente finjo sordera o extranjería para quitármelas de encima, pero tener la GQ me libró de ello. Ni una sola de las 5 viejitas que estaban parqueadas en la sala de espera se atrevió a sentarse al lado mío y los viejitos que estaban se limitaron a mirarme y sonreír.
La verdad es que con tantas bondades, creo que no me queda más remedio que suscribirme a GQ…y  a Don Juan y a Playboy y a Soho…

No sé qué dicen, pero sé de qué hablan…


Sex symbols

Image via Wikipedia

El nuestro es un planeta poblado de manera tan diversa, rica e impredecible, que es sorprendente encontrar que durante la última quincena, en prácticamente todos los continentes hemos estado preocupados por el mismo tema: el sexo.

Den una revisadita a los titulares de las últimas dos semanas y verán que tengo razón. Empecemos por los vecinos de muy al norte, los estadounidenses, que han llegado a cuestionar la capacidad de Sarah Palin para ser vicepresidente porque su hija adolescente está embarazada. Las especulaciones sobre si Bristol se va a casar con el padre del bebé desbancaron la guerra en Irak pues, al parecer, hay quienes sugieren que la capacidad política de una mujer se puede medir con la virginidad de sus hijas.

Pero dejemos ese tema de ese tamaño. En otro continente, un pequeño hotel de la costa mediterránea turca ha decidido echar a todos sus empleados masculinos por coquetos. Así es, los trabajadores del hotel fueron ‘excesivamente amables’ con las turistas, así que han perdido sus empleos. El administrador del Image Hotel en Marmaris dijo que de ahora en adelante sólo contratará mujeres para evitar escándalos. Y no muy lejos de allí, en España, un político está en problemas por haber descrito públicamente cómo perdió su virginidad en un burdel. En una entrevista televisiva el servidor público de la región de Cantabria, Miguel Angel Revilla, ofendió a las mujeres de su partido y demás compañeras del parlamento al hablar tan cándidamente sobre el tema pero según Revilla, de 65 años, “el 99% de los españoles de la época hicieron lo mismo”.

Por lo visto, los españoles no estaban solos. En Alemania, críticos literarios lloran la muerte del mito de un Franz Kafka solitario y puritano, pues una biografía publicada esta semana ha revelado que este hombre, que creció hablando alemán y siendo judío en un enclave del Imperio Austro-húngaro en donde todo el mundo hablaba checo,  superó las barreras idiomáticas lo suficiente para encontrar un burdel y frecuentarlo asiduamente. Algunos seguidores están escandalizados con la publicación de los hábitos sexuales del autor de clásicos como La Metamorfosis y El Proceso, mientras que otros están felices de que el adjetivo “kafkiano” ahora incluya deleites carnales.

Y no hemos terminado el recorrido. Alrededor de mil balineses, vestidos de sarong típico, se reunieron este miércoles para protestar un proyecto de ley anti-pornografía porque dicen que podría lastimar las tradiciones culturales de Indonesia.  La ley, que pretende proteger la moral de la juventud, incluye la prohibición de besarse en público y la penalización de cualquier forma de arte que se pueda considerar sensual.

Como verán, el tal mes del amor y la amistad ha dado mucho de qué hablar en materia de sexo. Al parecer, los humanos no somos tan diferentes como pensé. Llevamos siglos obsesionados por lo debatir, regular, clasificar y juzgar públicamente lo que sucede en privado. Nada nos atrae más que lo que nadie quiere que sepamos que estamos haciendo. Todo esto me recuerda una famosa frase de Woody Allen: “No sé cuál será la pregunta, pero el sexo es definitivamente la respuesta”. Lo mismo se podría decir de las noticias…al menos, las más recientes.

 

*PUBLICADA EL 21 DE SEPTIEMBRE DE 2008

Nostalgia celuloide


Publicada en La Tarde en 24 de octubre de 2010

Empezaré reconociendo que sueno como una viejita rajando de ‘esos muchachos de hoy en día’. Tal vez sea porque el lunes cumplo años -valga la autopropaganda- pero constantemente me oigo a mí misma decir “no hay nada qué ver”. Últimamente, las escasas veces que la maternidad me da tiempo suficiente para estar quieta viéndome una película, termino en canales que pasan filmes viejos, mucho blanco y negro y una que otra película ochentera que ahora son de mejor familia y en lugar de ser retro tienen estatus de clásicas (no saben cuánto me deprimió ver que Lobo Adolescente con Michael J. Fox era “el clásico de la semana”).

El caso es que las películas de ahora, con contadas excepciones son de puros muchachitos pálidos y trágicos con crisis existenciales que empiezan en primaria con tramas enfocadas  hacia la  venta de mercancía y la procreación de secuelas.

No es sólo percepción mía. Silvester Stallone (¡Ja! Apuesto que pensaron que jamás iban a ver al viejo Sly como referencia en una columna mía) recientemente llamó a todos sus amigos actores que alguna vez interpretaron papeles de típico héroe americano –Bruce, Arnold, Dolph, etc.- e hicieron  una película llena de los referentes emocionales que hicieron grande el cine de acción. Escenas de explosiones y balas y hombres tan musculosos que parecen otra especie (homo musculus matralletus) perpetuamente sudorosos y sucios que en contra de toda adversidad logran triunfar en nombre del honor –o algo así por el estilo. Este no es necesariamente el tipo de película que más me guste pero entiendo por qué ha sido una de las más taquilleras de la temporada. La gente, al menos la de mi generación, extraña el cine escapista que gira en torno a tramas improbables que parten de la idea de que cualquiera puede ser un héroe y donde los buenos ganan y los malos pierden y el chico obtiene a la chica y billetes de cien dólares caen del cielo porque nos gusta escapar de la realidad.

Woody Allen se preguntaba en una entrevista reciente si no serían los productores del cine escapista los que aportaban más a la sociedad, comparados con los del drama político y las películas diseñadas para hacernos pensar, pues al proporcionarnos un “tapo” nos dan la posibilidad de refrescarnos mental y emocionalmente, nos hacen sentir bien, aunque sea una sensación artificial que nace como reacción a algo que no está sucediendo, versus los documentales que nos obligan a ver la cruda realidad y a tomar consciencia y todas esas cosas.  Serán pocas las veces que diga esto, pero creo que Woody y Sly tienen algo en común conmigo: me gusta el cine comercial tonto. De vez en cuando cae bien una película “seria” pero la verdad es que yo pienso todo el día y cuando veo cine o televisión, lo que quiero hacer es descansar y no estresarme porque Bella y Eduard no pueden estar juntos. Por mí, que llegue Sly y acabe con todos esos vampiros paliduchos.