Con la memoria en la tripa


Yo soy de esas personas que tiene la misma clave para todo porque si no, me enredo. Cada vez que abro una cuenta nueva en algún sitio en internet me digo a mí misma que voy a inventarme claves más difíciles pero entonces se me olvidan y me toca hacer clic en el vergonzoso hipervínculo de los olvidadizos. Durante un tiempo tuve “cuaderno de claves, usuarios y pins”, debidamente forrado, rotulado y marcado con mi nombre, dirección y datos personales completos, pero Jorge lo echó a chimenea y me dijo que siquiera yo no manejaba información secreta como los códigos de los misiles o los nombres de los espías. Tiene razón. Probablemente tendría un cuaderno “Listado de espías, misiones secretas y agentes encubiertos y sus ubicaciones actuales”.

Desde eso he contemplado la idea de hacerme un discreto tatuaje pero aparte del temor al dolor y la fobia a la montañerada me detiene el que las claves hay que cambiarlas periódicamente y eso generaría un desgaste económico, epidérmico y marital que no estoy dispuesta a tolerar.

Para mi fortuna, la ciencia ha pensado en mi y en quienes, como yo, padecemos desorden de usuario múltiple y esquizofrenia del password. La respuesta, según los inventivos de Motorola, está en el tracto digestivo.  Así es, usando tecnología desarrollada por Proteus Digial Health, ahora existe una píldora que uno se toma por la mañana y que contiene un chip que se activa cuando entra en contacto con el ácido estomacal. La píldora envía una señal que puede ser percibida por dispositivos móviles, permitiendo la identificación del usuario. Así, el cuerpo entero es el password y uno no tiene que acordarse de nada ni gastar esos molestos dos segundos tecleando la información necesaria. La señal sale por el ombligo y uno sólo tiene que acordarse de lo que está pasando en la novela. Supongo que podrían poner toda clase de información útil en ese chip: alergias, preferencias, tallas, peso y listado de elementos en el clóset. Así, uno podría pasar por el frente de un almacén y la vendedora podría enviarle un mensaje de texto diciendo que tiene la camisa que le sale con esos pantalones que no salen con nada, que la tiene en su talla y que además usted tiene saldo suficiente para comprarla.

big pills

ahora sólo hay que acordarse de tomarse la pasta

La idea es seductora pero pensándolo bien hay un par de cosas que me preocupan. La más obvia es que cualquiera se le puede robar a uno la “pasta maestra” y entonces puede andar por ahí disfrazado de colon ajeno. La otra es el colon mismo, impredecible y sensible como son todas las tripas. Una frijolada a deshoras y uno podría quedar sin claves antes de tiempo, o lo que es peor, podrían coincidir varias píldoras en el duodeno y la policía lo detendría a uno por tener más de una identidad.

Así las cosas, creo que es mejor volver al sistema de la omniclave y rogar por que nadie se la pille…

Alta tecnología y bajos instintos


Parking lot

Claro, en un parqueadero así, cualquiera.

Mi cuñado Andrés me imeilió (del verbo inventado imeiliar, es decir mandar un email) un video de un carro que se parquea solo. Investigué un poco a ver si era una broma cruel y descubrí que se trata de carros AudiConnect de la marca alemana Audi, uno llamado Pilot Parking y el otro Pilot Driving. Estos autitos tienen sensores que les permiten conducir y parquearse a sí mismos dependiendo del modelo gracias a un app de iOS. Hagamos una pausa para que la fabulosidad de esta noticia haga efecto. Es un CARRO que puedo manejar desde mi IPHONE. Excúsenme mientras me arrodillo y levanto los brazos hacia el cielo con ojos llorosos.

Gracias.

Ahora bien, antes de empezar a ofrecer mis órganos por internet –cosa que tendría que hacer si quiero tener la cuota inicial de un Audi- creo que hay que pensar bien si un auto así funcionaría en Colombia. Digo, esta tecnología está diseñada para Alemania, un país en el que los parqueaderos tienen ciertas especificaciones técnicas, las carreteras tienen unas condiciones diferentes y la gente está acostumbrada a cosas como carros que andan solos.

En Colombia, en cambio, los parqueaderos tienen medidas que podrían ser el tema de un nuevo programa de ciencia ficción titulado Dimensión Impredecible. Los parqueaderos hechizos de los que abundan en el centro requieren destrezas que el humano promedio no posee y por eso hay que dejar las llaves, para que los adolescentes y pre pubescentes asistentes del parqueadero jueguen Tetris Automotor. Eso sin contar con el carro y el teléfono estarían unidos, de tal manera que si me roban el teléfono (OTRA VEZ) se me roban el carro por ahí derecho. O lo que es más probable, Matías aprendería a manejar el carro con el app en menos de un mes y se me escaparía para jugar maquinitas mientras tiendo la cama.

No niego que sería cómodo. Como vivo en la vereda hay muchos restaurantes que no traen domicilio hasta acá y podría llamar a hacer el pedido y mandar el carro con la plata pegada con cinta pegante al parabrisas y una neverita de ICOPOR para que me metieran el pedido. Pero me arriesgaría a que el carro llegara lleno de machetazos y balazos porque la gente atacó al carro poseído o la policía me parta porque mi conductor virtual no tiene pase virtual o me caiga la DIAN porque no le he consignado cesantías a mi chofer invisible. Tal vez tenga problemas con inmigración porque el carro es alemán y no tiene visa de trabajo o lo recluten de algún sindicato y no pueda pedirle que se parquee los domingos ni festivos porque está de descanso. ¿Y tiene un aditivo para mejorar el octanaje y se lo llevan para los patios por conducir bajo la influencia de una sustancia controlada?

Mejor dicho, me dirán cínica –y lo soy- pero creo que no estamos listos para tanta belleza. Mejor sigo andando en flota y conservo mis órganos para cuando salga el robot mucama de los Supersónicos.

 

* PUBLICADA EL 21 DE JULIO EN LA TARDE

La culpa la tiene el celular


Old woman and children in a doorway in the Ind...

Evidentemente este es un problema que se puede curar con prohibir el celular, ¿no?

 

En el pequeño pueblo de Sunderbarri, Manuwar Alam está indignado. Los habitantes de los asentamientos vecinos le preguntan cuántas mujeres han sido infieles esta semana y se ríen de él. Ya van seis casos de mujeres, algunas más jóvenes que otras, que huyen de la aldea con sus novios o amantes y por eso Alam convenció a los miembros del Concejo, recientemente formado, de tomar medidas radicales: prohibir el uso de los teléfonos celulares para niñas y mujeres. Han decomisado los aparatos y establecido una multa de 10,000 rupias para mujeres solteras y 20,000 para las casadas que sean sorprendidas usando uno de estos aparatos corruptores. Con esta medida piensan que podrán erradicar el comportamiento escandaloso porque las mujeres ya no podrán comunicarse entre sí ni con sus amantes.

 

Los miembros del Concejo quieren ser previsivos, y sentar un precedente para India y todos los musulmanes, pues su aldea es casi toda musulmana y alrededor del 13% de la India lo es. Por eso para los habitantes de Sunderbarri es importante ser previsivos y eliminar este mal de raíz para impedir lo que podría suceder de lo contrario.

 

Porque, de no hacerlo, las cosas podrían escalar. Uno podría suponer que si las mujeres indias pueden usar celulares, pronto las árabes querrán conducir autos, salir solas y hasta elegir con quién casarse. Y ¿quién sabe qué clase de oprobios podrían surgir luego? ¿Mujeres decidiendo tener hijas en lugar de terminar los embarazos como lo hacen ahora? ¿Decidiendo si quieren ser esposas o madres, pensando que pueden estudiar en la universidad como cualquier hombre, teniendo su propio dinero, su propia propiedad, o peor, su propia opinión? Fatal. Simplemente fatal. Hay que pensar en el bien de todos (los musulmanes extremistas machistas obtusos miopes) y hacer una limpieza moral de la tecnología.

 

Y claro, la culpa la tiene el celular. No la represión, no la doble moral misógina represiva, no la pobreza ni la ignorancia. No; la culpa la tienen estos aparatos que llegan a los lugares remotos donde los servicios públicos no alcanzan, que les permiten a hombres y mujeres tener contacto con el mundo, encontrar trabajo, pedir ayuda, buscar recursos. Esos aparatos que son tan importantes para los indios que hoy en día más gente tienen celular que inodoro en ese país. Esos aparatos hay que destruirlos. Para preservar la moral hay que volver a la era pre-celular, a la era de la puerta abierta y el juicio pronto, de los teléfonos controlados y supervisados y las mujeres aisladas y calladitas. Porque esa es la única manera de tener paz y tranquilidad, y sobre todo, una sociedad ordenada y moral. Eso cree Manuwar.

 

Pero él no sabe que en algún rincón de Sunderbarri hay una adolescente que le está texteando a su amigo que tiene un blog para que Twitee algo sobre esta injusticia, y pronto todo Facebook estará apoyando estas mujeres. Porque ya no hay quien nos calle, Manuwar. Con o sin celular.

 

 

 

No hay repitis


Cover of "Back to the Future"

Cover of Back to the Future

No sé qué tan universal sea el concepto de “ñonguis” pero para quienes lo desconocen aclaro que se trata de un término que describe una jugada inválida que se debe repetir. Así, si uno tira un dado y este cae por fuera del tablero o de tal manera que no se sepa bien si es un uno o un seis, uno delcara “ñonguis”, que por supuesto conduce al “repitis” o repetir la jugada. El ñonguis y el repitis son sumamente importantes en cualquier juego y la verdad les confieso que siempre he pensado que deberían funcionar también para el juego de la vida. lamentablemente para mí y todos los que ganamos las peleas tres semanas después de acabadas o que se nos ocurre el insulto perfecto cuando ya vamos en el carro de regreso a casa, parece que el repitis no se puede. Al menos eso dicen los científicos de la Universidad de Hong Kong de Ciencia y Tecnología. Un equipo liderado por Du Shengwang dice haber demostrado que un fotón no puede viajar más rápidamente que un fotón.

Esto suena algo así como que un Renault 4 no puede andar más rápido que un Renault 4, pero parece tener implicaciones físicas mucho más profundas. Es un lástima porque el cine ha alimentado mi fascinación por viajar en el tiempo. Aparte de que quería ser la novia de Marty McFly, Volver al Futuro (1, 2 y sí, hasta me vi la 3) me dieron la idea de que podría regresar al pasado y darme a mí misma información valiosa sobre el futuro para evitar los errores que he cometido.  Me diría a mí misma que no me montara en el carro con mi primo para evitar estar seis semanas en muletas y la vida entera con problemas en la nuca; me advertiría que fulanito me iba a robar plata, que zutanita me iba a robar el novio, que ese niño finalmente no valía mis lágrimas y que algún día iba a lamentar todos esos merengones.
Pero qué sería de mi vida sin los errores que cometí? Al menos aprendí algo de ellos, así fuera doloroso el aprendizaje. Tal vez podría viajar en el tiempo por motivos más altruistas…fíjense lo que nos habríamos ahorrado si alguien hubiera filmado a Jesús, advertido a Kennedy o dicho a los indígenas que los espejos eran baratijas. Palabras como “Ojo con la practicante gordita” le habrían caído de perlas a Bill Clinton, y mucho hubiera agradecido la humanidad si alguien se hubiera sentado con la Sra. Hitler y le hubiera entregado un tomo de psicología infantil y un DVD de Barney sobre cómo aceptar a los amiguitos que son diferentes. Pero da lo mismo porque si alguien se devolviera en el tiempo y borrara los errores no sabríamos que los habían borrado y entonces no lo agradeceríamos y no aprenderíamos y lo haríamos de nuevo. O por primera vez. O como diga el fotón ese.
El caso es que dado no se puede viajar en el tiempo, si no comercializan la patineta flotante de la película voy a quedar muy enojada con el futuro, además de insatisfecha con el pasado. Tal vez necesite una máquina que viaje en el tiempo pero de lado…

Carreteras a mi medida


Madrid - Mind Map

Madrid – Mind Map (Photo credit: dplastino)

Lo he dicho antes y no me avergüenza decirlo de nuevo: manejar no es lo mío. Eso de conducir una máquina de varias toneladas de peso que se puede convertir en un agente de la muerte si cierro los ojos para estornudar es mucha presión para alguien que se puede distraer con cosas como el espacio. Y no me refiero al espacio exterior. Me refiero a la nada. O al todo. Lo que hay ahí o lo que podría haber o lo que hubo o habrá o…bueno, ya entienden la idea. El caso es que mi gran temor es perderme por elevada y eso hace que parezca un tanto poseída tras el volante porque constantemente me murmuro a mí misma para dónde voy y cómo llegar allí. Pero he visto la luz. Y no la luz que vi la vez que iba en contravía de noche, sino la luz de la felicidad, y en este caso mi felicidad viene con olor a tapas y ritmo flamenco.

Al parecer, los españoles son tan embolatados como yo –o tal vez temen mucho a los turistas como yo- porque se han inventado algo llamado iPavement. La compañía española Vía Inteligente inteligentemente ha inventado un manera de hacer pavimento a partir de piedra de carbonato de calcio de tal manera que cada loza tiene por dentro un microprocesador de 5GB que soporta tanto la tecnología Bluetooth como la Wi-Fi. Además, cada loza tiene su propia suite de aplicaciones con mapas y direcciones a sitios turísticos, tiquetes, descuentos y cupones. Si hasta ahora les he estado hablando Tecno, les traduzco: los genios detrás de la paella se inventaron la calle que habla con uno a través del computador o el celular o cualquier gallo que uno tenga y con un sólo botoncito uno puede, no sólo saber dónde está y cómo llegar a dónde quiere ir, sino también dónde hay un baño cerca, dónde están en promoción los chocolates y dónde puedo encontrar tapas light (suponiendo que ese tipo de información le interese).

Aunque mi amor por la tecnología tiene sus límites y la idea de tener tecnología omnipresente me sabe un poco a Gran Hermano (el libro, no el programa de TV), en este caso estoy absolutamente entusiasmada con la idea de que la calle le diga a mi carro que me avise que voy por dónde no es o que el andén me llame al celular para decirme que a dos puertas hay venta de jamón serrano. ¿Se imaginan la dicha? Tal vez esto se pueda combinar algún día con Facebook y entonces el teléfono me llame para decirme que a la vuelta de la esquina está la amiga de mi mamá cuyo nombre no recuerdo, o un ex que quiero evitar, o un el director de alguna revista con quien quiero tener un encuentro accidental a propósito. ¡Sería el fin de mi torpeza social y motora! Bueno, al menos motora…

La primera cuidad en ensayar esta maravilla de pavimento será Madrid y ya vaticino éxito rotundo para esta tecnología. Ahora, si pudieran combinarla con los andenes esos de los aeropuertos que se mueven solos para que uno no tenga que caminar tendríamos un cielo peatonal. ¡Joder, qué buena idea!

Belleza por asociación


LG Mobile Model

El teléfono no viene con la modelo, por si se lo estaban preguntando.

¿He dicho antes que me encantan la tecnología? Es así. Soy tecno-junkie. Todo lo que se prende y tiene lucecitas me descresta. Y entre más funciones inútiles tenga un aparatejo, más me emociono. Pero hasta yo tengo mis límites en cuanto a la tecnofilia, y mi límite se encuentra muy cerca de la línea que cruzaron recientemente los ejecutivos de LG con su campaña de LG Mobile. Tal vez no la habrán visto aún. El folleto muestra una hermosa dama con un teléfono celular en la mano. Ella está sonriente, el teléfono está reluciente y la leyenda que los acompaña reza “Te hará lucir más bella”. Y hasta ahí llegó el romance.

Supongo que tengo un concepto de belleza muy distinto a los de LG porque yo no creo que un accesorio me pueda hacer lucir más bella. Ni a mí ni a nadie. Ojo, no estoy diciendo que una no se pueda SENTIR más bella con la ayuda de algunos juguetes. No les voy a mentir, cuando tengo mis gafas de sol grandotas tipo Chanel no sólo me siento bella. Me siento FAMOSA. Me siento totalmente Jackie Kennedy. Creo que se me sale hasta el Onasis. Lo mismo con las joyas… no nos metamos mentiras, hay días que un par de aretes pueden hacer toda la diferencia. Y todas tenemos la bufanda mágica, que hace que cualquier pinta escale de clase inmediatamente, o los tacones que nos hacen sentir que si nos viera Julia Roberts le daría envidia de nuestras piernas. La noción no es para nada nueva. Durante milenios, absolutamente todas las culturas han tenido algún tipo de relación con elementos materiales que asocian con poderes curativos o espirituales. Todos, desde nuestros ancestros indígenas hasta las más antiguas tribus africanas, todos tienen algún tipo de accesorio. Cristales, piedras, semillas, raíces, el poder comunicativo de los accesorios y la manera como se relacionan con el cuerpo y la mente ha sido un tema tratado mil y una veces.

Para algunos, dicha relación tiene una explicación científica porque los cristales son la formación más ordenada de la materia (eso de entropía igual a cero era lo que decía el profesor de química entre juegos de ‘ahorcado’) y que por eso ayudan a balancear los campos energéticos del cuerpo. No sé si eso sea verdad, pero estoy totalmente de acuerdo en que a mí los diamantes me llenan de una paz interior que ni les cuento. Si se fijan  todos los rituales de todas las culturas tienen de por medio la idea de la funciòn social de la aceptación evidenciada por la posesión de alguna joyita o algo por el estilo. Y no sólo los rituales religiosos, sino los sociales también. Los militares distinguen sus rangos entre sí porque tienen estrellitas o solecitos o banderitas, la curia usa colores y sombreritos y anillos para indicar jerarquía y también los civiles usamos la cartera Louis Vuitton o los zapatos Jimmy Choo o las billeteras Mario Hernández para indicar estrato, gusto o falta de ambos.

Independientemente de cuánto acepte o diste de los conceptos esotéricos y metafísicos, no niego que dotamos de un poder enorme a ciertos objetos que nos rodean. No creo que importe el material, sino el sentimiento. Tenemos el anillo de la abuela que creemos que nos trae suerte, el lapicero que nos dio la mamá y  con el que creemos que escribimos mejor o  el dije que nos dio la abuelita que nos hace sentir protegidos. Todas esas emociones las relacionamos con algo tangible y material, pero no significa, necesariamente, que sea la materia en sí la que contenga la emoción. Por eso, es posible que tener un teléfono celular me alegre, que me lo compre con mi primer sueldo y sea para mí un símbolo de triunfo y que la sensación de haber triunfado me haga sonreír, lo que invariablemente me hará ver más atractiva y me hará lucir y sentir más bella. Pero decir que un celular me puede hacer lucir más bella es comerse la mitad del cuento. Así que, lo siento amigos de LG. Respetuosamente debo señalar que su aviso está a medias… y su concepto de belleza, también.

* PUBLICADA EN SEPTIEMBRE DE 2006

La historia en la era digital


Jean-Paul Sartre and Simone de Beauvoir at Bal...

Este amor sería menos legendario si sólo tuivéramos los emoticones que intercambiaron.

Dios ampare a los historiadores del futuro. Tendrán la poco envidiable tarea de encontrar registros duraderos de una época que se distingue por lo efímero. Y como si fuera poco, tendrán que ingeniárselas para encontrar fuentes confiables en un medio que tiene tantas versiones como autores. Los medios digitales y la Internet facilitan las comunicaciones interpersonales y empresariales, pero dificultan el almacenamiento debido precisamente a su rapidez. Pocas personas guardan sus mensajes electrónicos, por lo que construir una memoria colectiva del futuro a base de elementos tangibles sea sumamente difícil. No tendremos a la mano las cartas de amor que se intercambian importantes personajes, ni los memorando en donde se evidencian decisiones históricas tomadas en momentos cruciales. Los registros han pasado de lo tangible a lo intangible, de lo material a lo inmaterial, y esto significa que no queda rastro de la evolución de las situaciones.

Dadas las condiciones, es sumamente probable que la historia, como disciplina, esté en vía de extinción. Al menos, ese es el temor de la Biblioteca Nacional de Escocia, que este mes inició una campaña para almacenar los blogs (los blogs o web logs son páginas individuales de construcción colectiva o personal que no tienen respaldo de una empresa o academia) creados por sus ciudadanos, junto con algunos correos electrónicos y diarios en línea. Son espacios virtuales en los que cualquiera puede hablar de cualquier cosa, y los funcionarios de la Biblioteca sienten que estos elementos son el producto cultural de nuestra era, y en el futuro servirán para que nos estudien los historiadores del mañana.

Suena contradictorio hablar de historiadores del futuro, pero lo cierto es que las sociedades modernas han perdido el sentido de la historia y han dejado de acumular, almacenar y registrar. Los historiadores actuales cuentan con diversas maneras de descubrir el pasado, entre ellos las obras de arte, los recuentos literarios, los elementos decorativos y los mismos fósiles. Pero en el presente, nuestra obsesión por la velocidad nos ha llevado a olvidar el futuro. No hay cómo desborrar aquello a lo que se le ha dado “delete”. De allí que sea tan interesante la tarea quijotesca que han emprendido los escoceses. Para ellos, los correos masivos de chistes y los blogs y los diarios tienen mucha importancia histórica y deben ser considerados archivos con mucho significado cultural. El término que han acuñado para referirse a tal tipo de hazaña es “depositario digital” y proponen que serán los manuscritos del siglo XXI. Han empezado a organizar los mensajes electrónicos de algunos escoceses de relevancia política, cultural, artística y económica. Por ejemplo, ya están organizando en un archivo de portales y páginas de Internet los sitios y los mensajes electrónicos de JK Rowling, la autora de Harry Potter, y la correspondencia electrónica de Ian Rankin, renombrado autor de novelas de misterio protagonizadas por el Inspector Rebus, y Alasdair Gray, autor del clásico de literatura fantástica Rebark. Todos estos personajes son escritores notables, pero falta ver si redacción digital es tan elocuente como la impresa. Este sería otro obstáculo para los historiadores del futuro: el lenguaje. El leguaje que se maneja en los correos electrónicos de hoy en día dista mucho de las cartas elegantes y elaboradas de los siglos anteriores. Los cronistas que se derramaban en prosa describiendo cada rincón de tierras nuevas, cada característica de pueblos desconocidos hasta entonces. Los historiadores modernos tienen el privilegio de nutrirse de fuentes ricas en adjetivos y adverbios, mientras que los del futuro tendrán que hacer magia para leer entre líneas y adivinar qué había entre un emoticon y otro. Adicionalmente, el tropiezo de la publicación es algo que los entusiastas registradores de Escocia no han tenido en cuenta. Los blogs y los mensajes no tienen fuentes ni dolientes. Lo que hace a la red atractiva es precisamente el anonimato, el poder decir sandeces sin temer repercusiones, pero no hay cómo discernir las sandeces de las verdades. Los documentos que hoy se estudian como tesoros, como los Rollos del Mar Muerto y las cartas personales de Simón Bolívar, fueron elaborados de manera privada, sin pretender su difusión, y precisamente por eso se considera tan valiosos. Sería poco probable encontrar en la red cartas de amor tan conmovedoras como las que se intercambiaron el filósofo francés Jean-Paul Sartre y con la escritora Simone de Beauvoir. Palabras como “¿Cómo te amo? Déjame contar las maneras”, que las recibió el poeta norteamericano Robert Browning de su esposa Elizabeth, simplemente no circulan en la red. Lo más frecuente son correos sobre el horóscopo tibetano y chistes de borrachos. Los entramados de metáforas escritas a mano en papelería de monograma y con tinta que deja entrever dónde cayeron las lágrimas se consideran verdaderos tesoros hoy en día, pero escasearán en el futuro.

Además, los mensajes que se logren salvar tendrán el problema de la tecnología. Nadie garantiza que después de todo el esfuerzo que están haciendo los escoceses, en algunos años los correos almacenados se puedan leer desde plataformas que aún no se han inventado. Otra ventaja del papel… es una tecnología que nunca queda obsoleta. Pero esto no nos resuelve el problema de la historia del futuro.

En Colombia tenemos aún problemas con la historia del pasado, en cuanto a la recopilación y el cuidado de datos. Mientras tanto, nadie está recopilando emisiones de noticieros, entrevistas radiales, discursos públicos y periódicos actuales. En Pereira carecemos de un centro de acopio de información sobre nuestra historia reciente y no estamos registrando de manera juiciosa el presente, que será historia dentro de poco.

 

* PUBLICADA EN SEPTIEMBRE DE 2006

Transgresiones e indulgencias


The current two dimensional HP logo used on co...

A veces no sé si HP es por Hijuepu...

No sé qué hice para enojar a los Dioses de la Tecnología, pero están furiosos conmigo. Mi computador sacó la mano, mi Internet no funciona, mis disquetes todos tienen amnesia, mi celular se niega a retener la carga de la pila durante más de dos horas y además se come las llamadas perdidas y se rehúsa a decirme que tengo mensajes de voz. El carro sabe que soy yo la que voy manejando y empieza a dejar salir el gas, quién sabe por dónde, para que a mí me toque tanquearlo. Y no crean que no me dé cuenta de que los semáforos me ven y se ponen rojos antes de tiempo y duran verdes menos de lo que Enrique Iglesias puede sostener una nota. Todos mis relojes tienen las pilas dañadas y el despertador le ha dado por sonar a las 4 de la mañana, cuando ya uno no se puede volver a dormir pero para qué se levanta. El control remoto del televisor no me hace caso, sube y baja el volumen cuando le da la gana, me cambia el canal justo cuando van a descubrir el asesino y a veces simplemente no le manda la razón a la tele. El teléfono inalámbrico de la casa sólo me da dos opciones: oigo todas las conversaciones de la vereda al tiempo o no oigo nada. El microondas es sólo una vitrina con luz que le da vueltas al pollo hasta que lo marea, pero lo no calienta. El horno está en franca huelga. La nevera está moribunda y todo el día emite un gemido desconsolador y fantasmagórico que por las noches se convierte en un alarido de dolor y angustia. La lavadora está loca y padece frecuentes ataques epilépticos, que aparentemente le dan hambre porque le ha dado por comerse mis medias –sólo las mías- y hcaer “copy paste” con los colores de mis prendas, arrancándole el color a una camisa y pegándosela a un pantalón por tanda. Mi secador de pelo decidió pasar del soplido fuerte y sólido a un vaho que sólo logra hacer que se me esponje el pelo y se me caliente la nuca. Pero el colmo de todo fue que mi portátil nuevo, que ni siquiera me conoce, convenció al camión que lo estaba trayendo desde Bogotá para que se hiciera el varado en la línea. Eso ya huele a conspiración.

Sé que ya antes he hablado de mi tecnodependencia y de cómo amo mis tecnomascotas. Tal vez en alguna de mis columnas anteriores dije algo indebido sobre los computadores o sobre los dispositivos que se conectan o tienen pilas. Aprovecho para expresar públicamente mi arrepentimiento en caso de haber hablado mal sobre la tecnología. La verdad es que mis aparatos son como mis apéndices. No, qué va, el apéndice se opera y a uno no le pasa nada. Mis aparatitos son como mis extremidades. Me hacen una falta horrible. Cuando salgo de la casa sin mi iPod, no soy la misma. Cuando tengo mi “palito de la música”, como le dice mi papá, no me importa hacer fila. No me importa que no me atiendan ahí mismo. Soy más paciente, más comprensiva y magnánima. Dejo que la gente se cuele enla fila con sólo mirarlos feo en lugar de intentar hacerles zancadilla. No me irritan los semáforos en rojo y no me estorban los niños que lloran. Mi iPod me convierte en una mejor persona… ¿acaso no se dan cuenta? Si mi pelea con la tecnología sigue, me voy a convertir en un peligro para la sociedad.

Honestamente, no sé qué hacer para congraciarme con la Santísima Trinidad (Nokia, Dell y Hewlett-Packard). He intentado todo, desde hablarles dulcemente al oído hasta amenazarlos con reformatearles el disco duro, pero nada hace que mis aparatos me funcionen. Estoy en una tusa tecnológica poderosa. No sé si comprarme una estampita de Bill Gates o hacer una peregrinación al Sony Center. Creo que me va a tocar construir un altar pagano y sacrificar un Atari o algo porque esto no puede seguir así. Me tocó pedir computador prestado para hacer esta columna. La voy a mandar antes de que aksjdfh asd&%$#//&%=(/% /$C. (¡Demasiado tarde!)

* PUBLICADA EN NOVIEMBRE DEL 2006

 

 

 

 

Tecnología para la mujer moderna


Actroid-DER, developed by KOKORO Inc for custo...

Image via Wikipedia

Recientemente, la página virtual del Vaticano publicó un artículo según el cual la lavadora de ropa fue el invento del siglo XX más liberador para las mujeres. El artículo, escrito por una mujer, afirma que poder “echar la ropa, echar el jabón, bajar la tapa y olvidarse” nos ha permitido a las mujeres independizarnos, tener más tiempo para nosotras mismas en el hogar y hacer cosas como leer para abrir nuestras mentes. La idea de que era la ropa lo que nos tenía aprisionadas es tan ridícula como la noción de que las bambas para el pelo nos liberaron porque ya no nos tardamos tanto poniéndonos pinzas.

Todo esto me ha conducido a una conclusión. Verán, lo que sucede es que la tecnología es machista. Bueno, la tecnología no, pero la gente que la produce, sí. ¿Cómo más explican el robot-modelo que sacaron los japoneses?

Ya habían sacado el robot-ama de casa, que claramente apela a un mercado masculino, y ahora nos salen con este modelito, que pesa 43 kilos y mide 1’60. Vale aclarar que este modelo es una versión reducida y mejorada del primero que sacaron, que pesaba 58 kilos. ¡Pusieron a dieta a la tecnología! Eso tuvo que ser un hombre; si una mujer hubiese diseñado ese robot, tendría estrías y celulitis.

No me quiero imaginar con qué irán a salir ahora. Supongo que si tienen una modelito y una ama de casa, sólo les falta un femi-bot, que viene con su propio delantal, le lleva pantuflas y whisky al sillón, enciende el cigarro y está programada para auto-apagarse antes de preguntarle dónde ha estado y qué son estas horas de llegar. Por unos pesos más puede tener la versión Premium que incluye un programa para que cada 30, 35 o 60 minutos –según el gusto del usuario- se de vuelta, lo mire fijamente y le diga “eres un se-men-tal” y “me en-can-ta el fút-bol”.

Si quieren aumentar las ventas, ese modelito lo deberían vender en combo con el mami-bot, diseñado para peinarlo, escogerle la ropita, recogerle los calzoncillos sucios, pegarle los botones, cogerle los hilvanes y decirle “eres tan guapo” y  “Nin-guna mujer te me-rece”. La función extra de este modelo sería “come, es-tás muy del-ga-do.”

Claramente, el público objetivo no somos nosotras. Si de verdad quisieran capturar el mercado femenino, no perderían el tiempo diseñando lavadoras y secadoras que parecen sacadas de Los Supersónicos, sino un robot que sobe los pies y diga “tu celulitis es taaan sexy” y “no, no, yo lavo los platos. Tu quédate tranquila y ves otro capítulo de Sex and the City.” Notarán que el robot para nosotras habla mejor; es porque nosotras apreciamos la comunicación fluida y no consideramos que más de cuatro palabras seguidas sean cantaleta. Ah, y la función extra del macho-bot sería una grabación en loop sinfín “tú tienes toda la razón, querida” y  “esos pantalones no te hacen ver gorda.”  ¡Ese sí es una máquina pensada para las mujeres!

 

*PUBLICADA EL 29 DE MARZO DE 2009 EN MUNDO MODERNO

 

El romance ya no es lo que fue


A pesar de mi cinismo abiertamente reconocido, he de admitir que siento algo de nostalgia por el amor de antaño. Sí, claro, las feministas nos han hecho caer en cuenta de que el amor romántico no es más que un constructo posmoderno y han derrotado el mito del amor a primera vista con la explicación, racional además de cierta, de que es imposible saber todo lo que se necesita saber de alguien para amarlo con sólo mirarlo y datos como que el 50% de los matrimonios terminan en divorcio no ayudan a mantener viva la llama pero aún así, a mí me gustaba la idea de que eso del amor era posible. Ese amor que hace que en las películas la gente se bese y oiga a Puccini en la cabeza me parecía de lo más lindo pero hechos recientes me han obligado a encarar la verdad: el romance ha muerto. ¿Quién lo mató? Temo que fue la tecnología.

La tecnología, que jugó un papel tan importante en mi propia historia de amor (para quienes no sabían, mi esposo y yo nos conocimos por teléfono, nos enamoramos por mail, fijamos la fecha por Messenger, armamos la luna de miel en Disney.com y participamos vía Facebook) parece haber acabado con algo de galanteo al que nos tenían acostumbradas las novelas de Corín Tellado.

Ahora, en lugar de miradas furtivas que atraviesan un salón de baile lleno de escotes y penetran abanicos de encaje nos encontramos con que la gente se conoce gracias a los avisos personales en sitios como encuentratupareja.com o encuentraacáconquien.net, coquetea en los ‘chat rooms’, se fijan en los avatares a ver si se gustan y cuadran la salida intercambiando mensajes de texto. La serenata ha sido reemplazada por el ringtone (a propósito, no sabía qué tan caros eran los ringtones hasta hace poco y decidí que mejor me ahorro la plata y contesto cantando yo misma el teléfono, así que no se sorprendan si llaman y entono “Lucy in the Sky with Diamonds” en lugar de decir aló), las flores reales por virtuales y en vez de “pedir el cuadre” sencillamente actualizan su estatus en la red social de ‘soltero/a’ a ‘en una relación con XX’.

Así mismo, las relaciones terminan mediadas por la tecnología. Uno ya no se puede tirar el teléfono, lo único que puede hacer es presionar enfáticamente el botón rojo del celular, eliminarlos del marcado rápido, borrarlos del Facebook, bloquearlos del Messenger, poniendo un mensaje personalizado que rece “A XX no lo quiero ver ni en emoticon” y cambiando su estatus a ‘soltero/a’ de nuevo para luego jaquear (¡estaba segura de que Word me iba a subrayar esa palabra, pero parece que sí existe!) la cuenta del otro para enviarle mensajes inapropiados al jefe o fotos reveladoras a la mamá.

Según un sitio en Internet el año pasado el 48% de las personas menores de 21 años eligieron terminar sus relaciones por internet. Nada que hacer. El romance ha muerto; ¡que viva el e-love y la cibertusa!

 

*PUBLICADA EL 23 DE AGOSTO DE 2009 EN MUNDO MODERNO