La manzana negra


Image representing Apple as depicted in CrunchBase

Image via CrunchBase

He tenido muy presente esa canción de Juanes tengo la camisa negra pues mi amor está de luto porque yo tengo la manzana negra y mi computador está de luto. Ha muerto Steve Jobs, un visionario a quien he admirado durante muchos años.

Para quienes no lo sabían, Jobs era el genio detrás de Apple y Pixar, que producen dos de mis cosas preferidas en el mundo: tecnología y películas. O sea, no le faltó sino hacer chocolatas y tendría una estampita de él en mi billetera.

Yo lamentablemente no lo conocí pero he tenido una relación con Apple desde hace muchos años. Mi primer computador (bueno, nuestro porque lo tenía que compartir con mis hermanas porque mi mamá me obligaba) fue un Apple IIc. La amaba. En serio, era amor. Aprendí BASIC y tenía estuche especial para los discos 5 ¼ o floppy (si usted no sabe qué es un diskette por favor entréguele este periódico a un adulto y váyase al patio a jugar con los demás niños) y hasta le compramos joystick, que era un verdadero lujo en esa época. Los juegos eran muy básicos, la pantalla negra con letras naranja daban dolor de cabeza, las gráficas irrisorias comparadas con las de hoy y el teclado era tan duro que uno terminaba con nudillos musculosos, pero no importaba. Me encantaba esa Mac y desde eso la manzanita ha tenido un lugar especial en mi corazón.

A medida que la empresa fue avanzando, también mi nivel de antojo. Lo primero que hice con una platica extra que me entró fue comprarme una Mac, desde donde escribo ahora, y si no fuera porque tengo que comprar pañales y leche y comida para el bebé y esas cositas, tendría un iPhone, un iPod, un iPad, un iTodo. Esa “i” minúscula se convirtió en la letra más sexy (¿iSex?) del mundo para mi. Y eso sin mencionarles que las 3 Toy Story son películas que me hacen reír y llorar cada vez que las veo.  La gente cree los DVD que tenemos de Monsters Inc, Cars y Pixar Shorts son para Matías, pero no es cierto. Hasta les confieso que la primera atracción en la que nos montamos Jorge y yo en nuestra luna de miel en Disney fue precisamente la de Buzz Lightyear.

Y justamente esta semana estuve leyendo sobre Steve. He tenido un par de semanas difíciles (atraco, roseola, humedad en la pared, para contarles sólo los titulares) y recordé un video que había visto de él hablando durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford como invitado. En ese discurso, titulado Como vivir antes de morir, habló de lo difícil que parece la vida a ratos, de lo imposiblemente lejos que parecen estar nuestros sueños y de cómo a veces la solución a todo está a la vuelta de la esquina pero solo la vemos cuando decidimos seguir adelante. Necesitaba oir eso esta semana y me impactó que él muriera el día después de haberme subido el ánimo. Tal vez por eso sienta que le debo al menos esta columna… y por supuesto, todos mis deseos para que nos encontremos algún día en el iCielo.

 

*PUBLICADA EL 8 DE OCTUBRE DE 2011