La Barbie Pereirana


BARBIE IN THE PINK SHOES

Barbie, de brazos abiertos y sonrisa permanente, lista para dejarlos a todos boquiabiertos con su inteligencia y belleza. 😛

 

Wendy Davis tiene 50 años, es demócrata y está de candidata a la gobernación de Texas,. En otras palabras, es una mujer a quien normalmente habría ignorado, pensando que no tiene nada que ver conmigo. Pero de pura chiripa la noticia de Wendy me llegó a los días de la Marcha de la Mujer Pereirana, en pleno agosto cuando tengo alborotada la pereiranidad. Y ahora veo que Wendy debería importarme mucho.

 

No por su ideales políticos –aunque comparto muchos de ellos- sino porque la han atacado por el mismo flanco que a muchas pereiranas. Verán, Wendy es bastante bonita y aparte de las entrevistas normales de radio y televisión que hacen muchos políticos, Wendy apareció en una edición de Vougue usando tacones Reed Krakoof, vestido Carolina Herrera y peinado y maquillaje perfectos. Cuando no está modelando usa zapatos tenis rosados y no disimula ni se disculpa por ser bella. Y eso ha ocasionado críticas y motes despectivos, entre ellos Barbie Retrasada. Wendy se suma a otras como Sarah Palin a quien llamaron Caribou Barbie (Palin creció en Alaska y fue reina de belleza) y muchas otras Barbies pues  al parecer llamar Barbie a alguien es ofensivo porque hay gente que cree que ser bonita es inmediatamente sinónimo de poseer un coeficiente intelectual bajo o ser desesperadamente ignorante. Davis, de Harvard, y Palin, quien recibió una mención de honor por excelencia académica en la universidad de North Idaho, distan mucho de ser brutas, pero hay quienes opinan que son demasiado bonitas para verse inteligentes.

 

Y eso me trae a Pereira, al estigma que hemos batallado durante generaciones. No hay estudio que confirme, no hay estadística que apoye, ni siquiera hay evidencia empírica que respalde la fama, pero ahí está. Nos la hemos pasado tratando de derribar el rótulo, intentando cambiar su connotación, bregando a abrir una pequeña brecha en las estrechas mentes que perpetúan el rumor y creo que hemos avanzado, pero es hora de ser más agresivas.

 

Es hora de llamar a Mattel y decirles que saquen la Barbie Pereirana, digna heredera de los valores de verraquera, pujanza, belleza, simpatía, coquetería y la distinguida cualidad de generar envidia –la pereirana promedio posee al menos uno de los anteriores- que asocian con nosotras. Propongo que la Barbie Pereirana sea entregada a cada niña el primer día de clase en el colegio para que la use para jugar a ser astronauta, presidente, reina de belleza, ama de casa, física nuclear, bióloga marina, neurocirujana, abogado, manicurista, modelo, actriz, profesora, bombero, policía, soldado o lo que quiera jugar a ser, porque Barbie siempre ha representado la posibilidad de tener opciones, y estas opciones van en franca expansión.

 

Seré criticada. Probablemente prohíban la venta de la Barbie Pereirana en muchas partes, pero no importa porque los detractores de Barbie de las Barbies no entienden y tal vez nunca entiendan que la dicotomía belleza/inteligencia no existe más que en las mentes de quienes no ven la realidad…y no saben jugar.

 

* PUBLICADA EN LA TARDE EL 1 DE SEPTIEMBRE*

 

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Español: Marcha de las putas en Costa Rica, fr...

Marcha de las putas en Costa Rica, frente a la catedral metropolitana (Photo credit: Wikipedia)

A raíz de la salida al aire de la historia de las tetas paradisíacas de una tal Catalina, mucho se ha dicho sobre nuestras mujeres, y como quedarme callada nunca ha sido una de mis características distintivas, haré mi pequeño aporte a la discusión usando términos perfectamente castizos y tratando de no atropellar la retina de nadie. Sin más preámbulo, hablemos de las putas, las pereiranas y la inexplicable tendencia de  algunos colombianos de presentarlas como inexorablemente imbricadas.

Empecemos por las putas. La palabra “puta” – según afirma el crítico literario, cuentista y biógrafo Julio César Londoño en su artículo Historia de una Mala Palabra– tiene una historia muy particular, pues el verbo latino “puto” (putas, putare, putavi, putatum) viene del vocablo griego “budza”, que significa sabiduría. Las primeras budzas fueron las mujeres de Mileto, cuna de la primera escuela filosófica griega, en donde las mujeres podían asistir a las academias y participar de la vida pública. Cuando la filosofía y las filosofas de Mileto llegaron a aTenas, soprenderieron a los atenienses con sus habilidades para el baile, el canto y sus conocimientos en historia, astrología, filosofía y matemáticas. Dice Londoño que eran mujeres “con las que se podía reír antes del amor, y conversar después”.  Mujeres así no tardaron en despertar los celos de las puritanas y reprimidas esposas de los atenienses, quienes pronto contaminaron la noble y hermosa palabra “budza” con su ignorante pronunciación celosa de “pudza”. Al poco tiempo, hacia el siglo I DC, había nacido la palabra “puta”, sinónimo de meretriz.

Entonces, tenemos que en su origen, las putas eran mujeres sabias, inteligentes, cultas y diestras en las artes mundanas y celestes. Si nos fijamos bien, las cosas no han cambiado mucho… aún hoy, una mujer hermosa, exitosa, culta, educada y hábil en el uso de su cuerpo para disfrutar y dar placer se le conoce como puta. Y aún hoy, la palabra se susurra con envidia.

Pero, ¿qué nos enseña esta pequeña lección de historia? Para empezar, que el noble origen de la putería no se ha perdido. Puta, distante de prostituta o trabajadora sexual, se refiere a una mujer que ha elegido estudiar, aprender, enseñar. Se refiere a una diva, a una diosa, a una mujer encantadora y femenina llena de poder sensual que toma las riendas de su sexualidad y de su intelectualidad sin disculparse y sin avergonzarse. Pensándolo bien, puta no es un insulto. De hecho, es un halago. Hijo de puta, si vamos al grano, lo es también. Así que, volviendo al tema de las putas pereiranas, creo que el término es bastante justo. En efecto, las mujeres de esta ciudad somos emprendedoras, inteligentes, ‘berracas’, trabajadoras, cultas, educadas. Nos preocupamos por salir adelante y por sacar adelante nuestros hombres. Y si a eso vamos, desciendo orgullosa de una larga línea de putas, empezando por Rita Arango Álvarez del Pino, que fue una valiente, temeraria y aguerrida mujer que desafió los cánones de la época e hizo historia porque tenía una mano fuerte con qué cogerse la falda. Es que, viéndolo bien, mujeres que rompen en molde es lo que hay en Pereira. No tenemos que ir muy lejos para ver que tenemos mujeres sobresaliendo en todo: economía, política, periodismo, deportes, ciencias y artes.

Siendo así, creo que la putas pereiranas tenemos mucho de qué estar orgullosas. Somos miembros de una estirpe elite de mujeres extraordinarias. Y, como bien se sabe, lo extraordinario siempre hace temer a los ordinarios. Así que no nos sorprendamos cuando hombres y mujeres de ciudades aledañas y o lejanas se refieren a nosotras como putas y lo dicen con desdén en lugar de reverencia. Nosotras, las putas, hemos soportado los celos durante siglos. Dejen que hablen, que si están hablando de nosotras, es porque hay mucho qué decir. Mejor así… ¿quién quiere ser de esas que no vale la pena envidiar?

* Esta columna fue publicada en el 2006 a raíz de un reportaje y ha sido una de las más populares de Mundo Moderno. Inspiró un movimiento de Mujeres del Putas y varias veces me saludaron el la calle diciéndome “Oye! Yo también soy puta!”. Lamentablemente algunos no entendieron el sentido y pensaron que era una apología de la promiscuidad.