Cuando el cerebro estorba (a los demás)


 

poster for The Matrix

En serio, si lo analizan, la película tiene un problema grave de lógica.

 

Mi hermana Lina me acusa de haberle arruinado varias canciones, al punto que ya me tiene prohibido cantar en el carro. Mi esposo me ha pedido que no le haga observaciones sobre la veracidad histórica ni científica de las tramas de sus películas preferidas. Mi mamá y mi papá han dejado de enviarme datos interesantes por correo electrónico. Y todo porque tengo la razón; pero la razón no alimenta y ni embellece y aparentemente tampoco hace amigos.

 

Verán, yo soy la que pone cuidado y saca conclusiones y dice cosas como “Pero ¿cómo hizo Cypher para entrar a La Matriz sin ayuda del programador para encontrarse con los agentes? La película no tiene sentido si él puede hacerlo solo” o  “Pero la canción Sweet Home Alabama en realidad no es una canción linda sobre el sur y está muy cargada políticamente, hasta hablan de Watergate” o escribo mensajes como “Mamita, por favor verifica los datos del mensaje que enviaste sobre [el chiste de Carnation Milk, lo malo que es el aceite de canola, el computador que me va a dar Bill Gates si le mando este correo a un millón de personas] y lee este artículo por favor”. Sí, lo sé, qué jartera de vieja.

 

Ahora, no crean que ando por ahí corrigiendo gente en la calle, aunque abundan las personas que dicen bobadas como “Sabías que los esquimales tiene más de [diez, veinte, cien, cualquier cifra exagerada] palabras para referirse a la nieve” y otros  rumores cibernéticos y leyendas . Y tal vez la culpa la tenga mi profesor de periodismo que me dijo alguna vez que nunca subestimara ni la estupidez, ni la ignorancia ni la pereza ajena pues la gente no se deja amedrentar por su presencia pasa por encima de la lógica repitiendo sin filtro cuanta cosa ve en Wikipedia como si fuera la verdad revelada. Y eso que por ahora no voy a haber de lo que pienso sobre las Verdades Reveladas.

 

Pero el caso es que la gente me acusa de pensar demasiado, de analizar las cosas que no requieren análisis, de ser incapaz de simplemente disfrutar de la vida. He pensado mucho y analizado profundamente esa acusación y he concluido que tal vez tengan razón. Nadie me ha nombrado policía de la veracidad, ni me pagan por saber que Napoleón no era bajito, que las siete plagas de Egipto en fueron diez o que la palabra gringo no es ofensiva ni hace referencia a la Revolución Mexicana y sólo me he ganado miradas regañones y muecas de horror cuando hablo del verdadero carácter de la Madre Teresa. ¿Podré dejar de hacerlo? ¿Podré simplemente callarme y dejar que la gente diga bobadas a mi alrededor sin que me moleste?

 

Suena tentador pero no creo que lo logre. Hemos comprendido que la estupidez no se puede corregir –lo máximo que podemos hacer es medicarla para adormecerla un poco- y tampoco podemos eliminar la inteligencia, o “pensadera” como le decía mi abuelo. No puedo dejar de pensar. Puedo, eso sí, dejar de decir lo que pienso. Ah, pero para eso tengo mi columna…