Toda niña merece una historia de amor


Jorge y yo nos conocimos por una llamada equivocada. Yo trabajaba en la sala de redacción de La Tarde en Pereira y él en una agencia de publicidad en Bogotá. Él estaba tratando de contactar a otra periodista pero timbró mi extensión y me tomó menos de dos minutos enamorarme de su voz. Nos cortejamos por celular, nos sinceramos por mail y fijamos la fecha de nuestra boda por messenger. Ya llevamos una docena de años juntos en una historia de amor que mezcla tecnología con Benedetti con Star Wars y está llena de gatos, Disney, Pizza y risas de Matías. Es una historia de amor que nunca habríamos tenido si nos hubieran obligado a casarnos. Y uno no piensa mucho en los matrimonios obligados pero esta semana lo he pensado porque hay mucha gente importante reunida hablando del tema de la planeación familiar y el tema de los embarazos no deseados y el matrimonio infantil, particularmente las niñas esposas que se convierten en niñas madres, son el foco de la conferencia. Y pensé en esas niñas y en que toda niña merece ser una princesa el día de su boda y casarse con su príncipe encantado (que puede ser contador o hippie o motociclista mechudo o rockero rebelde o chocolatier romántico incurable o lo que sea) y tener su cuento de hadas que incluye peleas y reconciliaciones y la posibilidad de reconocer que se equivocó y ese no era un príncipe sino una rana y hay que besar muchas ranas antes de encontrar el príncipe y aveces nunca abandonan su lado batracio. El caso es que comparto mi historia de amor y quisiera que ustedes compartan las suyas. Compártanlas conmigo, con sus hijas, amigas, hermanas. Compártanlas por Facebook, Twitter, email (me pueden escribir a logosyfilias@gmail.com), llamen a alguien y compártanlas por teléfono y echemos a rodar la idea de que toda niña merece una historia de amor.

Nuestra torta de bodas. De chocolate, por supuesto.

Nuestra torta de bodas. De chocolate, por supuesto.