Libertad y gravedad


Bras on sale in a village market in the South ...

Bonitos…pero ¿útiles?

 

Al igual que muchas de las creencias que tenía durante mi niñez, el mito del brasier ha sido desacreditado. Es la misma historia que los endulzantes artificiales, la margarina y los productos libres de colesterol: parece que el sujetador podría hacer más mal que bien.

 

En mi adolescencia cuando apenas brotaban los turupes de lo que serían algún día mis mayores atributos mi mamá corrió a enfundar mi pecho en satín y encajes y he escrito en anteriores ocasiones sobre lo importante que considero el ritual de la compra del primer sostén, pero ahora el científico Jean-Denis Rouillon afirma que este ritual es innecesario y hasta dañino. El francés realizó un estudio durante 16 años con los senos de más de 300 mujeres (el cual podría ser hasta ahora el estudio más divertido del mundo para un hombre) y concluyó que usar brasier puede debilitar los músculos que sostienen los senos y que ir al natural es la mejor opción. Algunas de las mujeres del estudio dicen que aparte de sentirse liberadas tienen menos dolor en la espalda, respiran mejor, y su postura ha mejorado.

 

Esto me ha puesto a pensar.

 

Por un lado, todo lo que sea para beneficio de “las gemelas” y en pro de la liberación mamaria me parece que vale la pena; por otro, dejar que la libertad reine en mi escote me resulta un poco penoso. Soy generosa de curvas y si bien soy afortunada y la gravedad no ha afectado esa zona de mi cuerpo, la excesiva vitalidad podría malinterpretarse (hay gente que cree que todo lo que se exhibe está para la venta) y no quiero pasar un mal rato en el súper mientras escojo melones.

 

Sopesando en sonrojo con el bien público decidí saciar mi curiosidad científica y mantener el decoro: he optado por realizar el experimento de dar rienda suelta a mis prominencias en la privacidad de mi hogar y hasta ahora ha sido interesante. Aparte de demorarme mucho más en abrirle la puerta a los domicilios y tener un nuevo reto logístico cuando tengo que salir, les confieso que la sensación de esparcimiento no es del todo desagradable.

 

Algo curioso que notado es que mi cuerpo necesita equilibrio. Me refiero a que durante al menos tres décadas he tenido porciones de mi cuerpo restrictas y no me puedo concentrar con tanta soltura así que he tenido que compensar restringiendo mis pies. Si la idea de estar de tenis y sin brasier les resulta cómica, no están solos. Yo me carcajeo todas las mañanas mientras me ato los cordones y reboto por la casa.

 

No sé si romper relaciones con el sostén traiga beneficios más allá de tener a mi esposo en casa más temprano. El estudio dice que no todas las mujeres salen favorecidas al quemar el brasier (recomiendo quitárselo primero) pero por ahora estoy disfrutando de mis vacaciones. Esi sí, si empiezo a sentir un cosquilleo inexplicable en las rodillas tengan por seguro que volveré a unirme a las filas de las embrasieradas. Hasta entonces un saludo lento y un abrazo distante.