Transgresiones e indulgencias


The current two dimensional HP logo used on co...

A veces no sé si HP es por Hijuepu...

No sé qué hice para enojar a los Dioses de la Tecnología, pero están furiosos conmigo. Mi computador sacó la mano, mi Internet no funciona, mis disquetes todos tienen amnesia, mi celular se niega a retener la carga de la pila durante más de dos horas y además se come las llamadas perdidas y se rehúsa a decirme que tengo mensajes de voz. El carro sabe que soy yo la que voy manejando y empieza a dejar salir el gas, quién sabe por dónde, para que a mí me toque tanquearlo. Y no crean que no me dé cuenta de que los semáforos me ven y se ponen rojos antes de tiempo y duran verdes menos de lo que Enrique Iglesias puede sostener una nota. Todos mis relojes tienen las pilas dañadas y el despertador le ha dado por sonar a las 4 de la mañana, cuando ya uno no se puede volver a dormir pero para qué se levanta. El control remoto del televisor no me hace caso, sube y baja el volumen cuando le da la gana, me cambia el canal justo cuando van a descubrir el asesino y a veces simplemente no le manda la razón a la tele. El teléfono inalámbrico de la casa sólo me da dos opciones: oigo todas las conversaciones de la vereda al tiempo o no oigo nada. El microondas es sólo una vitrina con luz que le da vueltas al pollo hasta que lo marea, pero lo no calienta. El horno está en franca huelga. La nevera está moribunda y todo el día emite un gemido desconsolador y fantasmagórico que por las noches se convierte en un alarido de dolor y angustia. La lavadora está loca y padece frecuentes ataques epilépticos, que aparentemente le dan hambre porque le ha dado por comerse mis medias –sólo las mías- y hcaer “copy paste” con los colores de mis prendas, arrancándole el color a una camisa y pegándosela a un pantalón por tanda. Mi secador de pelo decidió pasar del soplido fuerte y sólido a un vaho que sólo logra hacer que se me esponje el pelo y se me caliente la nuca. Pero el colmo de todo fue que mi portátil nuevo, que ni siquiera me conoce, convenció al camión que lo estaba trayendo desde Bogotá para que se hiciera el varado en la línea. Eso ya huele a conspiración.

Sé que ya antes he hablado de mi tecnodependencia y de cómo amo mis tecnomascotas. Tal vez en alguna de mis columnas anteriores dije algo indebido sobre los computadores o sobre los dispositivos que se conectan o tienen pilas. Aprovecho para expresar públicamente mi arrepentimiento en caso de haber hablado mal sobre la tecnología. La verdad es que mis aparatos son como mis apéndices. No, qué va, el apéndice se opera y a uno no le pasa nada. Mis aparatitos son como mis extremidades. Me hacen una falta horrible. Cuando salgo de la casa sin mi iPod, no soy la misma. Cuando tengo mi “palito de la música”, como le dice mi papá, no me importa hacer fila. No me importa que no me atiendan ahí mismo. Soy más paciente, más comprensiva y magnánima. Dejo que la gente se cuele enla fila con sólo mirarlos feo en lugar de intentar hacerles zancadilla. No me irritan los semáforos en rojo y no me estorban los niños que lloran. Mi iPod me convierte en una mejor persona… ¿acaso no se dan cuenta? Si mi pelea con la tecnología sigue, me voy a convertir en un peligro para la sociedad.

Honestamente, no sé qué hacer para congraciarme con la Santísima Trinidad (Nokia, Dell y Hewlett-Packard). He intentado todo, desde hablarles dulcemente al oído hasta amenazarlos con reformatearles el disco duro, pero nada hace que mis aparatos me funcionen. Estoy en una tusa tecnológica poderosa. No sé si comprarme una estampita de Bill Gates o hacer una peregrinación al Sony Center. Creo que me va a tocar construir un altar pagano y sacrificar un Atari o algo porque esto no puede seguir así. Me tocó pedir computador prestado para hacer esta columna. La voy a mandar antes de que aksjdfh asd&%$#//&%=(/% /$C. (¡Demasiado tarde!)

* PUBLICADA EN NOVIEMBRE DEL 2006

 

 

 

 

La manzana negra


Image representing Apple as depicted in CrunchBase

Image via CrunchBase

He tenido muy presente esa canción de Juanes tengo la camisa negra pues mi amor está de luto porque yo tengo la manzana negra y mi computador está de luto. Ha muerto Steve Jobs, un visionario a quien he admirado durante muchos años.

Para quienes no lo sabían, Jobs era el genio detrás de Apple y Pixar, que producen dos de mis cosas preferidas en el mundo: tecnología y películas. O sea, no le faltó sino hacer chocolatas y tendría una estampita de él en mi billetera.

Yo lamentablemente no lo conocí pero he tenido una relación con Apple desde hace muchos años. Mi primer computador (bueno, nuestro porque lo tenía que compartir con mis hermanas porque mi mamá me obligaba) fue un Apple IIc. La amaba. En serio, era amor. Aprendí BASIC y tenía estuche especial para los discos 5 ¼ o floppy (si usted no sabe qué es un diskette por favor entréguele este periódico a un adulto y váyase al patio a jugar con los demás niños) y hasta le compramos joystick, que era un verdadero lujo en esa época. Los juegos eran muy básicos, la pantalla negra con letras naranja daban dolor de cabeza, las gráficas irrisorias comparadas con las de hoy y el teclado era tan duro que uno terminaba con nudillos musculosos, pero no importaba. Me encantaba esa Mac y desde eso la manzanita ha tenido un lugar especial en mi corazón.

A medida que la empresa fue avanzando, también mi nivel de antojo. Lo primero que hice con una platica extra que me entró fue comprarme una Mac, desde donde escribo ahora, y si no fuera porque tengo que comprar pañales y leche y comida para el bebé y esas cositas, tendría un iPhone, un iPod, un iPad, un iTodo. Esa “i” minúscula se convirtió en la letra más sexy (¿iSex?) del mundo para mi. Y eso sin mencionarles que las 3 Toy Story son películas que me hacen reír y llorar cada vez que las veo.  La gente cree los DVD que tenemos de Monsters Inc, Cars y Pixar Shorts son para Matías, pero no es cierto. Hasta les confieso que la primera atracción en la que nos montamos Jorge y yo en nuestra luna de miel en Disney fue precisamente la de Buzz Lightyear.

Y justamente esta semana estuve leyendo sobre Steve. He tenido un par de semanas difíciles (atraco, roseola, humedad en la pared, para contarles sólo los titulares) y recordé un video que había visto de él hablando durante la ceremonia de graduación de la Universidad de Stanford como invitado. En ese discurso, titulado Como vivir antes de morir, habló de lo difícil que parece la vida a ratos, de lo imposiblemente lejos que parecen estar nuestros sueños y de cómo a veces la solución a todo está a la vuelta de la esquina pero solo la vemos cuando decidimos seguir adelante. Necesitaba oir eso esta semana y me impactó que él muriera el día después de haberme subido el ánimo. Tal vez por eso sienta que le debo al menos esta columna… y por supuesto, todos mis deseos para que nos encontremos algún día en el iCielo.

 

*PUBLICADA EL 8 DE OCTUBRE DE 2011

Universitas ex machina


Publicada el 12 de septiembre de 2010

Amo los aparatos, pero una cosa es que me babee viendo un iPod (un i lo que sea, en realidad) y otra muy diferente es que crea que uno de esos aparatos creó el mundo.

No lo digo de pura ocurrente. Lo digo porque hay un grupo de gente, mucho más poblado de lo que me parece aceptable, que cree que el mundo salió de una máquina. Es decir, que fue diseñado. Que el universo es el resultado de una orden dada a un aparato. No sé si fue ‘copy-paste’ o ‘cont-alt-del’ o uno de los “F” que están en la fila de arriba del teclado que no sé para qué sirven, pero gente como el Dr. John Gribbin, profesor invitado de Astronomía en la Universidad de Sussex, creen que nuestro universo fue creado por personas muy parecidas a nosotros usando aparatos no muy diferentes a los que tenemos hoy en día.

Según la teoría(involucra aceleración de partículas), dado que la gravedad tiene energía negativa no se necesita energía para crear un universo, por lo que es enteramente plausible crear uno en un laboratorio y mandarlo por un hoyo negro para que haya un Big Bang en algún lugar. Así de fácil. ¿Así de fácil? Pues sí, esta gente cree que el nuestro es un universo de diseñador, es decir, que hay gente dedicada a eso, como diseñar bikinis o gafas de sol. Ya me imagino esa conversación “¿Qué hace tu papá?” “Es diseñador de Universos. ¿Conoces la Vía Láctea? Esa fue su tesis.”

Esto ya es demasiado para mí.

En la fantástica trilogía de cuatro libros (leyeron bien) del británico Douglas Adams sobre el Viajero Intergaláctico hay unos personajes que diseñan planetas a la medida, y según la trama, la Tierra fue diseñada por unos ratones superinteligentes que quería experimentar con humanos. Pero esto es parte de un libro que incluye un personaje que es un robot depresivo y plantea que una toalla playera es la herramienta más útil en todo el cosmos. Me reí hasta el llanto leyendo a Adams, pero el cuento de Gribbin me tiene de ojo lloroso por otras razones. Tal vez sea porque tengo el ego de humana muy grande o porque me creo muy importante o porque tengo delirios de grandeza que me niego a creer. O tal vez sea porque Jorge y yo estamos a dieta y necesito pensar que hay algo más allá que hace que valga la pena todo esto del más acá, pero pensar que hay gente que cree en serio que somos el resultado de un experimento, casi tarea de Física en décimo, por nada proyecto de Feria de la Ciencia me parece triste.

Esto me suena a las teorías que uno se inventa de chiquito para explicar el universo. Mi mamá, por ejemplo, creía que éramos el juego de Barbies de un gigante y que cuando nos acostábamos a dormir era porque el gigante estaba cansado. Mi papá alguna vez se imaginó que éramos bacterias dentro de un cuerpo normal y el fin del mundo sería un ‘achú’.  Cada quien es libre de elegir pero entre que Dios sea un niño con un kit de física y un hoyo negro a la mano o un ratón, me quedo con el de las Barbies.