La historia en la era digital


Jean-Paul Sartre and Simone de Beauvoir at Bal...

Este amor sería menos legendario si sólo tuivéramos los emoticones que intercambiaron.

Dios ampare a los historiadores del futuro. Tendrán la poco envidiable tarea de encontrar registros duraderos de una época que se distingue por lo efímero. Y como si fuera poco, tendrán que ingeniárselas para encontrar fuentes confiables en un medio que tiene tantas versiones como autores. Los medios digitales y la Internet facilitan las comunicaciones interpersonales y empresariales, pero dificultan el almacenamiento debido precisamente a su rapidez. Pocas personas guardan sus mensajes electrónicos, por lo que construir una memoria colectiva del futuro a base de elementos tangibles sea sumamente difícil. No tendremos a la mano las cartas de amor que se intercambian importantes personajes, ni los memorando en donde se evidencian decisiones históricas tomadas en momentos cruciales. Los registros han pasado de lo tangible a lo intangible, de lo material a lo inmaterial, y esto significa que no queda rastro de la evolución de las situaciones.

Dadas las condiciones, es sumamente probable que la historia, como disciplina, esté en vía de extinción. Al menos, ese es el temor de la Biblioteca Nacional de Escocia, que este mes inició una campaña para almacenar los blogs (los blogs o web logs son páginas individuales de construcción colectiva o personal que no tienen respaldo de una empresa o academia) creados por sus ciudadanos, junto con algunos correos electrónicos y diarios en línea. Son espacios virtuales en los que cualquiera puede hablar de cualquier cosa, y los funcionarios de la Biblioteca sienten que estos elementos son el producto cultural de nuestra era, y en el futuro servirán para que nos estudien los historiadores del mañana.

Suena contradictorio hablar de historiadores del futuro, pero lo cierto es que las sociedades modernas han perdido el sentido de la historia y han dejado de acumular, almacenar y registrar. Los historiadores actuales cuentan con diversas maneras de descubrir el pasado, entre ellos las obras de arte, los recuentos literarios, los elementos decorativos y los mismos fósiles. Pero en el presente, nuestra obsesión por la velocidad nos ha llevado a olvidar el futuro. No hay cómo desborrar aquello a lo que se le ha dado “delete”. De allí que sea tan interesante la tarea quijotesca que han emprendido los escoceses. Para ellos, los correos masivos de chistes y los blogs y los diarios tienen mucha importancia histórica y deben ser considerados archivos con mucho significado cultural. El término que han acuñado para referirse a tal tipo de hazaña es “depositario digital” y proponen que serán los manuscritos del siglo XXI. Han empezado a organizar los mensajes electrónicos de algunos escoceses de relevancia política, cultural, artística y económica. Por ejemplo, ya están organizando en un archivo de portales y páginas de Internet los sitios y los mensajes electrónicos de JK Rowling, la autora de Harry Potter, y la correspondencia electrónica de Ian Rankin, renombrado autor de novelas de misterio protagonizadas por el Inspector Rebus, y Alasdair Gray, autor del clásico de literatura fantástica Rebark. Todos estos personajes son escritores notables, pero falta ver si redacción digital es tan elocuente como la impresa. Este sería otro obstáculo para los historiadores del futuro: el lenguaje. El leguaje que se maneja en los correos electrónicos de hoy en día dista mucho de las cartas elegantes y elaboradas de los siglos anteriores. Los cronistas que se derramaban en prosa describiendo cada rincón de tierras nuevas, cada característica de pueblos desconocidos hasta entonces. Los historiadores modernos tienen el privilegio de nutrirse de fuentes ricas en adjetivos y adverbios, mientras que los del futuro tendrán que hacer magia para leer entre líneas y adivinar qué había entre un emoticon y otro. Adicionalmente, el tropiezo de la publicación es algo que los entusiastas registradores de Escocia no han tenido en cuenta. Los blogs y los mensajes no tienen fuentes ni dolientes. Lo que hace a la red atractiva es precisamente el anonimato, el poder decir sandeces sin temer repercusiones, pero no hay cómo discernir las sandeces de las verdades. Los documentos que hoy se estudian como tesoros, como los Rollos del Mar Muerto y las cartas personales de Simón Bolívar, fueron elaborados de manera privada, sin pretender su difusión, y precisamente por eso se considera tan valiosos. Sería poco probable encontrar en la red cartas de amor tan conmovedoras como las que se intercambiaron el filósofo francés Jean-Paul Sartre y con la escritora Simone de Beauvoir. Palabras como “¿Cómo te amo? Déjame contar las maneras”, que las recibió el poeta norteamericano Robert Browning de su esposa Elizabeth, simplemente no circulan en la red. Lo más frecuente son correos sobre el horóscopo tibetano y chistes de borrachos. Los entramados de metáforas escritas a mano en papelería de monograma y con tinta que deja entrever dónde cayeron las lágrimas se consideran verdaderos tesoros hoy en día, pero escasearán en el futuro.

Además, los mensajes que se logren salvar tendrán el problema de la tecnología. Nadie garantiza que después de todo el esfuerzo que están haciendo los escoceses, en algunos años los correos almacenados se puedan leer desde plataformas que aún no se han inventado. Otra ventaja del papel… es una tecnología que nunca queda obsoleta. Pero esto no nos resuelve el problema de la historia del futuro.

En Colombia tenemos aún problemas con la historia del pasado, en cuanto a la recopilación y el cuidado de datos. Mientras tanto, nadie está recopilando emisiones de noticieros, entrevistas radiales, discursos públicos y periódicos actuales. En Pereira carecemos de un centro de acopio de información sobre nuestra historia reciente y no estamos registrando de manera juiciosa el presente, que será historia dentro de poco.

 

* PUBLICADA EN SEPTIEMBRE DE 2006

Las mujeres y la historia


The Greek Ptolemaic queen Cleopatra VII and he...

Cleopatra

Hace poco tuve la oportunidad de asistir al lanzamiento de un libro sobre historia regional, que tuvo lugar en el recinto de la Academia Pereirana de Historia. Aparte de gustarme la presentación y hasta el tema del libro, otro asunto me llamó poderosamente la atención: la ausencia de mujeres en el lanzamiento. Éramos no más de 5 entre al menos 30. Por supuesto que hay muchas razones por las que podía haber pocas mujeres allí presentes… el horario les pareció un poco atravesado o tal vez el lugar no era llamativo, probablemente no recibieron invitaciones a tiempo para asistir o tal vez simplemente a ninguna le llamó la atención. Pero qué tal que haya sido porque la historia en general no ha sido particularmente amable con nosotras. Es una teoría interesante, ¿no les parece?

Quiero aclarar que no soy ultrafeminista-odioahombres. Conozco a varias que se sienten ofendidas si les dedican ‘Cosas como tu’ porque sienten que las están ‘cosificando’. No pertenezco a ese clan. Sí pertenezco, en cambio, a cierto grupo selecto de mujeres analíticas que nos preguntamos por la ausencia de relatos protagonizados por mujeres en los libros de historia.

Tal vez se deba a que cuando uno hombre apunta un hecho, es historia; cuando una mujer lo cuenta, es un chisme.

¿No me creen? Fíjense en los festivos que celebramos. El día de la mujer, que en 1975 se decidió que fuese el 8 de marzo, pasó de ser el aniversario y la conmemoración de un acto heroico en el que más de un centenar de trabajadoras perdieron sus vidas a una mezcla entre el día de la madre y el día del amor y la amistad en el que pululan las rosas de semáforo y corazones en icopor. En cambio, el festivo conocido originalmente como el Día del Hombre Trabajador es hoy “El día internacional del trabajo”, una fecha en la que a nadie le dan un peluche cursi acompañado por la típica tarjeta que reza ‘gracias por estar en este mundo’.

En los salones de clase de todo el país se enseña a recordar algunas mujeres por ser madres, esposas o amantes de hombres conocidos. De Manuelita Sáenz, de las Hinojosa y hasta de la Malinche tenemos noticia porque fueron amantes de hombres famosos, pero ¿sabe alguno de ustedes quién fue Ana Galvis Hotz? Obvio que no, porque no fue la amante clandestina de nadie. Fue, por si les interesa, la primera colombiana en graduarse en Medicina en el año de 1877. Así es, en un periodo en el que todo Colombia estaba de pelea y todos los libros registran batallas y caudillos, una mujer logró algo extraordinario y nadie lo comenta porque no había bayoneta ni corset a medio abrochar de por medio. Y años más tarde, en 1935, Gerda Westendorp Restrepo fue la primera mujer colombiana en entrar a una universidad colombiana, pero como no era madre ni amante de algún activista, militante o político, nadie la notó. Peo no crean que las colombianas somos las únicas con biografías escritas en tinta invisible. Sé de una mujer que fue diestra en astronomía, física y matemática, excelente estratega militar, química destacada y autora de varios libros de referencia de su época, que incluso fueron utilizados como textos por los árabes quienes la admiraron por su brillante comprensión de la medicina y la alquimia. Pero la historia sólo la conoce como “Cleopatra, esa que sedujo a Julio César y Marco Antonio”. Sencillamente, no es justo. Este tipo de injusticia llevó a las mujeres de la norteña ciudad alemana de Rostock, a renombrar algunas calles escribiendo a mano, con tizas y crayones, aquéllas dedicadas a recordar oscuros comerciantes o cosas inanimadas, con los nombres de de mujeres de esa ciudad que han dejado una huella que permanece en el olvido. Suena bien. Diseñemos un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial con calles y parques y avenidas con nombres de pereiranas influyentes. Si bien no han tenido con nosotras la cortesía de otorgarnos el lugar que nos pertenece en el pasado, por lo menos pueden darnos un campito en el futuro.

* PUBLICADA EN FEBRERO DE 2007

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