Redes Sociales para Dummies


Todo el mundo teme esa incómoda conversación que empieza con “¿pero entonces tu y yo qué somos?” que a veces se expresa como “¿nosotros qué venimos siendo?” y no me refiero a cuando uno está desenredando parentescos y no se sabe si es primo segundo o tercero. Me refiero a eso de si somos amigos, amigos con derechos, novios, tinieblas, oficiales u otra de esas relaciones posmodernas que tienen sólo verbos pero no etiquetas (Jorge, por ejemplo, nunca quiso tener esa conversación y me mandó la razón con Mario Benedetti), relaciones que hoy se han hecho más complicadas con la aparición de las redes sociales, las cuales confunden a algunos y hacen pensar que hay mayor grado de intimidad del que realmente existe. Para ayudar a la gente que cree que “contacto” y “amigo” son la misma cosa, he elaborado esta lista de lo que significan las relaciones en redes sociales.
 
Si somos contactos en  Linkedin: probablemente quiero que de puesto o que me ayude a encontrar puesto o pienso que puede comprar lo que yo vendo o ayudarme a encontrar algo que necesito comprar o, en su defecto, conoce a alguien que yo quiero conocer con los fines anteriormente descritos.
Si nos seguimos en Twitter: usted tiene acceso a información que me interesa, bien sea porque me divierte o porque la necesito por algún otro motivo. También es posible que me guste tener seguidores en Twitter porque me hace sentir famosa y lo sigo para que me siga y nunca leo sus Tweets ni me interesa lo que Twitea. O sea, sus Tweets ni pío. Lo anterior también aplica para seguir el blog o la cuenta de Flickr o Tumblr. En algunos casos, uno ni siquiera sabe a quién sigue (como le ocurre a cierto exnovio mío que me sigue en Twitter pero se niega a ser mi amigo en Facebook porque en Twitter cree que soy una gringa exótica comiquísima y en cambio en Facebook sabe que soy yo). 
Si nos seguimos en Pinterest: tenemos el mismo gusto.
Si estamos en círculos de Google +: esta plataforma es relativamente  nueva así que puede significar que no sé qué es y lo sigo como por pena o que realmente intercambiamos información interesante sin tener comunicaciones personales.
Si somos contacto de la BB, Viber o Whatsapp: ocasionalmente lo voy a necesitar para algo pero soy demasiado tacaño para gastar de mis limitados minutos en oír su voz.
Amigos en Skype: el contacto personal es importante en nuestra relación pero no es físicamente posible. Esto puede ser amistad real o intensidad laboral.
Si somos amigos en Facebook: esta es tal vez la más amigable de las redes pero también la más engañosa. Puede que nos conozcamos personalmente pero no nos vemos en persona hace varios años y probablemente no nos cayéramos del todo bien pero ahora tenemos tantos amigos en común que da pena no tenernos como contactos o de verdad nos queremos y esto nos permite seguir en contacto a pesar de la distancia y la falta de tiempo y qué rico ver fotos de los hijos que no conocemos.
 
Ahora bien, cuando uno tiene dos o más de los anteriores con una misma persona, eso ya significa un nivel de interrelación acercándose a una amistad y da pie para que en caso de un encuentro personal haya por lo menos pico en la mejilla.

El poder está en las tildes


Autoridades

Image via Wikipedia

Hace poco tuve una conversación muy interesante con mi cuñado Andrés, un experto bloguero. Él me estaba tratando de ayudar a generar más tráfico a mi blog y me sugirió que no fuera tan obsesiva con las tildes porque los buscadores como Google y Yahoo se basan en lo que la gente teclea con mayor frecuencia para jerarquizar los resultados, y como casi nadie usa tildes en Internet, mi blog podía quedar relegado a los últimos puestos.

Pensé en hacerle caso, pero en cuanto visualicé mi blog carente de tildes, empecé a sudar frío. Porque claro, yo cometo errores (hace unas columnas se me fue ceseción en vez de secesión), pero no a propósito. Son accidentes; se me va el dedo o el cerebro y siempre lo lamento después. Pero eso de intencionalmente omitir una tilde que sé que debería ir ahí…simplemente, no.

Comprendo las implicaciones de mi decisión y sé que mi visión es anticuada, imperialista y anti-emoticon, pero no puedo darle la espalda a una tradición milenaria. Lo digo porque por allá en el siglo I a. de C., en la Península Itálica se puso de moda estudiar la ciencia del habla y el arte de convencer y los romanos importaron muchos gramáticos y retóricos griegos como tutores para la clase dominante porque vieron que hablar bien los distinguía de los plebeyos.  Tan convencidos estaban de que en el buen manejo del idioma estaba el poder que guardaron celosamente los secretos de las reglas gramaticales, convencidos de que si el pueblo las conocía se acabaría su poderío. Y tras la caída del Imperio Romano y con la proliferación de colonias españolas, el español se convirtió en el idioma “in”, pero al igual que con los juguetes chinos, con la proliferación viene la disminución de la calidad y cuando empezaron a surgir dialectos piratiados, en la Madre Patria pusieron el grito en el cielo y rapidito armaron la Real Academia Española (en 1713) con la misión de “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua castellana, desterrando todos los errores que, en sus vocablos, en sus modos de hablar o en la construcción ha introducido la ignorancia […] y la demasiada libertad de innovar”.

Supongo que será mi ascendencia italiana (no tengo prueba alguna de que tenga sangre italiana, pero mi amor por la pasta y el tiramisú deben ser evidencia de algo) o tal vez porque desciendo de la realeza (soy mandona y siento una extraña fascinación por las coronas) pero siento que velar por las tildes es mi deber. Y si eso significa que debo sacrificar un poco de popularidad cibernética, pues que así sea. Al fin y al cabo, si voy a seguir los pasos de Cerebro (el de los Animaniacs) y tratar de dominar el mundo, debo imitar a los que ya lo logaron.

Bueno, claro que el Imperio Romano cayó en ruinas y ahora Italia, España y Grecia están  en la olla. Hm, tal vez la ortografía no sea lo único que necesite…

Mundo a mi medida


Internet

Image by hdzimmermann via Flickr

La personalización (los publicistas e ingenieros de consumo lo llaman “customización”) del consumo es una cosa maravillosa. Uno puede escoger qué tipos de noticias le llegan al correo electrónico y qué clases de programas de televisión aparecen en el menú de la tele. Uno le puede poner timbres y alarmas a los teléfonos y demás dispositivos para uno sabe cuándo contestar o no. Incluso en Japón hay máquinas expendedoras de cajetillas de cigarrillos que permiten diseñar los paquetes con opciones de colores y estampados.

Así por encimita parecería que estamos logrando el mundo perfecto, pero me preocupa que tanta dicha venga con un precio. Recientemente se ha empezado a hablar de la “distopia de la información”, es decir, una utopia perversa en donde la realidad es el opuesto del ideal. En el caso de la información se refiere a que el tener acceso únicamente a cosas que nos gustan tiene dos efectos adversos: el primero es que nos da la sensación errada de que el mundo entero está de acuerdo conmigo; y el segundo es que impide que nos topemos con cosas que no nos gustan, que nos hagan pensar, que nos hagan cambiar de opinión o que nos ofrezcan la oportunidad de crecer y madurar. Obvio que a todos nos gusta tener la razón y la idea de un mundo hecho sólo de cosas que me gustan a mí es más sexy que Angelina Jolie cubierta de Nutella, pero igual que la imagen anterior, es una ilusión inasequiblemente cruel, y lo peor de todo, es una ilusión creada por logaritmos.

Me refiero a que los computadores toman decisiones basados en patrones de comportamiento, y si bien los logaritmos que lo hacen posible son admirables y complejos y supongo que tomaron años en lograrse, no son perfectos. De allí que el filtro de mi correo electrónico piense que los mensajes del Museo de Arte son basura pero que leer el aviso del producto que promete alargar mi pene es un urgente. Igualmente, ofertas de trabajo y fotos de mi sobrino han ido a dar al “spam” mientras que aparecen resaltados los mensajes de la lotería irlandesa, la carta del señor Abumandalí de Senegal en el que me jura que es un hombre de negocios honesto con una propuesta legítima que me hará millonaria si tan sólo le envío unos datos personales como mi número de pasaporte, las claves de mis cuentas bancarias y mi huella y firma escaneadas.

Cosas como esta me hacen dudar de la sabiduría de las máquinas y lo sensato que sería dejar que ellas tomen decisiones por mí. Al fin y al cabo, si le creemos a Google, soy un hombre acomplejado y calvo con una preferencia inquietante por las asiáticas y los gatos que ama las fotos de animales en situaciones absurdas y cree firmemente en el Tarot Azteca, el correo de la suerte y que Bill Gates de verdad le quiere regalar un computador si tan solo reenvía este mensaje a 2000 de sus amigos más cercanos. Y ¿quién quiere vivir en el mundo perfecto de alguien así?

 

*PUBLICADA EL 10 DE JULIO DE 2011

Mi nueva obsesión


Dicen que el primer paso para superar una adicción es admitir que se tiene un problema, pero ¿y si no quiero superarla? ¿Si estoy felizmente adicta y no le estoy haciendo daño a nadie? Uy, hasta yo sé que cuando uno usa ese argumento, la cosa está grave… pero no me importa. Voy a confesarles, sin dejo de arrepentimiento, que soy adicta al Twitter.

Si no saben qué es eso, frescos. No hace mucho yo era una de ustedes, pobres ovejas descarriadas. Yo hace pocos meses pensaba que “Tweet” era la onomatopeya de los pajaritos, así que les contaré brevemente que Twitter es una red social de intercambio de comentarios e información que tiene la característica de que todas las comunicaciones se deben realizar con ciento cuarenta caracteres o menos. Eso es un párrafo breve, y como bien saben los que me conocen, la brevedad es todo un reto para mí. Al principio no le vi la gracia pero ahora soy una twitera voraz. Siempre que me siento al computador tengo el Twitter abierto y me paso horas viendo las bobadas que escriben los demás, contestándoles y añadiendo mis propias bobadas. Es realmente adictivo.

¿Por qué? Se preguntarán quienes no han sido iniciados en esta logia cibernética. Pues, la gracia es que la gente comparte toda suerte de hipervínculos y comentarios y entonces uno tiene acceso a cosas que no habría encontrado por sí mismo. Ahorita mismo alguien se está burlando de la cadena de noticias norteamericana Fox News porque confundieron a Egipto con Irak en el mapa, y la presentadora dice que Egipto es uno de los países más conflictivos del Medio Oriente; otro tweet dice que el actor norteamericano Charlie Sheen, quien ha estado en las noticias últimamente porque lo echaron del puesto y es un reconocido borracho que le pega a la esposa, ha decidido escribir un libro para niños; en otro, Álvaro Uribe Vélez anuncia que dará una conferencia en Boston; y en este, Daniel Samper Ospina se burla de los Nule. ¿Sí ven? No me puedo desconcentrar ni un minuto porque de pronto me pierdo algo, o peor, que alguien diga algo de lo que yo dije sobre algo que alguien dijo que… bueno, está bien, es algo esquizofrénica la cosa.

Todo esto es culpa de mi amiga Maria Camila. Ella está viviendo en Argentina y como no le queda tiempo de escribir un correo electrónico a la semana contando en qué anda como una persona decente y bien criada en la era digital, me dijo que me metiera a esta vaina para que pudiera “seguirla”. Me sentí toda ofendida porque ella me estaba tratando como si fuera su fan en lugar de su amiga, pero lo hice de todas maneras y ahora no puedo parar. Trato de hacer la columna pero entonces veo que está titilando. Sólo un ratico, me digo a mí misma. Uno o dos tweets y no más, vuelves a trabajar…

Ay, sueno como una adicta y todo. Tal vez sí tenga un problema. Voy a twetear “adicto al Twitter” a ver qué me responden.

*PUBLICADA EL 3 DE ABRIL DE 2011

Nuevos Indicadores económicos


PUBLICADA EL 14 DE FEBRERO DE 2010

Mi profesor de economía perdió el tiempo enseñándonos la teoría de la oferta y la demanda y el cuento ese de la Mano Invisible de Adam Smith (la misma mano que al parecer le mostró el dedo de la mitad a la economía mundial el año pasado…) porque he descubierto que lo que realmente debimos haber estudiado eran las mini faldas y el colorete.

Hablo, por supuesto, del Índice del largo de la Falda y el Índice del Color de Labial, dos propuestas económicas tan acertadas como divertidas. La una plantea que el largo de la falda es inversamente proporcional a la economía, es decir, las mujeres usan minifaldas cuando las cosas van bien y falda tipo institutriz alemana del siglo XIX cuando las cosas van mal. El otro, el del labial, sugiere que las ventas de labiales, sobre todo de colores fuertes como el rojo, aumentan cuando la situación económica es pobre y bajan cuando la prosperidad aumenta.

Estas teorías me han despertado la curiosidad por el tema económico, materia que siempre tuve como más aburridora que ver evaporarse un charco. Ahora, con mi renovado interés, he decidió plantearles a los economistas mis indicadores económicos. Aquí van estos cuatro. Quién sabe, hasta de pronto alguno pega y me vuelvo famosa:

Índice de Regalos de Novios. Este indicador mide la cantidad y calidad de los regalos que los novios dan a las novias en fechas como San Valentín y Día del Amor y la Amistad. Todo está en lo peludo: si se venden muchas cosas en estuche peludo (anillos, dijes, collares), las cosas van bien; si se venden muñecos peludos, van mal. Esto se podría cotejar con el Índice de rompimientos sinsentido, que mide la cantidad de novios que echan a la novia sin motivo aparente justo antes de la navidad, el cumpleaños o las fechas anteriormente indicadas sólo para ahorrarse en regalito. Claro que si nos guiamos por esto estamos en la olla porque mi papá me contó que este año el San Valentín estuvo tan malo que lo van a rebajar a Beato.

Índice del arroz. Mi idea es que en épocas de bonanza, el arroz se sirve en plato aparte y compacto, con forma de pocillo (roseta de salsa de tomate opcional); en épocas difíciles, es en el mismo plato y bieeeeeeeeeeeeeeen esparcidito para que se vea lleno.

Índice de la Temperatura del Chocolate. En este caso, si la gente está en la buena, sirven el chocolatico calientito de tal manera que la conversación sea larga y se pueda acompañar de “parva”.  Pero si están en la mala, los inopes sirven el chocolate tibio para que los invitados se lo tengan que tomar con prisa y no alcancen a comer mucho.

Índice de sociabilidad. En épocas de crisis esas visitas que llegan justo antecitos del almuerzo o la comida -visita de pésame, de felicitación, de enfermo, de recuperado, de despedida, de bienvenida y de cuanta cosa pueda celebrarse- escalan porque la gente aprovecha y “tanquea” en casa ajena.