La evolución del concepto de las vacaciones


Si no estoy montado en un tractor a las cinco de la mañana, no estoy en vacaciones.

Si no estoy montado en un tractor a las cinco de la mañana, no estoy de vacaciones.

De 0 a 3 años: Me da igual estar en vacaciones que no. Como, babeo, lloro, ensucio, repito. Este ciclo se puede llegar a cabo en cualquier lugar, clima o época del año.
De 3 a 6 años: Mi oficio es jugar. Las vacaciones me ofrecen más tiempo y nuevos espacios para el juego. Debo levantarme más temprano que de costumbre para alcanzar a ponerme todos los disfraces que tengo antes del desayuno. Es indispensable tener a la mano juguetes, particularmente costosos y que requieran pilas y hacen ruidos irritantes y chuzan si un adulto los pisa descalzo. La comida y el sueño no son prioridad.
De 6 a 10 años: Ya no soy un niño. El colegio me exige mucho y las vacaciones son MI momento. Todo gira en torno a mí. Necesito actividad. Mucha actividad. Quiero ir a pescar, montar en bicicleta, aprender a usar el monopatín, el uniciclo, patines en línea, patines en círculo o lo que se hayan inventado recientemente que pueda provocar una fractura. Si no hay peligro, no hay diversión. Necesito adrenalina y muchos implementos deportivos. Los cascos son para mi mamá; yo prefiero escalar montañas de alambre de púas en calzoncillos.
De 10 a 14 años: Ya no soy un niño.  Las vacaciones son demasiado cortas y las tengo que usar bien. Me ofende que me pongan a leer o ir a un museo o hacer actividades estimulantes. Lo único que me estimula es usar mis dedos gordos. Quiero jugar con el Wii, el Nintendo, el iPad, el GameBoy o cualquiera sea el dispositivo costoso y aislante de moda. Quiero ver televisión. Quiero verme todos los capítulos de todas las series y todas las películas y no quiero interactuar con otros humanos. La comidita que sea fácil de comer con las manos, gracias.
De 14 a 25 años: Ya no soy un niño. Las vacaciones son sagradas. Son para pasarlas en manada. Plan con menos de seis no es plan. Necesito mi manada de amigos y amigas y novias y ex amigas que ahora son novias y ex novias que ahora son amigas de los novios que antes eran mis amigos pero ahora me caen mal pero tienen carro. El carro es el centro de todo mi universo. Me llevan en él, me lo prestan, me lo quitan, me lo prometen. Dormir no es importante. Mi manada gira en torno al desplazamiento y la comida. Si no hay gente de mi edad o algo en qué montar, no son vacaciones, gracias.
De 25 a 35 años: ¿Vacaciones? Por favor, ya no soy un niño. No necesito vacaciones.
De 35 años en adelante: Ya no soy un niño. No resisto las vacaciones. Necesito dormir. No puede ser que ya no estén en el colegio. ¿Por qué no estudian todo el año?
 * PUBLICADA EL 1 DE JULIO EN LA TARDE

Del amor y otras jodas


Eran tan jóvenes, este par de enamorados. Él de patillasfrondosas y ella de sombra perlada y ojos con “cola de gato”, como le exigía ladécada. El cura sonrió cuando bajando con el libro de casamientos oyó al novio exclamar:-¡Santa pacha bendita!-. El fotógrafo contratado para la ocasión maldecía a todo pulmón cada vez que iba a tomar una foto porque el flash no le funcionaba. Y finalmente cuando los declararon marido y mujer y él se inclinó para besar a su nueva esposa y ella, ruborizada y bella, dijo suavemente al micrófono  -¡Ahora sí se jodió!
Y así empezaron mis padres su vida de casados, unión que cumplió esta semana cuarenta años de celebrada. Según la tradición, los cuarenta son las Bodas de Rubí pues esta joya representa la llama del amor y el deseo eternos. Pero este año alguien de la familia (tal vez fui yo) dijo que como no había con qué comprar rubíes deberíamos empezar una nueva tradición y celebrar las Bodas de Boñiga.
No se alarmen; no es una ofensa. Lo digo citando las perenemente sabias palabras del gran filósofo Miguel Álvarez Jaramillo (mi abuelo), quien en alguna ocasión me dijo: –A uno a veces le toca comer mierda, pero no hay que olvidar que la mierda también es abono.
Esas palabras tan profundas las he tenido muy presentes en los últimos días porque vaya sí ha habido bastante fertilizante por esos lados. Desde inquilinos mezquinos y sus abogados maquiavélicos pasando porinmobiliarias inmisericordes hasta funcionarios vengativos, la verdad es que llevamos un par de semanas difíciles. Pero el abuelo tenía razón, la dificultad es muy buen abono.
Para empezar, de todo esto han surgido amistadesinesperadas, hemos descubierto aliados sorprendentes y nos hemos percatado de habilidades que no sabíamos que teníamos. Hemos renovado nuestro directoriosocial y replanteado el uso de palabras como “indispensable”, “importante” y“amigo”. Hemos salido fortalecidos como familia y eso nos ha dado ánimo para celebrar estos cuarenta años de Alvarezasgo que han estado llenos de alegrías y pesares, dichas y desdichas, y todo el abono (desde pañales con regalitos hasta cagadas adolescentes) que ha posibilitado el retoño de tanta cosa buena. Aquí abundan el buen humor y el mal genio, el buen gusto y el maldecir. Somos una manada de nómadas burlones lectores y comelones jugadores de cartas televidentes que nos creemos jueces de American Idol y al menos la mitad somos músicos frustrados. Nos queremos. Nos peleamos. Nos perdonamos. Nos volvemos a pelear y nos volvemos a querer. Y todo esto gracias a que mi papá se veía interesante tocando guitarra mientras mi mamá espiaba desde las escaleras la fiesta que hicieron sus primas a la cual no la invitaron porque estaba muy niña. Y después de cuarenta años, la niña y el guitarrista han producido tres hijas y dos nietos y una familia amorosamente jodida y jodidamente amorosa. Así que Felices Bodas de Boñiga, papá y mamá. Celebremos todo lo bueno que ha salido de tanto abono.

JURAMENTO DEL MADRINAZGO


Emi

Ha nacido Emilio, mi primer sobrino. Sé que todas las nuevas tías dicen lo mismo, pero la verdad es que mi sobrino es en serio un bebé precioso, inteligente, sociable y sumamente perspicaz. A pocas horas de nacido ya se veía que estaba destinado para grandes cosas. Les juro que estoy siendo totalmente objetiva, y además mi papá y mamá (los nuevos abuelos), mis hermanas (tía y madre, respectivamente) y sobre todo, mi abuelito (ahora bisabuelo) están totalmente de acuerdo con mis observaciones, o sea que tiene que ser cierto todo lo que decimos de este milagro con nombre propio. Y como si no estuviera lo suficientemente embobada con mi sobrino, por razones del azar y el karma, Emilio es también mi ahijado.

No crean que esta es una responsabilidad que tomo a la ligera. Para nada. Es más, estoy tan emocionada con eso de ser madrina que me sentí muy decepcionada cuando busqué en internet algún juramento o ritual o algo para las madrinas y no encontré nada. Como no quiero dejar que la falta de creatividad ajena me detenga, he decido entonces elaborar mi propio juramente, el cual tomaré apenas lo acabe. Así que, para todas las madrinas y, si se quieren pegar, para todos los padrinos que quieran hacerlo, les ofrezco mi versión de:

El Juramento del Madrinazgo

Yo, (nombre de la madrina) como madrina de (nombre del bebé) juro solemnemente malcriar a este bebé. Juro darle torta de chocolate de desayuno, almuerzo y comida siempre que me sea posible. Prometo no obligarlo a comer vegetales y en cambio nutrirlo con bombones, chicles, caramelos y pistachos.

Trataré de no darle nunca regalos útiles como lapiceros, billeteras o corbatas, y en cambio darle muchas panderetas, maracas, tambores y, cuando esté mayor, una batería completa o una guitarra eléctrica.

No le diré nunca “eso no es posible”.

Perpetuaré su creencia en el Niño Dios, el Ratón Pérez, las Hadas, los Dragones, los Duendes y la capacidad de volar y hablar con los animales durante el mayor tiempo posible.

Le diré con insistencia no hay una manera ni una hora incorrecta para dormir una siesta.

Lo educaré en las artes de ver televisión, ir a cine, ir de compras.

Le enseñaré las técnicas apropiadas para comer pizza y churros rellenos de crema de avellana sin hostigarse.

Me propongo lograr que sus primeras palabras conscientes sean “en cuánto me lo deja” y “con topping de chocolate, por favor”.

Me comprometo a enseñarle a amar el idioma, a vocalizar correctamente, a tildar decentemente, a redactar y conversar hábilmente y a insultar creativamente.

Juro por todo lo que considero venerable y sagrado que este niño no conocerá la falta de originalidad ni verá jamás ridiculizadas sus ideas, sus sueños o sus teorías.

Defenderé con cada fibra de mi cuerpo su derecho a decir lo que piensa y le enseñaré a pensar en lo que dice.

Le ayudaré a hacer sólo aquellas tareas de materias que realmente sé y trataré de controlar mi impulso por decirle que dichas tareas son inútiles y que no le van a servir de nada en la vida real y que mejor vayamos a hacer galletas.

Dado que no tejo ni coso ni bordo, ofrezco a este niño mi único talento doméstico: la cocina. Soy una chef espectacular, por lo que juro por el chocolate que este niño jamás comerá pasta rosada, huevos babosos, jamoneta, galantina ni gordos.

Mientras este bebé esté a mi cuidado no tomará café de greca ni cerveza doméstica, vino de caja ni coca cola sin gas.

Hasta donde sea posible, le evitaré el sufrimiento causado por la falta de estilo y coordinación cromática, por lo que velaré por que la ropa que use combine siempre. Garantizo que este niño nunca saldrá a la calle con medias blancas y pantalones oscuros y usará sudadera sólo porque en el colegio lo obligan para hacer educación física, pero nunca como prenda callejera.

Haré lo que esté a mi alcance para que este hombrecito tenga sentido del humor.

Prometo a la sociedad y a los padres que lo trajeron al mundo que este será un hombre fiel a sus principios, aunque difieran de los míos, y defenderá sus creencias aunque sea el único que las tiene por ciertas.

Guardaré sus secretos, respetaré sus silencios, entenderé sus imprudencias y responderé sus preguntas (o encontraré quién pueda hacerlo).

Lo querré así no esté de acuerdo con él o (puede ocurrir) él no esté de acuerdo conmigo. Lo respetaré por ser quien es y le prometo siempre decirle la verdad aunque no sea lo que quiere oír.

Finalmente, por encima de todo lo demás, juro que todos los días habrá magia en la vida de esta criatura, que nunca dejaré de ayudarlo a sorprenderse, que en todo lo que haga veré algo maravilloso y que juntos contemplaremos los milagros de los que está lleno cada día.

Seré para él una fuente inagotable de humor, comprensión, sabiduría, y sobre todo, chocolate.

Bienvenido al mundo, Emilio Loboguerrero Álvarez. Es un lugar que da mucho miedo, pero aquí estoy para mostrarte que tiene muchas cosas buenas también (siempre y cuando tu mamá te de permiso).

* PUBLICADA EL 20 DE DICIEMBRE DE 2005

Relaciones familiares en la era de las comunicaciones


PIBLICADA EL 27 DE MARZO DE 2011

Todo empezó de manera tan inocente…llamé a mi mamá al celular y me contestó agitada.

-Qué hubo, mija. ¿Qué pasó? ¿Qué necesitas?

-No, nada urgente. Sólo quería preguntarte por la receta de la torta esa que se hace en el microondas.

-Está en el cajón de mi nochero.

-Mami, estoy en Bogotá. No puedo abrir tu nochero (esto dicho con desesperación y condescendencia)

-Ay, mija, no el cajón-cajón. Mi BLOG, que se llama así.

-¿Tienes un blog?

-Sí. Es que tengo muchas amigas que me escriben pidiéndome la receta de lo que les di tal o cual día que vinieron o me piden consejos de orientación familiar y me cansé de escribirles de a una y puse un blog.

-Ah, qué bueno. ¿Y mi papá?

-Tu papá tiene su propio blog.

-No, me refiero a que si está por ahí para que me converse.

-No, él está en este momentito metido en Skype con un tipo de Costa Rica que le está preguntando por unos abonos orgánicos. ¿Por qué no te metes y le mandas un tweet y le preguntas qué quiere de almuerzo?

-¿Pero, por qué no vas tu y le preguntas? Lo tienes al lado…

-No, él está en la parte de atrás de la finca y yo estoy en mi cuarto porque estoy actualizando mi Facebook para que quede coordinado con mi blog y los dos sincronizados con mi Blackberry porque tengo que saber cuándo alguien se mete al blog y si me hacen comentarios para estar al tanto.

-Pero, no puedes hablar conmigo ahora…

-Me encantaría pero es que estoy configurando mi cuenta de Twitter y mis seguidores están pendientes de mis Tweets. Hoy voy a twitear sobre Montessori y voy a subir una entrada sobre una torta de banano.

-Ahhh. Bueno, pues si estás ocupada…

-No, mira, si quieres mándame un mensaje de texto al celular y si quieres me dices de qué quieres hablar y yo te mando un hipervínculo remitiéndote a una página que hable del tema sobre el que tienes preguntas.

-No, no era nada. Te quería contar de algo que había hecho Matías…

-Pues grábalo y montas el video en YouTube. Yo ya tengo cuenta.

-No, pues tienes cuenta en todas partes.

-Pues es que toca, mija, porque uno en la vereda se desconecta mucho y hay que estar actualizados, saber lo que está pasando en el mundo.

-Pero yo pensé que ustedes se habían ido a vivir a la finca porque estaban cansados de estar actualizados y querían precisamente desconectarse del mundo y reconectarse con la naturaleza, vivir más tranquilos, disfrutar de los atardece…

-Ay, ahora que dices atardecer, te voy a mandar una presentación en Power Point de unos atardeceres divinos.

 

Como quien dice, nunca habíamos tenido tantas maneras de incomunicarnos.

 

 

Grandes inventos de la humanidad


Publicada el 21 de noviembre de 2010

Hace poco la empresa de telecomunicaciones Tesco Mobile realizó una encuesta a más de 4000 personas para descubrir cuáles consideraban los mejores inventos de todos los tiempos. No es sorprendente que el número uno haya sido la rueda (la ropa quedó de 100) y algunos otros como la escalera (64), el motor de vapor (17) y el teléfono (7) eran de esperarse. Me sorprendió un poco ver que el brassier push-up logró la lista de 78 y me quedó sonando eso del  mejor invento.

Hace poco estuve hablando del tema con la tía Irma (tía de Jorge) y ella postuló al suéter como mejor invento. Según ella sirve para tapar el solo como paraguas, se puede usar como toalla, almohada, trapito y hasta para protegerse de los paparazzi (y todos hemos usado esquinita de la manga de un suéter como pañuelo). Para ella, la elección del Mejor Invento estaba clara.

Pero yo no estaba convencida con el suéter. Otros elementos en la lista de Tasco como el bombillo y la penicilina y la televisión me parecieron tentadores, pero nada me parecía que ejemplificaba el indomable espíritu. Reflexioné sobre qué consideraba yo el mejor invento de todos los tiempos y recordé que para el Día de la Mujer leí un comunicado del Vaticano que alegaba que la lavadora de ropa era el invento que más había liberado a la mujer (me pican las yemas de los dedos para escribir algo al respecto pero he decidido esquivar esa bala) pero no me convenció ese argumento. El celular, internet, el tenedor y el cuchillo, la carne asada, la arepa con hogao y los chicarrones, todos estos son inventos buenos pero no me parecían lo mejor de lo mejor.

El control remoto definitivamente estuvo en la lista corta un buen rato, pero el problema es que sólo sirve para controlar de manera remota el televisor. Si pudieran inventarse un control remoto que me permitiera poner en “mute” a la gente, pausar a Matías para poderlo alcanzar o retroceder y poner en cámara lenta las explicaciones de mi contadora, tendríamos algo. Pero eso no existe, así que seguí pensando…y entonces, en medio de mis cavilaciones, recordé a mi abuelo Miguel, un hombre sabio y sagaz, quien ya antes había dictaminado que lo mejor que se había inventado la humanidad, el máximo exponente del ingenio era el botón de ‘off’.

Todo lo que tiene botón de ‘off’ es mejor porque lo tiene; todo lo que carece de él debería tenerlo. Poder prender la lavadora, el computador, la aspiradora, todo eso es bello y enaltece el espíritu pero PODERLO APAGAR es realmente una sensación vigorizante. El botón de off nos da a los humanos poder supremo sobre cualquiera de nuestros inventos. Significa que podemos GANARLE al computador, a la impresora, a lo que sea que no quiere funcionar porque el fin de la discusión está en la punta de mi dedo. Creo que tenemos un ganador.

Y ahora, rendiré homenaje a mi abuelo, usaré el famoso botón y me iré a dormir.