Óxido, putrefacción y otros males de las redes sociales


En una entrevista con Jeff Rosen, Charlie Sheen decía “Estoy harto de fingir que no soy especial, estoy harto de fingir que no soy una estrella de rock de Marte.”
Y la verdad, lo entiendo.
Verán, hace unos días recibí un regaño en mi muro de Facebook y de repente me sentí en el medioevo ochentero, cuando mi familia acaba de regresar de vivir en Estados Unidos y las niñas de mi salón se burlaban de mi español. Una vez logramos hablar bien el idioma local, mis hermanas y yo ocultábamos el hecho de hablar inglés con vergüenza y mentíamos acerca de haber comprado algo en otro país, alegando que lo habíamos conseguido en algún almacén cercano y con descuento. Todo parecía tan tonto ahora, tan insignificante lo que oculté y tan desmedidos mis temores hasta que leí ese comentario en el que la persona –amiga de la familia- me decía que no debía publicar cosas en inglés, que por qué escribía tanto en ese idioma y que le parecía que no estaba bien que yo sólo pensara en “mis amistades gringas”.
Un solo comentario y de nuevo estaba en el espiral de confusión que sentí al ver que los ricos eran los malos en todas las telenovelas, la gente que sobresalía era ‘creída’ y las que sabían más que los profesores se iban castigadas a la biblioteca (sobra decir que pasé mucho tiempo en la biblioteca, sobre todo durante las clases de inglés). En esa época sentí que había una diferencia en la percepción de lo sobresaliente aquí y allá: en Estados Unidos, los ricos son ídolos, la idea del millonario hecho a pulso es la promesa más suculenta del American Dream, pero aquí decían que el que se hacía rico le quedaba debiendo a todo el mundo. Allá la gente decía “Cómo hago para tener lo que tu tienes?”; aquí, “tu por qué tienes y yo no?”
Creo que las cosas han cambiado pero ese comentario me hizo ver rojo. Y luego azul, porque acordé de Raúl.
Raúl descubre que cuando uno oculta lo que es, lo que siente, lo que sabe y lo que puede, uno se empieza a volver anquilosado, inflexible y azul. Y no un enternecedor azul pitufo sino ese mortal azul gangrena, hediondo y nauseabundo.
Hay gente que nunca se ha sentido azulosa y los aplaudo. Pero sé que  hay gente que sabe la respuesta y no levanta la mano, que tiene una idea mejor y se la guarda, que ve el error del otro y no se lo comenta. Gente que se calla y se deja callar.
Por fortuna ya no hago parte de ese equipo y en cambio soy capitana de la Liga Pro-Linguis en donde amamos las palabras en todos los idiomas y sabemos que si bien el que calla se oxida, el que manda a callar se pudre. Y nadie cree que el mundo necesita ni más óxido ni más putrefacción.

*Esta columna apareció en el diario La Tarde bajo el nombre Confieso que he leído Raúl pintado de Azul de Ana María Machado el domingo 4 de mayo de 2014.

Abrebocas para un abreojos


Tal vez sea porque recién cumplí años o porque acabo de llegar de unas vacaciones mágicas o porque mi profesora acaba de perder una pelea que tuvimos hace 22 años, pero esta semana parece que veo el mundo con ojos nuevos.

 

Les cuento de la pelea primero. Estábamos en clase de Ciencias Naturales y yo dije que en el espacio tenía que haber tormentas. Me gané un regaño y creo que un cero pero resulta que han descubierto una nube que contiene el reservorio de agua más grande del universo, con una masa 140 billones de veces la cantidad de agua que contiene todos los océanos de la Tierra, y cerca de la galaxia 3C303 (los astrónomos tienen cero creatividad para los nombres) descubrieron una tormenta eléctrica con rayos que producen hasta 100 trillones de positrones (o en términos científicos, un pringonazo el macho).

 

Tener la razón tardía me dio coba y pensé en otras peleas pendientes. Descubrí que el chocolate no sólo no produce acné -cosa con la que me amenazaron durante toda mi adolescencia- sino que es bueno para la piel y ayuda a proteger contra los rayos UV. Además, el chicle que tanto me prohibieron en el colegio parece que ayuda a aumentar el nivel de atención y reducir el estrés; el azúcar ayuda a mejorar el autocontrol y el algodón de azúcar que tanto han criticado ayuda a salvar vidas (porque se pueden crear nuevos vasos sanguíneos en el laboratorio con esta sustancia según indican nuevas investigaciones).

 

Aparte de todo, resulta que los exámenes NO nos ayudan a aprender mejor (Harvard ya no hace exámenes finales), los descansos o recreos largos y frecuentes son indispensable para tener mejores resultados académicos, el álgebra no se debería enseñar en octavo (dicen estudios de Duke y Stanford que es mejor después de los 17 años), la competencia sana entre los compañeros no es tan sana

i haven't eaten candy floss since a little chi...

leyeron bien: SALVA VIDAS

(de nuevo, Stanford), nada pasa si uno se sienta demasiado cerca del televisor (y la tele no mata la imaginación ni nos vuelve brutos) y leer con poca luz no nos vuelve ciegos.

 

Lo mejor de todo es que buscando por ahí encontré cosas fantásticas que no sabía, como que en el oro crece en ciertos árboles de Australia y que hay un planeta de diamante. O sea, no un planeta con diamantes sino un planeta que es un diamante. El planeta PSR J1719-1438 b es un planeta diamante (de nuevo, el nombre amerita revisión…planeta Angelita me suena). Leí sobre un perro que entiende más de mil palabras, unos leones en Etiopía que rescataron a una niña que estaba siendo atacada por unas bestias (humanas) y sobre el descubrimiento de una nueva parte del cuerpo: el Ligamento Anterolateral, que queda en la rodilla.

 

 

En otras palabras, el mundo es fascinante.  Sí, supongo que todos lo sabemos, pero a veces se nos olvida. Recordarlo esta semana me abrió los ojos y espero que esta columna los inspire a abrir los suyos.

 

 

* PUBLICADA EL 11 DE NOVIEMBRE EN LA TARDE

 

Del Q.E.P.D al QR


English: Version 4 QR code example

Aquí yace fulanito…

Muchas personas se habrán preguntado por esos cuadraditos negritos distorsionados que ahora aparecen en todas partes y parecen como un código de barras con problemas de identidad. Los muy tecnológicos habrán deducido que es para usar con los teléfonos inteligentes y hasta habrán hecho el intento, y uno que otro sabe que se trata de códigos QR (Quick Response). Si no los han visto, miren en cualquier revista, folleto, volante, tarjeta de presentación o caja de cereal que se respete y verán uno. Son simpáticos y pueden ser útil pero como todo lo tecnológico hay quienes le han dado un uso…diferente.

Esta vez, es en Japón.

Los japoneses, siempre un brinco delante de la vanguardia, empezaron a usar códigos QR en las lápidas en el 2008 y ahora China está haciendo lo mismo. La idea es que el código conduzca a una página que contenga información, fotos, videos y datos sobre el difunto y ofrezca posibilidades de lamentación y pésame cómodas y como velas y arreglos florales virtuales. Duelo a punta de clics.

Debo decir que esta incursión de lo digital en lo mortal me deja un tris perpleja. Esta semana por ejemplo me debatí sobre si enviar un mensaje de condolencia por Facebook (opté por no hacerlo) porque la verdad es que es más cómodo mandar un emoticon que componer una de esas horribles y siempre incómodas frases de solidaridad emocional. Yo nunca sé qué decir en los entierros y siempre temo que me va a dar un ataque de risa nerviosa en el peor momento pero aún así me parece que el funeral virtual -en donde se avisa de la muerte por Facebook, se convoca a las exequias por Twitter y se envían las fotos por Instagram para que la gente vea la tumba en Google Maps– me parece algo impersonal. Práctico, pero impersonal.

Entiendo lo seductivo que puede resultar salir de un plan de esos a punta de mouse pero me parece que es arriesgado. Ya hay reportes de que la recesión ha afectado el negocio mortuorio en Estados Unidos y almacenes de cadena como Walmart y Costco ofrecen ataúdes baratos (que es como si a uno lo entierran en un ataúd del Éxito o metan las cenizas en una coquita del SuperInter) pero ya el velorio por webcast (FuneralOne lo ofrece) me parece ir demasiado lejos. Suficiente tenemos con que la gente no interactúe con el del lado porque está jugando con el celular para que ahora en cualquier banca veamos a alguien de cabeza agachada porque está asistiendo a un entierro vía Tablet.

Pero tal vez ese sea el futuro. La manera de honrar y disponer de nuestros seres queridos avanza a la par con todo lo demás. Personalmente no creo que el QR en la lápida sea para mi. Si me toca escoger me le mido a Celestis, la empresa que programa envíos de restos humanos al espacio. A mí que me anoten y que mis remanentes mortales brillen hasta que se acabe el mundo en la supernova champaña (la SNLS-03D3bb para ser exactos) con la canción de Oasis en loop infinito.

*PUBLICADA EL 20 DE OCTUBRE EN LA TARDE.

Consejos para mujeres en potencia y con mucho potencial


Female Gender Symbol Pendant Necklace

Porque cada niña es una joya…

Esta semana fui invitada a hablar con las alumnas del Gimnasio José Joaquín Casas a raíz del mes de la mujer y me dijeron que pensara qué consejos les daría a las mujeres del futuro. Esta es una lista a la tal vez le añada más cosas en el futuro y que espero que ustedes me ayuden a nutrir. Ahí va:

Humildad significa saber la diferencia entre lo que uno es y lo que no es. Si es inteligente, sea humilde y sepa que es inteligente; si es bonita, acepte que es bonita. No se haga la boba ni diga que es fea que eso es estupidez, no humildad.

Sean responsables. Ser responsables no significa hacer siempre las cosas bien. Significa aceptar las consecuencias de las decisiones que uno toma, buenas o malas. Si no están listas para las consecuencias, no tomen las decisiones solas.

La decisión sexual más importante no es ni cuándo ni con quién sino por qué. Si es porque todas lo han hecho menos yo, porque si no él me va a echar, porque él no quiere esperar más, porque qué oso ser virgen, entonces mejor esperen un poco.

No se burle ni se impaciente con su mamá porque ella no entiende el iPhone ni sabe manejar el iPad. Recuerde que usted no siempre supo manejar el iNodoro.

No escondan al novio ni dejen que él se esconda. Si realmente te quiere, va a querer conocer a las personas que son importantes para ti, y vice versa.

Hagan un pacto con los papás: yo prometo llamar si estoy en problemas y ustedes prometen no juzgarme por haberme metido en problemas. Así todos sabemos que si la cosa es grave no me va a dar más miedo la reacción de mi papá que seguir en una situación que no sé manejar.

Nunca se es demasiado cool para poner tildes.

Los modales nunca pasan de moda. La ortografía tampoco lo hará.

Si sus chats tienen más emoticones que palabras, compre un diccionario.

En el mundo real, nadie te valora por tu potencial. Sólo por tus acciones.

Tengan límites: emocionales, físicos, espirituales. Aprendan a decir que no sin pena y sin explicaciones.

* PUBLICADO EL 24 DE MARZO DE 2013 EN LA TARDE

La culpa la tiene el celular


Old woman and children in a doorway in the Ind...

Evidentemente este es un problema que se puede curar con prohibir el celular, ¿no?

 

En el pequeño pueblo de Sunderbarri, Manuwar Alam está indignado. Los habitantes de los asentamientos vecinos le preguntan cuántas mujeres han sido infieles esta semana y se ríen de él. Ya van seis casos de mujeres, algunas más jóvenes que otras, que huyen de la aldea con sus novios o amantes y por eso Alam convenció a los miembros del Concejo, recientemente formado, de tomar medidas radicales: prohibir el uso de los teléfonos celulares para niñas y mujeres. Han decomisado los aparatos y establecido una multa de 10,000 rupias para mujeres solteras y 20,000 para las casadas que sean sorprendidas usando uno de estos aparatos corruptores. Con esta medida piensan que podrán erradicar el comportamiento escandaloso porque las mujeres ya no podrán comunicarse entre sí ni con sus amantes.

 

Los miembros del Concejo quieren ser previsivos, y sentar un precedente para India y todos los musulmanes, pues su aldea es casi toda musulmana y alrededor del 13% de la India lo es. Por eso para los habitantes de Sunderbarri es importante ser previsivos y eliminar este mal de raíz para impedir lo que podría suceder de lo contrario.

 

Porque, de no hacerlo, las cosas podrían escalar. Uno podría suponer que si las mujeres indias pueden usar celulares, pronto las árabes querrán conducir autos, salir solas y hasta elegir con quién casarse. Y ¿quién sabe qué clase de oprobios podrían surgir luego? ¿Mujeres decidiendo tener hijas en lugar de terminar los embarazos como lo hacen ahora? ¿Decidiendo si quieren ser esposas o madres, pensando que pueden estudiar en la universidad como cualquier hombre, teniendo su propio dinero, su propia propiedad, o peor, su propia opinión? Fatal. Simplemente fatal. Hay que pensar en el bien de todos (los musulmanes extremistas machistas obtusos miopes) y hacer una limpieza moral de la tecnología.

 

Y claro, la culpa la tiene el celular. No la represión, no la doble moral misógina represiva, no la pobreza ni la ignorancia. No; la culpa la tienen estos aparatos que llegan a los lugares remotos donde los servicios públicos no alcanzan, que les permiten a hombres y mujeres tener contacto con el mundo, encontrar trabajo, pedir ayuda, buscar recursos. Esos aparatos que son tan importantes para los indios que hoy en día más gente tienen celular que inodoro en ese país. Esos aparatos hay que destruirlos. Para preservar la moral hay que volver a la era pre-celular, a la era de la puerta abierta y el juicio pronto, de los teléfonos controlados y supervisados y las mujeres aisladas y calladitas. Porque esa es la única manera de tener paz y tranquilidad, y sobre todo, una sociedad ordenada y moral. Eso cree Manuwar.

 

Pero él no sabe que en algún rincón de Sunderbarri hay una adolescente que le está texteando a su amigo que tiene un blog para que Twitee algo sobre esta injusticia, y pronto todo Facebook estará apoyando estas mujeres. Porque ya no hay quien nos calle, Manuwar. Con o sin celular.

 

 

 

Los pies en la tierra


Twisted #3, #1

Twisted #3, #1 (Photo credit: moggs oceanlane)

Del Latín pede, que significa pies, y su diminutivo pediciolu, nos llegan palabras peciolo. Este último es un término botánico que se refiere al tallito que une la rama al tallo. Y de ese peciolo nos llega pezón, que no es más el conjunto de ductos lactíferos (en promedio unos 15 o 20), que juntos con la areola (que mide unos 38 mm) y que juntos conforman al parecer uno de los pedazos de piel más poderoso que ha conocido la humanidad.
Fíjense nada más en las noticias de las últimas semanas.
Para empezar están las fotos de Kate, Duquesa de Cambridge, quien se asoleabatopless y fue fotografiada por unos paparazzi. Las fotos ya han generado una demanda, el rompimiento de la revista inglesa Closer co la filial francesa que publicó las fotos y la amenaza de cerrar un periódico irlandés, el Irish Daily Star, por hacer lo mismo. Cuando se publicaron fotos de Harry en bola, sólo dijeron –ah, sí, ese es y esas son- y ya. Pero los pezones de Kate, que por cierto son más fotogénicos que las joyas de Harry, han hecho rodar cabezas.
Kate tiene derecho a estar brava puesto que expusieron algo que ella hubiese preferido guardar. Pero ese no es el caso de Adrienne Pine, una profesora de antropología que amamantó a su hija en clase. Al parecer, los estudiantes que asistían a su charla sobre Sexo, Género y Cultura no tuvieron la cultura suficiente para entender que el género femenino usa sus pezones para algo diferente al sexo. La controversia ha puesto en jaque a estudiantes, padres de familia, rectores, activistas…y supongo que la bebé tampoco está muy contenta de que su almuerzo sea tema de debate nacional.
Pero al menos las de Kate y Adrienne son reales, de carne y hueso. Bueno, de piel y glándulas. El escándalo que sacudió a la prestigiosa revista The New Yorker tuvo problemas con Facebook porque publicó una caricatura de Adán yEva en donde –oh, sorpresa- se les muestra viringos. Y por culpa de los pezones caricaturescos han sido desterrados de la red social.
Tal vez por episodios pezonofóbicos como este, la serie de televisión Desperate Housewives reveló que ha invertido miles de dólares en remover digitalmente los pezones de Terry Hatcher, que al parecer son demasiado protuberantes para las 9 pm. Los seriados que se transmiten a las 10 pm y más tarde pueden tener pezones, pero a las 9 es sencillamente escandaloso.
¿Cuándo nos pasó esto? ¿Dónde quedó la idea de que la desnudez es normal? Se nos han olvidado las olimpiadas griegas en las que los atletas estaban en pura pelota, las tribus indígenas en donde el pezón llama menos la atención que una ampolla y los días en los que amamantar un bebé era menos noticia que parpadear. No sé qué nos pasó ni cuándo ni a quién echarle la culpa pero en un mundo en donde los maniquíes modernos tienen pezones parados y las princesas tienen que usar brasieres de castidad creo que nos harían bien recordar que ese parchecito no es más que piel, no es más que un piecito de una rama. Tal vez eso nos ayude a mantener los pezones en la tierra.

La muerte de la foto bonita


 

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Prueba Reina de la Fiscalía. 

 

Todos los de mi generación y muchos de las anteriores tenemos la “foto bonita”, también conocida como La Foto (la mayúscula es importante). Normalmente tenemos una por etapa; La Foto de cuando éramos niños, La Foto de la adolescencia y La Foto de la adultez temprana. Generalmente se trata de fotos tomadas durante eventos tipo grados, fiesta de Quince o bodas, propias o ajenas y tener La Foto nos ayuda a superar la fealdad de la foto de la cédula o el pase, a no caer en una depresión profunda luego de que uno sale de un tomadero de fotos de esos del centro, cosa que ocurre cuando uno va por la calle, se acuerda de la bendita foto que no se ha tomado para la vuelta esa que no ha hecho, entra a las carreras, se medio arregla frente al espejo diminuto y después se queja porque salio brillante la frente o porque se le ve la papada. Uno mira la foto y suspira porque ¡ay, cómo salí de fea! Pero no importa porque en la casa tengo La Foto.

 

Pero La Foto está al borde de la extinción.

 

Hoy en día, la mayoría de las fotos son tomadas con el celular o la WebCam. Ahora, como fotógrafa quiero decirles que NADIE sale bonita en fotos tomadas con el celular, sobre todo porque como es una foto espontánea la gente opta por posar de manera ridícula para tratar de  hacer que sus experiencias cotidianas parezcan cosas extraordinarias.

 

Porque de eso se trata la fotografía hoy, de hacer que las cosas que hacemos todos los días parezcan lo más fabuloso del mundo. Uno le pide al mesero que le tome una foto con los amigos en un bar cualquiera porque un vez la foto aparezca en Facebook ya no será una noche cualquiera en un bar ordinario sino que será la evidencia gráfica de una velada inigualable en donde capturamos la esencia de ser jóvenes y joviales. Así que ¿qué importa que se vea el pelo grasoso? Una cena mundana se convierte en una experiencia única, en un momento irrepetible que es indispensable capturar e inmortalizar y en la medida en que capturamos todo, inmortalizamos todo, todo lo volvemos especial y entonces, de repente, nada lo es. Cuando todo es fotografiable, ninguna foto se vuelve preciosa. Tenemos miles de fotos como esa. Ninguna es La Foto.

 

¿Y qué? Dirán algunos. La democratización de la foto nos conviene a todos, todos podemos retratarnos y tener recuerdos y compartirlos con quienes quieren sentir que estuvieron ahí (y a veces, con quienes no quieren también). Gracias a Instagram y PhotoShop podemos editar la imagen para que supere la realidad y la foto de la noche romántica sea más romántica que la noche de la foto. Porque, claro, lo importante es que todos en Facebook sepan que estuve en ese restaurante, no haber estado allí.

 

Suspiro. No sé si será la fecha que se acerca en el calendario (cumplo años este mes, por si no entendieron la indirecta) la que me produjo esta nostalgia pero estoy que alquilo un vestido de mangas bombachas y me repito La Foto de los quince.