Manual de supervivencia para el mundo corporativo


Enchoen in Yurihama, Tottori prefecture, Japan

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Muchos de mis alumnos están a punto de graduarse y enfrentar, lo que llamamos los adultos, “el mundo real”. Algunos están bastante nerviosos, inseguros y temerosos de que lo que les han enseñado en la universidad y el colegio no les baste para tener éxito en el mundo corporativo. Tienen razón. La verdad es que ninguna lección de geografía y ningún problema del Álgebra del Baldor nos preparan para las dificultades que surgen en el ambiente laboral. Las reglas de juego son totalmente nuevas e ilógicas y nada tienen que ver con el Manual de Carreño. Si algo, tal vez un poco de El Príncipe de Maquiavelo combinado con El Arte de la Guerra de Sun Tzu, pero hasta ahí. Yo, que ya llevo varios años navegando el submundo de los mandos medios, he decidido hacer un pequeño aporte a las generaciones que apenas ahora se enfrentan a las inclemencias de la oficina. Para ellos ofrezco este Manual de Supervivencia con tres reglas sencillas pero efectivas. Ahí van.

1)    Identifique a la Secretaria Alfa (S.A.).

La Hembra Alfa de las secretarias, y toda oficina tiene una, es la líder de la manada. Ubicarla es fácil: normalmente es una mujer mayor pero no muy cerca de la jubilación, es la que no tiene que hacer fila para calentar el almuerzo en el micro o servirse tinto de la máquina, es la que organiza los horarios y, generalmente, vende Yanbal, Ebel, Avon, Amway o algo similar. Si esta última condición se cumple, échesela al bolsillo haciendo al menos una compra cada dos o tres quincenas. Nada grande, pero lo suficiente como para que ella le empiece a decir ‘amiguita’. Cuando uno ya entra al exclusivo círculo de las ‘amiguitas’ de la S.A, la empresa es suya. Ya uno puede llegar y decir “Oiga, Martica –o cualquier diminutivo que indique complicidad- ¿con quién tengo que hablar para un certificado laboral/permiso/autorización/cualquier papel que se les ocurra?” y entonces uno ve en plena acción el dominio que la S.A tiene por sobre las demás. Ella llama a ‘la propia’ y le dice “Brujita, es que aquí tengo una amiguita que necesita (inserte nombre de la vuelta aquí) y es para ya”. Gracias a su Divina Intervención, una vuelta que normalmente se demora quince días hábiles se logra en quince minutos.

2)    Conquiste al Portero

Es bien sabido, aunque poco documentado, que los porteros son los que mandan en los edificios. La clave del éxito consiste en hacerse ‘amistad’ de los porteros con detalles coquetos como una paca de galletas de soda, una variada selección de bocadillos y panelitas y la ocasional sorpresa tipo “le traje estas empanaditas” o “Me acordé de usted por allá y le traje unos dulcecitos”. Esto garantiza que usted siempre tendrá parqueadero, que su carro jamás conocerá la grúa y que nunca tendrá que buscar taxi en la lluvia. Asimismo, podrá ingresar varios kilos de uranio y sacar de la empresa el portátil del jefe sin pasar por la temida requisa ni jugar ‘el puente está quebrado’ con el detector de metales. ¿Se le olvidó la escarapela? No hay problema. ¿No tiene pa’l bus? Ni más faltaba. ¿Encartada con una maqueta? Habrase visto que una dama como usted cargue esto sola.  Les cuento que es más importante que caerle bien al jefe.

3)    Vuélvase ‘la propia’

La otra clave es volverse referencia obligada y consultora indispensable para un tema, oficio, maniobra, etc. Adquiera o saque a relucir sus vastos conocimientos sobre remedios para el colón, mascarillas para la piel, recetas de cocina, curas homeopáticas para las mascotas o ‘tips’ de maquillaje. No importa el área con tal de que sea útil y cotidiano. Es decir, ser experta en el linaje de la Dinastía Ming será muy culto y todo, pero no sirve para mayor cosa. Mejor estudie ejercicios para reducir la papada o cómo combatir el síndrome de túnel carpiano con miel y limón. Será todo un éxito.

Ahí las tienen. Apréndanlas, aplíquenlas y difúndanlas. ¡Qué viva el mundo laboral!

 

* PUBLICADA EL 29 DE MARZO DE 2009

Espera y desesperación


Matías está próximo a nacer. Ya me entró el ‘tuto y como siempre ante el temor a lo desconocido, recurro a la sobreinformación. He buscado y leído mucho sobre qué esperar del parto debo confesar que estoy aterrada porque he dado con consejos irrisoriamente inútiles.

En un libro que me regalaron sugieren: “para amenizar el parto, la parturienta debe empacar juegos sociales; para celebrar luego no olvidar llevar una botella de champán, pero sobre todo recordar llevar sus implementos de aseo y maquillaje”.

Empecemos, por favor, por la palabra ‘parturienta’, que si bien es semánticamente acertada ¡suena horrible! Suena a algo que uno se gritaría en un trancón: “¡quite de ahí, parturienta piernipeluda!”. No suena a maternidad Disney, precisamente, así que ya de entrada en un libro que me dicen que soy una parturienta me siento ofendida.

Pero sigamos con el cuento de los juegos sociales. No sé en qué están pensando estas señoras o qué programa de Discovery se vieron en donde las mujeres tienen tiempo, ganas o neuronas desocupadas suficientes para entablar un juego de mesa entre contracción y contracción, pero salvo que exista algo que se llame “jaque, mate, puje”, no estoy interesada. Es más, yo creería que quien se atreva a pasarle un par de dados a una mujer en trabajo de parto necesitará una rectoscopia de urgencia.

Abordemos ahora el detalle del champán. Pasemos por alto en principio el que están recomendando llevar una botella de vidrio con corcho volador a un recinto en donde va a haber un recién nacido y prefiramos ignorar que la parafernalia de las copas sólo añadiría más elementos peligrosos a la ya volátil mezcla de medicina y festejo. Fijémonos únicamente en el detalle de que una mujer que acaba de tener un bebé no debe consumir alcohol. Aquí sólo hay dos posibilidades: que creen que la mamá es una alcohólica empedernida y que no le importa la salud de su bebé o que suponen que el papá es un cretino que llevaría trago a semejante ocasión y en ambos casos, estamos hablando de gente que llevaría Tequimón o aguardiente amarillo y no champán.

Finalmente, el detalle del maquillaje. En el libro dicen que es para que a la mamá no se le ahonde la depresión postparto al verse fea en las fotos que le tomen después del parto. ¿A quién engañan? Si uno tiene que expulsar una cosa del tamaño de una sandía por una abertura del tamaño de un limón, no hay base suficiente en el mundo para hacer que uno luzca como si nada. Y, aquí entre nos y sin juzgar a nadie, ¿no está uno lo suficientemente preocupado con detalles bobitos como si el bebé nació completo y ojo se me lo llevan como a esa pobre señora en el noticiero? Porque el detalle de que se me ven las ojeras me parece un poco trivial en comparación.

¿Ven por qué estoy preocupada? Si estos son los consejos que dan para el parto ¿cómo serán los que dan para manejar adolescentes?

PUBLICADA EL 15 DE NOVIEMBRE DE 2009 EN MUNDO MODERNO

Claves para un Matrimonio Feliz


PUBLICADA EL 25 DE JULIO DE 2010

Una pareja de amigos anunció recientemente que se casan. Me alegra mucho por ellos y los felicito por haber tomado la decisión de caminar por el sendero de la vida cogidos de la mano. Dicha la cursilería requerida, vamos al grano.

Para empezar, quiero narrarles la historia del Hada del Aseo. Una vez, recién casados, Jorge y yo tuvimos un altercado respecto de la división equitativa de las labores hogareñas. Jorge decía “eso lo hacíamos el fin de semana”, pero el fin de semana era para descansar entonces lo hacemos el lunes, pero el lunes estaba muy cansado entonces el fin de semana y yo terminaba haciendo todo. Un día él llegó a la casa y todo estaba reluciente (hasta peiné los flecos al tapete del baño) me entaconé y lo recibí con un vaso de whisky. Cuando él vio todo dijo“Qué pasó aquí”, a lo que contesté “Vino el Hada del Aseo y mágicamente dejó todo esto así de lindo. El problema es que el Hada del Aseo nunca viaja sola; siempre viene en compañía del Hada de la Cantaleta”. Varias horas de joda después teníamos horario montado. Me complace reportar que desde eso no han vuelto a visitarnos.

Pero las labores hogareñas son sólo parte del problema. Las palabras también pueden ser peligrosas, por eso hago estas recomendaciones:

Nunca le diga a su esposa: Sí estás gorda, pero yo te quiero igual; Mi mamá no lo hace así (ni sus variaciones: pregúntale a mi mamá que a ella sí le queda rico, por qué no le dices a mi mamá que te de clases de cómo hacer el tinto y el arroz como a mí me gusta, etc.); Tu deberías hacer como (insertar nombre de amiga o famosa) y usar más/menos faldas/maquillaje, etc ;No entiendo qué te hicieron durante tres horas en la peluquería, quedaste igualita; ¿Por qué no puedes ser como (insertar nombre de exnovia aquí)? Ella nunca me alegaba cuando salía con mis amigos. Si comete alguno de estos errores, rápidamente debe compensar con una de las siguientes frases: ¿Estuviste en la peluquería? Te ves hermosa; No creo que tengas suficientes carteras (joyas, maquillaje, cremas); Come otro poquito de postre que estás demasiado flaca.

Asimismo, nunca le diga a su marido: Pero es que es tu mamá, claro que te dijo que se te ve bien; pues, no, chiquito no es, lo que pasa es que comparado con (insertar nombre de exnovio aquí), pues… qué te dijera; ¿Y a ti quién te dijo que eso combinaba? O su variación eso se le ve bien a (nombre de famoso o amigo) pero a ti no. Si cae en una de estas trampas, use las infalibles: por qué no pones un partido mientras yo te hago algo rico de comer; deberías salir un ratico con tus amigos que hace rato no los ves; no quiero hablar de mis sentimientos, mejor veamos una película con explosiones.

Y en caso de que lo anterior falle, recuerden las cinco palabras que siempre funcionan con los hombres: Hay cerveza en la nevera; y las que siempre funcionan con las mujeres: Amor, tienes toda la razón.