Ostia de chocolate


Una de mis grandes pasiones es el arte (tal vez no lo sabían) y la otra es el chocolate (eso seguramente ya lo habían deducido) y por eso estoy tan emocionada con la noticia de la nueva exhibición en el espacio 21_21 Design Sight en Tokio llamada “Abstracciones de Cacao en mente”. Suspiro. El curador de la muestra es el diseñador Naoto Fukasawa (su diseño del reproductor de CD MUJI está en el Museo de Arte Moderno de Nueva York) y su idea fue convocar a treinta artistas para que exploraran la plasticidad de esta sustancia pegajosa, estimulante y deliciosa y meditaran sobra la relación de los humanos. En sus palabras, quería que extrajeran “el significado del infinito en el chocolate que compartimos todos los humanos […] en esta clase de comunión”.

Suspiro, suspiro. Pausa para que la poesía nos invada.

Comunión. Comunión chocolatosa. Comulgar viene del latín comunicare, poner en común, comunicar. O sea…el chocolate nos ayuda a comunicarnos. Eso es bello, es realmente bello…y le da una dimensión prácticamente sacrosanta al hecho de mordisquear una trufa mientras escribo estas palabras.

Pero, volviendo a la exhibición, entre las obras figura una ciudad miniatura, un par de tacones de mujer, un juego de llaves y un corazón humano hechos en chocolate. Eso es prácticamente un sueño hecho realidad para mí. O bueno, eso pensé al principio, pero a medida que iba viendo las fotografías de las obras empecé a pensar que realmente un mundo entero de chocolate sería un poco excesivo. Aparte de lo obvio que sería el problema de la salivación excesiva, le quitaría la gracia. Sería lo cotidiano, lo usual, como la tierra o el pasto, y probablemente nos acostumbraríamos al punto de no verlo ya. Y entonces sería triste, como una especie de Rey Midas pero con el toque de Hersheys y eso no sería divertido para nada.

Tal vez esa era la intención de Fukasawa, hacernos ver que hasta algo tan amado como el chocolate se torna invisible cuando se usa para todo. Él dice que aún ama el chocolate pero ahora come menos que antes a raíz de tanto contacto con la sustancia. Claro que el amor no tiene que ver con la cantidad, pero creo que entiendo lo que dice. Tenemos una sobreabundancia de chocolate –de todo, de hecho- y a veces eso nos impide apreciar lo que tenemos. Información, arte, música, imágenes…¿cuántas veces borramos esos correos de fotografías espectaculares porque ya hemos visto muchas? Yo lo hago. Pienso que ya he visto suficiente en lugar de apreciar la belleza singular de cada una. Nos cansamos de tanta cosa linda. Nos volvemos insensibles a tantos datos interesantes. Nos volvemos sordos porque oímos música hasta en el ringtone del celular.

Nos hastiamos. Y después nos sentimos vacíos.

Vaya, es bastante profundo para un domingo por la mañana y tal vez resulte curioso que todo haya empezado por imaginarme a mí misma jugando a Godzilla en una mini ciudad de chocolate, pero creo que para eso es el arte.

Así que de ahora en adelante creo que voy a sacar la cajita de trufas que guardo en el cajón de mi escritorio para mordisquear mientas veo videos en Youtube y voy a ponerla en un lugar un poco más…sagrado. Así, cuando comulgue con un trocito de inspiración amargo podrá realmente decir que estoy teniendo una experiencia religiosa.

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Cacao.

*Publicada como Arte Divino y Delicioso en una versión un poco más corta el 11 de Agosto en La Tarde*

 

La dieta de Israel


"Hashahar Ha'oleh" Chocolate spread,...

Cobertura de chocolate israelí.

Siempre me han caído bien los israelíes. Tienen el mayor nivel de consumo de energía solar per capita del mundo, son expertos en investigación e ingeniería genética y los satélites y la astronomía, y ni hablemos de lo que me antoja una sufganiyah o un tris de hummus. Pero gracias a un artículo que leí esta semana mis sentimientos han pasado de respeto moderado a profundo agradecimiento gastronómico con visos de amor profundo. Se preguntarán qué pudo haber desatado tal ataque de israelofilia. Les diré con una palabra: chocolate.

Resulta que mi amiga Daniela Jakubowicz (porque ya somos amigas del alma. Mando esta columna y la busco en Facebook) y sus colegas de la Universidad de Tel Avivi descubrieron que lo mejor para hacer dieta es…esperen…redoblantes y trompetas por favor: TORTA DE CHOCOLATE. No sólo no la prohíben sino que médicamente la recomiendan porque después de una investigación en donde a algunas personas les daban el típico desayuno dietético de pan de aserrín con queso simple y yogur sin dulce y a otras les daban desayuno engallado con postre de torta de chocolate o galletas de chips de chocolate vieron que los del desayuno engallado perdieron más peso y mantuvieron su peso bajo después de la dieta

Tiene sentido. El chocolate tiene sustancias como la teobromina, que es estimulante; la feniletilamina, que tiene una química similar a las anfetaminas y libera domapina en el cerebro en el centro de placer de mesolímbica; y tiene anandamida, que puede producir una estimulación psicoactiva como una cannabinoide endógena, que encima de todo puede tener efectos analgésicos. Como si fuera poco, el chocolate parece ayudar a controlar la hormona “ghrelin”, producida en el estómago para crear la sensación de hambre, que además actúa en la parte del cerebro que ha sido asociada con el placer de la actividad sexual o y la adicción. En otras palabras, el chocolate es como gran un amigo que es gran conversador, buen amante y te ayuda a bajar de peso. Pareciera que estamos hablando de rayadura de cuerno de unicornio o pitufifresas o algo igual de fantasioso, pero no. Es chocolate, regalo de los Mayas, opera prima de los suizos, menester de Papas y secreto mal guardado de monjes, inspirador de mitos y leyendas y no pocas columnas mías. Chocolate, que se consigue en cualquier supermercado, tienda de barrio y carrito de dulces del mundo.

Es un nuevo amanecer para mí. Antes, en la era oscura antes de que esta investigación (gracias, o mejor dicho, תודה רבה) nos enseñara la luz, nos decían que debíamos huir del brownie, rechazar la trufa, declinar la taza de chocolatico caliente.  y ahora, gracias a estos heroicos investigadores, sabemos que no hay que aguntarnos las ganas de una darle un mordisquito a esa torta de chocolate. Lo podemos hacer con orgullo y decir con la boca llena de migas -¡Estoy a dieta, carajo!

Invocaciones liberadoras


English: Rolling metal prayer wheels circling ...

El poder liberador del "no".

Hay muchas maneras de percibir y definir la libertad. Se puede distinguir entre ser libre de y libre para. Hay libertad de prensa, de cultos, de expresiones. Hay libertad económica, política e ideológica. Hay librepensadores, libertadores y libertinos. Y en medio de todo lo que se dice y se escribe sobre la libertad, existe lo que he descubierto como mi definición personal de libertad. Para mí, uno es completamente libre cuando puede decir NO. Recientemente he descubierto el poder del NO. Esa diminuta palabra de tan sólo dos letricas se me hace de lo más liberadora. Fíjense y verán que una persona realmente es libre cuando puede decir si o no según se le venga en gana, pero sobre todo, no. Ni siquiera “no puedo”, “no quiero” o “no tengo monito” y, mucho menos, “mi religión no me lo permite” ni “mi mamá no me deja”. Simplemente, NO. Esa es para mí la palabra más rebelde y codiciada. Pensando en ello y con ganas de empezar bien este año que se nos abalanzó, quiero presentarles mi lista de Noes (no sé cómo volver esta palabra sustantivo y luego pluralizarla, así que sean condescendientes conmigo). Sin explicaciones ni lamentos, les presente mi declaración de independencia de la cortesía y las convenciones, lograda gracias a la invocación de la poderosísima palabra NO:

No tejo, no bordo, no pinto en seda. No plancho ni almidono ni doblo. No soy hacendosa (prefiero ser hacendada…). No manejo carro mecánico.

No como hígado, criadillas, sesos, ubre, corazón, lengua, ojos, callos, vísceras, gordos ni otras partes de animales aparte del músculo pulpo. No como morcilla. No tomo gaseosa dietética ni nada endulzado con esa cosa amarga y malvada sustancia que le roba la alegría a las papilas gustativas. No como natilla, buñuelos, cuajada con melao, dulces, frutas cristalizadas, confites ni la parte blanca de las tortas negras. No como postres suaves ni Light ni que no contengan chocolate, nueces, frutos del bosque, café o licor. No como chocolate blanco y me ofenden los chocolates de colores.

No acampo, no escalo, no remo, no excavo, no hago bici moto cross country nada. No apoyo los “eco challange”. No aprecio la naturaleza salvaje sin una pantalla plasma entre los moscos y yo. No fumo, ni por iniciativa propia ni pasivamente.

No tengo buena memoria para los nombres. No saludo por obligación. No veo de lejos, especialmente si es alguien que me cae mal.

No oigo música andina y no resisto a Ricardo Arjona. No oigo reggeaton. (Nadie lo OYE porque eso se PADECE)

No leo libros de autoayuda. No creo en las charlas motivacionales ni en los motivadores. No rezo con testigos. No firmo sin leer, no creo sin pensar y no respeto ningún personaje o movimiento que requiera del abandono de la inteligencia la capacidad de análisis para perpetuar su dominio.

No busco activamente ni a las cucarachas ni a los fantasmas ni a los extraterrestres.

No termino libros ni películas que no me encanten desde el principio. No veo telenovelas, series ni realities colombianos.

No uso tacones, no me tapo las canas, no me disimulo las arrugas y no creo que eso me dure para siempre. Bueno, lo de los tacones tal vez.

No apoyo el vegetarianismo. Es más, no apoyo ningún “ismo” y no creo que haya una “logía” incontrovertible. No atiendo críticas destructivas y sólo me importa lo que piensan quienes realmente entienden lo que quiero decir.

No creo que esta lista esté terminada. Por ahora, los invito a hacer su lista del NO y les deseo un feliz 2007 lleno de motivos para decir “sí”.

*PUBLICADA EN DICIEMBRE DEL 2006

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No es gula… es por salud


Llevo años luchando, unas veces más silenciosa que otras, contra la nueva orden moral de los vegetariano-fullfibra-cuentacalorías-anticarbohidrato-cero-colesterolitas. Si no saben a quiénes me refiero, son los miembros de esa secta ultrasaludable que recluta siempre a gente pálida, delgada y malacarosa para esparcir su evangelio del colon libre de gluten, sodio, lactosa, cafeína y, en fin, sabor. Esas personas que llevan sus botellas de agua saborizadas sin calorías como si fueran crucifijos y sus folletos de yoga como si fueran biblias. Y durante mucho tiempo he aguantado en silencio sus miradas reprochadoras a mis porciones generosas de pasta con queso parmesano y montañas de mozzarella y tocino y queso crema y vino y chocolate. Durante mucho tiempo me he limitado a devolver sólo una sonrisa forzada a los imprudentes comentarios y preguntas intrusas sobre si estoy o creo que debería estar a dieta. Me he metido las manos a los bolsillos para no pintarles un bozo y poderles dar en la jeta como a un varón a las viejitas metidas que preguntan incrédulas si mi novio me quiere así (y la respuesta sigue siendo afirmativa, envidiosas). Todo esto lo he hecho con la prudencia que hace verdaderos santos y otras facultades que rayan con lo divino. Pero ya no más. Mis días de silencio forzoso, de mudez modesta, de prudencia a toda prueba han terminado. Al fin y gracias a los dioses que gobiernan los tubos de ensayo, la Ciencia me ha dado la razón. Desmáyense todos los supersaludables: el colesterol malo, no es tan malo.

M&MNo me crean. Lean con asomo de incredulidad estas palabras, con las cejas levantadas y negando con la cabeza lo que se afirma con la evidencia. Un estudio parece indicar que las personas con niveles bajos de colesterol son más propensas a desarrollar el Mal de Parkinson. Y si recuerdan, hace poco salió otro estudio que revelaba que el estado anímico era un factor mucho más decisivo en el desarrollo de enfermedades cardiacas que la dieta. Y otro más que afirma que la depresión es mucho más dañina para los diabéticos que el azúcar. Varios estudios demuestran que el vino es una excelente fuente de antioxidante y otros elementos importantes para el cuerpo, lo mismo que el chocolate y la mantequilla.  Como verán, por más que la tendencia anoréxica de las modelos y las actrices aliente a los uber-petite, la ciencia está de mi lado.

Por eso, téngase de los manteles porque mi tacto se acabó y ahora le toca al gusto darse una fiesta. La próxima vez que alguno de estos pseudo-gurús de la alimentación y el ejercicio me mire rayado, le echo encima todos los ejemplares del New England Journal of Medicine y les saco la lengua. Ni crean que me vaya a aguantar toda esa carreta de que pertenezco a una raza inferior en vía de extinción porque no convulsiono ante un chorizo y una arepa con hogao. Ni sueñen con que me vaya a quedar callada si rajan de mi versión de la pirámide alimenticia (en la base está el chocolate, después las nueces, después los frutos del bosque, después el licor y finalmente, el café). Y si se atreven a ofrecerme café sin cafeína, cerveza sin licor, sal sin sodio o algún postre endulzado con algo que salió escurrido de un pariente de la papa, no respondo. O mejor, sí voy a responder, pero no con las palabras que me enseñó mi abuelita. Les voy a contestar, con la misma cara de superioridad condescendiente e involuntaria que ponen ellos cuando hablan de cosas como el pepino rayado y la remolacha hervida, que en realidad lo que ven en mi plato es todo medicinal. Les diré “Estoy comiendo tocineta para vacunarme contra el Parkinson y chocolate contra la depre y vino para prevenir el infarto”. Y luego, con cara de caritativa, les voy a ofrecer un M&M y les voy a decir: “ten, aprovecha y te tomas algo contar la mala cara, que ya veo que tienes un episodio muy fuerte y a lo mejor se te convierte en algo crónico”. Y ¡Que viva el buffet!

* PUBLICADA EN ENERO DEL 2007

Turismo liberador


English: Sunset.

Postal de Choclate Island.

Las mujeres iraníes tendrán una isla sólo para ellas. Una isla en donde no habrá ni un solo hombre. No se reciben hombres ni de visita ni como empleados ni como amigos. Cero cromosomas XY. La isla es parte de una estrategia turística del gobierno iraní para recuperar la afluencia de visitantes a la provincia de Azerbaijan, en el noroeste del país. La idea de la isla, que quedará situada en medio del lago Urumiveh, es que las mujeres puedan liberarse, no de los hombres, sino de las estrictas leyes de segregación sexual que impone su religión (Islam chiíta). Cuando están en presencia de un hombre, las mujeres deben cubrir la totalidad de sus cabezas y la mayor parte de sus rostros. Para salir de sus casas deben, además, llevar atuendos largos y sueltos, y generalmente negros, llamados chador –literalmente, carpa-. Es ilegal que hombres y mujeres se mezclen entre sí en público. Hay playas y parques exclusivamente para mujeres, en donde se les permite retirar las envolturas de la cabeza y usar trajes de baño, bastante conservadores. El gobierno alega que las leyes de segregación sexual están allí para proteger a las mujeres, y la isla de Arezou (palabra que significa ‘deseo’) se pensó para que las mujeres pudieran darse un descansito de estas normas restrictivas

No voy a discutir sobre el uso de elementos que cubren o leyes que separan. En cambio, voy a tomar la idea originaria de Arezou… una isla para tomarse unas vacaciones de las leyes que nos molestan. Bueno, no sólo las leyes. De lo que nos moleste y punto. Me parece una propuesta revolucionariamente genial y creo que las autoridades encargadas de la promoción turística deberían tomar atenta nota.

Hace poco estuve de viaje y pasé por el área llamada Duty Free del aeropuerto. Esta zona ofrece productos libres de impuestos. No había nada especial, pero el sólo saber que no tenía que pagar impuestos al comprarlos los hacía parecer atractivos. ¿Se imaginan el atractivo de una isla Duty Free? Claro, hay islas que ofrecen ‘escampaderos’ de impuestos para transacciones bancarias, pero yo me refiero a una isla entera sin IVA. Sin impuestos. Sin DIAN. Sería un éxito.

Igualmente popular resultarían otras islas temáticas. Islas sin niños, para quienes no son particularmente amantes de los menores. Para las personas extrañas que no aman los animales podría haber una isla libre de perros y de gatos. Para la gente normal y emocionalmente equilibrada que ama los animales, como yo, podría haber una isla llena de cachorritos de varias especies para jugar con ellos todo el día. ¿Se imaginan una Puppy Island y un Kitty Key o un Pollito Beach?. Divino.

Ya me estoy imaginando una franquicia con islas libres de dietas, libres de filas, libres de brassieres o libres de zapatos. Islas sin fumadores o de sólo fumadores; de sólo vegetarianos o de sólo carnívoros; de sólo hombres o de sólo mujeres; donde se prohíbe ver televisión o en donde sólo hay pantallas gigantes en lugar de paredes. Una isla en donde está prohibido usar algo diferente a la piyama, otra en donde todos los hombres tienen que andar torcidesnudos y se les exige por ley piropear a todas las visitantes. Me está gustando este juego…

Esperen. La tengo. Chocolate Island. Todo es de chocolate y se prohíbe la gente que no ama el chocolate y se multa al que diga la palabra ‘engorda’. Ya, me pido ser embajadora de Colombia en la República Indpendiente de Chocolate Island. Ya me pedí y eso es oficial (las reglas del patio del colegio aplican sin restricciones con fuerza de ley en asuntos internacionales), así que si algún día crean la dichosa isla, ya saben. Pero mientras eso sucede, pensemos en este nuevo concepto del vacacionar… no es tanto el que uno se vaya, sino lo que uno deja atrás lo que realmente relaja.

 

 

Bandera de chocolate


Chocolates

Chocolates (Photo credit: J. Paxon Reyes).

Mi amor por el chocolate no es, precisamente, un secreto. Salta a la vista aún más que mis pecas -que probablemente sean causadas por el chocolate saliéndose por mis poros. Pero no crean que el chocolate sólo me ha producido placer lingual. Además de ser tema siempre bienvenido en cualquier conversación, tópico interesante de cualquier columna y referente útil para cualquier metáfora, símil o comparación, el chocolate ha sido un gran maestro. Y yo, una gran alumna.

Creerán que bromeo, más no. Esta es tal vez la columna más seria que he escrito este año. Bueno, este mes. Lo cierto es que el chocolate me ha enseñado muchas cosas. Por ejemplo, me ha enseñado a ser paciente. Paciente con los chocolates cuyos rellenos son tímidos y no se manifiestan de inmediato y hay que esperar a que hagan su aparición explosiva en la boca; tolerancia, porque hay que ser tolerantes con la gente que entra a una chocolatería a preguntar si tienen trufas dietéticas o si el chocolate amargo es porque tiene nutra sweet;  ser aventurera, porque es una aventura es probar un chocolate relleno de curry o de jengibre, de azahar o de violeta; no ser prejuiciosa, porque uno no puede adivinar el relleno con sólo ver la cubierta… qué lección más bella.

Además, el chocolate me enseñó respeto por la variedad, la mezcla, la diversidad, la novedad. El chocolate me enseñó sobre el multiculturalismo porque este maravilloso ingrediente proviene de una planta que crece en el trópico y se mezcla con nueces de norte y licores de sur –o viceversa-  y sigue siendo chocolate, transformado por sus viajes pero sin comprometer su esencia. Es el dulce más consumido del mundo (Dato No Oficial, inventado por mí para efecto dramático), común a todas las cultura, religiones, orientaciones psico-sexo-socio-afectivas y políticas. Ha sido tema de películas (gracias, Johnny Depp) y de épicos encuentros amorosos (chocolate untable).

Gracias al chocolate comprendí que sólo porque algo es del tamaño de una trufa no significa que no pueda contener un gran sabor. El tamaño no importa en el chocolate (la CANTIDAD ayuda, pero el TAMAÑO no importa) y aún el los chocolates más diminutos uno encuentra la evidencia de una labor hecha con amor.

Como si fuera poco, estudiar el chocolate me ha ayudado a comprender que aún un mordisco de trufa (ideada en Francia) rellena de ganache (nacido en Suiza) de ron (típicamente cubano) y trozos de macadamia (gracias, Australia), encierra todas las claves para descifrar los misterios de la humanidad: los viajes de Marco Polo y Colón, la ruta de la Seda, el Imperio Maya, la arrogancia Azteca, las Cruzadas, el álgebra, la filosofía de los griegos, la monarquía y la anarquía, la Cruz y la Estrella de David, reyes, zares, faraones, dictadores, libertadores… todo y todos quedan atrapados en cada gramo chocolatoso. Me dan ganas de llorar y todo.

Precisamente porque me conmueve tanto he llegado a la conclusión de que deberíamos (todos, o sea, la humanidad) adoptar como símbolo de unida y fraternidad, el chocolate. No creo que me demore mucho en convencer a la gente de la ONU para que adoptemos la bandera de chocolate como emblema de pluralidad. En Pereira ya tenemos la sede para la Embajada (tercer piso del Pereira Plaza, prueben el mazapán de verdad y los corazones rellenos de whiskey, dan ganas de brindar), y sólo nos falta elegir una embajadora… ¿alguna sugerencia?

 

*PUBLCIADA EN MAYO DEL 2007

El concurso de mis sueños


Chocolates

Las trufas son como las sonrisas: siempre bienvenidas.

Al fin, alguien ha combinado mi amor por chocolate con mi habilidad para echar carreta. Cierto local del Pereira Plaza está ofreciendo un premio a la inspiración para quien redacte el mejor mensaje de Amor y Amistad. la verdad, el Día del Amor y la Amistad nunca ha sido una fecha de importancia significativa en mi vida, pero ahora que hay chocolate de por medio, creo que me voy a animar a escribir algo que combine mi amor por el chocolate con todos los sentimientos cursis de los que he sido presa en las semanas antes de mi boda.

He estado pensando en mensajes chocolatosamente amorosos, o amorosamente chocolatosos, desde que supe del concurso. Los primeros que me salieron fueron hasta lindos… del orden de “eres más dulce que el ganache” y “me gustas más que las trufas de brandy”, pero a medida que lo fue pensando, me di cuenta de que el chocolate es tan versátil que no sólo sirve para mensajes amorosos. También sirve para la gente que en este Día del Amor y la Amistad está solo o despechado o hasta inconsolablemente bravo con el amor. Uno podría decir, por ejemplo “eres como el relleno de la trufa de ron, blando y con tufo” o, tal vez, “los ratones de chocolate tienen más personalidad que tu” o incluso, “eres como el mazapán, dulce pero inestable”. Uno podría enviar ese tipo de mensajes también en estas fechas, porque creo que estos sentimientos abundan por estos días. Una caja de chocolates en forma de labios es apropiado para esta fecha, pero una de chocolates en forma de bocas sacando la lengua también lo es. Y junto con un mensaje que reza “ni cubierto de chocolate me resultas interesante” o “tu corazón es como una trufa: se derrite en manos de cualquiera” podría ser todo un éxito para el mercado meta de las recién echadas. ¿Se imaginan una caja de diminutos cachos de chocolate amargo? Tengo una larga lista de amigas que quisieran enviarlas… y una lista de amigos que merecen recibirlas.

Pensar en las diferentes tipos de relaciones que se celebran en este día me ha hecho darme cuenta de que el chocolate sirve para todas. Una puede, por ejemplo, usar los chocolates para describir las relaciones interpersonales. Puede decir “esta relación es como la cáscaras de naranja acocholatada, amarga pero enviciadora” o “mi jefe es más indeciso que el chocolate semiamargo” y hasta “él es como el chocolate amargo: parece dulce hasta que le meten el diente”.

Asimismo, sirven analogías del estilo de “ella es como los conejos de chocolate, rica por fuera pero hueca por dentro” o “su salud mental es como el de los delfines de chocolate porque uno nunca sabe en qué momento se va a desbaratar” y hasta “esa vieja es como las trufas porque la tuvieron que acabar de hacer a mano” y qué tal “ese tipo es más fresco que una trufa de menta” o tal vez “él es como las chocolates de cereza marrasquino: si uno no traga entero después se encarta con el relleno”. Bueno, esa última no funciona tan bien… definitivamente, hay que trabajarle al asunto.

Reconozco que me estoy desviando un poco del tema del concurso, pues no creo que estos sean los mensajes que tenían en mente los organizadores, pero ya untada la mano…

El problema es que no puedo concursar porque hay que ir hasta allá y reclamar un cupón. Y como ya no vivo en Pereira, no me queda sino el recurso de escribir esta columna y esperar que me la valgan como cupón o que tal vez alguien copie alguna de las frases y se gane el premio y lo parta conmigo.

 

*PUBLICADA EN SEPTIEMBRE DEL 2007

Lamentablemente este local ya no existe en Pereira, pero mis visitas frecuentes me dejaron, aparte de unos kilitos de más, una gran amistad con los dueños.