Nosotros, los necios


Nuestros nuevos héroes.

Nuestros nuevos héroes.

Admito haber arrugado la nariz y blanqueado los ojos cuando vi que vendían agua embotellada con etiquetas que rezaban “paz” y “amor”, y que además cobraban un montón por esta agua “tratadas”. Aún cuando leí sobre los experimentos de Mesaru Emoto en los que fotografiaba cristales de agua a las que se le había hablado con palabras positivas y se las comparaba con cristales de agua que habían sido atacadas con palabras ofensivas, dudé. Mis años dedicados al culto al método científico me llevaron a tachar de insulsas estas conclusiones y mentalmente almacené estos escritos en la misma caja con un sartal de prácticas y creencias esotéricas y pseudocientíficas, que arrinconé en un lugar oscuro de mi cerebro, rogando por que no me ocupara mucho espacio y que lo olvidara pronto.
Pero entonces, me hice mamá y descubrí que si bien los métodos de Emoto son cuestionables, eso de que las palabras son dañinas es absolutamente cierta. La idea está presente en el arte y la literatura y todos, desde la Hester de Nathaniel Hawthorne (La letra escarlata) hasta la marca de Caín de Herman Hesse en Damian nos dicen que las palabras marcan y las marcas duelen.
Yo fui una niña necia, hija de un niño necio y ahora madre de un niño necio. Y esa palabra, necio, que para nosotros es sinónimo de insoportablemente inquieto (y no de ignorante, terco o imprudente como lo sugiere el diccionario) nos ha dolido. Cuando mi papá nos recuenta las aventuras en el colegio que le merecieron el adjetivo nos reímos, pero debajo de la risa está la tristeza de un niño que no quería que lo castigaran por tener una gran imaginación. Lo sé porque cuando yo oigo las historias de mis propias pilatunas está la misma sensación de que ahí estaba la semilla de una artista que no encontró terreno fértil para pelechar. Y ahora, cuando Mati me dice entre lágrimas que la profesora le ha dicho que es un niño necio siento el peso de las generaciones de niños incomprendidos y niñas inquietas sobre mi corazón. Veo mi hijo, precoz y sobresaliente, y nos veo a todos en sus ojos lagrimosos, expectantes, heridos. Le digo que no es un niño necio, que la profesora no entiende y que probablemente muchos no entenderán la magia de su cerebro, la fantasía de su juego y el nivel de entelequia que le impregna a las actividades más mundanas. Suspiro y me lleno de valor para lo que viene, para la gente que va a atropellarlo con sus estigmas y ofenderlo al forzarlo en un cajón cuadriculado cuando claramente es una estrella.
Pienso en Emoto y sus cristales de agua, frágiles y bellos como la mente de mi hijo, y entiendo. Tal vez nos demoremos en encontrar una demostración científica, pero por ahora no importa. Las palabras crean mundos o desvalijan sueños, así que tengan cuidado con las que eligen. Sobre todo alrededor de nosotros, los necios.

 

*Este escrito apareció el domingo 1 de junio de 2014 en el diario La Tarde de Pereira bajo en nombre Confieso que he leído Mensajes del agua de Mesaru Emoto

Halloween, religión y CO2


Halloween 2006

La intolerancia…¡a eso sí hay que tenerle miedo!

El Halloween es para mi una noche fantástica. Eso de disfrazarse y pedir dulces me parece de lo más divertido y he de confesar que no tengo fondo para todo lo que tenga sabor a calabaza. Crecí con la ilusión de creer en la magia, en lo posible, en lo fantástico y en lo maravilloso y mis padres incorporaron este encanto no sólo al Halloween sino a la navidad, a la pascua, a los cumpleaños y a uno que otro domingo lluvioso. El Halloween marca en mi familia el inicio de la temporada festiva, una época de celebración, de estar juntos, de dar gracias y de prepararnos para el año que viene.
Y por eso me duele un poco la campaña anti Halloween que vi este año (no sé si es que antes no me había dado cuenta o si este año estuvo particularmente agresiva la cosa). Digo que me duele porque la mayor parte de los correos y cartas que recibí estaban llenos de argumentos mal fundamentados y datos sacados de contexto que llegaban a conclusiones precipitadas y, en muchos casos, desmedidas. Todo parece surgir de que el Halloween proviene de una celebración pagana (All Hallows Eve) que celebra la muerte y los muertos. Eso es cierto, pero analicemos un poco más el asunto. Primero, el término pagano, del latín paganus significa “campesino” o “rústico” y nada más que eso. El cuanto a las religiones paganas, son sencillamente las religiones practicadas por la gente del campo en donde se siguen y respetan los ciclos de la naturaleza. La noche del 31 de Octubre cae dentro de los días del equinoccio de otoño, que marca la época –en los países nórdicos- cuando los días se acortan y el frío aumenta. Si uno es campesino, este es un momento importante para prepararse para el invierno, recoger la cosecha, hacer conservas, recoger leña y todo lo que implica evitar morir congelado. De allí que se relacione el día con la muerte, pero no la muerte macabra sino la muerte del año, del ciclo. Un fin, un momento para recordar el pasado, honrar los ancestros y aprender y agradecer antes de volver a arrancar. El tema de los esqueletos era una manera de “invitar” a los muertos para que enseñaran a los jóvenes, una forma de mantener vivo el recuerdo de quienes ya no estaban. Claro, hoy tenemos fotos y videos y sitos web para recordar nuestros antepasados pero hace cientos de años lo que tenían era una noche en la que hacían homenaje a la vida recordando que es corta. La verdad, me parece interesante la idea de “invitar a comer” a un ser querido difunto, ponerle puesto en la mesa y dejar que les cuente a los chiquitos algo sobre su vida, su obra, sus sueños.
Otro argumento que vi con frecuencia fue el tema de los sacrificios y rituales en donde niños y animales son torturados en esta noche oscura. Como mamá de niño, gatos y perro esa idea me parece terrorífica y me puse a investigar al respecto. ¿Saben qué encontré? Nada. Nada real, quiero decir, nada con evidencia. Encontré especulaciones, noticias sobre la policía que protegía los cementerios para evitar la profanación de tumbas, pero no encontré noticias sobre arrestos a personas que estuvieran haciendo sacrificios, ni este año ni en años anteriores. Es más, encontré una investigación de la National Geographic diciendo justamente lo contrario, que el tema del Halloween y los rituales satánicos y todo eso era una leyenda urbana. Una noticia sobre un ruso que había rescatado a un niño que iba a ser sacrificado en África resultó falsa y parte de un sitio splog (spam blog) y no hay más referencias sobre el hecho en ningún diario serio ni en inglés ni en español. En general, lo que encontré sobre el tema provenía de sitios pertenecientes a grupos y organizaciones religiosas o personas con opiniones muy decididas, pero con poco soporte. Mucho “los druidas no sé qué y los celtas sí sé más” pero nada de “según una investigación elaborada por fulano de tal del New York Times, quien estuvo inmerso en el mundo de los sacrificios durante dos años, los rituales…”
No encontré estudios ni investigaciones en diarios reputados ni hechos por universidades respetables que concluyeran que el tema de los sacrificios animales durante el Halloween fueran otra cosa que pánico colectivo untado de exageración morbosa. (Sí encontré algunos casos de individuos que torturaron animales pero resultaron ser psicópatas que trabajaban solos y no miembros de un culto miedoso).
El tema del Satanismo como tal es bastante largo y complicado, pero el resumen es que si bien la Iglesia de Satanás existe, es más un tema de tomar el personaje de Satanás pare representar la rebeldía que realmente gente que quiera hacer daño o beba sangre o mutile gatos negros. En ninguno de sus libros o textos sagrados se menciona siquiera el sacrificio. En cuanto a cierto video que hay por ahí, mi pregunta inmediata es: ¿si eso es cierto, dónde están las órdenes de arresto, los autos de detención, las demandas contra estos individuos y organizaciones? Si lo que este señor dice es cierto, él debería estar en la fiscalía y no en Youtube. Pero de nuevo, no hay evidencia, sólo el testimonio de una persona y la verdad es que no hay nada sobre el tema en periódicos ni noticieros.
En cuanto a los dulces envenenados, de nuevo quedé sorprendida. Mi mamá y mi papá siempre nos hacía examinar los dulces por miedo a que les fueran a echar cianuro o que fuéramos a encontrar cuchillas de afeitar dentro de ellos y la verdad es que lo aterrador es que esto sí sucedió pero quienes cometieron los crímenes fueron los padres de las víctimas o sus familiares. No hay casos reportados de niños que hayan muerto por comer dulces envenenados por locos por fuera de sus propias familias.
Como verán, no estoy diciendo que no hay nada qué temer, sólo que hay que temerle a lo realmente peligroso, como adolescentes borrachos que quieren pasárselas de chistosos o psicópatas con problemas mentales reales y gente que disimula su racismo e intolerancia con disfraces que se burlan de otras culturas. En ninguno de los casos anteriores se trataba de gente que sistemáticamente usaba el Halloween para maltratar a nadie, y en cualquier caso los orígenes del Halloween no tienen la culpa.
Ahora, a uno puede no gustarle el Halloween y eso está bien. Puede que no le gusten los dulces o le de pereza disfrazarse o le parezca loba la combinación del negro con el anaranjado, y eso es respetable. Sin embargo, mucho del material que vi renegando de este festivo citaba razones morales para boicotearlo, y ahí creo que hay que reflexionar un poco porque la religión, cualquier religión, es una opción personal pero no una opción moral. Es decir, cada quien elige la religión que más le gusta, pero el que yo escoja una y el otro otra no me hace a mí mejor persona ni una persona moralmente superior. Si uno va a alegar que Halloween es inherente malo porque parte de una celebración pagana, en la olla quedan la pascua y la navidad, que también tienen orígenes en celebraciones que coinciden con los ciclos de la naturaleza. Y si vamos al tema de lo macabro, listo, el Halloween puede que lo sea, pero no necesariamente más macabro que el Día de los Santos Inocentes, que también tiene un origen oscuro y al igual que el Halloween hoy se celebra con bromas. Puede que le parezca morboso eso de hacer galletas con gatos negros pero no hay que olvidar que en el Día de Todos los Santos hay gente que hace unos dulces que se llaman huesos de santos (parece ricos, a propósito). Y no olvidemos otras costumbres como la de las reliquias (que son pedazos de huesos o pelo de santos, o en su defecto, un pedazo de algo que usó o tocó el santo o la santa en cuestión). Den una mirada a las Reliquias de los Santos Niños y después me dicen si tener los restos mortales de un par de niños de siete y nueve años en una urna es más lúgubre que decorar la casa con telarañas.
Pero aquí no se trata de convertir a nadie. Lo único que quiero plantear es que el hecho de que algo provenga de otra religión no lo hace inherentemente malo, y si un festival tiene un toque de mememto morti no lo hace inexorablemente malévolo. Mi conclusión es que las religiones son como las gaseosas: la mejor es que le más le guste a usted. Hay gente como yo que siente que la pizza no tiene sentido sin Coca-Cola; hay personas como mi hermana que no toman gaseosa porque no les gusta; y hay otros como mi amigo Santiago que hace lo que él llama “ponche tutti frutti gaseoso” que consiste en echar un poquito de todas las gaseosas del dispensador hasta formar un líquido que tiende al marrón. Y, al igual que con las gaseosas, hay gente bregando a venderlas y otros que no hacen más que rajar de ellas, pero en últimas la decisión es personal. Así que cada quién con su vasito y si tiene curiosidad sobre lo que tiene el mío, pregúnteme; a lo mejor le doy una probadita y le gusta, o no le gusta pero al menos sabe a qué sabe y deja de pensar que se trata de otra cosa. Pero en cualquier caso, no trate de echarle mugre a la mía y por favor no me tire la suya en la cara.

* Una versión más corta apareció el 2 de noviembre del 2013 en La Tarde.

Fincología aplicada


Desciendo de una larga y orgullosa línea de gente formada por el campo. Mi bisabuelo Marco, mi abuelo Miguel y mi papá todos labraron la tierra. Me casé con un publicista que poco se ensucia pero cuya abuela administró sola dos fincas cafeteras y dormía con una escopeta (mientras el marido banquero estaba cómodo en la ciudad). Las historias compartidas por ellos me han hecho apreciar todo lo que la tierra tiene para enseñarnos y he recopilado algunas de las lecciones más importantes y aplicables para la vida diaria:

Si el hueco está profundo suelte la la pala. Corolario 1: aprenda a parar. Corolario 2: si lo que está haciendo está causando problemas DEJE DE HACERLO.

Si la vaca levanta la cola, córrase. Corolario: en un boleo de ñola el que más se unta es el de la mitad así que si ve que va a haber derrame de porquería procure no estar demasiado cerca o lo salpican.

Si está perdido, siga las vacas. Corolario: a veces es útil observar a los que ya saben cómo llegar para aprender el camino. O sea, no siempre hay que dárselas de súper innovador y se puede aprender de los que tienen experiencia.

El mismo perro no me muerde dos veces. Corolario: aprenda de los errores.

El segundo ratón se queda con el queso. Corolario: a veces ser el primero no es lo importante. O dicho con ritmo, “no hay que llegar primero sino hay que saber llegar”.

Hasta una cebolla logra que la gente llore pero ningún vegetal logra que la gente se ría (este era de mi abuelo Miguel hablando de lo difícil que era hacer reír pero creo que se puede usar como argumento como el vegetarianismo…aunque un pedazo de tocineta es bastante buen argumento para mí)

Si no es el primer caballo la vista es básicamente la misma sin importar el camino. Corolario: trate de ser el líder (si bien no el primero, como vimos anteriormente).

Si los problemas tocan la puerta no hay que darles tinto. Corolario: evitar una pelea noes cobardía.

No se agache con las espuelas puestas.

No haga un pozo debajo de la letrina.

No beba de donde mea.

No ande descalzo por donde pastan las vacas.

No se le acerque a un toro por delante, a un caballo por detrás ni a un culebrero por ninguna parte.

* PUBLICADA EL 28 DE JULIO EN LA TARDE *

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Matías en clase de machetología (el machete no tiene filo).

Grandes maestros de la vida


Disney's 1939 version

Image via Wikipedia

Hace poco me tocó oír que una señora dijera “ay no, mijita, yo ya no quiero aprender nada. Con lo que sé, me fui”.Que alguien a quien todavía le quedan suficientes neuronas para aprenderse la trama de cualquier telenovela diga que no quiere aprender nada más durante el tiempo que le resta en la tierra y que sólo espera la muerte para salir como egresada de la Universidad de la Vida me parece insólito. ¿Cómo puede uno querer dejar de aprender? Entiendo que no todo el mundo quiera enrolarse en una academia formal de aprendizaje y obtener títulos y grados y diplomas, pero creo que esa señora, con todo el respeto, no está esperando sino que le den un papelito para oficializar la despedida, porque ya está muerta por dentro. En el momento en el que uno deja de querer aprender, se acabó la función.

Tal vez pienso así porque desciendo de una larga línea de maestros y maestras. Tanto mi papá como mi mamá y mis dos abuelos fueron profesores, y yo misma he ejercido y amado la docencia (no siempre ambas cosas al tiempo). Mis hermanas y yo nunca hemos pasado por alto la posibilidad de aprender, y entre las tres hemos logrado amasar una fortuna en conocimientos que van desde algunas frases sueltas en italiano, unos caracteres en mandarín y la letra de varias canciones el árabe hasta un conocimiento íntimo de las posibilidades de Excel, la habilidad de manejar moto y destreza en el arte de castrar cerdos. Nada de eso es necesariamente útil en la vida cotidiana de ninguna, pero aprendimos a hacerlo sólo por el placer de aprender. El filósofo francés Michel Foucault dijo “Las tres cosas más difíciles en este mundo son: guardar un secreto, perdonar un agravio y aprovechar bien el tiempo”. Pues bien, yo le sigo trabajando a las primeras dos, pero la tercera creo que va muy ligada al tema este de aprender de todo y de todos. Si uno tiene la mente abierta, hay lecciones importantes en cada rincón del mundo y grandes maestros en todas partes. Basta con estar atentos.

Tomemos la televisión, por ejemplo. Pese a las críticas de que esa caja pudre el cerebro, a mi ver tele me enseñó muchas. De superman aprendí una valiosa lección de mercadeo: debes tener algo que no tienen los demás. Si superman se hubiera quedado en kripton, no sería Super…sería sólo “man” porque todos tenían los mismo poderes. Tienes que ir a donde tú tienes súper poderes. Clásico de la administración aprendido del hombre que se ponía los calzoncillos por encima de las medias veladas. De los Pitufos aprendí que la sobrespecialización del conocimiento puede encasillarte y que debes diversificarte o morir en el mercado laboral. Asimismo, de la serie José Miel aprendí que uno nunca debe emprender una búsqueda sin tener toda la información disponible y que la comunicación oportuna y eficiente con los demás puede ahorrarte mucho tiempo, muchos recursos y muchas lágrimas.

La literatura también enseña mucho. De Ricitos de Oro, la clásica indecisa, aprendí que si uno no sabe lo que quiere, no aprecia lo que tiene y nunca está contenta con lo que consigue. De Blanca Nieves aprendí las reglas sobre la correcta manipulación de los alimentos. Y el Patito Feo me enseñó algo valiosísimo… el éxito es la mejor venganza.

Pero las lecciones valiosas están en todas partes. Mi abuelo Óscar, por ejemplo, me ha enseñado que hay frases que se acomodan a cualquier situación. “qué hay por allá”, “qué hubo de lo mío”, “qué hay de aquella” y “entonces cuándo agendamos algo para gestionar lo de eso” son frases que no comprometen a nadie y en cambio nos hacen quedar bien a todos. También aprendí de él que el humor es casi siempre la mejor estrategia y que la lectura es el mejor vicio del mundo. Mis gatos, por su parte, me han enseñado mucho sobre ciencias políticas: la unión hace la confusión, y la confusión evita encontrar a los verdaderos culpables. Como verán, hay grandes maestros en todas partes.

 

* PUBLICADA EN NOVIEMBRE DEL 2006

Sobre la trampa


Práctica de Dibujo técnico

Práctica de Dibujo técnico (Photo credit: guevo)

El que nunca haya pasteliado, que tire la primera piedra… yo, admito, hice trampa en el colegio. Bueno, no ha hice realmente, pero la intenté hacer. En un examen de química intenté pedirle a cierta compañera (su nombre lo omitiré porque creo que ya está casada y tiene hijos y esto podría restarle credibilidad y autoridad moral en el futuro) la respuesta. Ella, muy osada, la escribió en el borrador de natas y me lo lanzó con excesiva fuera, causándome la primera contusión nata-inducida de la historia de las lesiones craneales y produciéndome un ataque de risa tal que ni pude leer la respuesta ni pude concentrarme en el resto del examen, el cual perdí con un nota esplendorosamente mala. Otra vez, le dije a ‘la pepa del salón’ que si ella me hacía los problemas de Cálculo, yo le hacía los de Filosofía, pero el trato se desbarató cuando ella se dio cuenta de que mi letra era más difícil de entender que el Mito de las Cavernas. Mi único logro en mi carrera como r fue en las planchas de Dibujo Técnico. Tomaba una buena, le sacaba fotocopia, la repintaba mucho con lápiz HB, del blandito, y después le pasaba otra por encima y esa también la repintaba para que quedara al revés y finalmente esa la ponía sobre el papel limpio y traspasaba las líneas con la uña del pulgar y después las terminaba de repintar con un portaminas y una regla T. Los resultados fueron bastante buenos. Nunca me atraparon y el profesor ni siquiera empezó a sospechar cuando vio sólo usaba el transportador para hacer el contorno de las caritas felices que le mandaba a mi novio. Y ese fue el final de mi vida de tramposa. No tuve mucho éxito, tal vez porque no tenía las agallas (ni lo smuslos) de las niñas que se escribían las respuestas en las piernas, ni el ingenio de las que se metían el rollito de papel con las respuestas en el reloj y avanzaban con el minutero.

Tal vez si  hubiera tenido de amigos a los chinos esos que hicieron trampa en el examen de admisión de la Universidad estatal, mi vida habría sido distinta. Esos chinos sí saben hacer trampa…uno tenía un micrófono inalámbrico y leía las preguntas en voz alta mientras que sus tres compinches, estacionados en una mini van afuera del recinto en donde se realizaba la prueba, buscaban la respuesta en Internet y se la enviaban por el celular. Otros tenían zapatos, sombreros y hasta billeteras con tecnología de envío y recepción de datos. Estas nuevas generaciones… los tramposos de mi época (no puedo creer que ya soy de las que dice ‘mi época’) no eran tan sofisticados. Pero tampoco lo eran los exámenes. Mis primitos ahora tienen tareas de álgebra desde tercero de primaria y los proyectos para la feria de la ciencia son de contratar maestro de obra.

Eso me recuerda otra noticia de los chinos. Recientemente salió publicado un reportaje sobre algunos padres de familia que dopaban a sus hijos para que les fuera mejor en los exámenes. Les daban medicamentos para el Desorden de Déficit de Atención a niños que no lo tenían. Les pagan fortunas a los padres de los niños enfermos para que les dieran dosis de dicho remedio y se los daban a sus hijos para que pudieran estudiar más y estar más concentrados durante las pruebas. Por favor… cuando yo tenía exámenes en el colegio, mi mamá me daba echaba un banano de más en el cereal y me deseaba buena suerte con un besito en la frente, me decía que hiciera lo mejor que pudiera y listo. ¿De dónde salieron estos padres de ahora, obsesionados con que sus hijos triunfen como sea? ¿Cómo pretenden que los alumnos no hagan trampa, si sus padres son los primeros en alentarla? Y no crean que es problema de los chinos. Vamos para allá, con tareas imposibles y exámenes impasables. Estamos condicionando a los niños para que nunca logren nada, para que nada sea suficiente. Estamos criando niños como si tuvieran que triunfar por todos en vez de por sí mismos. Me gustaba más la actitud del banano y el beso de mi mamá. Como verán, yo salí bien. Aunque sigo sin saber hacer planchas de Dibujo Técnico…

Mentiras que me dijeron en el colegio.


English: Schoolchildren in Baku muslim girls s...

Créanlo o no, este NO fue el colegio del que me gradué.

Quiero aclarar que estudié en un buen colegio. Pero igual me mintieron. Nos mintieron a todos. Nos dijeron que:

*  Las mayúsculas no llevan tilde y los nombres propios no tienen ortografía (lo cual me costó muchas décimas en la universidad mi nombre y apellido llevan tilde en sus respectivas mayúsculas) y que la coma es para respirar un poquito (¿el punto y coma es para el que tiene hipo?).

*  La publicidad está llena de mensajes subliminales que nos hacen comprar de manera compulsiva y comportar como borregos idiotizados (¿acaso estas personas no se preguntaron por qué, si existía esta tecnología tan poderosa, ningún gobierno había logrado la dominación mundial? Como si alguien hubiera gastado semejante poder en vender gaseosa).

* Los discos tienen mensajes satánicos si se ponen al revés (mis amigas rayaron todos los discos de las Flans porque ese era el grupo más “loco” que conocíamos en quinto de primaria).

* El alcohol mata las neuronas.

* La coca-cola da cáncer. También los celulares, los microondas, el flúor, las bebidas oscuras, comer chicle, usar brasieres con varilla y tocarse mucho los senos.

* La virginidad se pierde de muchas maneras, entre ellas montar mucho a caballo o en bicicleta, usar tampones y pantalones apretados. Porque, evidentemente, el himen está hecho de Kleenex.

* Uno puede quedar en embarazo si hay un espermatozoide suelto en cualquier medio acuático, como por ejemplo una piscina o el mar. Por eso no se debe usar bikini.

* La televisión embrutece y los videojuegos pudren las neuronas.

* El computador es sólo un juguete sofisticado mientras que la máquina de escribir es una herramienta clave para cualquier trabajo (rápido, que alguien me cambie estas acciones inútiles de Apple por unas de Godrej and Boyce, que sí valen la pena).

* Los logaritmos sirven para toda la vida.

* La tabla periódica de los elementos nunca va a variar (esto me lo dijeron cuando tenía 103 elementos. Ya van en 118).

* El ICFES es lo más importante en la vida laboral. Quien obtiene un buen puntaje en el ICFES tiene la vida hecha.

* Los tramposos nunca salen adelante.

* El aguacate y el chocolate dan acné.

* El Yoga es un culto satánico disfrazado. Además, los miembros de los cultos tienen poderes extraordinarios que incluyen hipnotizar a la gente con sólo mirarla. Uno los mira a los ojos y despierta días más tarde, con la cabeza rapada y vestido de túnica, sin saber cómo llegó ahí.

*  Firmar el Libro de Disciplina es una sentencia de muerte académica. Las Universidades rechazan a cualquiera con más de dos firmas.

*  Aprender a subrayar título y subtítulo es supremamente importante para la vida real.

* La pornografía y el sexo son adictivos. También el chocolate, el chapstick, la cocal-cola y básicamente cualquier cosa que genere placer.

*  Uno no debe tomar aspirina cuando tenga dolor aguantable porque después no le hace efecto cuando tenga un dolor bien horrible.

Y a ustedes ¿qué mentiras les dijeron?

* PUBLICADA EL 18 DE DICIEMBRE DE 2011

A las aulas marchemos…en reversa


El himno de colegio del que soy bachiller empezaba con la animada invitación ‘a las aulas, amigas, marchemos a beber de la ciencia el *licor…’, palabras que aún retumban en mi mente (y logran suscitar cierta angustia y me hacen sudar frío de pensar que tengo que hacer una cartelera para mañana y no tengo cartulina… pero esa es otra historia) por la cadencia pegajosa y la imagen que evocan de las multitudes marchando hacia las aulas, sedientas de saber. Cuando empecé a ser profesora me imaginé a mis alumnos emborrachándose con el licor de mi conocimiento, pero después de algunos años he llegado a la conclusión de que la que necesita emborracharse soy yo. En serio, a veces creo que no voy a lograr pasar el día a palo seco porque siento tal decepción en las nuevas generaciones que sólo el estupor etílico me puede borrar la sensación de cataclismo inminente. Creerán que exagero, pero les aseguro que no. Es más, para conmemorar el principio de este semestre, incluyo en esta columna el ‘top 10’ de los intercambios más absurdos –ojo, todos reales- que he tenido en mi vida académica. Léanlos y júzguenme después, si se atreven…

1) – Ustedes probablemente sean demasiado jóvenes para recordarlo, pero hubo un tiempo en el que Alemania estuvo dividida en dos.

– Claro, eran Alemania del Norte y Alemania del sur.

2) – Profesora, no entiendo por qué a los estadounidenses no les ha dado por buscar a Osama en Italia. Al fin y al cabo, allá empezó todo

– ¿Cómo así que en Italia empezó todo?

– Pues, claro, de Italia era  Benito Musulmani, el fundador del faxismo y líder de los musulmanes.

3) Profesora, ¿es cierto que si uno no presenta los exámenes a tiempo tiene que comprar un supositorio? (supongo que quiso decir supletorio)

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Va a necesitar un par de estos para pasar algunas de las respuestas...

4)- Por favor recuerden que en sus exámenes deben tener mucho cuidado con citar las fuentes

– Sí, claro, porque de lo contrario usted nos acusa de sufragio. (Me imagino que quiso decir plagio…)

5) – Profe, qué pena, esas fechas le quedaron al revés

.- no, fulanito, es que son fechas antes de Cristo.

–       Ay, la profe tan chistosa. ¿Entonces la gente antes de Cristo nacía viejita y moría recién nacida?

6) – Pero si Bush le dio toda esa plata a Uribe, ¿el presidente cómo va a hacer para traérsela? ‘¿Tiene unas tulas especiales en el avión presidencial o le dan un cheque de gerencia o qué?

7) – Bueno, supongo que todos reconocen este edificio

– Claro, ese edificio de seis lados es el Pentágono

8) En un examen escrito, al pedirles que escribieran por qué creían que uno de los personajes de cierta novela había tomado las decisiones que tomó, un alumno sumamente respetuoso escribió “sus razones tendría”.

9) tratando de corregir una

alumna con serios problemas de dicción:

– Se dice cóctel

– No, profe, es cóctel

– NO, se dice CÓCTEL

– No, profe, es cóPtel porque viene en una Co-Pa

10) Es que los niños chinos tienen que ser más inteligentes porque son capaces de hablar chino desde chiquitos, y ese es un idioma muy difícil de aprender.

Los dejo con esos, no porque no tenga más, sino porque no me caben todos. Si quieren empezar un grupo de apoyo de temor al futuro, me avisan…

 

*Después me dijeron que era “vigor” pero no estoy segura.

PUBLICADA EL 3 DE FEBRERO DE 2008