Intenciones al descubierto


Name tags and Ids

Mi nombre es Angela y me robo las cobijas…

Un par de empresas australianas, ambas encaminadas a conseguirles pareja a los desemparejados, lanzaron la idea de que las personas que estaban de conquista usaran unas escarapelas especiales que sirvieran para romper el hielo. Según los empresarios, los discos plateados con el logo de la empresa, cuando se lucen en la escarapela, indican a los demás las intenciones del portador o portadora y ayuda a romper el hielo.
La idea no me parece mala.
Es más, tal vez sería hasta cómodo que con una sola mirada supiéramos cuáles son las intenciones de los demás. Uno podría, por ejemplo, entrar a un bar y leer en la escarapela de alguien: ‘sólo quiero darle celos a mi novio’ o ‘sólo quiero bailar un rato’. ¿No nos ahorraría mucho tiempo a todos?
El problema tal vez sería que la gente no siempre es honesta. La honestidad es escasa, por decir lo menos, especialmente cuando se trata de las relaciones interpersonales. Por fortuna, la ciencia puede haber resuelto ese problemita.
Recientemente, un grupo de investigadores demostró que, usando un dispositivo de resonancia magnética para ver la actividad cerebral, podían saber qué recuerdo estaba accediendo una persona, sin preguntarle.
Puede parecer ciencia ficción ahora, pero es posible que en unos años tengamos la posibilidad de un dispositivo lector de mentes. Algo así como un ‘rayo de la verdad’.
Así, salir a un bar sería mucho más fácil, porque con un solo disparo podríamos leer ‘fingiré estar interesado en ti, pero en realidad sólo quiero quitarte la ropa’ o ‘esperaré a que vayas al baño para copiar el número de tu tarjeta de crédito y usarlo para sostener mi vicio de apuestas en línea’.
Pensándolo bien, eso podría salirse de las manos. Si las esposas usáramos el rayo de la verdad sobre los esposo, tal vez nos enteraríamos de que –en efecto- esos pantalones sí nos hacen ver gordas y claro que él notó que la vecina del lado se puso silicona y en el fondo no le encantan las empanaditas de chorizo que nos inventamos. Y ellos sabrían que sí nos hemos fijado en el apuesto practicante y que sí, la mamá sí es cansona y en realidad no nos parece que la calva sea enternecedora.
*Publicada originalmente en abril del 2009 enla versión impresa del diario La Tarde de Pereira en la columna Mundo Moderno

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Fincología aplicada


Desciendo de una larga y orgullosa línea de gente formada por el campo. Mi bisabuelo Marco, mi abuelo Miguel y mi papá todos labraron la tierra. Me casé con un publicista que poco se ensucia pero cuya abuela administró sola dos fincas cafeteras y dormía con una escopeta (mientras el marido banquero estaba cómodo en la ciudad). Las historias compartidas por ellos me han hecho apreciar todo lo que la tierra tiene para enseñarnos y he recopilado algunas de las lecciones más importantes y aplicables para la vida diaria:

Si el hueco está profundo suelte la la pala. Corolario 1: aprenda a parar. Corolario 2: si lo que está haciendo está causando problemas DEJE DE HACERLO.

Si la vaca levanta la cola, córrase. Corolario: en un boleo de ñola el que más se unta es el de la mitad así que si ve que va a haber derrame de porquería procure no estar demasiado cerca o lo salpican.

Si está perdido, siga las vacas. Corolario: a veces es útil observar a los que ya saben cómo llegar para aprender el camino. O sea, no siempre hay que dárselas de súper innovador y se puede aprender de los que tienen experiencia.

El mismo perro no me muerde dos veces. Corolario: aprenda de los errores.

El segundo ratón se queda con el queso. Corolario: a veces ser el primero no es lo importante. O dicho con ritmo, “no hay que llegar primero sino hay que saber llegar”.

Hasta una cebolla logra que la gente llore pero ningún vegetal logra que la gente se ría (este era de mi abuelo Miguel hablando de lo difícil que era hacer reír pero creo que se puede usar como argumento como el vegetarianismo…aunque un pedazo de tocineta es bastante buen argumento para mí)

Si no es el primer caballo la vista es básicamente la misma sin importar el camino. Corolario: trate de ser el líder (si bien no el primero, como vimos anteriormente).

Si los problemas tocan la puerta no hay que darles tinto. Corolario: evitar una pelea noes cobardía.

No se agache con las espuelas puestas.

No haga un pozo debajo de la letrina.

No beba de donde mea.

No ande descalzo por donde pastan las vacas.

No se le acerque a un toro por delante, a un caballo por detrás ni a un culebrero por ninguna parte.

* PUBLICADA EL 28 DE JULIO EN LA TARDE *

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Matías en clase de machetología (el machete no tiene filo).

Pu(n)tería pereirana


Español: Marcha de las putas en Costa Rica, fr...

Marcha de las putas en Costa Rica, frente a la catedral metropolitana (Photo credit: Wikipedia)

A raíz de la salida al aire de la historia de las tetas paradisíacas de una tal Catalina, mucho se ha dicho sobre nuestras mujeres, y como quedarme callada nunca ha sido una de mis características distintivas, haré mi pequeño aporte a la discusión usando términos perfectamente castizos y tratando de no atropellar la retina de nadie. Sin más preámbulo, hablemos de las putas, las pereiranas y la inexplicable tendencia de  algunos colombianos de presentarlas como inexorablemente imbricadas.

Empecemos por las putas. La palabra “puta” – según afirma el crítico literario, cuentista y biógrafo Julio César Londoño en su artículo Historia de una Mala Palabra– tiene una historia muy particular, pues el verbo latino “puto” (putas, putare, putavi, putatum) viene del vocablo griego “budza”, que significa sabiduría. Las primeras budzas fueron las mujeres de Mileto, cuna de la primera escuela filosófica griega, en donde las mujeres podían asistir a las academias y participar de la vida pública. Cuando la filosofía y las filosofas de Mileto llegaron a aTenas, soprenderieron a los atenienses con sus habilidades para el baile, el canto y sus conocimientos en historia, astrología, filosofía y matemáticas. Dice Londoño que eran mujeres “con las que se podía reír antes del amor, y conversar después”.  Mujeres así no tardaron en despertar los celos de las puritanas y reprimidas esposas de los atenienses, quienes pronto contaminaron la noble y hermosa palabra “budza” con su ignorante pronunciación celosa de “pudza”. Al poco tiempo, hacia el siglo I DC, había nacido la palabra “puta”, sinónimo de meretriz.

Entonces, tenemos que en su origen, las putas eran mujeres sabias, inteligentes, cultas y diestras en las artes mundanas y celestes. Si nos fijamos bien, las cosas no han cambiado mucho… aún hoy, una mujer hermosa, exitosa, culta, educada y hábil en el uso de su cuerpo para disfrutar y dar placer se le conoce como puta. Y aún hoy, la palabra se susurra con envidia.

Pero, ¿qué nos enseña esta pequeña lección de historia? Para empezar, que el noble origen de la putería no se ha perdido. Puta, distante de prostituta o trabajadora sexual, se refiere a una mujer que ha elegido estudiar, aprender, enseñar. Se refiere a una diva, a una diosa, a una mujer encantadora y femenina llena de poder sensual que toma las riendas de su sexualidad y de su intelectualidad sin disculparse y sin avergonzarse. Pensándolo bien, puta no es un insulto. De hecho, es un halago. Hijo de puta, si vamos al grano, lo es también. Así que, volviendo al tema de las putas pereiranas, creo que el término es bastante justo. En efecto, las mujeres de esta ciudad somos emprendedoras, inteligentes, ‘berracas’, trabajadoras, cultas, educadas. Nos preocupamos por salir adelante y por sacar adelante nuestros hombres. Y si a eso vamos, desciendo orgullosa de una larga línea de putas, empezando por Rita Arango Álvarez del Pino, que fue una valiente, temeraria y aguerrida mujer que desafió los cánones de la época e hizo historia porque tenía una mano fuerte con qué cogerse la falda. Es que, viéndolo bien, mujeres que rompen en molde es lo que hay en Pereira. No tenemos que ir muy lejos para ver que tenemos mujeres sobresaliendo en todo: economía, política, periodismo, deportes, ciencias y artes.

Siendo así, creo que la putas pereiranas tenemos mucho de qué estar orgullosas. Somos miembros de una estirpe elite de mujeres extraordinarias. Y, como bien se sabe, lo extraordinario siempre hace temer a los ordinarios. Así que no nos sorprendamos cuando hombres y mujeres de ciudades aledañas y o lejanas se refieren a nosotras como putas y lo dicen con desdén en lugar de reverencia. Nosotras, las putas, hemos soportado los celos durante siglos. Dejen que hablen, que si están hablando de nosotras, es porque hay mucho qué decir. Mejor así… ¿quién quiere ser de esas que no vale la pena envidiar?

* Esta columna fue publicada en el 2006 a raíz de un reportaje y ha sido una de las más populares de Mundo Moderno. Inspiró un movimiento de Mujeres del Putas y varias veces me saludaron el la calle diciéndome “Oye! Yo también soy puta!”. Lamentablemente algunos no entendieron el sentido y pensaron que era una apología de la promiscuidad.

 

Gente sobrante


Beautiful Asian Woman Thinking

Joven, bonita, inteligente, de buen gusto, educada…¡ELIMINÉMOSLA!

 

De pronto ya se enteraron de la política de los medios oficiales chinos de referirse a las mujeres solteras mayores de 28 años como “mujer sobrante”, que en mandarín se dice shengnu. El apelativo forma parte de una campaña que busca eliminar la cantidad de hombres solteros que hay en China, país en donde a pesar de haber 20 millones de hombres más que mujeres, las mujeres parecen cada vez menos proclives a casarse con cualquiera. Qué vaina que el gobierno chino piense que los hombres solteros desestabilizan el orden social. Y aunque los que sobran no son ellos, las señaladas son ellas y el gobierno ha optado por la vergüenza social como incentivo para el matrimonio. Claro, porque no hay mejor cimiento para una relación duradera de mutuo apoyo, fidelidad y amor como la pena. Yo no creo que funcione, especialmente porque la mayoría de las chinas solteras son educadas y con ingresos propios, por lo que pienso que una palabrita como shengnu no las va a arriar hacia el altar.

 

Sin embargo confieso que me resulta interesante la idea de que hay gente que sobra en una sociedad. Por ejemplo creo que definitivamente la gente que cree que casarse es una meta y que reproducirse es una obligación sobra, y mucho. Son como el colesterol de la sociedad; nos vuelven pesados y nos impiden avanzar.

 

Otro grupo que hay que adelgazar es el de los seguidores de “más vale malo conocido” y “mejor mal acompañada que sola”. Esos sí que nos están sobrando.

 

En mi profesión, por ejemplo, quisiera declarar shengnu a toda esta generación de pseudo-periodistas que creen que generar escándalo es lo mismo que investigar, que opinar es lo mismo que juzgar, que la crítica es igual a la rajadera y que los ángulos asimétricos y la edición tipo MTV reemplaza la reportería real. Ah, y chau con la modita esta de que ponerse un disfraz durante 20 minutos es una “crónica de inmersión”.

 

Me sobran también los evangelistas de cualquier naturaleza, bien sea los que me quieren convertir al yoga, al vegetarianismo, al deporte o cualquier otra corriente. Me pesan los médicos que tienen un solo diagnóstico para todo (gordo) y los colegios que no han entendido que las evaluaciones y los castigos son del siglo pasado.

 

Me tallan los omnisapientes que creen que nadie tiene nada para enseñarles, que se las saben todas, que sólo hay dos clases de personas en el mundo: los que están de acuerdo con ellos y los idiotas. También me hacen bulto los que creen que los semáforos y las tildes son facultativos.

 

Por eso quisiera diseñar una varita shengnu que me permita (a mí y a un grupo selecto de oficiales) ir por la calle declarando sobrantes. Prometo perseguir a los corruptos, los mentirosos y los ladrones primero. Pero ojo, la gente que le pinta las uñas a los French Poodle, usa mocasines sin medias o actualiza su estado en Facebook más de tres veces al día está en mi radar.

 

 

 

PUBLICADA EL DOMINGO 17 DE MARZO DE 2013 EN LA TARDE

 

La tecnología me ha convertido en una mejor persona


facebook engancha

hasta mi gato podría ser más popular que yo

 

Nunca fui lo que uno llamaría popular. Fui niña rara, adolescente retraída y adulta enmimismada; en el fondo medio tímida y, como dicen los abuelos, cuzumbosola. Además, eso de haber vivido en tantas partes no contribuyó a que formara relaciones duraderas. A veces trato demasiado de ser chistosa y se me va la mano, hablo en exceso, me río por la nariz y soy absolutamente analfabeta en temas de protocolo.

 

Ah, pero eso es en persona. En las redes sociales soy un encanto.

 

Si sumo mis amigos de Facebook, mis seguidores de Twitter y Pinterest y mis círculos de G+ con los que leen mi columna y los suscriptores a mi blog, tengo una “barra” de miles de personas. Al parecer, cuando hay al menos una pantalla entra la otra persona y yo, soy bastante afable.

 

Justamente esta semana estuve de cumpleaños y quedé sorprendida y conmovida por la cantidad de mensajes que recibí. Me di a la tarea de contestar uno por uno y me di cuenta de que muchos provenían de personas con las cuales no tengo contacto directo, humano, físico, en vivo hace más de una década. En algunos casos, hasta dos. Que se hayan acordado de mí y tomado el tiempo de desearme un feliz cumpleaños me alegró el día. Qué va, me mejoró el genio de aquí hasta la Navidad.

 

Lo traigo a colación no para hacerme propaganda (aunque sigo aceptando regalos y buenos deseos hasta que empiecen a sonar los villancicos) sino porque con frecuencia la gente raja de la tecnología. Muchos detractores de la modernidad afirman que el Internet nos aísla y que ha gangrenado la interacción humana, pero yo soy prueba de lo contrario. La red me ha permitido reencontrarme con amigas que creía perdidas, remendar relaciones que daba por irremendables y conocer personas más parecidas a mí de lo que pensé posible. Saber que hay otra gente que piensa como yo, que siente lo que yo me da ánimos para interactuar con todos los que sé que no. Me hace sentir menos sola, menos rara, menos…desencajada.

 

El ratón y el teclado me permiten ser elocuente, chistosa y amable, y los emoticones facilitan la transmisión del sentimiento a falta de inflexiones de la voz, que igual pueden ser ambiguas.  Además, el ritmo es diferente. No hay silencios incómodos que siento que tengo que llenar, no hay suspiros ni resoples ni “ajém” ni “ajá”. Sólo hay que hacer clic y estuvo: amistades casi automáticas.

 

Por supuesto que lo automático tiene sus bemoles. El haber visto fotos pegadas en el muro de alguien da la sensación de que nos hemos visto más o más recientemente de lo real y eso hace que uno haga menos esfuerzos por verse porque no siente la misma urgencia. ¿De qué vamos a hablar si ya lo pusiste en el muro?

 

Pero para mí, funciona de maravilla. Por eso, la próxima vez que me vea, tenga un poco de paciencia si ve que en lugar de estirar la mano hago clic. La verdad es que estoy tratando de decir “me gusta”.

 

Los pies en la tierra


Twisted #3, #1

Twisted #3, #1 (Photo credit: moggs oceanlane)

Del Latín pede, que significa pies, y su diminutivo pediciolu, nos llegan palabras peciolo. Este último es un término botánico que se refiere al tallito que une la rama al tallo. Y de ese peciolo nos llega pezón, que no es más el conjunto de ductos lactíferos (en promedio unos 15 o 20), que juntos con la areola (que mide unos 38 mm) y que juntos conforman al parecer uno de los pedazos de piel más poderoso que ha conocido la humanidad.
Fíjense nada más en las noticias de las últimas semanas.
Para empezar están las fotos de Kate, Duquesa de Cambridge, quien se asoleabatopless y fue fotografiada por unos paparazzi. Las fotos ya han generado una demanda, el rompimiento de la revista inglesa Closer co la filial francesa que publicó las fotos y la amenaza de cerrar un periódico irlandés, el Irish Daily Star, por hacer lo mismo. Cuando se publicaron fotos de Harry en bola, sólo dijeron –ah, sí, ese es y esas son- y ya. Pero los pezones de Kate, que por cierto son más fotogénicos que las joyas de Harry, han hecho rodar cabezas.
Kate tiene derecho a estar brava puesto que expusieron algo que ella hubiese preferido guardar. Pero ese no es el caso de Adrienne Pine, una profesora de antropología que amamantó a su hija en clase. Al parecer, los estudiantes que asistían a su charla sobre Sexo, Género y Cultura no tuvieron la cultura suficiente para entender que el género femenino usa sus pezones para algo diferente al sexo. La controversia ha puesto en jaque a estudiantes, padres de familia, rectores, activistas…y supongo que la bebé tampoco está muy contenta de que su almuerzo sea tema de debate nacional.
Pero al menos las de Kate y Adrienne son reales, de carne y hueso. Bueno, de piel y glándulas. El escándalo que sacudió a la prestigiosa revista The New Yorker tuvo problemas con Facebook porque publicó una caricatura de Adán yEva en donde –oh, sorpresa- se les muestra viringos. Y por culpa de los pezones caricaturescos han sido desterrados de la red social.
Tal vez por episodios pezonofóbicos como este, la serie de televisión Desperate Housewives reveló que ha invertido miles de dólares en remover digitalmente los pezones de Terry Hatcher, que al parecer son demasiado protuberantes para las 9 pm. Los seriados que se transmiten a las 10 pm y más tarde pueden tener pezones, pero a las 9 es sencillamente escandaloso.
¿Cuándo nos pasó esto? ¿Dónde quedó la idea de que la desnudez es normal? Se nos han olvidado las olimpiadas griegas en las que los atletas estaban en pura pelota, las tribus indígenas en donde el pezón llama menos la atención que una ampolla y los días en los que amamantar un bebé era menos noticia que parpadear. No sé qué nos pasó ni cuándo ni a quién echarle la culpa pero en un mundo en donde los maniquíes modernos tienen pezones parados y las princesas tienen que usar brasieres de castidad creo que nos harían bien recordar que ese parchecito no es más que piel, no es más que un piecito de una rama. Tal vez eso nos ayude a mantener los pezones en la tierra.

Historia de dos Padres


 

Español: Una galleta de chocolate con trozos d...

La parábola de la Galleta. 

Imagínense una carretera medio desolada. Dos padres van en sendos carros con sus hijos de cinco años pasando por el mismo pueblo infeliz con sus radios sintonizados en la misma estación por la cual transmiten un comercial anunciando una apetitosa galleta de chispas de chocolate y malvaviscos. El comercial es tan efectivo que ambos niños se antojan al instante de la galleta y suplican a sus padres para que la compren. Los padres ven el único almacén del pueblo, parquean sus respectivos carros y se bajan para conseguir el encargo, dejando a los niños en el carro mientras se distraen con la música.

 

Entran al tiempo y al unísono le piden al tendero una galleta de chispas de chocolate con malvaviscos. El tendero los mira asombrados y les dice:

 

-Lo siento caballeros pero aquí no tenemos ese tipo de galletas. Lo más parecido que tengo son galletas de avena con uvas pasas. Tengo dos.

 

El Padre Uno dice de inmediato –La llevo. Muchas gracias y buen día-. Paga la galleta, se despide del otro padre y del tendero y se dirige al carro. Una vez allí le entrega la galleta al hijo, quien la examina y le dice: -Papá, esta no es la galleta que te pedí.

 

El papá responde: – Hijo, esta era la única que había. Cómete la mitad ahora y guardas la otra mitad para cuando lleguemos a nuestro destino. El niño parte la galleta, se come la mitad y guarda la otra mitad. –Está rica papá, gracias. Padre Uno e Hijo Uno llegan a su destino en poco tiempo.

 

Mientras tanto, El Padre Dos se ha quedado perplejo. -¿Dónde puedo encontrar una galleta de esas características?

 

El tendero responde que no sabe pero que con certeza en este pueblo no lo logará. El Padre Dos entonces le dice al tendero que le de la galleta de avena, un paquete de chocolatinas, un paquete de malvaviscos, una bolsa de bombones y cuantos dulces ve en la tienda. Sale del almacén y se recorre el pueblo en busca de la galleta y efectivamente no la encuentra. Le compra al niño todo lo que ve y finalmente, exhausto y abatido, regresa al carro. -Hijo, te he fallado. No te he conseguido lo que querías. Hice todo lo que pude, me recorrí el pueblo entero pero no encontré sino estas mil cosas. Espero que te agraden.

 

-Olvídalo papá. Ya no quiero nada. Tendrás que parar en cada pueblo de aquí hasta nuestro destino hasta que me consigas la galleta.

 

Ahora, fijémonos qué ha sucedido diez años más tarde. Hijo Uno se graduó de la universidad y aceptó un trabajo como aprendiz para adquirir experiencia. Sus jefes están muy impresionados con su desempeño, al punto que lo piensan promover pronto. Hijo Dos, en cambio, no se ha graduado. Ha empezado cuatro carreras en varias universidades y países en diferentes y no ha terminado ninguna. No dura en los trabajos porque siente que no es apreciado y que no le pagan lo que se merece.

 

¿Todo por una galleta? No precisamente. Pero apuesto que la actitud de los padres que tuvo algo que ver.