Gente sobrante


Beautiful Asian Woman Thinking

Joven, bonita, inteligente, de buen gusto, educada…¡ELIMINÉMOSLA!

 

De pronto ya se enteraron de la política de los medios oficiales chinos de referirse a las mujeres solteras mayores de 28 años como “mujer sobrante”, que en mandarín se dice shengnu. El apelativo forma parte de una campaña que busca eliminar la cantidad de hombres solteros que hay en China, país en donde a pesar de haber 20 millones de hombres más que mujeres, las mujeres parecen cada vez menos proclives a casarse con cualquiera. Qué vaina que el gobierno chino piense que los hombres solteros desestabilizan el orden social. Y aunque los que sobran no son ellos, las señaladas son ellas y el gobierno ha optado por la vergüenza social como incentivo para el matrimonio. Claro, porque no hay mejor cimiento para una relación duradera de mutuo apoyo, fidelidad y amor como la pena. Yo no creo que funcione, especialmente porque la mayoría de las chinas solteras son educadas y con ingresos propios, por lo que pienso que una palabrita como shengnu no las va a arriar hacia el altar.

 

Sin embargo confieso que me resulta interesante la idea de que hay gente que sobra en una sociedad. Por ejemplo creo que definitivamente la gente que cree que casarse es una meta y que reproducirse es una obligación sobra, y mucho. Son como el colesterol de la sociedad; nos vuelven pesados y nos impiden avanzar.

 

Otro grupo que hay que adelgazar es el de los seguidores de “más vale malo conocido” y “mejor mal acompañada que sola”. Esos sí que nos están sobrando.

 

En mi profesión, por ejemplo, quisiera declarar shengnu a toda esta generación de pseudo-periodistas que creen que generar escándalo es lo mismo que investigar, que opinar es lo mismo que juzgar, que la crítica es igual a la rajadera y que los ángulos asimétricos y la edición tipo MTV reemplaza la reportería real. Ah, y chau con la modita esta de que ponerse un disfraz durante 20 minutos es una “crónica de inmersión”.

 

Me sobran también los evangelistas de cualquier naturaleza, bien sea los que me quieren convertir al yoga, al vegetarianismo, al deporte o cualquier otra corriente. Me pesan los médicos que tienen un solo diagnóstico para todo (gordo) y los colegios que no han entendido que las evaluaciones y los castigos son del siglo pasado.

 

Me tallan los omnisapientes que creen que nadie tiene nada para enseñarles, que se las saben todas, que sólo hay dos clases de personas en el mundo: los que están de acuerdo con ellos y los idiotas. También me hacen bulto los que creen que los semáforos y las tildes son facultativos.

 

Por eso quisiera diseñar una varita shengnu que me permita (a mí y a un grupo selecto de oficiales) ir por la calle declarando sobrantes. Prometo perseguir a los corruptos, los mentirosos y los ladrones primero. Pero ojo, la gente que le pinta las uñas a los French Poodle, usa mocasines sin medias o actualiza su estado en Facebook más de tres veces al día está en mi radar.

 

 

 

PUBLICADA EL DOMINGO 17 DE MARZO DE 2013 EN LA TARDE

 

Si el libertador nos viera…


Vargas Swamp Lancers, bronze, steel and concre...

El Monumento a los Lanceros sería batante diferente si me versión se diera...

A propósito del puente festivo, quisiera hablar un poco sobre la historia de nuestra gran patria. Debo advertir de antemano que no soy experta en el tema de la historia de Colombia. Recuerdo por ejemplo que en la universidad el profesor de la materia que lleva justamente ese nombre (Historia de Colombia, para los que no estaban poniendo cuidado) preguntó si alguien sentía que tenía algún periodo histórico en particular sin dominar. Sin vacilar, levanté la mano y dije “Profesor, yo tengo una laguna entre la 1492 y el Proceso 8000”.

Sobra decir que casi pierdo esa materia. Pero han pasado los años y he aprendido un poco más sobre el tema, al punto que creo que puedo ofrecer una versión actualizada de los hechos.

Creo que si la Campaña Libertadora sucediera hoy, las cosas serían de otra manera. Miremos la batalla del Pantano de Vargas, por ejemplo. Si ahora Bolívar intentara darle la misma orden a Rook de atravesarse por una medio ciénaga para pelear en desventaja numérica contra el ejército español, no obtendría la misma respuesta apasionadamente afirmativa de antes. Probablemente Rook le diría “¿Qué? ¿Al fango?¿Estas crazy? Simon (ojo, ‘Simon’, no ‘Simón’), estoy estrenando botas Brahma de gamuza de antílope y ni creas que las voy a dañar. Mira, mejor pásame el celu y llamo a Barrerio que yo lo convenzo para que no nos demos plomo. Yo tengo un diplomado en mediación de conflictos y manejo de individuos con problemas psico-sexo-socio-afectivos. Además, tengo por allá una tía que es ciudadana española y un par de primas que trabajan en el Creppes&Waffles de Madrid, así que soy prácticamente español, me parecen súper lindos los euros y me compro la Hola cada mes para ver en qué van el príncipe Feli, Leti  los niños. Espera y verás”.

Rook saca su celular y marca. Le contestan y dice “Aló, ¿Barry? ¡Joder, tío! ¿Cómo estáis? Sí, estamos aquí al frente en el pantano este. Oye, baby, los dos sabemos que preferiríamos estar bajándonos unas birras y viendo el partido del Real Madrid en un pub, así que déjate de vainas y piensa en el futuro. En vez de esta bobada imperialista que está totalmente out, deberías darnos la libertad y hacer un contrato de outsourcing con los dueños de las fincas para que siembren de esas cosas transgénicas que están de moda. Ay, seguro que no te quedas sin puesto. Pues, abres un chuzo de paella o te pones a dar  clases de flamenco o de acento español a actores y deportistas. Claro que funciona. Mira, aquí estoy justamente con Rondón que es un tigre para eso de los discursos motivacionales. Eso es lo que está haciendo ahora Clinton. Sí, que se paran allá y dan unas charlas que dejan a todo el mundo con ganas de batallar por la causa. Todos los famosos lo hacen, y después sacan un libro sobre el tema y venden el libro en las conferencias. Es un negocio redondo Te lo llevas para allá y arma el tremendo Dream Team de consultores con Mujica, Infante y Carvajal. Claro. Mira, lo que hacemos es que seguimos el tour que teníamos planeado, porque de aquí salíamos para Boyacá, a lo de la otra batalla. Entonces, seguimos para Paipa y allá nos sentamos, hacemos una presentación en power point bien cuca, nos levantamos un video beam y unas carpetas con los logos de la Campaña Libertadora impresos full color. Bueno, pues nos toca contratar a un diseñador gráfico, pero el tipo ese de la Tipografía Nariño, los que imprimieron los volantes esos con los derechos del Hombre – y la mujer para que no nos caiga encima el batallón de Florance Thomas- y salimos de ese problemita. Listo, entonces con carpetas, presentación, coffee break y todo, convencemos a los “royals” españoles y ¡quedamos como unos príncipes! Bueno, como unos condes, pues. Realeza es realeza. Entonces, ¿quedamos? Bien. Te mando un e-mail con los detalles. Bueno, un beso”. Rook  cuelga y le dice al libertador, “Listo Boli, arma plan con Manu porque nosotros vamos a hacer esta guerra a lo moderno, sin ensuciarnos ni despeinarnos. Tu tranqui, nosotros fresh y todos happy ¿OK?”.

PUBLICADA EN AGOSTO DEL 2004

 

 

 

 

 

 

Ciclo-vida


Children in Swings

Children in Swings (Photo credit: Wikipedia)

Suena más trillado que decir “buenos días”, pero es absolutamente cierto que la vida es cíclica. No es que no me la haya pillado desde antes, pero este hecho irrefutable se me hizo aún más evidente esta semana, cuando mi novio empezó a trabajar en una nueva empresa. Él es todo un adulto, o como dicen las abuelitas, un hombre hecho y derecho, pero aún así el primer día de oficina se pareció bastante al primer día de colegio. La noche anterior me confesó que tenía mariposas en el estómago, que había escogido qué ponerse con días de anticipación y que estaba muy preocupado porque no tenía con quién almorzar.

¿No se les hace familiar la escena? Todos hemos hecho el curso en nuevología, cuando uno no sabe dónde queda el baño y no tiene con quién hacerse a la hora del recreo. Uno llega con los útiles nuevos y se preocupa porque no sabe si los demás usan cuaderno argollado o no, y uno no se sabe los códigos internos y es como si los demás hablaran un idioma totalmente diferente… la diferencia entre el primer día de colegio y el primer día de universidad o el primer día en un trabajo nuevo son mínimas. Básicamente, creo que nunca dejamos de ser esos niños y esas niñas que llegan con la lonchera brillante y dos manzanas, una para uno y una para la primera alma caritativa que se le acerque.

Creo que a medida que crecemos, olvidamos lo difícil que es empezar. Nos volvemos impacientes con quienes buñuelean arrancando en falda y les pitamos a los que van en los carros de las academias como si todos hubiéramos nacido con pase. Nos irritamos con la niña de la registradora como si nosotros supiéramos manejar ese aparato tan complicado y lleno de teclas. Se nos olvida que todo el mundo pasa por la silla del nuevón. Cuando nos pasa a nosotros, llegamos a la casa y le ponemos quejas a la mamá “nadie me dijo que aquí no se usaban los pantalones blancos y me dijeron calentana y necesito una balaca porque todas se ponen balacas y no puedo llevar pandequeso porque aquí todas desayunan arepa con té helado y les parece montañero mi saco y casi que no llego porque no me sabía la ruta del bus y me bajé donde no era y se me quebró el tacón y se me rompieron las medias veladas y , y , y… nadie entiende. Pero dos semanas después, cuando ya tenemos apodo propio y ya nos guardan puesto a la hora del almuerzo, se nos olvida esa terrible sensación que da ser nuevo y maltratamos al próximo nuevo que llega, como una especie de rito de iniciación medio sádico. Es igual a cuando llega un niño nuevo a un colegio diferente.

La verdad es que las dinámicas intraoficinales son iguales a las del patio a la hora del recreo. Hay unos niños más grandes, que se burlan y torturan a los chuiquitos, que son como los gerentes; hay unos medio desadaptados que se saben unos juegos distintos a los de todos y la mamá les manda loncheras todas saludables, sin mecato ni nada, y se hacen juntos y lejos de todos, que podrían ser los de sistemas; también están los que se creen los dueños de los columpios y deciden quién se puede o no montar en los burros, que vendrían siendo las secretarias y los porteros; a un lado de ellos están los que entienden las explicaciones de matemáticas de una y se burlan porque los otros miran el tablero con cara de confundidos y se pasan el recreo señalando a los demás y riéndose, que podrían ser los de contabilidad, tesorería y nómina; y finalmente están los que se enteran de quién todavía se orina en la cama y les cuentan a todos los otros, que por supuesto son los de la oficina de prensa. Como verán, nuestros destinos se forjan en el patio del colegio y aunque queramos fingir que estamos muy maduros, repetimos cíclicamente los patrones de comportamiento que se gestan en el recreo. Por eso siempre llevo dulces en la cartera, por si llego a un lugar y necesito hacer amiguitos.

* PUBLICADA EN AGOSTO DE 2006

Uebos revueltos


Recientemente he descubierto la palabra uebos y estoy fascinada. Es perfectamente castiza –significa necesidad, algo necesario, y viene del latino opus– pero parece un error, un oprobio, una afrenta. Me siento rebelde usándola. Es lo más cerca que he estado de hacer un graffiti. La adolescente en mi está dichosa.

Pero aparte de dármelas de chica mala en esta columna, quiero resaltar lo oportuna que es esta palabra. Uebos…lo necesiario…hoy, que es domingo de elecciones, es más importante que nunca que cada persona ponga bien sus uebos Me refiero, por supuesto, a que últimamente pareciera que nuestro concepto de lo necesario está un poco truncado. Cosas como la honestidad, la preparación y la experiencia han cedido protagonismo y ahora elegimos gente con… esperen, no estoy segura. ¿Con qué criterio estamos eligiendo? Porque si tuviéramos los uebos donde deben estar, no tendríamos los problemas que tenemos. Concretamente en Bogotá estamos en una especie de mandato de despacho-por-cárcel porque la vez pasada en las urnas cosas como estar bien vestido y saber usar bien el Power Point superaron otras consideraciones como la capacidad de gobernar, la capacidad de distinguir entre el bien y el mal, lo propio y lo ajeno, lo del hermano y lo de los ciudadanos. Y a juzgar por lo que he leído últimamente, en Pereira la cosa no está mucho mejor.
Por eso a ratos me pregunto la gente dónde tiene los uebos. No los tiene en la transparencia porque según la fiscal General de la Nación, anualmente la corrupción le cuesta al país 4.2 billones de pesos.
Y lastimosamente tampoco los tienen en votar bien porque una encuesta reciente ser reveló que solamente el 14% de los colombianos confían en la clase política de nuestro país. Lo grave es que la clase política es la que nos representa, y eso significa que la gente no confía en quien la representa. Tal vez porque la gente sabe, muy en el fondo, que a la hora de votar no está haciendo bien la tarea.
A lo mejor es la Falacia Nirvana que dice que si no podemos hacer algo perfecto es mejor no hacer nada y por eso la gente no vota, le da pereza, se va de paseo y se olvida de todo este asunto, porque ha perdido la fe en el sistema olvidando que la fe es la base misma del sistema.
O tal vez se dicen a sí mismos que su candidato o candidata no tiene chance de ganar y que es mejor no desperdiciar el voto y votan por el que creen que va a ganar para poder después reclamar los favores pertinentes.
Pero eso es olvidar el poder del voto y el compromiso con la conciencia. Mejor dicho, eso es tener los uebos revueltos. Y por eso estamos como estamos.
Por eso este domingo es clave que vayamos a votar con los calzones bien amarrados y los uebos bien puestos. Porque sino, estas elecciones nos pueden salir costando los uebos y los huevos a todos.
* PUBLICADA EL 30 DE OCTUBRE DE 2011.
** Gracias por votar por mi mamá. Perdimos, pero igual muchas gracias 😉

¿Aló? ¿Dios?


God?

Image by DamienHR via Flickr

La siguiente escena totalmente ficticia ocurre en un lugar absolutamente imaginario llamado, por darle un nombre cualquiera, el “Cambuche Miraflores”.

“¿Estás ahí, Dios? Soy yo, tu soldado pacifista Hugo… ¿cómo va todo allá en tu sucursal de Venezuela? Espero que todo ande bien con tus tropas. Aquí, las cosas han estado un poco difíciles. Esta semana estuvo complicada. Bueno, no quiero entrar en detalles para no preocuparte. El caso es que creo que algunos de los planes que habíamos discutido tendrán que reacomodarse. No es un ‘no’; es un ‘no, por ahora’, tal como dije cuando tuve ese otro disgusto con lo del plebiscito hace unos meses. Pero, total, quería hablar contigo de un par de asuntitos. Ni creas que me estoy metiendo en Tu Rancho Celestial, ni más faltaba. Ya sabes que soy sumamente respetuoso de eso de las fronteras –sean ríos o nubes- y no soy nadie para decirte cómo reinar. Pero tengo unas ideas que creo que vale la pena que tengas en cuenta.

Para empezar, creo que podríamos hablar de una actualización de algunas oraciones. Creo que el discurso latente es un poco imperialista, si me perdonas la expresión. Sugiero, como punto de partida, que de ahora en adelante comencemos con un ‘Camarada Nuestro que estás en el Cielo’, porque eso de ‘Padre’ me suena a una jerarquización pequeño- burguesa que no refleja el status de igualdad prometido en la Constitución –Biblia, le dicen algunos- en donde dice textualmente que somos hechos a tu imagen y semejanza. Pues, si somos semejantes, lo de Padre sobra, ¿no? Pero mira que Camarada transmite el mensaje de igualdad que tanto quiero, digo, queremos proyectar. Además, creo que deberíamos eliminar la palabra ‘reino’. Venga a nosotros tu ‘frente’ suena mucho mejor. Y eso de hágase tu voluntad… mira, hágase tu estrategia en Venezuela como en el Cielo, suena mucho mejor. Danos hoy nuestra munición de cada día, libéranos del Imperio… en fin, creo que ya ves para dónde voy con esto. Piénsalo, piénsalo, es todo lo que pido.

Si estamos pensando ya en una reforma, creo que el saludo oficial amerita un repaso. Sugiero ‘en el nombre del Libertador, del Comandante y del Espíritu Bélico’ como algo más apropiado para estos tiempos. Te prometo que lo adoptaremos cuando tenga en marcha lo del grupo que te mencioné en estos días, la OEC (Organización de Estados Chavistas), que sufrió un contratiempo pero que definitivamente es uno de mis proyectos bandera. Te prometo que cuando decidas enviarnos a tu hijo, bien sea que llegue a Cuba o a Caracas, todo estará en orden.

Hablando de órdenes y ordenaciones, ya que toco el tema he tenido una duda sobre lo de la santidad. ¿El aureola me impide usar boina? Porque ya sabes que quiero ser conocido como el Santo Emboinado, Santo Patrón de la Soberanía y la Belicosidad. Sin la boina no me van a reconocer. Lo de las alas tiene arreglo. Eso no es sino abrirles campo en el camuflado, pero la aureola me preocupa. Avísame cuando puedas. Mándame un comunicado, pero por favor, ojo con los e-mails que harto problema me han causado. Pregúntale a Raúl, quien supongo está sentado a tu izquierda. Bueno, y después de los sucesos de esta semana, creo que se está acabando el campo a tu izquierda, ¿no? No se les olvide guardarme el puesto…

Por hoy no es más, Camarada Celestial. Me despido, no sin antes agradecerte tu preferencia. Ah, casi se me olvida, la orden que puse para un rayo en unas coordenadas en el meridiano 75… mejor, deja así. Yo lo estoy resolviendo solito. Nos vemos mañana en otra edición de Aló Hugo

*PUBLICADA EL 9 DE MARZO DE 2008

Valor agregado


Chiva bus in Colombia.

Image via Wikipedia

Estuve almorzando con un amigo esta semana y luego de agotar los tópicos de rigor –la re-reelección, Yidis, el calentamiento global y Yom Kippur– terminamos en el tema de los excesos.

Todo empezó por los teléfonos celulares. Las típicas preguntas de qué tiene el tuyo y qué hace el mío nos condujeron a qué tanto usa, y por tanto, necesita uno que haga el dichoso aparato.  Concluimos que aparte de la capacidad de enviar y recibir llamadas y mensajes de texto, lo demás sobra. Nadie necesita una cámara digital en el celular, ni tampoco es indispensable que tenga radio que se le suba o baje el volumen en sincronía con la mano. Todo eso es simpático, pero no mejora el desempeño del teléfono como, bueno, como teléfono. Es decir, no hace que sea mejor en aquello que es su función primordial.

Esta idea me acompañó hasta mi casa y empecé a tratar de identificar el equivalente en ‘gallos’ al Principio de la Incompetencia de Peter (que establece que en toda jerarquía laboral, los empleados ascienden hasta llegar a su nivel de incompetencia, es decir, que llega un momento en el que más no es mejor: sólo es más). Busqué el celular más costoso del mundo y me topé con el modelo ‘LeMillion’ de la empresa suiza Goldvish, que figura en el Libro Guiness como el teléfono más caro del mundo. Vale USD$1.2 millones. Y ¿qué hace uno si se le cae al inodoro, como ha sido el destino de tantos de mis propios celulares? Me darían 1.2 millones de infartos.  Aún con el dólar devaluado, es sigue siendo un precio de 2.400 millones de pesos. Sí, claro, está hecho de oro blanco e incrustado con 120 quilates de diamantes, pero se le cae la llamada y se le descarga la pila como a cualquier otro, ¿no? Es decir, por ese precio yo esperaría que me entre la señal hasta en la luna y que además venga con el número de Dios pregrabado en la memoria.

Mi curiosidad aumentó exponencialmente y seguí con el tema de cosas extravagantes. Me topé con la cuchilla de afeitar más cara del mundo. Se trata de la Cuchilla Damascena de la empresa francesa Hommage que cuesta 60 millones de pesos. En serio. No será la típica Gillette, pero les garantizo una cosa, a la esposa del dueño de una Damascena se le acaba el matrimonio si se llega a afeitar las piernas con la dichosa barbera.

Entusiasmada, seguí buscando pero no encontré nada colombiano en la lista de las cosas absurdamente costosas, así que creo que hay una oportunidad para innovar aquí. Por eso, propongo los siguientes productos ‘engallados’:

Chiva con chasis en oro blanco, rines con diamantes y timón forrado en piel de visón: 3000 millones de pesos.

Empanadas rellenas de carne de cordero eslovaco y ballena japonesa, fritas en aceite de oliva extra virgen: 2 millones de pesos cada una.

Réplica de peluca del Pibe elaborada con cadejos de John Lennon y María Antonieta (cuyos respectivos residuos capilares se vendieron por una suma conjunta de 22 millones de pesos): 25 millones de pesos.

Saco de Café de Colombia, cada grano recubierto de oro de 24K con una estatuilla en tamaño real de Juan Valdez y Conchita en cera, hecha por los artesanos del Museo de Cera de Madame Tussaud: 1000 millones de pesos.

Natilla especial rellena de macadamias, cubierta con jalea de cereza japonesa y servida con helado de azafrán: un millón de pesos

Ahí tienen. Después no digan que esta columna no está llena de buenas ideas comerciales.

 

*PUBLICADA EL 28 DE SEPTIEMBRE DE 2008

La hora como símbolo de rebeldía (o una excusa infalible para llegar tarde


Big Ben in London.

Image via Wikipedia

Soy una persona puntual. No me gusta llegar tarde y siempre que puede llego 5 minutos antes de una cita. Me considero un poco rígida en temas del tiempo y me irrita bastante que no haya unidad en la hora nacional y considero una falta de respeto que las emisoras no estén sincronizadas. Si por mi fuera, tendríamos en Colombia el equivalente al Big Ben de Londres (le podríamos decir el Gran Juan) y todos tendríamos el reloj con la misma hora. Mi rigidez temporal me parecía, hasta hace poco, señal inequívoca de respeto, buenos modales y rectitud.

Y entonces me enteré de algo que me sacudió los cimientos del reloj. El tiempo es político.

Yo ya sabía que eso de los segundos y los minutos eran puro invento de los científicos, pero a mí me caen bien los científicos así que no le vi problema. Lo que no sabía era que el concepto de la unificación de los husos horarios fue una treta política. La Conferencia Internacional Meridiana, celebrada en 1884 en Estados Unidos reunió a 24 naciones “civilizadas” que eligieron el meridiano longitudinal que pasa por Greenwich, Inglaterra, como el meridiano principal con el cual se calcularían los tiempos del resto del mundo. Pero la elección no fue ni fácil ni libre de debate.  Así por encimita, había enfrentamientos entre los grandes países industrializados que querían unificar el tiempo para facilitar las transacciones comerciales y los pequeños países que querían preservar sus horarios según sus prácticas agrícolas, tradiciones y cultura. Se acusó a los ingleses de vanidosos e impositivos y el mismo Observatorio de Greenwich fue blanco de protestas y hasta atentados terroristas. Finalmente fue la Primera Guerra Mundial la que ayudó a unificar el tiempo porque los aliados tenían que coordinar sus ataques. Después de eso y una vez caído el Imperio Otomano, uno de los principales detractores, el resto del mundo se resignó y todos ajustamos los relojes y las actitudes para encajar con el GMT.

Pero hay rebeldes que persisten. Alemania, Estados Unidos, Hong Kong y Tailandia han hecho intentos recientes por divorciarse del GMT (en Colombia intentamos funcionar con el Gaviria Meridium time en los ’90), y este mes cumple un el reloj más grande del mundo: el Reloj de la Meca, que situado en una torre de más de 600 metros de altura, osa usar como referencia el Meridiano de La Meca (con el fin de servir como autoridad temporal para los 1.5 mil millones de Musulmanes)  y tener una diferencia de 21 minutos con el GMT.

Lo que todo esto significa para mí es que si bien es grosero que, teniendo el mismo referente temporal, acordemos encontrarnos a una hora y usted llegue tarde, también es posible que mi tiempo no sea su tiempo y suponer que lo debería ser es igualmente grosero. De allí que es absolutamente respetable que usted pueda acudir al viejo argumento anti-imperialista y decir “Según mi clepsidra, llegué a tiempo.”

 

 

 

La otra DIAN (propuesta para el impuesto a la estupidez en Colombia)


Stylized arrest.

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No es secreto para ningún lector asiduo de esta columna que le tengo más miedo a la DIAN que al infierno (al menos el infierno se puede eludir a punta de padrenuestros) pero mi relación con los impuestos colombianos tomó un giro inesperado a raíz de una noticia que me parece a la vez fascinante y preocupante. Se trata del Impuesto del SIDA, una figura que un grupo de investigadores sugirió que se adoptara en Sudáfrica, el país cuya población se encuentra más afectada por el terrible virus. La fatal enfermedad ha alcanzado niveles epidémicos en este país africano, que tiene cifras de más de 45 millones de personas infectadas -el 11% de la población-, y por eso el gobierno contrató una firma independiente para que les diera consejos sobre cómo sobreponerse a la crisis. Los resultados: un impuesto. Así es, el grupo de expertos, seleccionados por la Fundación Nelson Mandela, concluyó que la manera de ayudar al país a reponerse económicamente de las pérdidas ocasionadas en los sectores de la minería y el transporte a causa del SIDA era obligar a quienes no padecen SIDA a pagar un impuesto para tener con qué tratar a los pacientes con VIH positivo. No voy a discutir si este paso sería útil o no para el gobierno sudafricano. Seguramente hay paneles de expertos y comités reunidos en este mismo instante arguyendo sobre este preciso tema. En cambio, sí voy a proponer un tipo de impuesto nuevo: el impuesto a la estupidez.

Verán, creo que en Colombia, la estupidez causa más pérdidas que el SIDA en Sudáfrica, así que pienso que deberíamos tener un impuesto a la estupidez humana. Pero el impuesto no lo pagaríamos los no-estúpidos, sino los que cometen estupideces. Así, cada transacción considerada estúpida por un panel de expertos (en el cual yo seguramente ocuparía un puesto importante), llevaría un gravamen que impida que dicha transacción haga demasiado daño a la sociedad. Los individuos involucrados seguramente lamentarán sus decisiones, pero al menos el resto de la población tendrá cómo consolarse gracias a que con esos impuestos daremos becas y construiremos centros educativos para cultivar la inteligencia.

Algunos ejemplos de transacciones gravables con el IGE (Impuesto a lo Galácticamente Estúpido) son: si un hombre con la esposa esperando su quinto bebé decide tomarse más de una cerveza a la semana, su consumo tendrá el impuesto a la estupidez. Si una mujer decide usar la plancha para alisar en pelo mientras está en la tina, en la próxima factura de la luz (suponiendo que no haya muerto electrocutada) le llegará el dichoso impuesto. Asimismo, si un adolescente choca el carro de sus padres por andar mirando niñas bonitas en la calle, la aseguradora pagará el arreglo, pero los padres pagarán el impuesto. En un escenario similar, si alguien que lleva una semana saliendo con su novio o novia decide hacerse un tatuaje de Fulanita Para Siempre o el rostro de su amado o amada en un elegante retrato en degradé con el pelo en el viento y un atardecer en el fondo, el costo del tatuaje incluye en IGE. Es más, creo que todos los tatuajes y perforaciones deberían tener un IGR preventivo, con opción de reembolso si en diez años no está arrepentido de lo que hizo. ¿Ven cómo funciona?

Obvio que tendríamos que crear algún tipo de fuerza élite para vigilar y patrullar la comunidad en busca de instancias de estupidez. Algo asó como la Gestúpi, y tendríamos un Zar anti-estupidez y todo. Si la idea coge fuerza, tendríamos una versión de la INTERPOL llamada la Interest, encargada de erradicar la estupidez en todo el planeta. Y para acabar de completar, la estupidez oral, es decir, prender la lengua sin conectar el cerebro, también sería gravable. Con sólo la conversaciones de la mayoría de los programas radiales matutinos y los comentaristas deportivos tendríamos con qué pagar la deuda externa en un par de meses. Me parece razonable. Si no podemos eliminar la estupidez, al menos podemos lucrarnos de ella, ¿no les parece?

 

*PUBLICADA EL 2 DE NOVIEMBRE DE 2007 EN MUNDO MODERNO

 

De religión, política y sanitarios


A flushing toilet.

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Se cree que fue el mismísimo Rómulo quien le dio el nombre a Cloacina, Diosa romana de las heces, las cloacas y las letrinas (se sospecha es una de las divinidades latinas más antiguas, con templo y todo). No sorprende que haya diosa de por medio pues ir al baño era una actividad importantísima para los romanos puesto que los baños públicos eran un lugar de encuentro; es más, se decía que eran el lugar de reunión predilecto de la elite política. Era perfectamente normal para un senador sentarse a hacer coprovisita con el vecino, componer el Imperio e intercambiar chistes de gladiadores.

La temática habrá variado, pero la esencia de la coproimportancia permanece. Dirán que estoy equivocada, que ir al baño es ahora algo mucho más privado y hasta vergonzoso, pero analicen los siguientes datos antes de hacerle el ‘fo’ a mi teoría.

Combinado con el invento –creo yo- más importante de los chinos, el papel higiénico (hecho por primera vez en 1391 para el Emperador), el excusado es tal vez más importante que las vacunas. No lo digo yo. Lo dice Jack Sim, fundador de la Organización Mundial de los Excusados, cuya casa matriz es en Singapur, quien afirma que los inodoros ayudaron a acabar con las epidemias y son símbolo de progreso. Claro que él podría ser algo subjetivo al respecto, pero hay más evidencias. Recientemente se publicó un estudio que revela que más de la mitad de los estadounidenses han permitido que su trabajo invada el retrete, y no en sentido figurado. Nokia realizó un sondeo entre 500 personas y el 53% admitieron que hacen o reciben llamadas telefónicas relacionadas con el trabajo mientras están en el baño.

Si eso les parece poco, fíjense en política sanitaria de Inglaterra, en donde los baños públicos se diseñan pensando en que los traseros de los musulmanes no queden en dirección a la Mecca mientras hacen sus necesidades. Ya se decretó que los nuevos baños del Parque Olímpico serán inclusivos para todas las fes  y que para el 2012, la gente tendrá la opción de apuntar su colón hacia donde su Dios le dictamine. El año pasado, la prisión de Brixton de Londres se convirtió en ser la primera cárcel con sanitarios políticamente correctos del mundo occidental.

Y si la religión y la política no les parece suficiente, les encimo el arte. En Nueva Delhi opera el Museo del Excusado, una de las mayores atracciones turísticas, y esta semana en Munich, se abrieron las puertas de un nuevo museo que combina el arte con los baños. La casa de letrinas, construida originalmente en 1894, tuvo más de ochocientas visitantes en la noche inaugural. La cantidad de gente no sorprendió a Mathias Koehler, quien asegura que el arte y el baño son aliados naturales porque ambos sirven para “descargar lo negativo”.  Entre las obras de arte se encuentran varios retratos en grafitti, entre ellos del candidato presidencial estadounidense Barack Obama y la Canciller alemana Angela Merkel. Y esto nos lleva de regreso a la época romana en la que los dirigentes se reunían alrededor de un excusado para arreglar el mundo. Claro, en el caso de Obama y Merkel se trata de graffitis, pero tal vez podríamos copiarnos de los romanos y hacer unos baños comunitarios para la próxima asamblea de la ONU. Tal vez así logremos que las cagadas –me perdonarán los púdicos- se limiten a los sanitarios.

*PUBLICADA EL 26 DE OCTUBRE DE 2008

 

Sopa de pirámide


The Pyramid of Djoser in Saqqara, Egypt.

Image via Wikipedia

En tan sólo veintiocho décimas de segundo, el buscador Google encontró casi cinco millones de entradas relacionadas a la palabra pirámide. La noticia más destacada es sobre el reciente descubrimiento de una pirámide de hace 4.300 años, dedicada a la reina Seshset (madre de Teti, primer faraón de la VI dinastía del Antiguo Reino, para aquellos que están oxidados en egiptología). La tumba estaba a veinte metros de la superficie arenosa de Saqara, cerca de la capital egipcia. Pero claro, esta no es la pirámide que ha salido en los noticieros nacionales.

La otra pirámide que desenterraron fue en Colombia y en ella parece que están sepultados los secretos de un tal DMG. No entraré a discutir los detalles de la captura ni a cavilar sobre la constitucionalidad de la medida que condujo a su apresamiento, y hasta me voy a aguantar las ganas de rajar de la cola de caballo del detenido (salvo decir que tal vez hubiese logrado escapar sin ella porque así habría pasado inadvertido). Lo que sí voy a decir es que este fenómeno debería llamarse “sopa de pirámide”.

Sopa de piedra es cuento que me leía mi madre  y se trata de un hombre que llega a un pueblo y pide algo de comer. Todos le dice que no tienen nada. El hombre, avispado como todos los forasteros de todos los cuentos de hadas, dice en voz muy alta que para aliviar el hambre de todos hará su famosa sopa de piedra. Toma una olla gigante, le echa un poco de agua  y un par de piedras y las pone a cocinar ante la mirada asombrada de todos. Al rato prueba la sopa y dice que está deliciosa, pero que quedaría mejor con un poco de cebolla. Alguien el público dice tener algunas y lleva un bulto. El hombre incorpora las liláceas y dice que la sopa está aún mejor, pero que si tuviera zanahorias sería estupenda. Otro que había dicho no tener nada de repente recuerda tener unas zanahorias y las trae y así sucesivamente con apio, maíz, papas, arroz, perejil y demás ingredientes imaginables. No me les quiero tirar el final pero el caso es que la gente sí tenía comida después de todo. Pues, lo mismo parece suceder con DMG. La gente alega y alega que no tiene plata para invertir en cosas triviales como mercado, la educación de sus hijos, planes de pensión o pagar impuestos, pero viene algún avispado de cola de caballo a hacer sopa de pirámide y ahí sí todos sacan los vegetales de debajo del colchón.

Lo que esto quiere decir es que la gente sí tiene plata, lo que pasa es que no saben a qué sopa echarla. Ahí entro yo. En el espíritu de la solidaridad económica, la responsabilidad social y la construcción comunitaria de un mejor mañana, ofrezco una lista de 10 cosas que usted puede hacer con su dinero en vez de meterlo en una pirámide:

  1. Hacer una colcha de retazos de billetes viejos.
  2. Hacer un aporte anónimo para apoyar columnas con las palabras ‘mundo’ y ‘moderno’ en su encabezado
  3. Hacer origami y decorar la casa con floreros hechos con cartuchos de billetes
  4. Ofrecer un premio millonario para quien pueda nombrar todos los personajes de mi novela inédita
  5. Hacer un tapete para el baño
  6. Crear una beca para humoristas pereiranas de signo escorpión
  7. Hacer un paracaídas
  8. Poner de moda el hobby ‘adopta un columnista de La Tarde’
  9. Usarlos como soporte lumbar para dormir más cómodamente
  10.  Dármelo a mí.

Estas ideas no serán las más rentables, pero les garantizo que son menos amargas que la sopa de pirámide.

 

*PUBLICADA EL 23 DE NOVIEMBRE DE 2008