Dolor no es lo mismo que dificultad


Docenas de dichos, clichés y proverbios inundan nuestro imaginario colectivo con la idea de que sufrir fortalece el carácter. 

Esta idea, por popular que sea, es infecciosa, es falsa y es peligrosa.

Digo que es peligrosa porque confundir el dolor con la dificultad es irresponsable y puede ser fatal. 

La dificultad, la adversidad y los retos son parte fundamental de la vida. De saberlos sobrellevar y aprender de lo sucedido depende no sólo el éxito de una persona sino su autoestima.

La dificultad es, además, la madre de la comunicación, del ingenio y del rebusque porque nos obliga a buscar, a conectar, a experimentar.

El dolor es otra cosa.

El dolor es intenso. El dolor interfiere con nuestra capacidad de vivir de manera normal, realizar tareas sencillas, de mantener relaciones saludables, sentir placer y vivir plenamente. Es algo que no se quita con ignorarlo ni es cuestión de aguante.

El dolor, físico o emocional —pues el cerebro no distingue entre los dos— es una señal de alerta. Es nuestro cuerpo diciéndonos que algo no anda bien y requiere nuestra atención inmediata. 

Cuando ignoramos las señales de dolor, en nosotros mismos o en las personas que nos rodean, no estamos haciéndole favores a nadie. Sólo estamos dilatando el tratamiento y en el entretanto podríamos estar empeorando el problema. Lo que empieza con un dolor leve puede ser una señal de una enfermedad que tratada a tiempo puede ser manejable en lugar de letal, o de una relación que terminada a tiempo puede evitar consecuencias nefastas para todos los involucrados. 

¿Por qué, entonces, creemos que lo que no nos mata nos hace más fuertes? 

Esta frase pegajosa ha dejado casi tantos estragos en la humanidad como la sífilis que mató a su autor, pero no es cierta. Lo que no nos mata no nos hace más fuertes;  lo que no nos mata nos lastima, nos debilita y nos puede traumatizar de por vida.

Es cierto que algo de dolor es inevitable, pero eso no es lo mismo que deseable. En nuestra ansiedad por aliviar el sufrimiento que trae el dolor, lo racionalizamos y le ponemos arandelas y emoticones, diciendo que el dolor es bueno, que nos ayuda a crecer, que es símbolo de estatus, compromiso y valentía. 

Pero no importa cuántos memes circulen en Facebook, no es cierto que exponernos intencionalmente al dolor, o peor, exponer a los demás a situaciones dolorosas, sea emocionalmente sano. Pensar que acostumbrarnos al dolor nos vuelve inmunes a él es engañarnos. Hacerlo no ayuda a ser más fuerte a nadie ni prepara a nadie para el futuro. 

Todo lo contrario. 

Para ser felices, tenemos que conocer la felicidad, y conocerla bien. Cuanta más feliz sea nuestra niñez, más fácil es ser felices de adultos. La resiliencia —la capacidad de manejar la adversidad y adaptarnos a los cambios inesperados de la vida— depende en gran medida de lo estable y dichosos que fueron nuestros primeros años. 

Como padres, como adultos, como educadores, cómo líderes en empresas y procesos,  nuestro papel no es llevar a nadie a acostumbrarse al dolor, ni acostumbrarnos nosotros a él. Nuestro papel es aprender cómo luce la felicidad para poderla cultivar en cada momento, en cada espacio, en cada papel que juguemos en nuestras vidas y las vidas de otros. 

En defensa de la incomodidad


El ave transgénero de Nueva Zelanda

Estuve esta semana en una charla sobre la libertad de expresión, el humor, la tolerancia y el otro, a raíz del ataque a Charlie Hebdo. Allí se habló mucho sobre los límites de la opinión, si deberían existir y si debería ser la sociedad o el estado quien los señale. Todos parecíamos intuir que en algún lado debería haber un punto medio entre el derecho a decir lo que pienso y el deber de respetar al otro, pero es fácil encontrarlo. Por mi parte, creo que ese punto medio yace en la línea entre la incomodidad y la ofensa. Incomodar, me parece, puede ser productivo. A veces hay que tener conversaciones incómodas con el fin de lograr avances en temas delicados, pero insisto en que incomodidad sale más barata que la intolerancia.
Fíjense, por ejemplo, lo importante que hubiera sido tener una conversación incómoda con quienes desde la Universidad de La Sabana emitieron su opinión acerca de la homosexualidad. Tal vez les habría molestado que les preguntaran sobre sus métodos y fuentes, sobre sus prejuicios, creencias, patrocinios y devociones. Incómodo, y mucho, habría sido preguntarles exactamente cuántos amigos homosexuales tienen, si conocen de primera mano a alguna pareja homosexual o si alguna vez tuvieron experiencias o incluso deseos homoeróticos. Claro, nadie quiere hacer esas preguntas. Y casi nadie quiere conocer las respuestas por embarazosas, pero más embarazoso sería afirmar que los homosexuales tienen problemas y son enfermos por ser homosexuales, cuando es igualmente plausible que tengan problemas porque hay personas problemáticas que insisten en decirles que son enfermos.
Y hablando de enfermedad, yo quisiera que me aclararan de dónde sale el concepto de lo normal y lo natural que usan estos científicos, pues afirman que los homosexuales no lo son y, sin embargo, las relaciones entre individuos del mismo sexo se han observado en cientos de especies animales. La pareja de pingüinos homosexuales que adoptó un huevo en el Central Park Zoo de Nueva York es uno de los casos más famosos, pero hay miles. Incluso en Nueva Zelanda hay un ave (anthornis melanura) transexual. Y cualquiera que haya tenido un French Poodle sabe el tema de género es bastante fluido en los caninos. Así que va la pregunta incómoda que todos deberíamos hacernos: si el comportamiento homosexual se encuentra enlas selvas, las praderas, los potreros, los mares y en dondequiera que haya animales, pero el comportamiento homofóbico sólo se encuentra donde hay (cierta clase de) humanos, ¿quiénes van contra lo natural y lo normal? Pero, claro, el informe del Departamento de Bioética (que tiene poco de Bio y no sé cuánto de ética) no aclara. En cambio, afirma que los estudios que revisaron no han sido concluyentes porque carecen de rigor científico para luego sacar de esos mismos estudios las bases para sus conclusiones. Eso es como hacer un cocido con carne podrida: no importa cuántos aliños se le echen, la sustancia apesta y el resultado nos va a enfermar.

Si quedó con ganas de más, intente

El incentivo de la mini falda

Super(gay) man y las Nuevas Ligas de la Justicia

Nosotros, los necios


Nuestros nuevos héroes.

Nuestros nuevos héroes.

Admito haber arrugado la nariz y blanqueado los ojos cuando vi que vendían agua embotellada con etiquetas que rezaban “paz” y “amor”, y que además cobraban un montón por esta agua “tratadas”. Aún cuando leí sobre los experimentos de Mesaru Emoto en los que fotografiaba cristales de agua a las que se le había hablado con palabras positivas y se las comparaba con cristales de agua que habían sido atacadas con palabras ofensivas, dudé. Mis años dedicados al culto al método científico me llevaron a tachar de insulsas estas conclusiones y mentalmente almacené estos escritos en la misma caja con un sartal de prácticas y creencias esotéricas y pseudocientíficas, que arrinconé en un lugar oscuro de mi cerebro, rogando por que no me ocupara mucho espacio y que lo olvidara pronto.
Pero entonces, me hice mamá y descubrí que si bien los métodos de Emoto son cuestionables, eso de que las palabras son dañinas es absolutamente cierta. La idea está presente en el arte y la literatura y todos, desde la Hester de Nathaniel Hawthorne (La letra escarlata) hasta la marca de Caín de Herman Hesse en Damian nos dicen que las palabras marcan y las marcas duelen.
Yo fui una niña necia, hija de un niño necio y ahora madre de un niño necio. Y esa palabra, necio, que para nosotros es sinónimo de insoportablemente inquieto (y no de ignorante, terco o imprudente como lo sugiere el diccionario) nos ha dolido. Cuando mi papá nos recuenta las aventuras en el colegio que le merecieron el adjetivo nos reímos, pero debajo de la risa está la tristeza de un niño que no quería que lo castigaran por tener una gran imaginación. Lo sé porque cuando yo oigo las historias de mis propias pilatunas está la misma sensación de que ahí estaba la semilla de una artista que no encontró terreno fértil para pelechar. Y ahora, cuando Mati me dice entre lágrimas que la profesora le ha dicho que es un niño necio siento el peso de las generaciones de niños incomprendidos y niñas inquietas sobre mi corazón. Veo mi hijo, precoz y sobresaliente, y nos veo a todos en sus ojos lagrimosos, expectantes, heridos. Le digo que no es un niño necio, que la profesora no entiende y que probablemente muchos no entenderán la magia de su cerebro, la fantasía de su juego y el nivel de entelequia que le impregna a las actividades más mundanas. Suspiro y me lleno de valor para lo que viene, para la gente que va a atropellarlo con sus estigmas y ofenderlo al forzarlo en un cajón cuadriculado cuando claramente es una estrella.
Pienso en Emoto y sus cristales de agua, frágiles y bellos como la mente de mi hijo, y entiendo. Tal vez nos demoremos en encontrar una demostración científica, pero por ahora no importa. Las palabras crean mundos o desvalijan sueños, así que tengan cuidado con las que eligen. Sobre todo alrededor de nosotros, los necios.

 

*Este escrito apareció el domingo 1 de junio de 2014 en el diario La Tarde de Pereira bajo en nombre Confieso que he leído Mensajes del agua de Mesaru Emoto

Intenciones al descubierto


Name tags and Ids

Mi nombre es Angela y me robo las cobijas…

Un par de empresas australianas, ambas encaminadas a conseguirles pareja a los desemparejados, lanzaron la idea de que las personas que estaban de conquista usaran unas escarapelas especiales que sirvieran para romper el hielo. Según los empresarios, los discos plateados con el logo de la empresa, cuando se lucen en la escarapela, indican a los demás las intenciones del portador o portadora y ayuda a romper el hielo.
La idea no me parece mala.
Es más, tal vez sería hasta cómodo que con una sola mirada supiéramos cuáles son las intenciones de los demás. Uno podría, por ejemplo, entrar a un bar y leer en la escarapela de alguien: ‘sólo quiero darle celos a mi novio’ o ‘sólo quiero bailar un rato’. ¿No nos ahorraría mucho tiempo a todos?
El problema tal vez sería que la gente no siempre es honesta. La honestidad es escasa, por decir lo menos, especialmente cuando se trata de las relaciones interpersonales. Por fortuna, la ciencia puede haber resuelto ese problemita.
Recientemente, un grupo de investigadores demostró que, usando un dispositivo de resonancia magnética para ver la actividad cerebral, podían saber qué recuerdo estaba accediendo una persona, sin preguntarle.
Puede parecer ciencia ficción ahora, pero es posible que en unos años tengamos la posibilidad de un dispositivo lector de mentes. Algo así como un ‘rayo de la verdad’.
Así, salir a un bar sería mucho más fácil, porque con un solo disparo podríamos leer ‘fingiré estar interesado en ti, pero en realidad sólo quiero quitarte la ropa’ o ‘esperaré a que vayas al baño para copiar el número de tu tarjeta de crédito y usarlo para sostener mi vicio de apuestas en línea’.
Pensándolo bien, eso podría salirse de las manos. Si las esposas usáramos el rayo de la verdad sobre los esposo, tal vez nos enteraríamos de que –en efecto- esos pantalones sí nos hacen ver gordas y claro que él notó que la vecina del lado se puso silicona y en el fondo no le encantan las empanaditas de chorizo que nos inventamos. Y ellos sabrían que sí nos hemos fijado en el apuesto practicante y que sí, la mamá sí es cansona y en realidad no nos parece que la calva sea enternecedora.
*Publicada originalmente en abril del 2009 enla versión impresa del diario La Tarde de Pereira en la columna Mundo Moderno

El incentivo de la minifalda


Este fin de semana ocurrió un hecho en el restaurante Andrés Carne de Res ubicado cerca de donde vivimos. Debo aclara que yo nunca he ido y que no conozco ni al dueño ni a los involucrados en acto que aún no se sabe si fue delictivo o consensuado. Pero para efectos de lo que quiero decir, realmente no importa si a la niña la violaron (como asegura ella y su familia) o accedió a tener una relación carnal con un hombre y después se arrepintió (como afirma Andrés Jaramillo y los trabajadores del establecimiento) porque lo que más me llama la atención fue el comentario que hizo el dueño,  a saber: “[…] Llega vestida con un sobretodo y debajo tiene una minifalda, pues a qué está jugando.” [sic](fuente).
Después de semejante barbaridad no es extraño que el mundo se le haya venido encima a este señor, pero la indignación suscitada en las redes sociales al parecer no han hecho mella en la opinión de Don Andrés, quien dice que su intención nunca fue sugerir que en su restaurante se incentiva ese tipo de situaciones y tachó de “epidemia terrible” a los medios y las redes sociales. Él está a la defensiva, está velando por su reputación y la de su trabajo, y eso es de esperarse. Lo que es para desesperarse es que no entienda de dónde sale tanta indignación, y como lo veo confundido –a él y a otro- quiero intentar explicar con una analogía.

Sexy miniskirt high heels and pink G-String

Sólo porque lo estoy mostrando no significa que se lo estoy ofreciendo.

Hagamos de cuenta que el cuerpo es una tienda y cada tendero expone su mercancía como quiera. Hay quienes les gustan los gabinetes cerrados con llave y hay quienes prefieren un display más atractivo. Lo que está encerrado no necesariamente es mejor ni más importante que lo que está expuesto, y a ningún tendero le gusta que lo roben, así ponga las cosas “ahí nomás” o “a la mano”.
Las minifaldas, los escotes, el maquillaje recargado y el wonder-bra pueden ser incentivos pero no son invitaciones. Una cosa es hacer mercadeo y otra muy diferente es dar muestras gratis, y en todo caso no está bien robarse la mercancía de nadie, así esté en promoción.

Abrebocas para un abreojos


Tal vez sea porque recién cumplí años o porque acabo de llegar de unas vacaciones mágicas o porque mi profesora acaba de perder una pelea que tuvimos hace 22 años, pero esta semana parece que veo el mundo con ojos nuevos.

 

Les cuento de la pelea primero. Estábamos en clase de Ciencias Naturales y yo dije que en el espacio tenía que haber tormentas. Me gané un regaño y creo que un cero pero resulta que han descubierto una nube que contiene el reservorio de agua más grande del universo, con una masa 140 billones de veces la cantidad de agua que contiene todos los océanos de la Tierra, y cerca de la galaxia 3C303 (los astrónomos tienen cero creatividad para los nombres) descubrieron una tormenta eléctrica con rayos que producen hasta 100 trillones de positrones (o en términos científicos, un pringonazo el macho).

 

Tener la razón tardía me dio coba y pensé en otras peleas pendientes. Descubrí que el chocolate no sólo no produce acné -cosa con la que me amenazaron durante toda mi adolescencia- sino que es bueno para la piel y ayuda a proteger contra los rayos UV. Además, el chicle que tanto me prohibieron en el colegio parece que ayuda a aumentar el nivel de atención y reducir el estrés; el azúcar ayuda a mejorar el autocontrol y el algodón de azúcar que tanto han criticado ayuda a salvar vidas (porque se pueden crear nuevos vasos sanguíneos en el laboratorio con esta sustancia según indican nuevas investigaciones).

 

Aparte de todo, resulta que los exámenes NO nos ayudan a aprender mejor (Harvard ya no hace exámenes finales), los descansos o recreos largos y frecuentes son indispensable para tener mejores resultados académicos, el álgebra no se debería enseñar en octavo (dicen estudios de Duke y Stanford que es mejor después de los 17 años), la competencia sana entre los compañeros no es tan sana

i haven't eaten candy floss since a little chi...

leyeron bien: SALVA VIDAS

(de nuevo, Stanford), nada pasa si uno se sienta demasiado cerca del televisor (y la tele no mata la imaginación ni nos vuelve brutos) y leer con poca luz no nos vuelve ciegos.

 

Lo mejor de todo es que buscando por ahí encontré cosas fantásticas que no sabía, como que en el oro crece en ciertos árboles de Australia y que hay un planeta de diamante. O sea, no un planeta con diamantes sino un planeta que es un diamante. El planeta PSR J1719-1438 b es un planeta diamante (de nuevo, el nombre amerita revisión…planeta Angelita me suena). Leí sobre un perro que entiende más de mil palabras, unos leones en Etiopía que rescataron a una niña que estaba siendo atacada por unas bestias (humanas) y sobre el descubrimiento de una nueva parte del cuerpo: el Ligamento Anterolateral, que queda en la rodilla.

 

 

En otras palabras, el mundo es fascinante.  Sí, supongo que todos lo sabemos, pero a veces se nos olvida. Recordarlo esta semana me abrió los ojos y espero que esta columna los inspire a abrir los suyos.

 

 

* PUBLICADA EL 11 DE NOVIEMBRE EN LA TARDE

 

Halloween, religión y CO2


Halloween 2006

La intolerancia…¡a eso sí hay que tenerle miedo!

El Halloween es para mi una noche fantástica. Eso de disfrazarse y pedir dulces me parece de lo más divertido y he de confesar que no tengo fondo para todo lo que tenga sabor a calabaza. Crecí con la ilusión de creer en la magia, en lo posible, en lo fantástico y en lo maravilloso y mis padres incorporaron este encanto no sólo al Halloween sino a la navidad, a la pascua, a los cumpleaños y a uno que otro domingo lluvioso. El Halloween marca en mi familia el inicio de la temporada festiva, una época de celebración, de estar juntos, de dar gracias y de prepararnos para el año que viene.
Y por eso me duele un poco la campaña anti Halloween que vi este año (no sé si es que antes no me había dado cuenta o si este año estuvo particularmente agresiva la cosa). Digo que me duele porque la mayor parte de los correos y cartas que recibí estaban llenos de argumentos mal fundamentados y datos sacados de contexto que llegaban a conclusiones precipitadas y, en muchos casos, desmedidas. Todo parece surgir de que el Halloween proviene de una celebración pagana (All Hallows Eve) que celebra la muerte y los muertos. Eso es cierto, pero analicemos un poco más el asunto. Primero, el término pagano, del latín paganus significa “campesino” o “rústico” y nada más que eso. El cuanto a las religiones paganas, son sencillamente las religiones practicadas por la gente del campo en donde se siguen y respetan los ciclos de la naturaleza. La noche del 31 de Octubre cae dentro de los días del equinoccio de otoño, que marca la época –en los países nórdicos- cuando los días se acortan y el frío aumenta. Si uno es campesino, este es un momento importante para prepararse para el invierno, recoger la cosecha, hacer conservas, recoger leña y todo lo que implica evitar morir congelado. De allí que se relacione el día con la muerte, pero no la muerte macabra sino la muerte del año, del ciclo. Un fin, un momento para recordar el pasado, honrar los ancestros y aprender y agradecer antes de volver a arrancar. El tema de los esqueletos era una manera de “invitar” a los muertos para que enseñaran a los jóvenes, una forma de mantener vivo el recuerdo de quienes ya no estaban. Claro, hoy tenemos fotos y videos y sitos web para recordar nuestros antepasados pero hace cientos de años lo que tenían era una noche en la que hacían homenaje a la vida recordando que es corta. La verdad, me parece interesante la idea de “invitar a comer” a un ser querido difunto, ponerle puesto en la mesa y dejar que les cuente a los chiquitos algo sobre su vida, su obra, sus sueños.
Otro argumento que vi con frecuencia fue el tema de los sacrificios y rituales en donde niños y animales son torturados en esta noche oscura. Como mamá de niño, gatos y perro esa idea me parece terrorífica y me puse a investigar al respecto. ¿Saben qué encontré? Nada. Nada real, quiero decir, nada con evidencia. Encontré especulaciones, noticias sobre la policía que protegía los cementerios para evitar la profanación de tumbas, pero no encontré noticias sobre arrestos a personas que estuvieran haciendo sacrificios, ni este año ni en años anteriores. Es más, encontré una investigación de la National Geographic diciendo justamente lo contrario, que el tema del Halloween y los rituales satánicos y todo eso era una leyenda urbana. Una noticia sobre un ruso que había rescatado a un niño que iba a ser sacrificado en África resultó falsa y parte de un sitio splog (spam blog) y no hay más referencias sobre el hecho en ningún diario serio ni en inglés ni en español. En general, lo que encontré sobre el tema provenía de sitios pertenecientes a grupos y organizaciones religiosas o personas con opiniones muy decididas, pero con poco soporte. Mucho “los druidas no sé qué y los celtas sí sé más” pero nada de “según una investigación elaborada por fulano de tal del New York Times, quien estuvo inmerso en el mundo de los sacrificios durante dos años, los rituales…”
No encontré estudios ni investigaciones en diarios reputados ni hechos por universidades respetables que concluyeran que el tema de los sacrificios animales durante el Halloween fueran otra cosa que pánico colectivo untado de exageración morbosa. (Sí encontré algunos casos de individuos que torturaron animales pero resultaron ser psicópatas que trabajaban solos y no miembros de un culto miedoso).
El tema del Satanismo como tal es bastante largo y complicado, pero el resumen es que si bien la Iglesia de Satanás existe, es más un tema de tomar el personaje de Satanás pare representar la rebeldía que realmente gente que quiera hacer daño o beba sangre o mutile gatos negros. En ninguno de sus libros o textos sagrados se menciona siquiera el sacrificio. En cuanto a cierto video que hay por ahí, mi pregunta inmediata es: ¿si eso es cierto, dónde están las órdenes de arresto, los autos de detención, las demandas contra estos individuos y organizaciones? Si lo que este señor dice es cierto, él debería estar en la fiscalía y no en Youtube. Pero de nuevo, no hay evidencia, sólo el testimonio de una persona y la verdad es que no hay nada sobre el tema en periódicos ni noticieros.
En cuanto a los dulces envenenados, de nuevo quedé sorprendida. Mi mamá y mi papá siempre nos hacía examinar los dulces por miedo a que les fueran a echar cianuro o que fuéramos a encontrar cuchillas de afeitar dentro de ellos y la verdad es que lo aterrador es que esto sí sucedió pero quienes cometieron los crímenes fueron los padres de las víctimas o sus familiares. No hay casos reportados de niños que hayan muerto por comer dulces envenenados por locos por fuera de sus propias familias.
Como verán, no estoy diciendo que no hay nada qué temer, sólo que hay que temerle a lo realmente peligroso, como adolescentes borrachos que quieren pasárselas de chistosos o psicópatas con problemas mentales reales y gente que disimula su racismo e intolerancia con disfraces que se burlan de otras culturas. En ninguno de los casos anteriores se trataba de gente que sistemáticamente usaba el Halloween para maltratar a nadie, y en cualquier caso los orígenes del Halloween no tienen la culpa.
Ahora, a uno puede no gustarle el Halloween y eso está bien. Puede que no le gusten los dulces o le de pereza disfrazarse o le parezca loba la combinación del negro con el anaranjado, y eso es respetable. Sin embargo, mucho del material que vi renegando de este festivo citaba razones morales para boicotearlo, y ahí creo que hay que reflexionar un poco porque la religión, cualquier religión, es una opción personal pero no una opción moral. Es decir, cada quien elige la religión que más le gusta, pero el que yo escoja una y el otro otra no me hace a mí mejor persona ni una persona moralmente superior. Si uno va a alegar que Halloween es inherente malo porque parte de una celebración pagana, en la olla quedan la pascua y la navidad, que también tienen orígenes en celebraciones que coinciden con los ciclos de la naturaleza. Y si vamos al tema de lo macabro, listo, el Halloween puede que lo sea, pero no necesariamente más macabro que el Día de los Santos Inocentes, que también tiene un origen oscuro y al igual que el Halloween hoy se celebra con bromas. Puede que le parezca morboso eso de hacer galletas con gatos negros pero no hay que olvidar que en el Día de Todos los Santos hay gente que hace unos dulces que se llaman huesos de santos (parece ricos, a propósito). Y no olvidemos otras costumbres como la de las reliquias (que son pedazos de huesos o pelo de santos, o en su defecto, un pedazo de algo que usó o tocó el santo o la santa en cuestión). Den una mirada a las Reliquias de los Santos Niños y después me dicen si tener los restos mortales de un par de niños de siete y nueve años en una urna es más lúgubre que decorar la casa con telarañas.
Pero aquí no se trata de convertir a nadie. Lo único que quiero plantear es que el hecho de que algo provenga de otra religión no lo hace inherentemente malo, y si un festival tiene un toque de mememto morti no lo hace inexorablemente malévolo. Mi conclusión es que las religiones son como las gaseosas: la mejor es que le más le guste a usted. Hay gente como yo que siente que la pizza no tiene sentido sin Coca-Cola; hay personas como mi hermana que no toman gaseosa porque no les gusta; y hay otros como mi amigo Santiago que hace lo que él llama “ponche tutti frutti gaseoso” que consiste en echar un poquito de todas las gaseosas del dispensador hasta formar un líquido que tiende al marrón. Y, al igual que con las gaseosas, hay gente bregando a venderlas y otros que no hacen más que rajar de ellas, pero en últimas la decisión es personal. Así que cada quién con su vasito y si tiene curiosidad sobre lo que tiene el mío, pregúnteme; a lo mejor le doy una probadita y le gusta, o no le gusta pero al menos sabe a qué sabe y deja de pensar que se trata de otra cosa. Pero en cualquier caso, no trate de echarle mugre a la mía y por favor no me tire la suya en la cara.

* Una versión más corta apareció el 2 de noviembre del 2013 en La Tarde.