Las palabras son mis juguetes


blah-blah-blahSanti, Cata y Mati (de 5, 8 y 4 años respectivamente) están jugando. Mati y Santi son piratas y uno le ha robado al otro su botín y le dan vueltas a la casa gritándose “¡Te atraparé!” y “¡Nunca podrás vencerme!”. A veces son vaqueros, monstruos, extraterrestres, personajes de un videojuego o una mezcla de Max Steele, Ben 10, Jack Sparrow, el Llanero Solitario y el elenco de Bajoterra, pero siempre hay una persecución de por medio. Y Cata los persigue vestida de Mérida, Bella, Rapunzel, Elsa o una mezcla de Minnie, Polly Pocket, Barbie y My Little Pony.
Hasta el momento, luego de más de un año de encontrarse para jugar al menos una vez por semana (y en vacaciones, casi todos los días), el resultado es inevitable y previsible: Cata termina llorando porque, y abro comillas, “nadie se quiere casar conmigo”.
La mamá de Cata y yo nos hemos reído, preocupado y preguntado qué podemos hacer para evitar que Cata llore. Hemos regañado y hasta chantajeado a nuestros varoncitos para que jueguen con la niña, para que la incluyan y de vez en cuando sean el maldito príncipe encantado que simplemente rescata a la princesa. Le hemos dicho a Cata que no necesita que ningún príncipe la rescate, que no se deje, que les pegue igual de duro y que si no quieren jugar con ella que amenace con echarles escarcha a todos los Max Steele del hermano (está bien, esa fui yo). Lo máximo que hemos logrado es que Santi le preste a Cata el “Max Steele buenmozo” para que se case con Barbie mientras Mati es el troll que arruina la boda. Algo es algo. Pensé que habíamos logrado un equilibrio brillante hasta que, de nuevo en nuestra casa, Mati me dijo: -Mamita, yo entiendo los juegos de Santi pero no los de Cata. Es que ella habla mucho y tantas palabras me enredan.
Suspiro.
Este niño resumió lo que jefes, amigos, editores, novios, mi marido y mi papá me han dicho mil veces: la mujeres hablamos mucho y ellos se confunden fácilmente.
Investigué un poco y di con el texto de Meryl Alperz, para quien las frases son objetos de juego tan atractivos como cualquier muñeca o figura de acción. Afirma que las nosotras aprendemos primero que ellos a jugar con frases e ideas, que las muñecas son sólo utilería en el mundo que creamos lleno de tramas complejas, personajes principales, secundarios, precuelas y secuelas mientras los niños se persiguen y llenan con gruñidos sus interlocuciones.
Por eso llora Cata, sola en un mundo creado por palabras que bailan y rodeada por niños que sólo quieren correr.
No puedo consolar a Cata y no puedo hacer que Mati prefiera jugar con frases. Pero sí puedo enseñarle a mi futuro hombre cuán maravillosas son las palabras, y tal vez así algún día pueda hablar con niña sin enredarse.
 
* Esta columna fue publicada en el diario La Tarde con el título Confieso que he leído Frases como objetos de juego de Meryl Alper el domingo 12 de julio de 2014.
 

¿Me está hablando a mí o a mi cuerpo?


“No soy una princesa” de la serie “Whiteboard responses” en la que algunas mujeres tenían tableros en las que respondían a los comentarios de los hombres en las calles.

No es fácil describir lo que pasa cuando una mujer es víctima de un hombre que cree sinceramente que no está haciendo nada malo, o peor, honestamente convencido de que le está haciendo un favor. No estamos hablando de acoso ni de piropos desvergonzadamente sexuales o morbosos; esos son fáciles de detectar y los hombres que los propinan por lo general saben que son desagradables. No; estos son los comentarios que parecen inocentes, hasta coquetos, que salen de las bocas de los señores, de los padres de familia, de los vecinos y colegas que sienten que es su deber masculino ofrecer su opinión –no solicitada- sobre los cuerpos que ven.
Y he ahí el problema. Están evaluando un cuerpo. A ver les explico: cualquier comentario que vaya dirigido al cuerpo, así sea un comentario positivo, parte de la base de que ese cuerpo está allí para ser mirado, juzgado o evaluado, o de que las mujeres hacemos todo sólo por llamarles la atención.
Lo que muchos no entienden es que no es su trabajo hacer que una mujer se sienta bonita. Tampoco lo es hacerla sentir fea ni gorda, comentar sobre la manera como camina, la ropa que tiene puesta, la forma en que las diversas partes de sí reaccionan a la gravedad ni qué pensamientos ni antojos le produce el mirarla. Así crean que hacerlo es alegrarle el día, se equivocan. Hacerlo crea un ambiente en donde está bien pensar que las mujeres existimos sólo para ofrecerles placer visual.
Sé que es confuso. Lo era para mí también. No entendía por qué me molestaban tantos esos comentarios y aún más que cuando alguna tenía el coraje de informarles que sus opiniones no eran bienvenidas le contestaran pero por qué tan seria, no se ponga bravita y similares. Pero todo se aclaró cuando vi la obra y leí las palabras de Tatyana Fazlalidazeh sobre su proyecto “Stop telling women to smile”. Entendí que frases como no me gusta verte brava, no me hagas esa cara o regálame una sonrisa en realidad significan sólo quiero ver tu cuerpo y no me interesa saber lo que piensas ni sientes. Y como son frases amables, faltas de lenguaje grosero u ofensivo, pasan inadvertidas y los hombres que las dicen no entienden el daño que han hecho mientras que las mujeres que las oyen luchan por comprender por qué duelen tanto, por qué al oírlas sienten vergüenza, desconfianza y miedo.
¿Miedo a qué? A que la próxima vez no sean sólo palabras.
Algunos leerán esto y exasperados se preguntarán a qué horas se les acabó ese mundo tan regio en el que las secretarias se tenían de dejar manosear de los jefes, las mujeres se limitaban a sonrojarse discretamente cuando se les insinuaban en las calles y todo improperio quedaba cubierto bajo el manto de “el sí más dulce es el no de una mujer”.
Pero se les acabó.
Así que, de ahora en adelante, si lo que le va a decir a una mujer se lo diría a un hombre sin pena, hágale. Si no, mejor piense en otra cosa o quédese calladito.

“Dejen de decirles a las mujeres que sonrían y empiecen a darles motivos para que lo hagan.” Este hombre es mi héroe.

Esta columna apareció en el diario La Tarde en domingo 16 de marzo de 2014 con el título “Confieso que he leído No les digas a las mujeres que sonrían por Tatyana Fazlalidazeh”

La Barbie Pereirana


BARBIE IN THE PINK SHOES

Barbie, de brazos abiertos y sonrisa permanente, lista para dejarlos a todos boquiabiertos con su inteligencia y belleza. 😛

 

Wendy Davis tiene 50 años, es demócrata y está de candidata a la gobernación de Texas,. En otras palabras, es una mujer a quien normalmente habría ignorado, pensando que no tiene nada que ver conmigo. Pero de pura chiripa la noticia de Wendy me llegó a los días de la Marcha de la Mujer Pereirana, en pleno agosto cuando tengo alborotada la pereiranidad. Y ahora veo que Wendy debería importarme mucho.

 

No por su ideales políticos –aunque comparto muchos de ellos- sino porque la han atacado por el mismo flanco que a muchas pereiranas. Verán, Wendy es bastante bonita y aparte de las entrevistas normales de radio y televisión que hacen muchos políticos, Wendy apareció en una edición de Vougue usando tacones Reed Krakoof, vestido Carolina Herrera y peinado y maquillaje perfectos. Cuando no está modelando usa zapatos tenis rosados y no disimula ni se disculpa por ser bella. Y eso ha ocasionado críticas y motes despectivos, entre ellos Barbie Retrasada. Wendy se suma a otras como Sarah Palin a quien llamaron Caribou Barbie (Palin creció en Alaska y fue reina de belleza) y muchas otras Barbies pues  al parecer llamar Barbie a alguien es ofensivo porque hay gente que cree que ser bonita es inmediatamente sinónimo de poseer un coeficiente intelectual bajo o ser desesperadamente ignorante. Davis, de Harvard, y Palin, quien recibió una mención de honor por excelencia académica en la universidad de North Idaho, distan mucho de ser brutas, pero hay quienes opinan que son demasiado bonitas para verse inteligentes.

 

Y eso me trae a Pereira, al estigma que hemos batallado durante generaciones. No hay estudio que confirme, no hay estadística que apoye, ni siquiera hay evidencia empírica que respalde la fama, pero ahí está. Nos la hemos pasado tratando de derribar el rótulo, intentando cambiar su connotación, bregando a abrir una pequeña brecha en las estrechas mentes que perpetúan el rumor y creo que hemos avanzado, pero es hora de ser más agresivas.

 

Es hora de llamar a Mattel y decirles que saquen la Barbie Pereirana, digna heredera de los valores de verraquera, pujanza, belleza, simpatía, coquetería y la distinguida cualidad de generar envidia –la pereirana promedio posee al menos uno de los anteriores- que asocian con nosotras. Propongo que la Barbie Pereirana sea entregada a cada niña el primer día de clase en el colegio para que la use para jugar a ser astronauta, presidente, reina de belleza, ama de casa, física nuclear, bióloga marina, neurocirujana, abogado, manicurista, modelo, actriz, profesora, bombero, policía, soldado o lo que quiera jugar a ser, porque Barbie siempre ha representado la posibilidad de tener opciones, y estas opciones van en franca expansión.

 

Seré criticada. Probablemente prohíban la venta de la Barbie Pereirana en muchas partes, pero no importa porque los detractores de Barbie de las Barbies no entienden y tal vez nunca entiendan que la dicotomía belleza/inteligencia no existe más que en las mentes de quienes no ven la realidad…y no saben jugar.

 

* PUBLICADA EN LA TARDE EL 1 DE SEPTIEMBRE*

 

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Pu(n)tería pereirana


Español: Marcha de las putas en Costa Rica, fr...

Marcha de las putas en Costa Rica, frente a la catedral metropolitana (Photo credit: Wikipedia)

A raíz de la salida al aire de la historia de las tetas paradisíacas de una tal Catalina, mucho se ha dicho sobre nuestras mujeres, y como quedarme callada nunca ha sido una de mis características distintivas, haré mi pequeño aporte a la discusión usando términos perfectamente castizos y tratando de no atropellar la retina de nadie. Sin más preámbulo, hablemos de las putas, las pereiranas y la inexplicable tendencia de  algunos colombianos de presentarlas como inexorablemente imbricadas.

Empecemos por las putas. La palabra “puta” – según afirma el crítico literario, cuentista y biógrafo Julio César Londoño en su artículo Historia de una Mala Palabra– tiene una historia muy particular, pues el verbo latino “puto” (putas, putare, putavi, putatum) viene del vocablo griego “budza”, que significa sabiduría. Las primeras budzas fueron las mujeres de Mileto, cuna de la primera escuela filosófica griega, en donde las mujeres podían asistir a las academias y participar de la vida pública. Cuando la filosofía y las filosofas de Mileto llegaron a aTenas, soprenderieron a los atenienses con sus habilidades para el baile, el canto y sus conocimientos en historia, astrología, filosofía y matemáticas. Dice Londoño que eran mujeres “con las que se podía reír antes del amor, y conversar después”.  Mujeres así no tardaron en despertar los celos de las puritanas y reprimidas esposas de los atenienses, quienes pronto contaminaron la noble y hermosa palabra “budza” con su ignorante pronunciación celosa de “pudza”. Al poco tiempo, hacia el siglo I DC, había nacido la palabra “puta”, sinónimo de meretriz.

Entonces, tenemos que en su origen, las putas eran mujeres sabias, inteligentes, cultas y diestras en las artes mundanas y celestes. Si nos fijamos bien, las cosas no han cambiado mucho… aún hoy, una mujer hermosa, exitosa, culta, educada y hábil en el uso de su cuerpo para disfrutar y dar placer se le conoce como puta. Y aún hoy, la palabra se susurra con envidia.

Pero, ¿qué nos enseña esta pequeña lección de historia? Para empezar, que el noble origen de la putería no se ha perdido. Puta, distante de prostituta o trabajadora sexual, se refiere a una mujer que ha elegido estudiar, aprender, enseñar. Se refiere a una diva, a una diosa, a una mujer encantadora y femenina llena de poder sensual que toma las riendas de su sexualidad y de su intelectualidad sin disculparse y sin avergonzarse. Pensándolo bien, puta no es un insulto. De hecho, es un halago. Hijo de puta, si vamos al grano, lo es también. Así que, volviendo al tema de las putas pereiranas, creo que el término es bastante justo. En efecto, las mujeres de esta ciudad somos emprendedoras, inteligentes, ‘berracas’, trabajadoras, cultas, educadas. Nos preocupamos por salir adelante y por sacar adelante nuestros hombres. Y si a eso vamos, desciendo orgullosa de una larga línea de putas, empezando por Rita Arango Álvarez del Pino, que fue una valiente, temeraria y aguerrida mujer que desafió los cánones de la época e hizo historia porque tenía una mano fuerte con qué cogerse la falda. Es que, viéndolo bien, mujeres que rompen en molde es lo que hay en Pereira. No tenemos que ir muy lejos para ver que tenemos mujeres sobresaliendo en todo: economía, política, periodismo, deportes, ciencias y artes.

Siendo así, creo que la putas pereiranas tenemos mucho de qué estar orgullosas. Somos miembros de una estirpe elite de mujeres extraordinarias. Y, como bien se sabe, lo extraordinario siempre hace temer a los ordinarios. Así que no nos sorprendamos cuando hombres y mujeres de ciudades aledañas y o lejanas se refieren a nosotras como putas y lo dicen con desdén en lugar de reverencia. Nosotras, las putas, hemos soportado los celos durante siglos. Dejen que hablen, que si están hablando de nosotras, es porque hay mucho qué decir. Mejor así… ¿quién quiere ser de esas que no vale la pena envidiar?

* Esta columna fue publicada en el 2006 a raíz de un reportaje y ha sido una de las más populares de Mundo Moderno. Inspiró un movimiento de Mujeres del Putas y varias veces me saludaron el la calle diciéndome “Oye! Yo también soy puta!”. Lamentablemente algunos no entendieron el sentido y pensaron que era una apología de la promiscuidad.

 

Libertad y gravedad


Bras on sale in a village market in the South ...

Bonitos…pero ¿útiles?

 

Al igual que muchas de las creencias que tenía durante mi niñez, el mito del brasier ha sido desacreditado. Es la misma historia que los endulzantes artificiales, la margarina y los productos libres de colesterol: parece que el sujetador podría hacer más mal que bien.

 

En mi adolescencia cuando apenas brotaban los turupes de lo que serían algún día mis mayores atributos mi mamá corrió a enfundar mi pecho en satín y encajes y he escrito en anteriores ocasiones sobre lo importante que considero el ritual de la compra del primer sostén, pero ahora el científico Jean-Denis Rouillon afirma que este ritual es innecesario y hasta dañino. El francés realizó un estudio durante 16 años con los senos de más de 300 mujeres (el cual podría ser hasta ahora el estudio más divertido del mundo para un hombre) y concluyó que usar brasier puede debilitar los músculos que sostienen los senos y que ir al natural es la mejor opción. Algunas de las mujeres del estudio dicen que aparte de sentirse liberadas tienen menos dolor en la espalda, respiran mejor, y su postura ha mejorado.

 

Esto me ha puesto a pensar.

 

Por un lado, todo lo que sea para beneficio de “las gemelas” y en pro de la liberación mamaria me parece que vale la pena; por otro, dejar que la libertad reine en mi escote me resulta un poco penoso. Soy generosa de curvas y si bien soy afortunada y la gravedad no ha afectado esa zona de mi cuerpo, la excesiva vitalidad podría malinterpretarse (hay gente que cree que todo lo que se exhibe está para la venta) y no quiero pasar un mal rato en el súper mientras escojo melones.

 

Sopesando en sonrojo con el bien público decidí saciar mi curiosidad científica y mantener el decoro: he optado por realizar el experimento de dar rienda suelta a mis prominencias en la privacidad de mi hogar y hasta ahora ha sido interesante. Aparte de demorarme mucho más en abrirle la puerta a los domicilios y tener un nuevo reto logístico cuando tengo que salir, les confieso que la sensación de esparcimiento no es del todo desagradable.

 

Algo curioso que notado es que mi cuerpo necesita equilibrio. Me refiero a que durante al menos tres décadas he tenido porciones de mi cuerpo restrictas y no me puedo concentrar con tanta soltura así que he tenido que compensar restringiendo mis pies. Si la idea de estar de tenis y sin brasier les resulta cómica, no están solos. Yo me carcajeo todas las mañanas mientras me ato los cordones y reboto por la casa.

 

No sé si romper relaciones con el sostén traiga beneficios más allá de tener a mi esposo en casa más temprano. El estudio dice que no todas las mujeres salen favorecidas al quemar el brasier (recomiendo quitárselo primero) pero por ahora estoy disfrutando de mis vacaciones. Esi sí, si empiezo a sentir un cosquilleo inexplicable en las rodillas tengan por seguro que volveré a unirme a las filas de las embrasieradas. Hasta entonces un saludo lento y un abrazo distante.

 

Consejos para mujeres en potencia y con mucho potencial


Female Gender Symbol Pendant Necklace

Porque cada niña es una joya…

Esta semana fui invitada a hablar con las alumnas del Gimnasio José Joaquín Casas a raíz del mes de la mujer y me dijeron que pensara qué consejos les daría a las mujeres del futuro. Esta es una lista a la tal vez le añada más cosas en el futuro y que espero que ustedes me ayuden a nutrir. Ahí va:

Humildad significa saber la diferencia entre lo que uno es y lo que no es. Si es inteligente, sea humilde y sepa que es inteligente; si es bonita, acepte que es bonita. No se haga la boba ni diga que es fea que eso es estupidez, no humildad.

Sean responsables. Ser responsables no significa hacer siempre las cosas bien. Significa aceptar las consecuencias de las decisiones que uno toma, buenas o malas. Si no están listas para las consecuencias, no tomen las decisiones solas.

La decisión sexual más importante no es ni cuándo ni con quién sino por qué. Si es porque todas lo han hecho menos yo, porque si no él me va a echar, porque él no quiere esperar más, porque qué oso ser virgen, entonces mejor esperen un poco.

No se burle ni se impaciente con su mamá porque ella no entiende el iPhone ni sabe manejar el iPad. Recuerde que usted no siempre supo manejar el iNodoro.

No escondan al novio ni dejen que él se esconda. Si realmente te quiere, va a querer conocer a las personas que son importantes para ti, y vice versa.

Hagan un pacto con los papás: yo prometo llamar si estoy en problemas y ustedes prometen no juzgarme por haberme metido en problemas. Así todos sabemos que si la cosa es grave no me va a dar más miedo la reacción de mi papá que seguir en una situación que no sé manejar.

Nunca se es demasiado cool para poner tildes.

Los modales nunca pasan de moda. La ortografía tampoco lo hará.

Si sus chats tienen más emoticones que palabras, compre un diccionario.

En el mundo real, nadie te valora por tu potencial. Sólo por tus acciones.

Tengan límites: emocionales, físicos, espirituales. Aprendan a decir que no sin pena y sin explicaciones.

* PUBLICADO EL 24 DE MARZO DE 2013 EN LA TARDE

De panel a estantería


Esta semana tuve el honor de ser invitada como panelista al Gimnasio José Joaquín Casas en Bogotá. No sólo me conmovieron las historias de las demás panelistas sino que me halagó profundamente la experiencia. Un par de niñas me pidieron mi dirección electrónica y me abrazaron a la salida y me hicieron sentir como una estrella de rock. Me hicieron dos preguntas interesantes:

 

La primera fue qué regalo especial recordaba haber recibido de niña y mi respuesta creo que las sorprendió un poco: mi primer brasier. En realidad, no fue mi primer brasier sino mi primer brasier bonito. Fui con mi mamá a Victoria’s Secret y ella me compró un hermoso brasier tipo balcón rosado de encaje con copas de satín y cargaderas alcochonadas. Fue una experiencia maravillosa porque sentí que esa prenda era como un carné que me daba la bienvenida a la comunidad de las tetahabientes. Era mujer. Era una de ellas. Ya era plural con las demás “nosotras”.

 

Esa experiencia me marcó porque me di cuenta de que la relación de una mujer con sus senos es tal vez de las más importantes. Hay que cuidarlas, quererlas, examinarlas, hacerles mantenimiento, escoger quién las puede compartir y disfrutar. Ellas, las tetas, las lolas, las bubis, son un símbolo y todas -las grandes, las chiquitas, las operadas, las caídas, las peludas, las que no funcionan, las que no se estrenan- todas son hermosas. Dije en algún momento que las mujeres en vez de chocar las manos deberíamos chocar las tetas, y aunque lo dije me dio en broma, el sentimiento es muy en serio. Deberíamos tener un saludo especial, algo de sólo nosotras, porque como lo dijo mi amiga Constanza Leal, quien  me invitó al panel y lo organizó, las mujeres somos la red de apoyo. Todas las mujeres que salen de su hogar a trabajar lo hacen gracias a que hay una mamá, abuela, tía, niñera o empleada del servicio que les ayuda a hacer lo que ellas no alcanzan. Y las que se quedan en la casa trabajando también tienen una red que les ayuda a superar los momentos en los que uno llora más que el bebé, que uno cree que el cuello sucio es el fin del mundo y que no se le ocurre qué más hacer de almuerzo y eso pesa como si fuera una decisión crucial que podría desequilibrar el universo.

 

La otra pregunta que me hicieron fue cómo definía la libertad y dije que para mí era poder decir que no. No me quiero casar, no quiero tener hijos, no quiero tener más hijos, no quiero tener sexo con él, no quiero tener sexo nunca, no quiero ir a la oficina porque prefiero cuidar a mi hijo, no quiero ser una mujer ultra ejecutiva y quiero tener diez hijos…no. Es una palabra poderosa y creo que es el arma más valiosa en el arsenal de una mujer inteligente.

 

Disfruté mucho la experiencia y espero que me hayan disfrutado a mí. Ya veremos si me llaman de nuevo…

 

Demi-bra

El nuevo saludo…