Super(gay) Man y las Nuevas Ligas de la Justicia


Alan Scott

Alan Scott (Photo credit: Wikipedia)

Mucha gente menosprecia el poder de las tiras cómicas y las considera una deformación populacha del noble arte de la escritura “seria”. Pero lo cierto es que las imágenes secuenciales en forma de viñetas han sido usadas para narrar historias desde los jeroglíficos, pasando por Las Cantingas de Santa María hasta llegar a The Yellow Kid y de él a todos los súper héroes mutantes extraterrestres que últimamente han saltado de las páginas a las pantallas. Los cómics modernos, aparte de hobby de nerds, son una plataforma de participación cultural como pocas porque sus páginas reflejan las preocupaciones de la sociedad contemporánea más pronto y más vívidamente que cualquier otro producto. Antes que el teatro, el cine, la televisión o la novela, el cómic book es donde salen a relucir las preocupaciones de la juventud. La historia moderna se ve en los chistes de Krazy Kat, la tensión de la guerra del Capitán América y el temor al apocalipsis tecnológico en Soldier (que inspiró la película The Terminator) y The Invisibles (que inspiró The Matrix). ¿Qué decir entonces del anuncio que hicieron los ejecutivos de Marvel Comics esta semana respecto a la orientación sexual de Linterna Verde? Pues lo único que podemos decir es que la sociedad está lista para un héroe valiente, poderoso y orgullosamente gay. Porque no crean que es una burla ni que Linterna Verde ahora vaya a ser Farol Rosado ni que los malos ganen porque él no llegó a tiempo por estarse depilando las cejas. Para nada; Alan Scott es todo lo que un héroe debe ser y su homosexualidad es simplemente una característica más.  No es un secreto, no es una subtrama, no es una debilidad. Es sólo…gay. Y no es el primero. Marvel anunció que en una edición este año tendremos una boda entre dos X Men (no un X man y una X woman) pero DC Comics ha incorporado personajes homosexuales desde 1988. Linterna Verde (Linterna Verde Tierra 2 Alan Scott, para ser más precisos) es el primer protagonista abiertamente homosexual y si bien hay gente escandalizada y curas protestando y padres de familia al borde de un soponcio, también debe haber un niño que está leyendo la tira cómica y pensando que si su héroe es orgullosamente gay, él también puede serlo.
Y ese es el verdadero valor de un producto cultural, porque lo masivo también afecta individuos. Tal vez esto de tener un súper héroe gay no parezca ser de gran importancia hoy, pero este puede ser el principio de una nueva Liga de la Justicia verdaderamente justa que incluya -además del héroe gay-  un héroe desprolijo, uno con acné y otro miope y no sólo que usa gafas como parte de su identidad secreta, y a lo mejor ellos pavimentan el camino para llegar a la heroína gordita. ¿Se imaginan la dicha de tener una muñeca de la Mujer Celulitis? Yo hasta me ofrezco para posar para la tira cómica.

No, my Darling


Acta de Bautismo de Santa Anna

Acta de Bautismo de Santa Ana. Si fuera Santa Darling, la cosa sería distinta...

Los colombianos estamos acostumbrados a los nombres raros. Me atrevería a decir que es parte de nuestra cultura cotidiana. Todos tenemos un amigo Jason Micheal, Bryan Vladimiro o Yeims James. Casi todos conocemos al menos una Dolly Tatiana, Kelly Milady o Linda Flor. La lista de los deportistas profesionales, actores y políticos nada más contiene nombres que retan la lógica y desafían el aparato fónico. Que a fulano lo bautizaron con gasolina, que a fulana le pusieron así porque los papás le debían plata al notario, no hay burla que impida que las pilas de bautismo se llenen con los baños de las Yardely y los Batman Adolfo.

Admito públicamente que me he burlado en varias ocasiones y de vareadas maneras de quienes ostentan nombres poco comunes, o comunes pero poco castizos. Nunca pensé que llegaría el día en que defendería a los sin tocayos, pero ese día ha llegado.

Una cosa es que yo me burle, pero otra muy distinta es que alguien prohíba los nombres raros. Eso es exactamente lo que hizo el gobierno español con una colombiana.

Así como lo leen.

El pasado mes de enero, el gobierno le negó la ciudadanía a Darling Vélez Salazar, una mujer de 33 años que lleva años viviendo y trabajando en España y que había solicitado formalmente la residencia permanente en el país ibérico empezó a celebrar cuando le dijeron que su petición había sido aceptada, pero que su nombre no.

El periódico español El Mundo reportó el incidente y señaló que la ley española ‘obliga a cambiarse de nombre si esa persona tiene un hermano vivo que se llama igual, si el nombre dificulta la identificación de esa persona (porque induce a error sobre el sexo), si perjudica a su titular, si la persona tiene más de dos nombres simples o más de uno compuesto, o si el nombre es un diminutivo’ y hasta hace poco, también estaban prohibidos los nombres en lengua Vasca, pero ahora son comunes.  A raíz de lo anterior, el notario le sugirió a Darling que cambiara su nombre, tal vez a uno de un santo o una santa. Darling se negó y contrató un abogado para que defendiera su derecho de llamarse así.

Puede que quiera caminar de pasaporte, pero sigue igual de colombiana.

El asunto aquí no es de si el nombre de Darling vale la lucha o la pena. Probablemente, no. El asunto es que nadie tiene por qué decidir quién se llama cómo, y menos la ley de un país lleno de Iñakis, Begoñas, Agostiñas y Bernabeús. Si por las calles de tu pueblo camina al menos una Eudoxia y un Severino, no tienes autoridad nominal para rajar de nadie.  Por mucho que me choquen los nombres que son diminutivos o palabras rebuscadas o sonidos inventados que no merecen ser llamados nombres, me cambio el nombre a Anyi para defender el derecho de que cualquier madre pueda darle el nombre que quiera a su hijo o hija.

Además, no seamos hipócritas. La burla es tan humana como el impulso por coleccionar herramientas que no se usan. Nos niños y las niñas se burlan de sí mismos y de los demás por motivos insospechados. Tener un nombre raro será la excusa, pero uno puede llamarse Juan o Juan María de los Santos Aposentos de los Mártires (nombre real de un español), que da igual. Si los españoles quieren erradicar la burla, les toca prohibir no sólo los nombres raros, sino las facciones y las características únicas. Tendrían que eliminar a los cumbambones, narizones, ojones, grandes, chiquitos, gordos, flacos, pecosos… mejor dicho, eliminar la singularidad. Un tris peligroso este sendero. Pero si defender los nombres raros es la manera de combatir la eugenesia, entonces ¡que vivan las Wendy Dayanas, los Harley Osamas y los Onedollar!

*PUBLICADA EN FEBRERO DEL 2007

La cofradía XXL


XXL (Mylène Farmer song)

Image via Wikipedia

Les voy a contar un secreto. Mis hermanos y hermanas me perdonarán por revelarlo, pero no podemos seguir viviendo una mentira. Ustedes, pobres ovejas descarriadas, creen lo que ven en la televisión y lo que leen en los periódicos, pero no saben la verdad. La verdad verdaderamente verídica de este mundo es que los que estamos al mando somos los de tallaje superior.

Así como lo leen. Este mundo que tanto se ha dicho es diseñado para los flacos en realidad es comandado por los gordos. Somos los XL los que en realidad estamos al frente de todo lo que sucede. Fíjense ustedes mismos… los actores son XS, pero los productores son XL; las primeras damas son XS, pero las ministras son XL; las modelos son XS, pero las dueñas de las casas de modas son XL. Los XL nos alejamos de la luz, contentos con dominar el mundo desde los oscuros rincones de nuestros restaurantes preferidos. Todo lo que ustedes ven, la desesperación por lograr una figura perfecta, la locura por una apariencia sólo superficialmente sana, la noción retorcida de que los huesos son sexy, todo es obra nuestra, es una cortina de humo creada para entretener a la gente para que no se den cuenta de nuestro poderío. ¿No me creen? Los números no mienten.

Los XL somos mejores amantes (somos naturalmente altruistas), mejores compañeros (entre más platos se sirven, más temas hay que dominar) y mejores amigos (siempre hay tiempo para el postre y un consejito más) y mejores empleados (conocemos el valor del dinero pues lo vemos representado en empanadas) y mejores clientes (con dos gorditos fieles sobrevive cualquier panadería). Piensen en lo siguiente: los XS eligen los restaurantes basados en la decoración; nosotros, en la comida. ¿Con quién prefieren salir?

Y eso de que es poco saludable tener unos kilos de más… falso. La verdad está empezando a filtrarse, empezando por el estudio revelado hace pocos días en el que los resultados de 28 mil pacientes con problemas cardiacos mostraron claramente que los pacientes que tenían sobrepeso tenían menos riesgo de morir luego de un infarto. Durante tres años los científicos de la Universidad de Alberta trataron de encontrar un vínculo entre el peso y la mortandad. Lo que encontraron fue que el peso, pesa a la hora de sobrevivir.

Por eso he tomado la decisión de contarles sobre nuestra cofradía, porque ya no vamos a poder mantener el secreto mucho más tiempo. Tarde o temprano verán que eso de los problemas de tiroides y el cuento de que ‘tengo huesos grandes’ es pura paja. Lo decimos para que nos den esas miradas piadosas y nos descarten como inofensivos para que no nos vean como la amenaza que realmente somos. Un buen depredador siempre tiene un excelente disfraz y el de nosotros es el mejor de todos porque hacemos que ustedes lo luzcan. Así, nosotros estamos plácidamente esparcidos sobre nuestros reales aposentos mientras los delgados luchan por apagar incendios (un XXL no puede ser bombero), conquistar el espacio (no hay trajes espaciales en nuestra talla) y posan para los calendarios.

Por eso, la próxima vez que vean a un gordito respirando con dificultad al subir una escalera y sintieron un poco de pesar, guárdense su pesar y témanle como es debido porque ese ‘gordito’ probablemente es dueño del Ferrari que está parqueado afuera, está casado con una supermodelo y tiene acciones en AT&T.

*PUBLICADA EL 17 DE AGOSTO DE 2008

Si ve un gordo, pare la oreja


Este fin de semana le pasó a una amiga lo que nos ha pasado a todos los que hemos comido de más alguna vez: alguien la saludó con un desalentador “Oye, ¡cómo estás de gorda!”. Sobra decir que mi amiga no quedó tremendamente agradecida, pero al parecer no sobra advertir a la gente que siente el impulso de emitir estas frases que A NADIE LE GUSTA QUE LE DIGAN QUE ESTÁ GORDO.

Lo que motiva a un humano a decirle a otro que está gordo es un misterio para mí. Me imagino que las personas que dicen esas cosas esperan como respuesta algo como “¿En serio? ¿Estoy gorda? Oye, siquiera me encontré contigo porque llevo varios meses preocupadísima pensando que algo andaba muy mal, que había algo en el agua que hacía que toda, toda mi ropa se encogiera, que todos los espejos del mundo se habían distorsionado de manera sincronizada y que, por alguna razón inexplicable, la fuerza de la gravedad se ejercía con mayor presión sobre mí haciendo que las lecturas de todas las básculas del mundo erraran. GRACIAS por darme una explicación racional. ¡Sin ti estaría perdida! Deberían darte una medalla” pero, ¿hay algún reporte, algún registro de un solo incidente en la interacción humana en que algo así haya sucedido? No creo. Hasta el momento, lo más decente que me ha salido a mí cuando alguien me dice que estoy como gorda es “Sí, y vos estás como imprudente” y eso que fue sólo porque mi mamá estaba al lado y la señora era amiga de ella y si le decía algo mi mamá me pellizcaba como sólo las madres saben pellizcar.

Pero dejemos a un lado los pellizcos y las madres (cosas, ambas, que evidentemente faltaron en la crianza de la señora esa) y concentrémonos en esta población que padece hipo-prudencia. Estas pobres almas descarriadas me preocupan porque, verán, ellos no se han dado cuenta de lo peligroso que es andar por ahí diciéndole a la gente que está gorda. Sólo tengo dos palabras para ellos: Anna Martin.

Anna Martin es una mártir de la causa XL, una mujer de Glasgow que conoció a un joven, Nicholas Dott, en abril del año pasado en una discoteca. Hubo algo de coqueteo y ciertas propuestas fueron y vinieron y ambos terminaron en un motel cercano. Hasta ahí, todo bien, pero resulta que a Dott le pareció simpatico decirle a Martin que era una gorda. Ella perdió los estribos y él perdió la oreja (de un mordisco). Una corte sentenció a la mujer a dos años de libertad condicional y ella sentenció a todos los hombres a tener más cuidado con la lengua.

Traigo a colación el incidente para que todas las personas que sientan que están en el deber moral de ser los monitores de la gordura de la humanidad lo piensen dos veces antes de compartir sus observaciones con los demás. Al fin y al cabo, los gordos y los hipo-prudentes tenemos algo en común: ambos problemas se resuelven cerrando la boca. Arranquen ustedes primero y nosotros los alcanzamos.

 

* PUBLICADA EL 19 DE JULIO DE 2009 EN MUNDO MODERNO