Revolución Marrón


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Experto mugrólogo

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Algunos de mis amigos hacen muecas de horror cuando oyen que mi papá parte el mango con la misma navaja con la que les quita los nuches a las yeguas (tranquilos, la limpia en el bluyín cuando pasa de una tarea a la otra) pero la verdad es que me considero bastante afortunada aunque no siempre supe que era algo raro.

Noté la diferencia cuando llegué a vivir a Bogotá y tuve un novio que pensaba que las fresas crecían en arbustos (como las pitufifresas, que era lo más cercano a una fresa que había visto). Cierto cuñado, también bogotano, nos preguntó alguna vez cómo se sabía cuándo estaban listos para consumir los huevos que ponía la gallina porque él no había visto nunca un “huevo biche”. Otro primito criado en la capital fue motivo de burla porque en el colegio le pidieron que dibujara un pollo y él dibujó una pierna con papitas y gaseosa. La verdad es que tener potreros a la mano y fincas los fines de semana es un lujo que muchos damos por sentado.

El problema no es sólo bogotano. Un estudio reciente realizado a niños franceses mostró que los niños dibujaron pollos asados y croquetas de pescado en lugar de animales. En Inglaterra el año pasado la empresa Leaf realizó una encuesta en personas entre los 16 y 23 años y descubrió que el 36% no sabe que la tocineta proviene de los cerdos; el 40% no sabe que la leche viene de las vacas y el 11% pensaba que los huevos son comida procesada a partir del trigo y el maíz (esto además de la noticia de una mujer de Torquay que admitió darle puré de hamburguesas que compraba en en un restaurante de comida rápida a su hija de pocos meses porque no sabía cocinar). En Australia, la mayoría de los niños piensan que el yogur proviene de una planta, y un programa especial de Jamie Oliver mostró niños en Estados Unidos que eran incapaces de reconocer vegetales como tomates, papas y zanahorias cuando se les presentaron en su forma natural, cruda y sin procesar.

La cosa es grave.

Más allá de burlarme de mi compañera de clase que pensaba que las cebollas tenían pepa en el centro como un aguacate (y me burlé MUCHO), este nivel de ignorancia me preocupa, sobre todo ahora que soy mamá y ando buscando colegio. Somos increíblemente afortunados porque Matías no sólo tiene a mi papá que le enseñe cómo hacerle cesárea a una vaca (y va a saber que los perros no tienen cordón umbilical, a diferencia de su padre) pues tenemos nuestra propia huerta en donde él ha cogido tomates y habichuelas. Pero somos una minoría.

Por eso creo que la educación necesita una reforma y propongo ahora mismo que el Ministerio competente ordene que todos los colegios dicten una nueva materia: MUGROLOGÍA. Los niños se tienen que ensuciar, tienen que tener contacto con la tierra, sembrar, embarrarse, ver lombrices y jugar con lodo. Niño que llegue con el uniforme limpio a la casa no pasa. La revolución verde ya pasó. ¡Es hora de la Revolución Marrón!

PUBLICADA EL 18 DE MAYO DE 2013 EN LA TARDE

Dèjá vu


 

English: multi slides

Hagan de cuenta…

 

Este temor lo he sentido. Miro hacia abajo y vuelvo a tener seis años y soy la niña gorda que no cabe en el rodadero. Ya he sido la niña gorda que reventó el columpio, la niña gorda con la que nadie quiere jugar al subibaja (porque el otro no bajaba), la niña que no podía deslizarse por el tubo a lo bombero porque los gordos de las piernas desafiaban la gravedad, la niña gorda que nadie quiere delante en la fila en la fiesta porque se comía toda la torta. Bueno, en fin, la niña gorda.

Ya no soy una niña gorda. Pero estoy en la cima de un rodadero y temo que no voy a caber. ¿Cómo llegué aquí? ¿Cómo diablos me encaramé a esta cosa? Matías. Matías, mi hijo temerario, mi bebé adicto a la adrenalina. Ama las alturas, la velocidad, y sobre todo, los rodaderos. En un abrir y cerrar de ojos se encaramó por la escalera, corrió por la rampita y desde lo alto  de rodadero me gritó Mamá, mírame. Yo, pálida y rauda, me trepé como pude para alcanzarlo. El rodadero era demasiado alto para alcanzarlo desde abajo –mido 1.57 así que no era mucho lo que alcanzaba- y no tenía laderas altas y se podía caer antes de llegar a mí. Una vez allá arriba vi que las opciones para bajarnos no eran muy buenas. Podía echarme  Matías al hombro y bajar por la escalera de cuerda por la que nos habíamos subido, pero no me pareció prudente. Había un tubo pero… no. Y estaba el rodadero. Dos metros arriba y de los viejos, de los de lata asesina que cualquier imperfección hace las veces de navaja y podía tajar la delicada piel de mi bebé. Y así fue como llegué acá y ahora soy la mamá gorda sentada en el rodadero rodeada de adultos que señalan y ríen, con mi bebé sobre mi regazo diciendo Dale Mamita, rápido, rápido.Hay otros niños detrás de nosotros haciendo fila para tirarse por la lata esta. Y yo haciendo cálculos mentales que arrojan los peores resultados: no voy a caber. Mis caderas se van a quedar engarzadas en las laderas de aluminio y volvería a oír el terriblemente familiar sonido que hace la carne al sobar el metal, ese fastidioso “squich” lento y agudo que dura lo que tarda la bajada. Pero es inevitable.
Agarro con fuerza a Matías, miro suplicante al público implorando su misericordia, cierro los ojos y ¡zum!¡sush! Nada de squich, nada de atascos ni impedimentos, sólo velocidad y viento y, ¡ay, el suelo! A último minuto usé mis tobillos para frenar contra el borde del rodadero y me dolió sólo un poco. Pero Matías estaba dichoso y yo estaba en éxtasis. Cupe por el rodadero…ya no era más la niña gorda. Nos lanzamos varias veces más y desde ese día rodamos juntos docenas de veces más por otros rodaderos. Algunos nos miraron de manera extraña pero vimos muchas sonrisas y nuestras carcajadas opacaron cualquier ruido desaprobatorio.
Tal vez la dieta esté funcionando, tal vez los estándares para el diseño de rodaderos haya cambiado en vista del aumento de peso de la nueva generación, pero no importa. Nadie me quita lo rodado.

 

 

La dieta de Israel


"Hashahar Ha'oleh" Chocolate spread,...

Cobertura de chocolate israelí.

Siempre me han caído bien los israelíes. Tienen el mayor nivel de consumo de energía solar per capita del mundo, son expertos en investigación e ingeniería genética y los satélites y la astronomía, y ni hablemos de lo que me antoja una sufganiyah o un tris de hummus. Pero gracias a un artículo que leí esta semana mis sentimientos han pasado de respeto moderado a profundo agradecimiento gastronómico con visos de amor profundo. Se preguntarán qué pudo haber desatado tal ataque de israelofilia. Les diré con una palabra: chocolate.

Resulta que mi amiga Daniela Jakubowicz (porque ya somos amigas del alma. Mando esta columna y la busco en Facebook) y sus colegas de la Universidad de Tel Avivi descubrieron que lo mejor para hacer dieta es…esperen…redoblantes y trompetas por favor: TORTA DE CHOCOLATE. No sólo no la prohíben sino que médicamente la recomiendan porque después de una investigación en donde a algunas personas les daban el típico desayuno dietético de pan de aserrín con queso simple y yogur sin dulce y a otras les daban desayuno engallado con postre de torta de chocolate o galletas de chips de chocolate vieron que los del desayuno engallado perdieron más peso y mantuvieron su peso bajo después de la dieta

Tiene sentido. El chocolate tiene sustancias como la teobromina, que es estimulante; la feniletilamina, que tiene una química similar a las anfetaminas y libera domapina en el cerebro en el centro de placer de mesolímbica; y tiene anandamida, que puede producir una estimulación psicoactiva como una cannabinoide endógena, que encima de todo puede tener efectos analgésicos. Como si fuera poco, el chocolate parece ayudar a controlar la hormona “ghrelin”, producida en el estómago para crear la sensación de hambre, que además actúa en la parte del cerebro que ha sido asociada con el placer de la actividad sexual o y la adicción. En otras palabras, el chocolate es como gran un amigo que es gran conversador, buen amante y te ayuda a bajar de peso. Pareciera que estamos hablando de rayadura de cuerno de unicornio o pitufifresas o algo igual de fantasioso, pero no. Es chocolate, regalo de los Mayas, opera prima de los suizos, menester de Papas y secreto mal guardado de monjes, inspirador de mitos y leyendas y no pocas columnas mías. Chocolate, que se consigue en cualquier supermercado, tienda de barrio y carrito de dulces del mundo.

Es un nuevo amanecer para mí. Antes, en la era oscura antes de que esta investigación (gracias, o mejor dicho, תודה רבה) nos enseñara la luz, nos decían que debíamos huir del brownie, rechazar la trufa, declinar la taza de chocolatico caliente.  y ahora, gracias a estos heroicos investigadores, sabemos que no hay que aguntarnos las ganas de una darle un mordisquito a esa torta de chocolate. Lo podemos hacer con orgullo y decir con la boca llena de migas -¡Estoy a dieta, carajo!

No es gula… es por salud


Llevo años luchando, unas veces más silenciosa que otras, contra la nueva orden moral de los vegetariano-fullfibra-cuentacalorías-anticarbohidrato-cero-colesterolitas. Si no saben a quiénes me refiero, son los miembros de esa secta ultrasaludable que recluta siempre a gente pálida, delgada y malacarosa para esparcir su evangelio del colon libre de gluten, sodio, lactosa, cafeína y, en fin, sabor. Esas personas que llevan sus botellas de agua saborizadas sin calorías como si fueran crucifijos y sus folletos de yoga como si fueran biblias. Y durante mucho tiempo he aguantado en silencio sus miradas reprochadoras a mis porciones generosas de pasta con queso parmesano y montañas de mozzarella y tocino y queso crema y vino y chocolate. Durante mucho tiempo me he limitado a devolver sólo una sonrisa forzada a los imprudentes comentarios y preguntas intrusas sobre si estoy o creo que debería estar a dieta. Me he metido las manos a los bolsillos para no pintarles un bozo y poderles dar en la jeta como a un varón a las viejitas metidas que preguntan incrédulas si mi novio me quiere así (y la respuesta sigue siendo afirmativa, envidiosas). Todo esto lo he hecho con la prudencia que hace verdaderos santos y otras facultades que rayan con lo divino. Pero ya no más. Mis días de silencio forzoso, de mudez modesta, de prudencia a toda prueba han terminado. Al fin y gracias a los dioses que gobiernan los tubos de ensayo, la Ciencia me ha dado la razón. Desmáyense todos los supersaludables: el colesterol malo, no es tan malo.

M&MNo me crean. Lean con asomo de incredulidad estas palabras, con las cejas levantadas y negando con la cabeza lo que se afirma con la evidencia. Un estudio parece indicar que las personas con niveles bajos de colesterol son más propensas a desarrollar el Mal de Parkinson. Y si recuerdan, hace poco salió otro estudio que revelaba que el estado anímico era un factor mucho más decisivo en el desarrollo de enfermedades cardiacas que la dieta. Y otro más que afirma que la depresión es mucho más dañina para los diabéticos que el azúcar. Varios estudios demuestran que el vino es una excelente fuente de antioxidante y otros elementos importantes para el cuerpo, lo mismo que el chocolate y la mantequilla.  Como verán, por más que la tendencia anoréxica de las modelos y las actrices aliente a los uber-petite, la ciencia está de mi lado.

Por eso, téngase de los manteles porque mi tacto se acabó y ahora le toca al gusto darse una fiesta. La próxima vez que alguno de estos pseudo-gurús de la alimentación y el ejercicio me mire rayado, le echo encima todos los ejemplares del New England Journal of Medicine y les saco la lengua. Ni crean que me vaya a aguantar toda esa carreta de que pertenezco a una raza inferior en vía de extinción porque no convulsiono ante un chorizo y una arepa con hogao. Ni sueñen con que me vaya a quedar callada si rajan de mi versión de la pirámide alimenticia (en la base está el chocolate, después las nueces, después los frutos del bosque, después el licor y finalmente, el café). Y si se atreven a ofrecerme café sin cafeína, cerveza sin licor, sal sin sodio o algún postre endulzado con algo que salió escurrido de un pariente de la papa, no respondo. O mejor, sí voy a responder, pero no con las palabras que me enseñó mi abuelita. Les voy a contestar, con la misma cara de superioridad condescendiente e involuntaria que ponen ellos cuando hablan de cosas como el pepino rayado y la remolacha hervida, que en realidad lo que ven en mi plato es todo medicinal. Les diré “Estoy comiendo tocineta para vacunarme contra el Parkinson y chocolate contra la depre y vino para prevenir el infarto”. Y luego, con cara de caritativa, les voy a ofrecer un M&M y les voy a decir: “ten, aprovecha y te tomas algo contar la mala cara, que ya veo que tienes un episodio muy fuerte y a lo mejor se te convierte en algo crónico”. Y ¡Que viva el buffet!

* PUBLICADA EN ENERO DEL 2007

Turismo liberador


English: Sunset.

Postal de Choclate Island.

Las mujeres iraníes tendrán una isla sólo para ellas. Una isla en donde no habrá ni un solo hombre. No se reciben hombres ni de visita ni como empleados ni como amigos. Cero cromosomas XY. La isla es parte de una estrategia turística del gobierno iraní para recuperar la afluencia de visitantes a la provincia de Azerbaijan, en el noroeste del país. La idea de la isla, que quedará situada en medio del lago Urumiveh, es que las mujeres puedan liberarse, no de los hombres, sino de las estrictas leyes de segregación sexual que impone su religión (Islam chiíta). Cuando están en presencia de un hombre, las mujeres deben cubrir la totalidad de sus cabezas y la mayor parte de sus rostros. Para salir de sus casas deben, además, llevar atuendos largos y sueltos, y generalmente negros, llamados chador –literalmente, carpa-. Es ilegal que hombres y mujeres se mezclen entre sí en público. Hay playas y parques exclusivamente para mujeres, en donde se les permite retirar las envolturas de la cabeza y usar trajes de baño, bastante conservadores. El gobierno alega que las leyes de segregación sexual están allí para proteger a las mujeres, y la isla de Arezou (palabra que significa ‘deseo’) se pensó para que las mujeres pudieran darse un descansito de estas normas restrictivas

No voy a discutir sobre el uso de elementos que cubren o leyes que separan. En cambio, voy a tomar la idea originaria de Arezou… una isla para tomarse unas vacaciones de las leyes que nos molestan. Bueno, no sólo las leyes. De lo que nos moleste y punto. Me parece una propuesta revolucionariamente genial y creo que las autoridades encargadas de la promoción turística deberían tomar atenta nota.

Hace poco estuve de viaje y pasé por el área llamada Duty Free del aeropuerto. Esta zona ofrece productos libres de impuestos. No había nada especial, pero el sólo saber que no tenía que pagar impuestos al comprarlos los hacía parecer atractivos. ¿Se imaginan el atractivo de una isla Duty Free? Claro, hay islas que ofrecen ‘escampaderos’ de impuestos para transacciones bancarias, pero yo me refiero a una isla entera sin IVA. Sin impuestos. Sin DIAN. Sería un éxito.

Igualmente popular resultarían otras islas temáticas. Islas sin niños, para quienes no son particularmente amantes de los menores. Para las personas extrañas que no aman los animales podría haber una isla libre de perros y de gatos. Para la gente normal y emocionalmente equilibrada que ama los animales, como yo, podría haber una isla llena de cachorritos de varias especies para jugar con ellos todo el día. ¿Se imaginan una Puppy Island y un Kitty Key o un Pollito Beach?. Divino.

Ya me estoy imaginando una franquicia con islas libres de dietas, libres de filas, libres de brassieres o libres de zapatos. Islas sin fumadores o de sólo fumadores; de sólo vegetarianos o de sólo carnívoros; de sólo hombres o de sólo mujeres; donde se prohíbe ver televisión o en donde sólo hay pantallas gigantes en lugar de paredes. Una isla en donde está prohibido usar algo diferente a la piyama, otra en donde todos los hombres tienen que andar torcidesnudos y se les exige por ley piropear a todas las visitantes. Me está gustando este juego…

Esperen. La tengo. Chocolate Island. Todo es de chocolate y se prohíbe la gente que no ama el chocolate y se multa al que diga la palabra ‘engorda’. Ya, me pido ser embajadora de Colombia en la República Indpendiente de Chocolate Island. Ya me pedí y eso es oficial (las reglas del patio del colegio aplican sin restricciones con fuerza de ley en asuntos internacionales), así que si algún día crean la dichosa isla, ya saben. Pero mientras eso sucede, pensemos en este nuevo concepto del vacacionar… no es tanto el que uno se vaya, sino lo que uno deja atrás lo que realmente relaja.

 

 

Mi confesa indiscreción


Eating's Not Cheating

Si esto fuera cierto...

No, no ¡ya te dije que no! No puedo. No me mires así. No eres tu, soy yo. Mira, hace un par de años no lo hubiera pensado dos veces pero ya no soy la misma. Ahora soy mamá y tengo que pensar en mi hijo. ¿Cómo voy a enseñarle la diferencia entre el bien y el mal, cómo voy a inculcarle valores si sucumbo ahora? La promesa de unos instantes de placer no pueden hacerme tambalear. Di mi palabra.

Claro que un poco de placer no me caería mal. Ha pasado mucho tiempo y, bueno, al fin y al cabo soy humana. La carne es débil. Yo soy débil. Siento cómo me debilito con sólo mirarte…pero no. Mejor no. Además, Jorge se daría cuenta. Me vería la cara de culpa y sabría. Pero, ¿quién es él para juzgarme? Él también lo ha hecho, estoy segura. Además, hay una gran diferencia entre ser infiel y ser desleal y yo aquí no estoy siéndole desleal a nadie.

Pero no se trata de él; se trata de mi, de mis principios, mis convicciones. Yo no quiero defraudarme a mí misma. Quiero ser fuerte. Pero también quiero ser divertida. A veces extraño esa otra yo, la yo de antes, la que reía fácilmente y no se tomaba la vida tan en serio. La que te habría dicho que sí mil veces ya. No te niego que he soñado contigo, no una sino muchas veces. Sueño con volverte a sentir pero sé en mi corazón que una sola vez podría conducirme a la ruina. Bueno, ¿será que una vez es tan grave? No del todo…sólo la puntica no más. Una probadita del fruto prohibido es bueno porque sólo el que conoce el vicio puede apreciar al virtud. Ay, por favor, estoy desvariando.  Delirio de la falta que me hace todo lo que me estás ofreciendo. ¿Cómo dejé que esto llegara tan lejos? ¿Por qué te dejé entrar a mi casa

Yo sé por qué. Porque en el fondo siempre supe que iba a rendirme. Tu también lo sabías, por eso has esperado pacientemente. Está bien. Vamos. Pero no aquí. En la cocina, donde nadie nos vea. ¡Pacito! Ay, qué delator es el sonido del empaque de papel metalizado. Ya está. Ahhhh. Fuiste todo lo que esperaba y más. Ahora me tengo que lavar los dientes y la cara para que cuando Jorge me salude no te huela en mi aliento. Debo protegerlo de esto. Él no puede saber. Y Matías está demasiado niño para entender. No, es mejor guardar este secreto, por más que me pese. Esto sólo puede pasar una vez y ya.

No, no, mañana no. Tal vez la semana entrante porque Jorge se va de viaje. Tendría que ser después de almuerzo, durante la siesta del niño. Pero ¿y la empleada? La podría mandar a comprar algo al supermercado. No, esto tiene que parar. Ya estoy maquinando y conozco muy bien este sendero. Lleva derechito al infierno. Lo mejor es dejar las cosas así. Gracias por todo. Adiós. Qué lástima, pero adiós.

Ya pasó. Nadie tiene que saber. Queda entre ustedes y yo. Pero no me juzguen demasiado duramente. Sí, hice trampa, pero una trufita de vez en cuando no le hace daño a nadie ¿cierto?

Mi nueva mejor amiga


Brazilian model Gisele Bündchen at the Fashion...

Gisele antes de ver La Luz de la comodidad

 

No celebramos el Día de Acción de Gracias en Colombia, pero igual quiero participar porque este año tengo mucho que agradecer. Tengo un hijo hermoso, un esposo amoroso, padres saludables, hermanas fabulosas, un sobrino que fue el mejor del salón este año…en fin, muchas cosas maravillosas. Pero aquello, o mejor, aquella que me tiene más agradecida que todo lo demás es Gisele Bünchden.

 

A primera vista podrían creer que Gisele Bündchen y yo no tenemos nada en común. Claro, ella es una supermodelo brasilera multimillonaria despampanante y yo…bueno… no soy brasilera. Pero no importa porque la razón por la cual estoy agradecida con ella es porque ha salido en defensa de la comodidad.

 

Resulta que Gis (así le decimos las amigas) se negó a usar tacones altos en un reciente desfile de Balenciaga, alegando que se desacostumbró a usarlos porque ahora es mamá y ya tiene que pensar en la comodidad ante todo. Y con ese comentario ha desatado una tormenta que ha convertido los zapatos cómodos en algo chic. Y eso significa que yo estoy a la vanguardia del calzado.

 

Les seré sincera, nunca usé tacones porque no les veía la gracia. Yo mido poco más que metro y medio así que necesitaría tacones de mínimo 10 centímetros y creo que me sangra la nariz a esta altura. Alguna vez me dijeron que los tacones ayudaban a adelgazar la cadera pero igual necesitaría andar en zancos, así que no trato de engañar a nadie y mejor prefiero los crocs y las chanclas de dedo. Y esta preferencia siempre me había condenado al rechazo. Las que usan tacones puntudos y botas de plataforma en las fiestas siempre miraban mis baleticas de abuela y se reían despiadadamente…pero ahora puedo decir que Gis y yo estamos en las mismas.

 

Además, como si fuera poco, compartimos las dichas y desdichas de la maternidad. Esto significa que no importa lo glamorosa que luzca en las portadas de las revistas, en algún momento del día ella también huele a queso, tiene leche en el pelo, compota en la camisa y mocos en los pantalones porque bebé es bebé y que la mamá tenga o no piernas kilométricas le importa un bledo a la hora de cargar el pañal o alegar porque no encuentra el chupo.

 

Por eso esta mamá en busca de la comodidad es mi nueva aliada. Ahora puedo decir orgullosamente que mi “mami look” es digno de las pasarelas europeas y quien diga lo contrario que coma un tarrado de tacones.

 

Ahora, para que mi vida sea perfecta, sólo me falta que Gisele y sus amigas modelos se nieguen a hacer dieta y pongan de moda la celulitis y las estrías, acepten las canas y las arrugas con gracia y digan que no hay nada más sexy que usar las camisetas desteñidas del marido como piyamas. Hagamos una cosa, yo arranco y vemos si las demás me alcanzan. Estoy optimista…al fin y al cabo, ya pasó con los tacones.