Sistema Dewey para contactos sociales.


GettyImages-450734153Levante la mano quien ha estado en esta situación: uno va a llamar a alguien y sólo se sabe el nombre porque es alguien poco conocido en donde la relación no da para más, o alguien muy conocido y se estima que el apellido sobra. Uno pone, por decir algo, César y le salen seis con ese nombre, todos sin apellido, todos con números diferentes y uno no tiene ni idea cuál es cuál. Toca descartar uno por uno, hacer preguntas incómodas, gastar minutos y cuando al fin uno da con el que es, ya se le olvidó para qué lo necesitaba.
Es casi tan frustrante como cuando uno tiene guardado un número sin nombre y con sólo una descripción como panadero amigo, Oscar Telecom o mamá amiga Cata empleada (estas son entradas reales sacadas de mi libreta de contactos).
Esta semana justamente estuve al otro lado de una de esas llamadas incómodas. Alguien tenía mi celular pero no sabía quién era yo y llamó a preguntarme ella por qué tenía mi número. Después de eliminar los temores normales de extorsión e infidelidad empezamos a listar posibilidades y resultó que ella se hizo amiga de mi esposo haciendo fila para pagar la matrícula del colegio de su hijo, que está en un curso distinto al de mi hijo, y mi esposo le dio mi número porque ella próximamente se iba a venir a vivir a la vereda y él pensó que ella y yo nos la llevaríamos bien (acertó, pues es adorada y creo que vamos a ser grandes amigas).
El incidente nos llevó a querer hacer un servicio social y evitar que todos tengamos libretas como de espías. Implementamos un modelo para una red funcional de contactos, tomando como ejemplo el sistema Decimal Dewey que se usa en las bibliotecas.

GettyImages-108178733Entonces:

  • familiares en primer grado de consanguinidad o amigos en primer grado de amistad.
  • familiares y amigos políticos, gente de la oficina y papás y mamás de los amigos de los hijos o mamás y papás de los amigos de uno.
  • empleados o personas que van a realizar un oficio. Aquí están incluidos el taxista amigo, la señora que hace tamales, el mago, la amiga del almacén que quedó de llamar cuando llegara la blusa en su talla, etc.
  • personas que hay que evitar. Bancos, empresas que llaman a ofrecer promociones, entusiastas de multinivel y reclutadores de cultos varios.

A todos los anteriores se les puede poner el prefijo X, (Xo masculino, Xa femenino), para indicar relaciones vencidas. Ex novios, ex novias, ex empleados o ex jefes -propios y ajenos- lo reciben.

¿Ven? Súper sencillo. Así, Xo22 es un ex novio de un primo segundo de mi marido y 4Xa21 es una ex empleada de mi mamá que nos robó. ¿O sería un ex novio de la mamá de mi amiga y una ex mamá de mi empleada a quien le debo plata? Esperen, ¿cómo era todo?

La piñata de la discordia


10173006 (1) Si está haciendo cara de confusión y no entiende por qué algo tan sencillo como jugar sillas musicales y ponerle la cola al burro puede crear discordia, no tiene hijos o aún no tiene nietos. Todos los demás están asintiendo.

Para aclarar, las fiestas ya no son como nos tocaron a nosotros. Eso de manualidades y pasabocas hechos por la mamá está más out que el parasol y los guantes de encaje. Las fiestas de ahora tienen que tener como mínimo telonero, acto principal, recreación dirigida pre-torta y zona de esparcimiento con wifi post-torta. ¿Y la comida? Díganle adiós a las salchichas de tarro y papitas con salsa rosada. En una fiesta que tuvo mi hijo ayer teníamos, entre una veintena de niños menores de 6, una vegetariana, uno alérgico al gluten, uno que no comía nada con colorantes artificiales, uno que no come cerdo por motivos religiosos, tres que no toman gaseosa porque la mamá no los deja, dos que no comen embutidos, dos que no comen chocolate, otra que trajo su propia comida macrobiótica y uno que dice que es alérgico al color azul (ojo, no al colorante sino al color. No se sienta en nada azul, no toca nada azul ni juega con niños vestidos con prendas azules).

¡Pero yo quería un pony!

¡Pero yo quería un pony!

Los niños no son lo más difícil. En el colegio de mi hijo hasta el momento no hemos tenido fiestas extravagantes y las mamás en general estamos en la misma tónica de fiestas divertidas para las que no toque empeñar la casa, pero sé de algunas amigas que han sentido la presión por que las fiestas sean en salones alquilados, dar piedras preciosas en las piñatas -las cuales, para que sepan, son más agresivas que un avispero toreado- y sorpresas que valen más que el mercado de la semana. Es, francamente, ridículo.

Esta semana supe una mamá que les cobró multa a los niños que no asistieron a la fiesta de su hijo y otra que les manda las sorpresas llenas de galletas con caritas infelices. Hubo otra que no sé si odiar o admirar que cobra por niño adicional (es decir, hermanitos o hermanitas que no sean del salón pero que quieran ir o que no tengan con quién quedarse). Me parece de mal gusto pero también entiendo que cuando uno tiene las sorpresas contadas es incómodo que lleguen de sorpresa con un niño adicional.

¿En serio? ¿Sólo un sabor de torta? ¿Y las velas ni siquiera son en forma de Colt 45?

¿En serio? ¿Sólo un sabor de torta? ¿Y las velas ni siquiera son en forma de Colt 45?

¿Qué hacer entonces? Como mamá de un invitado, sugiero tener sorpresa extra en el carro por si el niño se sube llorando porque no le tocó nada de la piñata, doughnut del sabor que le guste al chino por si la torta estaba maluca y un teterito de Nervocalm para usted.

En caso de ser la dueña de la fiesta, tenga sorpresas unisex de sobra, el teléfono del domicilio más cercano y un barril de Nervocalm para todos.

PD/ El tema de la próxima fiesta de Mati va a ser Buddha: meditación, ayuno y silencio.

El mejor amigo del arte


El arte de decir no

El arte de decir no

El arte no es un oficio, ni artista un título. Arte no es lo que pasa cuando uno está frente al teclado o al caballete o al micrófono. Es la manera como uno vive, las decisiones que toma, las cosas que hace y deja de hacer que todo y nada tienen que ver con el objeto artístico que se obtiene como resultado.
Para ser artista se requieren muchas cosas. El talento, obvio, que puede ser innato o no, y debe ser cultivado. El conocimiento, por supuesto, de los aspectos técnicos de la producción. Y claro, las ganas de sostener el cañazo de ser artista a pesar de todas las personas que amorosamente tratad de disuadir a quienes nos empecinamos en serlo. Y para sostener ese cañazo no hay nada más importante que tener una relación íntima con la palabra NO.
Para empezar, los artistas oímos NO con frecuencia. No puedes, no debes, no sirves, no insistas, no intentes, no vayas, no vuelvas; Así no, con eso no, allá no; no me gusta, no lo entiendo, no lo compro, no lo vendo. El no es parte del paquete y aprendemos a vivir con él o morimos en el intento.
Pero el NO no sólo es importante en el extremo del recibo. Para ser artista, es indispensable aprender a decir que no. No a los trabajitos que no pagan nada pero prometen ser vitrina par ala fama; no a los amigos y parientes bienintencionados que le intentan conseguirle puesto “mientras tanto”; no a los expertos que intentan volver más rentable o más moderna o más mercadeable la obra. No. Simplemente, no.
Hay que saber qué está detrás de cada no que se dice y se oye. Si hay amor o envidia, certeza o cobardía, confianza o soberbia. Es importante entender que cuando las galerías o las editoriales o las disquera dicen que no, no siempre significa que la obra no es buena. A veces significa que no es para ellos, que no es lo que buscan, que no tienen a quién vendérsela. Hay que recibir el no con orgullo, pero hay que recibirlo. Y hay que decirlo con humildad, pero hay que decirlo.
Es una parte indispensable del ser artista. Es más, creo que de ser humano, porque todos tenemos algo de artista, de genio furibundo, de alquimista empedernido, de mago, de bruja, de desquiciado. Pero esa chispa salvaje hay que cuidarla, hay que alimentarla, hay que protegerla de tanta lógica y tanta cifra que vaga por ahí. A veces la única manera de mantenernos cuerdos es aceptar que nunca lo seremos. Porque, claro, da miedo no tener un plan B, pero da más miedo vivir en plan B el resto de la vida. Y cuando uno se da cuenta de eso, el no se vuelve un amigo entrañable.

Consejo para una nueva mamá


Habrá momentos como estos.

Habrá momentos como estos.

Esta semana supe que una de mis primas preferidas está en estos momentos gestando a quien malcriaré con libros y chocolates cada vez que pueda.
Me emocioné profundamente al saber de este bebé y por eso, cuando hablé con mi prima, le di el único consejo realmente útil que le puedo dar a cualquier mamá: confía en ti.
No es tan fácil como suena. Muchas mamás, (la tuya, la mía) te dirán qué hacer y qué no hacer y cómo hacer y no hacerlo y tu vas a querer oírlas a todas. Vas a pensar que ellas saben más que tu porque tienen más hijos o los tuvieron hace más tiempo o criaron catorce hermanos y co-criaron a tus 13 primos; vas a sentir que tu no sabes nada, que los libros que te leíste te fallaron, que el curso psicoprofiláctico debió ser más bien una maestría y que este bebé que llora en tus brazos se merece alguien más preparada. Vas a temer, y presa del temor, les vas a hacer caso.
Y después de que lo hagas, te vas arrepentir. Lo sé porque las veces que he cargado con culpa maternal ha sido porque hice algo que en el fondo no quería hacer. La vez que dejé que llorara porque alguien me dijo que estaba demasiado consentido. La vez que se lo dejé cargar a alguien porque no quería ser odiosa y lo dejó caer. La vez que no quería mandarlo al jardín pero no quería malcriarlo y me llamaron a decirme que estaba ardido de la fiebre. La vez que sabía que tenía algo y el pediatra dijo que era sólo una alergia pero en realidad era rubeola. Cada vez que ignoré mis instintos y silencié mi corazón para hacerles caso al panel de expertas o el comité de co-criadores a distancia, me pesó. Cada vez que permití que alguien me echara en cara que su bebé dormía toda la noche, que ella sí producía galones de leche de calidad exportación o que ese papá había cortado el cordón umbilical con una espada afilada por el Rey Arturo, sentí que me estaba traicionando a mí misma y a mi hijo.
Pero aprendí. Ya no me importa que me digan que mi hijo es consentido cuando lo cargo si está llorando me valen nada las miradas regañadoras de las mamás “firmes” cuando se dan cuenta de que no lo mando al colegio si se siente mal (y en una ocasión porque me dijo de frente que quería estar un ratico más conmigo), y menos aún los fruncidos de las mamás que ven que si el niño dice que está lleno no le insisto para que coma de más. Esa es la lección más valiosa que me ha enseñado la maternidad, y la comparto con todas las neo-mamás. Al carajo las revistas, gracias por los libros, agradezco los consejos, pero al final del día sólo importa el amor.