Las brujeres


"Examination of a witch"

Examinación de una bruja

Este mes celebramos el Día de la Mujer. También se marca en aniversario de los juicios de las Brujas de Salem (¿alguien dijo ironía?), hecho histórico que aún después de 315 años sigue fascinando a historiadores, cinematógrafos, novelistas, guionistas y curiosos. El 1 de marzo de 1692, los habitantes de ese pueblo de Massachussets, Estados Unidos, nos dieron una gran lección. Nos enseñaron, entre otras cosas, que las acusaciones no tienen que ser verdaderas, ni siquiera verosímiles, para ser creídas y que una palabra mal administrada es más peligrosa que un francotirador bizco.

Pero al parecer, no todas las lecciones nos quedaron bien aprendidas. Cada que oigo que una mujer le dice a otra “brujita” o “brujis”, se me encharcan los ojos y siento cómo esas 19 mujeres se revuelcan en sus tumbas, despertando a las millones que murieron durante la Inquisición. Sé que no es un tema muy popular, y menos durante la cuaresma, pero el asunto de las mujeres-brujas vale la pena explorarlo, aunque sea sólo este mes. Verán, el 85% de las 50 millones de personas que murieron durante la Inquisición fueron mujeres. Lo peor de todo es que eran mujeres sobresalientes. Casi todas las que fueron condenadas a muerte, mujeres sin hombre, pero con recursos. Viudas y solteronas minifundistas y con algo de herencia, esas fueron las que consideraron peligrosas, no las brujas descritas por los Hermanos Grimm con verrugas y casuchas en un bosque. Nada de eso. Las mujeres realmente escandalosas eran entonces, y siguen siendo hoy, mujeres INDEPENDIENTES. Cómo han cambiado de poco las cosas.

Aún hoy se mira con sospecha una mujer que almuerza sola, que vive sola, que sale sola. No quiero volver a la gastada narrativa de otras columnas, pero piensen nada más lo que pasa cuando a una mujer le sucede algún chasco (la atracan, se choca, se pierde, etc.). Casi siempre le dicen “eso le pasa por andar sola”. La idea de que una mujer suelta por la ciudad es un peligro es poco original, además de vieja. Ya la había usado Miguel de Cervantes Saavedra en el Quijote (léanse la Defensa de Marcela, si necesitan un recorderis) en donde plantea que una mujer guapa no debe salir sin compañía de un hombre porque representa un peligro para sí misma y para los hombres que la contemplen y tal vez se distraigan por sus encantos y no puedan contener sus impulsos. Llevamos siglos mirando de reojo a cualquier mujer que se atreva a ser bonita y además tenga el descaro de estar sola.

La popularización de este estereotipo ha llevado a que una mujer bonita e independiente, dotada de encantos y recursos, despierte envidias en ambos géneros. Eso, tal vez, es la peor herencia de la cacería de brujas, que las mujeres nos veamos como competencia, como amenaza. Nos hicieron pelear entre nosotras con la consabida táctica de “divide y vencerás”. Y casi lo logran. Casi. Lo que no sabían era que durante siglos nos reunimos con el pretexto de coser para darnos apoyo y que cocinábamos juntas para tener cómo hablar sin que ellos estuvieran presentes. Aún hoy es un misterio por qué vamos juntas al baño… bueno, es un misterio para ellos. Casi logran engañarnos con la idea de encasillarnos en los estereotipos de la mujer inteligente pero solterona y la mujer hermosa y dedicada al hogar, pero bruta. Casi nos hacen creer que teníamos que elegir entre la inteligencia y la belleza, entre el amor y la satisfacción personal, entre el hogar y realización laboral. Pero nosotras no nos dejamos disuadir así de fácil. Por eso, en el mes de marzo, las invito a las que no nos tragamos ese cuento a celebrar el día de las brujeres, el día de las mujeres independientes, inteligentes, capaces, atractivas y sí, tal vez algo peligrosas. Mucho mejor que ese otro festivo de rosas de semáforo y corazones de ICOPOR que celebra algo que debió morir en la hoguera junto con nuestras hermanas.

* PUBLICADA EN MARZO DE 2007

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No es gula… es por salud


Llevo años luchando, unas veces más silenciosa que otras, contra la nueva orden moral de los vegetariano-fullfibra-cuentacalorías-anticarbohidrato-cero-colesterolitas. Si no saben a quiénes me refiero, son los miembros de esa secta ultrasaludable que recluta siempre a gente pálida, delgada y malacarosa para esparcir su evangelio del colon libre de gluten, sodio, lactosa, cafeína y, en fin, sabor. Esas personas que llevan sus botellas de agua saborizadas sin calorías como si fueran crucifijos y sus folletos de yoga como si fueran biblias. Y durante mucho tiempo he aguantado en silencio sus miradas reprochadoras a mis porciones generosas de pasta con queso parmesano y montañas de mozzarella y tocino y queso crema y vino y chocolate. Durante mucho tiempo me he limitado a devolver sólo una sonrisa forzada a los imprudentes comentarios y preguntas intrusas sobre si estoy o creo que debería estar a dieta. Me he metido las manos a los bolsillos para no pintarles un bozo y poderles dar en la jeta como a un varón a las viejitas metidas que preguntan incrédulas si mi novio me quiere así (y la respuesta sigue siendo afirmativa, envidiosas). Todo esto lo he hecho con la prudencia que hace verdaderos santos y otras facultades que rayan con lo divino. Pero ya no más. Mis días de silencio forzoso, de mudez modesta, de prudencia a toda prueba han terminado. Al fin y gracias a los dioses que gobiernan los tubos de ensayo, la Ciencia me ha dado la razón. Desmáyense todos los supersaludables: el colesterol malo, no es tan malo.

M&MNo me crean. Lean con asomo de incredulidad estas palabras, con las cejas levantadas y negando con la cabeza lo que se afirma con la evidencia. Un estudio parece indicar que las personas con niveles bajos de colesterol son más propensas a desarrollar el Mal de Parkinson. Y si recuerdan, hace poco salió otro estudio que revelaba que el estado anímico era un factor mucho más decisivo en el desarrollo de enfermedades cardiacas que la dieta. Y otro más que afirma que la depresión es mucho más dañina para los diabéticos que el azúcar. Varios estudios demuestran que el vino es una excelente fuente de antioxidante y otros elementos importantes para el cuerpo, lo mismo que el chocolate y la mantequilla.  Como verán, por más que la tendencia anoréxica de las modelos y las actrices aliente a los uber-petite, la ciencia está de mi lado.

Por eso, téngase de los manteles porque mi tacto se acabó y ahora le toca al gusto darse una fiesta. La próxima vez que alguno de estos pseudo-gurús de la alimentación y el ejercicio me mire rayado, le echo encima todos los ejemplares del New England Journal of Medicine y les saco la lengua. Ni crean que me vaya a aguantar toda esa carreta de que pertenezco a una raza inferior en vía de extinción porque no convulsiono ante un chorizo y una arepa con hogao. Ni sueñen con que me vaya a quedar callada si rajan de mi versión de la pirámide alimenticia (en la base está el chocolate, después las nueces, después los frutos del bosque, después el licor y finalmente, el café). Y si se atreven a ofrecerme café sin cafeína, cerveza sin licor, sal sin sodio o algún postre endulzado con algo que salió escurrido de un pariente de la papa, no respondo. O mejor, sí voy a responder, pero no con las palabras que me enseñó mi abuelita. Les voy a contestar, con la misma cara de superioridad condescendiente e involuntaria que ponen ellos cuando hablan de cosas como el pepino rayado y la remolacha hervida, que en realidad lo que ven en mi plato es todo medicinal. Les diré “Estoy comiendo tocineta para vacunarme contra el Parkinson y chocolate contra la depre y vino para prevenir el infarto”. Y luego, con cara de caritativa, les voy a ofrecer un M&M y les voy a decir: “ten, aprovecha y te tomas algo contar la mala cara, que ya veo que tienes un episodio muy fuerte y a lo mejor se te convierte en algo crónico”. Y ¡Que viva el buffet!

* PUBLICADA EN ENERO DEL 2007

No, my Darling


Acta de Bautismo de Santa Anna

Acta de Bautismo de Santa Ana. Si fuera Santa Darling, la cosa sería distinta...

Los colombianos estamos acostumbrados a los nombres raros. Me atrevería a decir que es parte de nuestra cultura cotidiana. Todos tenemos un amigo Jason Micheal, Bryan Vladimiro o Yeims James. Casi todos conocemos al menos una Dolly Tatiana, Kelly Milady o Linda Flor. La lista de los deportistas profesionales, actores y políticos nada más contiene nombres que retan la lógica y desafían el aparato fónico. Que a fulano lo bautizaron con gasolina, que a fulana le pusieron así porque los papás le debían plata al notario, no hay burla que impida que las pilas de bautismo se llenen con los baños de las Yardely y los Batman Adolfo.

Admito públicamente que me he burlado en varias ocasiones y de vareadas maneras de quienes ostentan nombres poco comunes, o comunes pero poco castizos. Nunca pensé que llegaría el día en que defendería a los sin tocayos, pero ese día ha llegado.

Una cosa es que yo me burle, pero otra muy distinta es que alguien prohíba los nombres raros. Eso es exactamente lo que hizo el gobierno español con una colombiana.

Así como lo leen.

El pasado mes de enero, el gobierno le negó la ciudadanía a Darling Vélez Salazar, una mujer de 33 años que lleva años viviendo y trabajando en España y que había solicitado formalmente la residencia permanente en el país ibérico empezó a celebrar cuando le dijeron que su petición había sido aceptada, pero que su nombre no.

El periódico español El Mundo reportó el incidente y señaló que la ley española ‘obliga a cambiarse de nombre si esa persona tiene un hermano vivo que se llama igual, si el nombre dificulta la identificación de esa persona (porque induce a error sobre el sexo), si perjudica a su titular, si la persona tiene más de dos nombres simples o más de uno compuesto, o si el nombre es un diminutivo’ y hasta hace poco, también estaban prohibidos los nombres en lengua Vasca, pero ahora son comunes.  A raíz de lo anterior, el notario le sugirió a Darling que cambiara su nombre, tal vez a uno de un santo o una santa. Darling se negó y contrató un abogado para que defendiera su derecho de llamarse así.

Puede que quiera caminar de pasaporte, pero sigue igual de colombiana.

El asunto aquí no es de si el nombre de Darling vale la lucha o la pena. Probablemente, no. El asunto es que nadie tiene por qué decidir quién se llama cómo, y menos la ley de un país lleno de Iñakis, Begoñas, Agostiñas y Bernabeús. Si por las calles de tu pueblo camina al menos una Eudoxia y un Severino, no tienes autoridad nominal para rajar de nadie.  Por mucho que me choquen los nombres que son diminutivos o palabras rebuscadas o sonidos inventados que no merecen ser llamados nombres, me cambio el nombre a Anyi para defender el derecho de que cualquier madre pueda darle el nombre que quiera a su hijo o hija.

Además, no seamos hipócritas. La burla es tan humana como el impulso por coleccionar herramientas que no se usan. Nos niños y las niñas se burlan de sí mismos y de los demás por motivos insospechados. Tener un nombre raro será la excusa, pero uno puede llamarse Juan o Juan María de los Santos Aposentos de los Mártires (nombre real de un español), que da igual. Si los españoles quieren erradicar la burla, les toca prohibir no sólo los nombres raros, sino las facciones y las características únicas. Tendrían que eliminar a los cumbambones, narizones, ojones, grandes, chiquitos, gordos, flacos, pecosos… mejor dicho, eliminar la singularidad. Un tris peligroso este sendero. Pero si defender los nombres raros es la manera de combatir la eugenesia, entonces ¡que vivan las Wendy Dayanas, los Harley Osamas y los Onedollar!

*PUBLICADA EN FEBRERO DEL 2007

Escuela de ‘la conversa’


Català: Portada del llibre Buscant lo desconeg...

Image via Wikipedia

Es asombrosa la cantidad de malos conversadores que andan por ahí sueltos. No estoy hablando de la gente odiosa y maleducada, que no es poca, sino de las personas bienintencionadas que quieren socializar pero carecen de las nociones básicas sobre cómo conversar. Conozco unos conversadores excelentes y unas narradoras encantadoras, pero en estos días me he puesto a pensar y realmente es poca la gente con la que me iría en un carro sin radio hasta la costa. Ese, para mí, es un buen parámetro. Si uno aguanta más de una hora en un vehículo, sin radio ni cd (no hagan trampa) a punta de sólo conversa con alguien, ese alguien es una caja de música. Pero, en serio, ¿cuántos de esos conocen? Yo, pocos. Me sorprende el volumen de individuos que confunden la conversación con la interrogación y la crítica. Pobres almas descarriadas, creen que rajar y chismear y criticar y señalar todo lo que tienen de malo sus interlocutores y los cuerpos, vidas, relaciones y parientes de los mismos, es agradable. Peor, creen que están haciendo un bien. Tiene que ser así. ¿Por qué más tendríamos que soportar viejita tras viejita que cree que se le agradece que le diga a todo el mundo que está gordo, arrugado, enfermo o mal casado? Honestamente, pienso que están confundidos, y como no hay mejor remedio para la confusión que la educación, voy a proponer fundar una escuela en donde enseñemos a hacer visita. Con algo de ayuda de mis amigos y otros buenos conversadores y conversadoras, ofreceremos ‘tips’ a los asistentes para que puedan elevar su nivel de interacción y pasar de ‘vieja tan metida’ o ‘viejo tan insoportable’ a ‘qué rico hablar contigo’.

Pero mientras logramos reunir los recursos necesarios para la sede y la matrícula del ICFES, ofrezco estos consejos a los impedidos conversacionales.

Aparte de la buena dicción y un buen manejo del idioma, (por amor a Cervantes, compren un diccionario y dense cuenta de que la palabra “accequible” no existe), la herramienta más importante del buen conversador es el temario. Mi papá me enseñó que uno nunca debe hablar ni de la plata ni de política ni de religión. Yo diría que tampoco se debe hablar de la salud ni de la belleza, o falta de, a no ser que sea en términos absolutamente hipotéticos o informativos. En tales casos, se deben citar las fuentes respectivas, así “leí un artículo súper interesante en el New England Journal of Medicine sobre los beneficios antioxidantes de las fresas” en lugar de “deberías comer muchas fresas para que se te quiten esas manchas tan horribles en la cara”. ¿Ven la diferencia? Lamentablemente, muchos no. Muchas personas creen que mencionar con detalles abrumadores lo que han dormido o dejado de dormir, comido o dejado de comer, adelgazado o engordado y cómo, es agradable. Permítanme iluminarles el camino y sacarlos del error: a nadie le importa. En serio. Eso es entre usted y su médico. Al resto de la humanidad le sobra el comentario. Si no le pregunté, no me cuente. Eso va para cualquier dolor o dolencia, cirugía, tratamiento o procedimiento. Sólo mencione su estado de salud en caso de que padezcamos el mismo mal y su experiencia me sirva. De resto, guárdese el recuerdo tan celosamente como se deben guardar las trufas.

No hay que ir muy lejos para encontrar temas apropiados. Basta un esfuercito. Estos son tópicos socialmente seguros e intelectualmente aceptados: la carrera cinematográfica de Robbin Williams (ha sido chistoso y profundo, ha hecho de bueno, malo y hasta de mujer. Tema para rato); la perfección física de Bruce Willis (hay muchos ángulos que contemplar); las posibilidades culinarias del chocolate (plato fuerte, postre, frío, caliente, bebida, cubierta…); la versatilidad del café (sirve para detener hemorragias, espantar hormigas, teñir madera, como enjuague para el pelo). Por ahora, es me acabó el espacio, pero la semana entrante prometo tener un listado útil y fácil de consultar para los que no saben cómo conversar.

* PUBLICADO EN ENERO DEL 2007

De Días y Mujeres


Simone de Beauvoir (9 January 1908 – 14 April,...

Simone de Beauvoir

Esta semana se celebró el Día Internacional de la Mujer. También  hay Día del Niño, Día de la Madre , Día de la Secretaria , , Día del Hábitat, Día del Mar, Día del Agua, Día del Trabajo y hasta Día Mundial del SIDA. Notarán que no hay Día del Hombre. Tampoco hay Día de las Mujeres Atractivas y Exitosas, Día de las Mujeres Excepcionalmente Brillantes ni Día de las Mujeres Sencillamente Fabulosas en Todo Sentido.

Al parecer, ese tipo de categorías no ameritan su propio “día”.

Hay muchas que podríamos celebrar esos festivos, pero como no los hay, a las que no somos ni madres ni secretarias nos juntan en un genérico día de LA mujer. Día de LA mujer, agenda mujer, tema mujer, problemática mujer. Jamás he oído de alguien que se especialice en el tema HOMBRE. ¿Cuándo nos volvimos categoría genérica?

No sé, pero no me gusta.

Eso de que mi género sea genérico me choca, y me choca aún más las posibilidades reducidas que tengo como mujer, hoy. La liberación femenina condujo a un nuevo tipo de apisonamiento: el de los rótulos. En algunos casos, las etiquetas y los paradigmas pueden ser más asfixiantes que la falta de derechos civiles. Me refiero a que las que nos escapamos de las marquillas de Madre, Esposa y Secretaria quedamos en un vacío inquietante. No para nosotras… para quienes andan por el mundo buscando encasillar. La MUJER de hoy está atrapada entre dos definiciones: feminista posmoderna o caza maridos retrógrada. Pero si no eres una aguerrida solterona odia-hombres que no se depila, ni tampoco la Barbie que sólo quiere a su Kent y sueña con tejer, bordar, cocinar y andar descalza y embarazada, no hay más posibilidades. Si no eres existencialista, vestida de negro, citando a Florance Thomas y renegando de la traición de Simone de Beauvoir, entonces necesariamente eres hueca, plástica, superficial, bruta y una vergüenza para los cromosomas XX.

No hay áreas grises. ¿Cómo nos pasó esto? ¿Cómo decidimos que el manicure era la vacuna contra el pensamiento crítico? ¿Cuándo concluyeron que la placenta mata las neuronas? Pareciera que no hay cabida para una mujer que lee Proust entre teteros o que discute alternativas a la utilización de recursos fósiles como fuente de energía con sus amigas mientras les hacen los rayitos. Tenemos que elegir entre dos ideas de mujer: femenina o intelectual. Absurdo, ¿no les parece? Pero sucede. Si eres feminista, no puedes querer casarte, ni tener hijos. Si quieres casarte y tener hijos, no puedes ser tomada en serio por las demás mujeres. Las unas en el sindicato, las otras en el costurero.

Y si te sales de ahí, quedas degenerada. Sin género. Quedas como una figura de una tira cómica, una Super Woman con sastre de hombreras y pantalones rectos, que tiene que hacer más que todas las mujeres y que todos los hombres. Tiene que tener el cuerpo perfecto, el esposo perfecto, los hijos perfectos, el carro más lujoso, ropa de diseñador, salario multimillonario, piel sin arrugas, pelo sin canas, pasado sin escombros y futuro sin límites. Cambia pañales mientras hace transacciones millonarias en la bolsa.

Lo único que todas tenemos en común es la culpa. No tenemos derecho a quejarnos. La vida moderna nos ha dado las herramientas para ser y hacer lo que queramos. Es culpa tuya si no eres delirantemente feliz; para eso hay pastas, píldoras y brebajes. Es culpa tuya si no eres delgada; para eso hay fajas, cirugías e inyecciones. Es culpa tuya si eres soltera; para eso hay websites, agencias y clasificados. Es culpa tuya si tienes estrés; para eso hay yoga, masajes y libros de auto ayuda.  Es culpa tuya si no te sientes reconocida; para eso hay un día al año. Menudo problema el de los festivos, las mujeres, y las mujeres sin festivo. Tal vez deberíamos tener un Día de las Mujeres Hartas de que nos traten de asignar un sólo Día y amontonarnos en un solo rótulo genérico. Reconozco que el nombre del festivo es un poco largo, pero les prometo que venderíamos muchas camisetas.

*PUBLICADA EN MARZO DEL 2007

Sólo mi madre


I Wanna Be Santa Claus

Image via Wikipedia

Recientemente, gran amigo que hizo un obsequio tan significativo como útil. Me regaló un lapicero para reemplazar el que perdí de manera traumática durante mi infancia -estén pendientes de la novela que saldrá pronto en donde se revelará los detalles de este incidente- y ayudarme así a sobreponerme a la pérdida y a mejorar mi escritura. Espero no defraudarlo y mejorar sensiblemente mis escritos ahora que no se anotan con un Kilométrico cualquiera. Yo creo que uno escribe mejor con lapicero cachaco porque piensa dos veces en lo que anota, queriendo siempre que lo fijado en el papel está a la altura de la tinta. Bueno, y del papel. Por eso me encantan los cuadernos bonitos, las libretas y las tintas y los estilógrafos y todo lo de papelería. Eso se lo heredé a mi madre.

Ella también es escritora. De hecho, me lleva un libro publicado de ventaja. Pero ahí voy detrás… ella fue la que me enseñó a cuidar de mis útiles escolares, sacándole punta de manera obsesiva a mis magi-color al punto que a mitad de año había que comprarme una caja nueva. Ella fue la que me introdujo al mundo de los portaminas cuando mis compañeras todavía tenían lápiz amarillo de borrador rojo. Creo que pocas otras niñas conocían en quinto de primaria palabras como Lamy y Mont Blanc. Mientras mis compañeritas se daban puños por el liquid paper, yo tenía lapiceros de tinta borrable, que además olía a menta. Tal vez por eso mis cuadernos estaban llenos de versos y autógrafos míos y de mi mamá en lugar de apuntes sobre los departamentos y hasta el sol de hoy sólo me sé 6. Pero no importa porque hoy en día tengo un autógrafo de ganadora de grammy y, al fin y al cabo, en los noticieros sólo aparecen noticias de los departamentos que me sé.

Tengo más obsesiones en común con mi mamá. Aparte del amor por los lapiceros, compartimos el amor por el chocolate. Sí, es cierto, mi mamá es la chocohólica original, quien me enseñó a formar la bóveda hermética para la distribución equitativa del chocolate derretido por el paladar y la lengua. De ella heredé, asimismo, el amor por el queso, el café y el té, lo que me convirtió en la única niña del colegio que preguntaba en la tienda si no tendrían un Liptons o que si le podían echar mozzarella a la arepa con queso o que si había café con leche que no fuera de greca sino recién molido. Nadie más que una hija criada por mi mamá habría llegado a la Tecnológica a pedir un espresso. Pero eso pasa cuando se es criada por una mujer que huele la diferencia entre café de greca y café fresco y a ojo sabe reconocer si es café Mariscal o Águila Roja.

Sólo una hija criada por mi madre amaría Los Vétales, porque hay un nivel de amor que sólo se cultiva con ver todos los días un disco de vinilo firmado por el mismísimo Ringo Starr. Sólo una hija criada por mi madre se sabría la letra de Yellow Submarine y Lucy in the Sky with Diamonds en vez de la del himno de Pereira y Risaralda. Y sólo mi mamá podía sonar tan convincente explicando que el Niño Dios emplea a Santa Claus porque en el norte cae nieve y hace frío (Santa tiene chaqueta, mientras que el Niño Dios está en pañales) como haciendo las veces de traductora omniparlante. Para los que no sepan, mi mamá es la traductora oficial de mi casa. Ella es la que oye que el loro dice frufruliprrrrrrr y nos informa que Roberto tiene hambre pero que quiere que le pelen la mandarina porque a él le da trabajo. Asimismo, ella cuándo el vocablo “ájaa” usado por mi sobrino significa Angela, naranja, bandera o ‘por favor tráeme un tetero pero que no esté muy caliente, y hazlo pronto porque tengo sueño’. Sólo ella sabe si los gatos tienen hambre, frío o crisis existencial porque cambiamos los muebles de lugar.

Sólo mi madre.

Feliz día, mamita. Gracias por todo.

Turismo liberador


English: Sunset.

Postal de Choclate Island.

Las mujeres iraníes tendrán una isla sólo para ellas. Una isla en donde no habrá ni un solo hombre. No se reciben hombres ni de visita ni como empleados ni como amigos. Cero cromosomas XY. La isla es parte de una estrategia turística del gobierno iraní para recuperar la afluencia de visitantes a la provincia de Azerbaijan, en el noroeste del país. La idea de la isla, que quedará situada en medio del lago Urumiveh, es que las mujeres puedan liberarse, no de los hombres, sino de las estrictas leyes de segregación sexual que impone su religión (Islam chiíta). Cuando están en presencia de un hombre, las mujeres deben cubrir la totalidad de sus cabezas y la mayor parte de sus rostros. Para salir de sus casas deben, además, llevar atuendos largos y sueltos, y generalmente negros, llamados chador –literalmente, carpa-. Es ilegal que hombres y mujeres se mezclen entre sí en público. Hay playas y parques exclusivamente para mujeres, en donde se les permite retirar las envolturas de la cabeza y usar trajes de baño, bastante conservadores. El gobierno alega que las leyes de segregación sexual están allí para proteger a las mujeres, y la isla de Arezou (palabra que significa ‘deseo’) se pensó para que las mujeres pudieran darse un descansito de estas normas restrictivas

No voy a discutir sobre el uso de elementos que cubren o leyes que separan. En cambio, voy a tomar la idea originaria de Arezou… una isla para tomarse unas vacaciones de las leyes que nos molestan. Bueno, no sólo las leyes. De lo que nos moleste y punto. Me parece una propuesta revolucionariamente genial y creo que las autoridades encargadas de la promoción turística deberían tomar atenta nota.

Hace poco estuve de viaje y pasé por el área llamada Duty Free del aeropuerto. Esta zona ofrece productos libres de impuestos. No había nada especial, pero el sólo saber que no tenía que pagar impuestos al comprarlos los hacía parecer atractivos. ¿Se imaginan el atractivo de una isla Duty Free? Claro, hay islas que ofrecen ‘escampaderos’ de impuestos para transacciones bancarias, pero yo me refiero a una isla entera sin IVA. Sin impuestos. Sin DIAN. Sería un éxito.

Igualmente popular resultarían otras islas temáticas. Islas sin niños, para quienes no son particularmente amantes de los menores. Para las personas extrañas que no aman los animales podría haber una isla libre de perros y de gatos. Para la gente normal y emocionalmente equilibrada que ama los animales, como yo, podría haber una isla llena de cachorritos de varias especies para jugar con ellos todo el día. ¿Se imaginan una Puppy Island y un Kitty Key o un Pollito Beach?. Divino.

Ya me estoy imaginando una franquicia con islas libres de dietas, libres de filas, libres de brassieres o libres de zapatos. Islas sin fumadores o de sólo fumadores; de sólo vegetarianos o de sólo carnívoros; de sólo hombres o de sólo mujeres; donde se prohíbe ver televisión o en donde sólo hay pantallas gigantes en lugar de paredes. Una isla en donde está prohibido usar algo diferente a la piyama, otra en donde todos los hombres tienen que andar torcidesnudos y se les exige por ley piropear a todas las visitantes. Me está gustando este juego…

Esperen. La tengo. Chocolate Island. Todo es de chocolate y se prohíbe la gente que no ama el chocolate y se multa al que diga la palabra ‘engorda’. Ya, me pido ser embajadora de Colombia en la República Indpendiente de Chocolate Island. Ya me pedí y eso es oficial (las reglas del patio del colegio aplican sin restricciones con fuerza de ley en asuntos internacionales), así que si algún día crean la dichosa isla, ya saben. Pero mientras eso sucede, pensemos en este nuevo concepto del vacacionar… no es tanto el que uno se vaya, sino lo que uno deja atrás lo que realmente relaja.