La culpa la tiene el celular


Old woman and children in a doorway in the Ind...

Evidentemente este es un problema que se puede curar con prohibir el celular, ¿no?

 

En el pequeño pueblo de Sunderbarri, Manuwar Alam está indignado. Los habitantes de los asentamientos vecinos le preguntan cuántas mujeres han sido infieles esta semana y se ríen de él. Ya van seis casos de mujeres, algunas más jóvenes que otras, que huyen de la aldea con sus novios o amantes y por eso Alam convenció a los miembros del Concejo, recientemente formado, de tomar medidas radicales: prohibir el uso de los teléfonos celulares para niñas y mujeres. Han decomisado los aparatos y establecido una multa de 10,000 rupias para mujeres solteras y 20,000 para las casadas que sean sorprendidas usando uno de estos aparatos corruptores. Con esta medida piensan que podrán erradicar el comportamiento escandaloso porque las mujeres ya no podrán comunicarse entre sí ni con sus amantes.

 

Los miembros del Concejo quieren ser previsivos, y sentar un precedente para India y todos los musulmanes, pues su aldea es casi toda musulmana y alrededor del 13% de la India lo es. Por eso para los habitantes de Sunderbarri es importante ser previsivos y eliminar este mal de raíz para impedir lo que podría suceder de lo contrario.

 

Porque, de no hacerlo, las cosas podrían escalar. Uno podría suponer que si las mujeres indias pueden usar celulares, pronto las árabes querrán conducir autos, salir solas y hasta elegir con quién casarse. Y ¿quién sabe qué clase de oprobios podrían surgir luego? ¿Mujeres decidiendo tener hijas en lugar de terminar los embarazos como lo hacen ahora? ¿Decidiendo si quieren ser esposas o madres, pensando que pueden estudiar en la universidad como cualquier hombre, teniendo su propio dinero, su propia propiedad, o peor, su propia opinión? Fatal. Simplemente fatal. Hay que pensar en el bien de todos (los musulmanes extremistas machistas obtusos miopes) y hacer una limpieza moral de la tecnología.

 

Y claro, la culpa la tiene el celular. No la represión, no la doble moral misógina represiva, no la pobreza ni la ignorancia. No; la culpa la tienen estos aparatos que llegan a los lugares remotos donde los servicios públicos no alcanzan, que les permiten a hombres y mujeres tener contacto con el mundo, encontrar trabajo, pedir ayuda, buscar recursos. Esos aparatos que son tan importantes para los indios que hoy en día más gente tienen celular que inodoro en ese país. Esos aparatos hay que destruirlos. Para preservar la moral hay que volver a la era pre-celular, a la era de la puerta abierta y el juicio pronto, de los teléfonos controlados y supervisados y las mujeres aisladas y calladitas. Porque esa es la única manera de tener paz y tranquilidad, y sobre todo, una sociedad ordenada y moral. Eso cree Manuwar.

 

Pero él no sabe que en algún rincón de Sunderbarri hay una adolescente que le está texteando a su amigo que tiene un blog para que Twitee algo sobre esta injusticia, y pronto todo Facebook estará apoyando estas mujeres. Porque ya no hay quien nos calle, Manuwar. Con o sin celular.

 

 

 

La mironería


stare

stare (Photo credit: Hen3k Hen3k)

Una amiga me textea :¿la gente por qué es tan mirona? Está haciendo fila en alguna parte y siente que la miran mucho, que invaden su espacio personal las pupilas penetrantes de gente imprudente. Sé lo que siente. Todos lo hemos sentido. Ocurre en las filas, en los semáforos, en los bares. Alguien mira fijamente a otro y el otro le dice al alguien –¿qué mira, se le perdió uno igual, me le parezco a su mamá?-. Se cazan peleas, se lanzan puños, se profieren insultos, todo porque percibimos como agresión el que nos miren mucho. Pero hay miradas de miradas. Hay una miradita, un atisbo, una ojeada y ya pasarse de metido hasta llegar a la intrusión ocular y el voyerismo. Y también depende del mirador y el mirado. Si un apuesto extraño nos mira fijamente nos sonrojamos, pero si se trata de alguien desagradable, nos ofendemos. Si nos miran en un bar, es seducción; si nos miran en un banco, nos están intentando robar.

 

Miramos y somos mirados, nos juzgamos y regañamos con los ojos. ¿Quién no ha sido víctima de la mirada de viejita regañona cuando habló muy duro en misa o se rió en un funeral? Y ya de adultos, todos hemos mirado a un niño que se puso a correr por los pasillos del supermercado o al que nos daba patadas en la parte de atrás del asiento en el avión.

 

La mirada es parte de nuestro repertorio social y personal. La mirada como forma de agresión y dominación se ha estudiado en perros, simios, ratas y humanos; existen estudios sobre cómo las personas miran lo sobresaliente como parte del instinto de lucha y huida y otros cómo, qué, cuándo y cuánto miramos. Incluso se ha tipificado el miedo a ser observados (se llama scopofobia) y se ha estudiado la mirada en personas con discapacidades, problemas sociales, depresión y dificultades de comunicación y aprendizaje. La mirada dice mucho de quien mira y más aún de cómo reacciona el mirado.

 

Todos somos mirones. Todos somos paisaje.

 

 Así que la próxima vez que alguien lo mire fijamente, o que usted se pilla escrudiñando a alguien, piense en esta columna y ríase un poco antes de decir -¿Y usted qué mira?

 

Sencillez y sensibilidad


Turkish Tea

Ejemplo del té cachaco

Esta semana comprendí algo: la sencillez está sobrevalorada, sobre todo en Colombia. Como no crecí aquí no tengo esa apreciación por lo sencillo y con frecuencia me ofendo cuando invito a alguien a comer a mi casa, le dedico tiempo y esfuerzo a preparar algo rico y en lugar de echarme flores me dicen –ay, pero no has debido molestarte, la próxima vez me haces algo más sencillo.

 

La persona cree que me está diciendo que no era necesario todo lo que hice, pero lo que en realidad quiere decir es que no se lo merece, o que nuestra relación no lo amerita. Les voy a contar un secreto: si no se lo mereciera, no lo haría. Yo tengo dos cajas de té, el de la visita normal y el de la visita que me cae bien. A los primeros les doy aromática común y silvestre; a los segundos les ofrezco de mi colección privada de mezclas exóticas que vienen con historias y sueños de viajes. Lo mismo con los postres, dulces, mermeladas y recetas. Si no me importara le daría un paquete de galletas saltinas y una sopa en sobre,  pero si me puse a hacerle mi famosa pechuga de pavo con salsa de mostaza Dijon con estragón o el cheescake con salsa de moras y menta que cultivé yo misma en mi propio jardín es porque quiero hacer algo personal y decirme que no lo he debido hacer me duele un poco. Me duele porque si cree que no valió la pena es porque piensa que nosotros no valemos la pena, que la ocasión no da para tanto o, en algunos casos, que no haría lo mismo por mí.

 

Ahora, muchos dirán que es señal de confianza cuando se recibe la visita en piyama, de pierna peluda y se le da de comer arepa con queso, y tienen razón. Cuando es una visita que se repite a menudo, cuando es “de la casa” uno le puede dar café tibio en taza despicada y decirle que lave el plato. Pero yo estoy hablando de la visita, de la comida, de los convites que se anhelan y se planean con gusto y cariño. Si me tomé el trabajo de sacar la vajilla bonita, poner flores y depilarme el bigote, lo mínimo que puede hacer es reconocer que hice algo especial y sentirse importante por ello.

 

Entiendo que para muchas personas no es fácil aceptar los derroches de atención. Nos han enseñado que nos de pena o nos sintamos incómodos porque no queremos importunar. Lo que muchos no ven es que también es un placer dedicarle un rato a pensar en cómo contemplar a alguien, cómo hacerle sentir que vale el esfuerzo y expresarle nuestra dicha porque podemos compartir un rato. La comida elegante, el mantel bordado y la servilleta alcholchada son cariñitos que no hay que despreciar.

 

De allí que diga que eso de la sencillez está sobrevalorada. Yo creo que la complicación también es una forma válida de expresar amor, y si yo me complico por usted, agradézcalo, siéntase halagado, aprecie la bomba y valore los platillos. En otras palabras, déjeme complicar por usted, y si siente el impulso, bien pueda complíquese por mí.

 

Mi familia no es una vajilla incompleta


Hay una señora que me encuentro con frecuencia. No siempre tiene la misma cara ni el mismo nombre, pero es la misma señora. Es la de la fila en el supermercado, la amiga bienintencionadamente metida de mi mamá, la prima de mi papá que claramente desconoce el concepto de prudencia, la de ayer en el centro comercial. Y en cada encuentro tenemos la misma conversación. Me dice lo lindo que es mi hijo y después, invariablemente, me pregunta por el segundo. Yo sonrío incómodamente, digo que uno es suficiente y trato de seguir en la fila, buscar alguien con quién conversar o hago fuerza para que una nave espacial aterrice justo en ese instante, pero eso casi nunca sucede. La Señora, entonces, saca su mohosa lista de razones por las cuales yo TENGO que tener otro bebé:

Después de ese embarazo tan difícil seguramente el segundo será más fácil, hazlo ahora que todavía tienes ropa y cuna de bebé, pues igual estás gorda entonces no se te va a dañar el cuerpo, así tendrás de qué hablar en tu columna, y por supuesto, cada bebé viene con el pan debajo del brazo, no puedes dejar solo a tu hijo y debes buscar la niña para tener quién te cuide en la vejez.

Estos motivos son peores que los que llevaron a Napoleón a proseguir con Waterloo. Miren, yo he sido prudente, pero la verdad es que estoy harta.

Para empezar, la idea de tener un hijo sólo para que acompañe al que tengo o para que me cuide a mí es ridícula. Son seres humanos, no mancornas y no necesito el “juego completo”. Además, mi hijo no está solo. Me tiene a mi, tiene primos y amigos y tener un hermano o hermana no garantiza nada. Mi hermana mayor, por ejemplo, me vino a querer hace poquito y durante nuestra infancia no me podía ver. Si mis papás me hubieran tenido sólo por hacerle compañía a Lina habrían tildado de fracaso rotundo mi concepción. Hay hermanos que no se quieren y eso no significa que la vida del segundo haya sido perder la inversión. Cada bebé es una persona en sí misma y condicionar la existencia de un humano a tener que querer, cuidar o jugar con otro es de lo más cruel. Mi hijo es perfectamente capaz de conseguir otros humanitos con quién jugar. Si les preocupa tanto el tema, le compro un perro.

No es que no tengamos con qué, no es que mi útero haya sacado la mano o que mi esposo ya no tenga herramienta. Es que, sencillamente, decidimos que un hijo es suficiente. No, ni siquiera es eso, es que ESTE hijo es suficiente. Matías es todo lo que soñamos y más. No necesito tener un reemplazo porque tengo síndrome del nido vacío y mi bebé está creciendo. Todos los bebés crecen y tener otro no va a cambiar el hecho de que Matías tarde o temprano se irá de la casa, tendrá su propia vida y yo agradeceré el tiempo que fue mío y celebraré el hombre que es. No voy a buscar lo que no se me ha perdido. Estoy cansada de que las personas crean que una pareja con un hijo es una vajilla al que le falta un plato.

Hay muchas familias con más de un hijo y sé que disfrutan y quieren a cada una de sus bebés. Me alegra. Pero mi familia está bien así. Así que Señora, por favor, limítese a opinar del clima. Mi familia no está para la discusión.

En serio ¿quién necesita más que esto?

Bambi Skywalker


Leia wearing her iconic "metal bikini&quo...

…bien, ahora imaginen que ella se escapa solita y organiza su propia legión Jedi.

 

Algunas personas estuvieron pendientes de algo que sucedió en Estados Unidos esta semana, un temita ahí con un tal Obama y un Romney que no sé de qué se trataba. Pero la mayoría estábamos enfocados en lo que realmente importa: Disney compró a Lucasfilm, incluyendo no sólo lasaga de Star Wars sino también Indiana Jones y planean hacer nuevas películas de ambas. De hecho ya anunciaron que el Episodio 7 de Star Wars saldrá en el 2015 y aunque no todo el mundo está emocionado, yo creo que hay mucho potencial con esta fusión.

 

Por ejemplo, creo que podrían incluir los personajes de Star Wars en algunos clásicos de Disney y darles otro final. Imagínense, por ejemplo, lo genial que sería si justo en la escena del cazador en Bambi de repente apareciera Chewbacca. ¿O qué tal si Dumbo usa La Fuerza en contra de las elefantas malvadas que se burlan de sus orejas? ¿O si Yoda le enseña a Arturo a manejar la Espada que saca de la Piedra?

 

Por ahora, sin embargo, hay mucha especulación sobre qué parte de la historia van a contar ahora y al parecer esta entrega seguirá a Han Solo,Luke y Leia y veremos cómo se casan y tienen hijos y todo. Yo creo que todavía hay historias qué contar, como por ejemplo la infancia de Leia y por qué Luke tiene todo el poder si ella es la hermana gemela y qué va a pasar después  por qué a ella no la entrenan como Jedi si claramente es más guapa que el hermano. También me parece bueno explorar la vida deAmidala porque en medio de todo nunca explican dónde está la familia de ella, cómo es que la mamá no se manifiesta durante el embarazo y no tiene ni una amiga que le diga que ese tipo la trata mal. Por eso veo con optimismo esta unión pues las heroínas de Disney últimamente – Mulan,Rapunzel y Tiana -son guapas, asertivas, inteligentes y distan mucho de las princesas de antes que esperaban pasivamente el rescate. Este tipo deprotagonistas femeninas y berracas podrían contagiar a las películas un tanto machistas de Lucas y tal vez entre ambos puedan producir unaBella que le diga a la Bestia que si le vuelve a gritar le da en la jeta con un sable de luz o una Ariel que le diga a Eric que no va a cambiar por él y lo deje por Jar Jar Binks que es medio acuático. Incluso podríamos reemplazar los 7 enanitos con los 7 Ewoks y darle a Blanca Nieves un papel más jugoso como coordinadora del “Diamond Underground” contra la reina malvada y que use el poder de control mental Jedi para manipular el espejo.

 

Y quién sabe, a lo mejor hasta tendremos una Indiana Jones femenina, que use látigo y colorete que luche contra los nazis en tacones.

 

 

 

Señales de la chochera inminente


Cupcake Knitting needles

Dos o más de estas y es hora de comprar agujas.

 

No me considero vieja. Para nada. A pesar de mi reciente cumpleaños, insisto que las demás personas de edad son señoras respetables pero yo no soy más que una adolescente encubierta. Aún así, hay gente de mi edad que se empieza a comportar como vieja y usan una de las siguientes frases:
1)   ¿Por qué hacen re-hacen las películas? Es cierto, a Hollywood le encanta repetir más que a huésped hambriento pero cuando alguien se apega a la versión de su generación de cualquier filme lo que en realidadestá diciendo es que no quiere aceptar que hay nuevas generaciones que merecen su propia versión, sus propios iconos, sus propias escenas predilectas. “Dejen meterse con los clásicos” es puro alegato de viejito.
2)   Esto no es música. ¿Dónde están las bandas buenas como Aerosmith, por qué ya nadie hace baladas como las de Bon Jovi, ya nadie tiene una voz como la de Annie Lennox, será que Roxette lanza un álbum de grandes éxitos? Todas estas frases las dijeron nuestros padres, abuelos, bisabuelos y de ahí para atrás. Sólo cambie los nombres de arriba por LaPollera Colorá o Rafael y se acordarán de haberlas oído salir de labios arrugados . A todos nos parece que la música “de ahora” no es nada al lado de The Police o U2 o Queen pero estos mismos cantantes que ahora son leyenda fueron alguna vez motivo de irritación auditiva para la generación anterior. Mejor cómprese un iPod y deje la lora.
3)   El cine de ahora no lo entiende nadie. Miren, a mí tampoco me gusta la moda de que todo sea en 3D. Francamente, 2D me bastan pero comprendo que hay gente que necesita más tecnología para sentir que la boleta vale la pena. Y si bien es cierto que algunas de las películas supertaquilleras de ahora con carentes de trama y actuaciones decentes, también es cierto que cada año salen filmes buenos y bien actuados y bien dirigidos que vale la pena ver, así como en “nuestra época” también hubo cosas horribles. ¿No se acuerdan de Swamp Thing y Demon Lover? Busquen en Internet y recuerden los oprobios que nosotros fuimos a ver y quédense calladitos.
4)   Los jóvenes no respetan a sus mayores y no tienen modales. Puede ser cierto, pero cada generación dice lo mismo, así que esta generación sólo está continuando con el ejemplo que les dimos nosotros.
5)   Qué barbaridad, la política ya no es como antes. Este es el colmo de todas las frases, junto con “como está de cara la vida”. Todo sube de precio, la corrupción existe desde que existen los humanos y todos padecemos memoria selectiva que hace que recordemos sólo lo que nos sirve para nuestro argumento. Busque periódicos viejos y acepte que el dicho es cierto, entre más cambian las cosas, más se parecen a las de antes.
Si usted ha usado más de una de estas frases en el último mes, va mal; en la última semana, está grave; antes de leer esta columna, es hora de invertir en un buen bastón y empezar a tejer.

 

 

La tecnología me ha convertido en una mejor persona


facebook engancha

hasta mi gato podría ser más popular que yo

 

Nunca fui lo que uno llamaría popular. Fui niña rara, adolescente retraída y adulta enmimismada; en el fondo medio tímida y, como dicen los abuelos, cuzumbosola. Además, eso de haber vivido en tantas partes no contribuyó a que formara relaciones duraderas. A veces trato demasiado de ser chistosa y se me va la mano, hablo en exceso, me río por la nariz y soy absolutamente analfabeta en temas de protocolo.

 

Ah, pero eso es en persona. En las redes sociales soy un encanto.

 

Si sumo mis amigos de Facebook, mis seguidores de Twitter y Pinterest y mis círculos de G+ con los que leen mi columna y los suscriptores a mi blog, tengo una “barra” de miles de personas. Al parecer, cuando hay al menos una pantalla entra la otra persona y yo, soy bastante afable.

 

Justamente esta semana estuve de cumpleaños y quedé sorprendida y conmovida por la cantidad de mensajes que recibí. Me di a la tarea de contestar uno por uno y me di cuenta de que muchos provenían de personas con las cuales no tengo contacto directo, humano, físico, en vivo hace más de una década. En algunos casos, hasta dos. Que se hayan acordado de mí y tomado el tiempo de desearme un feliz cumpleaños me alegró el día. Qué va, me mejoró el genio de aquí hasta la Navidad.

 

Lo traigo a colación no para hacerme propaganda (aunque sigo aceptando regalos y buenos deseos hasta que empiecen a sonar los villancicos) sino porque con frecuencia la gente raja de la tecnología. Muchos detractores de la modernidad afirman que el Internet nos aísla y que ha gangrenado la interacción humana, pero yo soy prueba de lo contrario. La red me ha permitido reencontrarme con amigas que creía perdidas, remendar relaciones que daba por irremendables y conocer personas más parecidas a mí de lo que pensé posible. Saber que hay otra gente que piensa como yo, que siente lo que yo me da ánimos para interactuar con todos los que sé que no. Me hace sentir menos sola, menos rara, menos…desencajada.

 

El ratón y el teclado me permiten ser elocuente, chistosa y amable, y los emoticones facilitan la transmisión del sentimiento a falta de inflexiones de la voz, que igual pueden ser ambiguas.  Además, el ritmo es diferente. No hay silencios incómodos que siento que tengo que llenar, no hay suspiros ni resoples ni “ajém” ni “ajá”. Sólo hay que hacer clic y estuvo: amistades casi automáticas.

 

Por supuesto que lo automático tiene sus bemoles. El haber visto fotos pegadas en el muro de alguien da la sensación de que nos hemos visto más o más recientemente de lo real y eso hace que uno haga menos esfuerzos por verse porque no siente la misma urgencia. ¿De qué vamos a hablar si ya lo pusiste en el muro?

 

Pero para mí, funciona de maravilla. Por eso, la próxima vez que me vea, tenga un poco de paciencia si ve que en lugar de estirar la mano hago clic. La verdad es que estoy tratando de decir “me gusta”.