Por qué el mejor negocio para una empresa es invertir en las personas


Muchas empresas invierten millones de pesos al año en talleres y entrenamientos para sus empleados sólo para descubrir que sus esfuerzos han sido en vano. 

La mayoría de las veces, durante el evento —que dura una mañana o a lo sumo un fin de semana— la gente se siente maravillada por todo lo que está aprendiendo,  pero cuando regresan al trabajo se revienta la burbuja. 

En algunos casos se revienta porque el programa que hicieron es como una de esas camisas que prometen ser “una talla para todos”, que en realidad no le horma a nadie. Lo que aprenden los asistentes es mucho, pero lo que retienen es poco y lo que es peor, no es aplicable a sus trabajos porque las teorías y metodologías son ideales académicos que no se ajusten a la realidad de sus empresas. 

En otros casos, los que asisten llegan con ganas de reinventar la empresa y hacer grandes cambios sólo para enterarse de que a sus jefes no les interesa cambiar. 

Esto no ocurre porque dichos programas no tengan buena información; ocurre porque la información, por buena que sea, no sirve para nada cuando no se traduce en acciones tangibles y hábitos duraderos. Por eso embutirles un montón de datos y gráficos a las personas durante jornadas intensas en destinos exóticos simplemente no funciona. 

Lo que sí funciona es invertir en la calidad humana, ofrecerles a los empleados la oportunidad de desarrollar destrezas y habilidades que les sirvan en sus vidas dentro y fuera de la oficina. Invertir en espacios y programas que permitan aprender y cultivar hábitos saludables, tener una comunicación más clara y armonioso consigo mismo y los demás y en general tener una vida más satisfactoria y plena siempre redundará en un mejor ambiente de trabajo. 

Porque la verdad innegable es que adquirir y desarrollar las competencias que se requieren para ser un buen líder toma tiempo, y las condiciones que se deben dar para que alguien ascienda laboralmente no se le pueden garantizar a ningún asistente porque no dependen ni de él ni de los oferentes del taller.

En cambio, aprender destrezas y habilidades (como el Storytelling, la escritura creativa, la terapia narrativa, entre otros) que nos ayuden a cultivar la autenticidad depende de cada uno de nosotros y serán útiles sin importar el cargo, la industria o la cultura porque las buenos seres humanos son universalmente apetecidos y apreciados porque, obviamente, quien es buena persona es buen líder, pero también es buen empleado, buena amiga, buen padre, buena gerente, buen médico, buena funcionaria, y por encima de todo es bueno tenerla en mi equipo y en mi vida. 

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