Qué decir cuando no hay palabras


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El amor es lo único que suena bien.

Son pocas las ocasiones en las que alguien como yo (logofílica, locuaz, parlanchina, hablantinosa, comunicativa, expresiva, etc.) no sabe qué decir. Pero pasa.
Hay momentos tan difíciles y dolores tan profundos que no hay palabras lo suficientemente grandes para envolverlos. En esos momentos hay quienes piensan que como no hay nada qué decir ni siquiera vale la pena intentar, mejor evitar ese silencio incómodo en lugar reconocer que nada puede reconfortar a alguien que no quiere oír una palabra reconfortante más porque las ha oído todas y ninguna sirve.
Puede ser difícil encontrar palabras en esos momentos en los que la vida nos sorprende con un dolor indescriptible, pero les garantizo que no empiezan con “al menos” ni “deberías”. Nadie sabe la sed con la que bebe el otro ni el dolor con el que carga, y tratar de dar consejos sobre cómo manejar lo inmanejable tratando de imaginar lo inimaginable sólo crea distancia. Y decir que todo llega y todo pasa, que el mañana será mejor o que el ayer fue bueno no ayuda a manejar el dolor de hoy, el hoy que además está lleno de cuentas por pagar, niños qué cuidar y una vida aún por vivir porque el mundo no se detiene por el dolor de nadie.
Por eso es fácil caer en la tentación de pensar que sólo porque no hay nada qué decir no hay decir nada, o peor, esperar a que alguien con dolor venga a mí. Nos metemos mentiras que suenan a “no voy porque estorbo” o “cuando quiera hablar, me llamará”. Son mentiras porque la verdad es que no nos gusta admitir que hay algo que no podemos arreglar porque es inarreglable, no nos gusta enfrentar el dolor ajeno porque nos recuerda el propio, no nos gusta ver a quienes queremos lidiar con una carga que no podemos compartir ni aligerar.
Pero eso no significa que no hay nada que hacer. He enfrentado, para bien o para mal, suficientes tragedias en mi vida como para saber que aún en esos momentos, las palabras son mágicas. Pero su magia sólo funciona si son las palabras adecuadas. Y cuando el dolor es grande, generalmente sirven más las palabras cortas: Esto duele. Te quiero. Estoy contigo.

Venga opine, deje la timidez...

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