La peor manera de pedir rebaja (es más común de lo que creen)


389941_321866967839739_100000493141297_1315529_884991985_nMis días laborando como empleada con salario fijo y jefe único han sido pocos. La gran mayoría de mi vida profesional he sido independiente, trabajando en proyectos con poca o mínima supervisión adulta y respondiendo a clientes sin el respaldo de secretarias ni mensajeros a quien culpar. De ahí que tenga mucha experiencia en el manejo del regateo como principio fundamental de toda negociación colombiana.
A la gente le encanta que le den rebaja, y cuando se puede, rebaja y ñapa. Y eso no está mal. Todos queremos sentirnos como clientes especiales y el descuento es una manera de contemplar a la clientela.
Pero ojo, que la manera de negociar un descuento puede salir muy, pero muy mal. En muchas ocasiones, más de las que quisiera contar, me han salido clientes potenciales con las palabras más odiosas que he oído:
Es tan fácil que lo podría hacer yo (mi hija, mi abuelo, mi perro) pero no tengo tiempo.
Para empezar, analicemos eso de que “cualquiera podría hacerlo”. En mi caso, como traductora y escritora, me enfrento con mucha frecuencia a que las personas no valoren lo que hago. Creen que escribir es botado y traducir es aún más fácil, que cualquiera que haya ido a Miami más de una vez tiene el vocabulario suficiente para hacerlo y que, en todo caso, ahí está Google Translate. Lo cierto es que aún las personas que hablan bien otro idioma pueden no ser buenos traductores, y Google Translate es una buena herramienta para un desvare pero no reemplaza lo que puede hacer un humano con experiencia. Hay miles de anécdotas entre traductores sobre los llamados “falsos amigos”, como también hay miles de víctimas que les ha salido carísima una mala traducción (a este señor le costó la vida).
Lo mismo le sucede a mi amigo ilustrador, a quien con mucha frecuencia le quieren pagar menos de lo que él considera que valen sus “dibujitos”; a mi amigo ingeniero que se topa con que todo el mundo tiene un sobrino que es “gomoso de los computadores” y que podría hacer lo mismo que él por un almuerzo; a mi esposo el publicista a quien los clientes le dicen que no entienden por qué un “loguito y un eslogancito” valen todo eso; a mi amigo fotógrafo a quien todo el mundo le saca en cara los apps que hacen “lo mismo que él”. Todos padecemos el mal de la subvaloración de nuestro trabajo. A nadie se le ocurre pedir rebaja en una cirugía porque es rápida ni pretenden que haya una tabla de precios de acuerdo al tamaño de la incisión (¿en serio doctor todo eso por sacarme un tumorcito chiquitico?), pero pocos entienden que los artistas y los independientes le hemos invertido la misma cantidad de tiempo a estudiar nuestro oficio que cualquier profesional, incluso más. Así que olvídense del ángulo de “es tan fácil que yo lo podría hacer” o la otra cara de la misma horrenda moneda, “no tiene que quedar tan pulido, eso sale rapidito”. La respuesta es que aún si pudiera hacerlo, no le quedaría igual, y si lo quiere mal hecho no me diga a mí que lo haga porque está en juego mi reputación y mi ética profesional.

La segunda parte, la del tiempo, es ofensiva porque parte del supuesto de que el tiempo de Don Cliente Potencial X vale más que el mío, lo cual es de por sí insultante, pero además supone un estimado erróneo de cuánto tiempo hay que invertirle a hacer lo que hace el otro. Para las traducciones, por ejemplo, la gente supone que “una hojita” es una vuelta de diez minutos, quince a lo sumo. Lo cierto es que lo que un traductor se demora en una hoja depende de muchos factores: el nivel de dificultad del tema o lo familiarizado que uno esté con el mismo (no es lo mismo para mí traducir un texto de lingüística que un texto de ingeniería mecánica), la cantidad de palabras y conceptos desconocidos y la disponibilidad de los mismos (hay cosas que no están in Internet, créanlo o no, y a veces hay que comprar un libro o llamar a alguien que sepa y no todo el mundo tiene un amigo experto en termodinámica), el formato en el que se entrega el original (PDF es horrible), y hasta el estilo y el estado del documento original (es como maquillar una fea: hay un límite de lo que puedo hacer por usted). Todo esto, combinado con cosas como qué tan rápido es uno para teclear y qué tanto trabajo tiene de otras fuentes, hacen que la velocidad varíe entre 100 palabras por hora y 100 palabras al día, y eso para alguien con experiencia. Siéntese usted a hacerlo y se va a demorar aún más.

Entonces, ¿ya ven por qué son tan odiosas estas palabras? Si el tema es de plata, si usted no tiene con qué pagarme lo que me merezco, dígame de frente e intentemos llegar a un acuerdo, pero no trate de pagarme menos diciéndome que mi trabajo no requiere conocimiento especial ni talento alguno, porque demeritar el trabajo que quiere que le haga no me hace querer cobrarle menos. En cambio, sí hace que piense menos de usted.

 

 

3 comentarios en “La peor manera de pedir rebaja (es más común de lo que creen)

  1. Mauricio Gomez Weiss dijo:

    Cuanta razon tienes. Para una gran mayoria de personas consideran que su tiempo es mas valioso e importante que el de la persona que ofrece sus conocimientos y habilidades. Pero cuando es en el otro sentido se ofenden y olvidan que asi tratan a los demas.

Venga opine, deje la timidez...

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