El Gran Matini


Atención todos que el show va a comenzar

Atención todos que el show va a comenzar

Todo está preparado. Los asistentes estamos sentados en silencio expectante. Las cámaras están a la mano. El ambiente se siente enrarecido con la promesa de un espectáculo sin igual. Y entonces, llega el mago con una toalla amarrada al cuello, un bigote dibujado con marcador negro y un sombrero que sobró de la celebración de año nuevo. Se nos presenta como El Gran Matini y nos anuncia que hará desaparecer este vaso (tan, tan, taaaan) pero primero debemos cerrar los ojos. Obedecemos. Oímos sus carcajadas mientras esconde el vaso. Con voz grave y ademán teatral nos dice las palabras mágicas, que suenan algo como “abla cabalaba barbas de calamar” y ¡suish! Abrimos los ojos y el vaso ya no está. La sala estalla en aplausos. El Gran Matini da venia tras venia y el show se repite varias veces.

El Gran Matini es sólo el más reciente en una larga línea de magos. Ocasionalmente Emilio el Grande nos concede un truco, y mi papá y yo no podemos ver un naipe sin decirle a la víctima más cercana “escoja una carta”. 
Pero no todo el mundo aprecia una buena muestra de prestidigitación. Creo que en general hay dos actitudes frente a la magia: las personas que sienten que les están diciendo brutos en la cara y cuya misión es tratar de descubrir cómo se está haciendo para hacerlo ellos mismos y así demostrar que el mago no tiene nada de especial, y la gente que sabe que es un truco pero que disfruta del engaño con voluntad de goce. Conozco miembros de ambos bandos y está bien pertenecer a cualquiera de los dos, pero sospecho que a los segundos les va un poco mejor en la piñata. 
Es más, un estudio que leí hace poco afirma que los niños menores de un año que vieron cómo se hacía un truco de magia con una pelota jugaron más con esa pelota que los niños que no vieron el mismo truco. Es más, jugaron con esa pelota por encima de otros juguetes. La razón, dicen los investigadores, es que la pelota los sorprendió y eso hace que quieran examinarla más a fondo. 
Ese creo que es el corazón de la magia. Nos hace examinar más a fondo la realidad, la vida, lo que consideramos posible. Si lo permitimos, un buen truco de cartas nos puede no sólo divertir sino ayudar a ver el mundo con otros ojos. 
Este es el propósito de toda clase de magia, no sólo los trucos y las ilusiones sino la magia del cine, del arte, de los cuentos de miedo y los culebreros: recordarnos que aún hay sorpresas en el mundo.
Así que la próxima vez que alguien le diga que hay un mago en una fiesta, no haga mala cara. Trate de ver los trucos con ojos de niño y recuerde las palabras de Roald Dahl: aquél que no cree en la magia está condenado a nunca encontrarla.

Venga opine, deje la timidez...

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