Bebés de marca


Eso es, un poco más de Álvarez, otro poquito de Camelo, no, no, menos Lozano, menos Bernal, eeeeeso es.

Eso es, un poco más de Álvarez, otro poquito de Camelo, no, no, menos Lozano, menos Bernal, eeeeeso es.

Mi hijo es perfecto. Todo él, cada parte de su cuerpo tiene la forma y la proporción justas. Yo lo miro y lo examino y no encuentro nada que no me parezca digno de los más hondos suspiros de admiración.
¿Y si no fuera así?
Si me hubieran dicho durante mi embarazo que no iba a tener mis ojos o que iba a heredar la nariz de un lado de la familia en lugar de otro, o incluso que sacó mi gen de la estatura en lugar del de mis abuelos…¿habría sucumbido a la tentación de arreglarlo?
La pregunta no es sólo filosófica. La tecnología llamada CRISPR-Cas9 permite a los científicos editar prácticamente cualquier gen que puedan identificar, casi como darle ‘reemplazar’ a Word cuando uno quiere cambiar una palabra en un escrito. Este mes, científicos de la China reportaron haber usado la tecnología de edición de genes CRISPR para editar embriones humanos -embriones que no eran viables y de todas maneras no iban a llegar a ser bebés nunca- o sea que puede ser sólo cuestión de tiempo hasta que esta tecnología esté a la venta a padres esperanzados de tener un bebé con los ojos de la abuelo, la altura del bisabuelo, la simpatía del papá o el lunar coqueto de la tía.
La verdad, es tentador pensar que podríamos evitarles a nuestros hijos ciertos sufrimientos que vienen atados a algunos rasgos físicos en particular. Es más, yo siento esa tentación en mí cuando juego ese terrible Tetris que jugamos las mujeres, que suena algo así como ‘y si me levanto los ojos así y me quito esto de papada y me pongo un tris de labios y me quito esto de cachetes…’. Es un juego que nadie puede ganar, por supuesto, pero me pregunto cuánto hay de eso que yo hago a jugar ‘y si mi mamá hubiese podido evitar que yo tuviera esta tendencia o este defecto…’, que me parece aún más peligroso.
Aunque lo anterior sea pura especulación por ahora, lo cierto es que eso de andar ajustándonos unos a otros y otros a sí mismos es un sendero resbaloso. Las cosas que nos hacen diferentes nos hacen necesarios; las cosas que nos hacen imperfectos nos hacen valientes; aquello que nos quita del lado de la belleza nos aumenta en el lado de la personalidad.
Pero no todo el mundo elegiría personalidad por encima de belleza si le dieran la opción. Si me tocara escoger…pues, la verdad, me alegra no haber tenido esa opción pero ahora siento que tengo la responsabilidad de cuidarme mucho de decir cuánto me gustaría cambiar de mí porque es posible que algún día mi hijo sienta ganas de editar a sus hijos, y mi concepto de lo deseable puede teñir esas decisiones. Creo que voy a tener que cambiar de monólogo frente al espejo y empezar a jugar “qué me alegra tener” en vez de “qué podría cambiar”.

Venga opine, deje la timidez...

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