La piñata china 


Girl opening pinata on ground at party

Girl opening pinata on ground at party

Pocas cosas son más emocionantes para un niño que una piñata. O sea, es que literalmente caen dulces y juguetes del cielo. Eso es lo más cercano a un sueño hecho realidad que puede llegar uno a los cinco años, que nadie diga lo contrario.
La piñata, a propósito, no es originaria de México, sino de China. Los chinos usaban piñatas en forma de buey o de vaca para festejar el Año Nuevo y las rellenaban con cinco tipos de semillas. Después de reventar la piñata, tomaban las semillas, las quemaban y luego guardaban las cenizas para la buena suerte. Marco Polo llevó la idea a Italia en donde se incorporó al la celebración de la cuaresma. De ahí pasó a España y los misioneros la trajeron a México en donde se fusionó con costumbres Mayas y Aztecas y luego se esparció como una ranchera de ahí para abajo hasta llegar a ser el acto central de toda reunión infantil.
Es, por lo tanto, simple justicia poética el que ahora las piñatas estén llenas de juguetes baratos chinos, de esos que duran poco y contaminan mucho. Los chinos están recuperando el terreno perdido y lo están haciendo con puntería ninja.
Mi crítica no es contra el concepto de la piñata en sí, sino en que se crea que existe la necesidad de llenar a los asistentes a las fiestas de baratijas y que más es mejor. Yo honestamente pienso que uno puede dar recuerdos de la fiesta que sean amables con el ambiente y el bolsillo
Habrá quienes me tilden de hippie irremediable por sugerir que les den a los niños algo biodegradable en lugar de robots de plomo y trompos de pilas que tocan canciones de los ochenta y sé que me arriesgo a que nadie quiera ni venir a las fiestas de mi hijo ni invitarlo a sus fiestas a raíz de esta columna pero sólo pido un poco de mesura al respecto de lo que consideramos niveles aceptables de chucherías en lo que repartimos. Creo honestamente que somos capaces de inventarnos algo distinto al pollito azul que me tocó a mí y el Woody bizco que le toca a mi hijo.
Tal vez no podamos volver a la piñata llena de semillas (mi esposo amenazó con no invitarme a la fiesta de nuestro hijo si hago eso) pero a lo mejor entre la semilla china y el juguete chino hay una solución que haría sonreír a Confucio.

4 comentarios en “La piñata china 

  1. zavilar dijo:

    Nunca lo había pensado y, analizando, creo que tienes toda la razón. Las fiestas infantiles son derroche, exceso y cero consciencia frente a los mensaje que transmitimos a los niños.

  2. deepfield dijo:

    Yo nunca fui amante de las piñatas, y creo que mis hijas nunca las tuvieron, pero la principal objeción era de seguridad: eso de tener un niño vendado y desorientado boleando un palo sin saber para dónde en un sitio donde hay una sola piñata y veinte cabezas de niños no me sonaba muy adecuado.

Venga opine, deje la timidez...

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