Oda al libro no leído


518666975Siempre he creído que el único tamaño que importa es el de la biblioteca  y la mía es grande y con tendencia a la expansión. Sin embargo, he encontrado que tanto en la mía con en la de mis amigos, ídolos y tutores hay un porcentaje alto (también con tendencia al crecimiento) de libros no leídos. Y, quiero aclarar, no son libros por leer, es decir, libros en la lista de espera para cuando termine el actual, y ni siquiera en la lista de “leeré algún día”. No, se trata de libros que no voy a leer nunca, que no tengo intenciones siquiera de ojear y de los cuales no pretendo saber nada.
Algunos pensarán que tener libros de esta clase es presuntuoso, que sirven para inflar el ego, descrestar al visitante o despistar al enemigo, como queriendo sugerir que mi conocimiento es vasto por habérmelos leído todos, pero ese no es el caso. Al menos, no para mí.
Incluso, hasta hace poco no sabía exactamente por qué me gustaba tenerlos a la mano hasta que supe que Umberto Eco no sólo tiene su propia anti-biblioteca, sino que sugiere que esta debería ser aún más grande que la suma de los libros que sí hemos leído.
La razón, dice Eco, es que los libros sin leer representan lo que no sabemos, lo que no tenemos cómo saber, y tener un recordatorio de lo mucho que aún no conocemos nos ayuda a mantener cierta humildad con respecto al conocimiento humano en su -pequeña- totalidad y sobre todo con respecto a nuestra propia aglomeración de conocimiento.
Porque, toca reconocerlo, lo que sabemos, por mucho que sea, es poco. Mi abuelo Miguel decía que la ciencia es la pequeña porción de nuestra ignorancia que hemos logrado clasificar, pero lo que no hemos podido ordenar es superior a todo esfuerzo humano. Para muchos el conocimiento es un adorno, algo capitalizable como diría Pierre Bourdieu, que nos ayuda a ascender social y laboralmente, como una medalla de la cultura o un premio al Nerdismo, pero la cosa no va por ahí. Tener presente lo que no se ha leído y aceptar la inevitable realidad de que nunca nos vamos a leer todos los libros de la biblioteca es una manera de aceptar que nuestra mente es un proyecto de nunca terminar y que el fin no siempre llega cuando uno acaba porque a veces no se trata de acabar. Lo divertido está precisamente en la imposibilidad de agotar, de tachar todos los ítems de la lista, de ver la pila de libros leídos y darse vueltas con satisfacción y decir “no me queda más por leer.”
Que ese día nunca me llegue, que las estanterías no me alcancen y que mi saldo bibliofílico esté en rojo hasta el día en que me entierren con mi antibiblioteca.

Más sobre tamaños que importan en esta columna

Sobre mi bibliofilia aquí y aquí

2 comentarios en “Oda al libro no leído

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