Ensalada mediterránea



Hace unos días estaba fuera de casa a la hora del almuerzo. Busqué opciones saludables (porque había testigos) y di con una ensalada rotulada “Mediterránea” y la tomé sin mayores reparos. Ay, pero he debido reparar. Verán, el concepto de lo mediterráneo de esta ensalada desafía toda lógica, toda orientación, todo conocimiento de la geografía, la culinaria y, bueno, el sabor. La ensalada, armada en pisos, consistía de brócoli, tomates cherry, nueces, queso, coco, fresas y mi opción de vinagreta de aceite sospechoso y vinagre embalsamado o salsa incierta tirando a rosada.
No sabría decirles si la ensalada estaba rica o no porque la verdad es que la confusión pudo más que cualquier otra cosa y no pude dejar de pensar, mientras masticaba un bocado crocante tras otro, en la Venus de Milo usando brasier de coco.
La imagen me persigue hasta hoy.
Pero la cosa no termina ahí. Fui luego con una amiga y le mostré la dichosa combinación y ella se puso furiosa. Estábamos, señaló ella, en la cafetería de una universidad. ¿Acaso no debería yo, una profesora, decir algo? ¿No era mi responsabilidad velar por la buena educación de la juventud que allí almuerza?
La verdad no lo había pensado. Lo máximo que hice fue decirle a mi amiga que tal vez se debería llamar “nostalgia mediterránea de un isleño,pero nada más.
A lo mejor me pasa como a mi amigo Pasquale, italiano de pura cepa, quien se levantó en medio de cierta pizzería pereirana a gritar porque esa no era una pizza “verdaderamente napolitana” y que como ciudadano de Nápoles les prohibía usar su gentilicio como adjetivo para semejante porquería.
No estuve lejos de protagonizar una escena similar aquél día, mientras las fresas se mezclaban con los tomates y la salsa sospechosa me adormecía la lengua. Pero me contuve, en parte porque soy cobarde y en parte porque no sé si valga la pena dar la pelea. No sé si los creadores de la ensalada querían ser geográficamente correctos ni si les importe que la ensalada tiene menos de mediterráneo que el pepperoni de italiano (algo que aprendí hace poco en una pizzería donde un italiano me regañó y me dio una larga explicación sobre el origen del término pepperoni). Tampoco la gente que la consume parece alterada por la discrepancia. Tal vez, si yo no estuviera esperando tomates y aceitunas, habría disfrutado de la combinación de brócoli con coco.
Además, eso de andar por ahí corrigiendo cuanto aviso de “se hacen posos escépticos” veo en la carretera no me suena divertido. Ya bastante tengo con los que dicen “coptel”, “romboy”, “conscientizar” y “accequible”. Mejor dejo que cada quien coma lo que quiera y le ponga el nombre que le parezca. Y por ahí derecho me como una trufa y ruego por que me toquen alumnos que saben la diferencia entre mediterráneo y caribeño, o que la menos usen Google antes de cocinar.

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