Heme aquí


Desde mi último post, Matías ha tenido múltiples ataques de tos y amigdalitis, aprendió a montar en bicicleta, pasó de jardín infantil a colegio de niño grande, fue testigo y víctima del matoneo y ahora tiene novia. Nos amenazaron con vender la casa en la que vivimos, se nos entraron los ladrones cinco veces (no nos robaron nada pero sí a los vecinos) y se nos dañó el calentador (en Chía esto es una tragedia porque el agua sale en cubos). A mi mamá le hicieron 45 llamadas extorsivas y amenazantes y la operaron de un pólipo en el colon (haga clic aquí para leerlo todo contado por ella).  Yo me caí y me hice daño permanente en las rodillas, desarrollé fascitis plantar y gonoartrosis, terminé una novela -aún sin publicar-, y volví a la docencia (ahora soy profesora en mi alma mater y me toca sostener en cañazo de que soy Periodista de Opinión). Aparte de todo,  mi perro mató el gato de la vecina, Jorge le regaló a Matías un perro de cumpleaños que me ha roto cuatro pantalones, tres pares de medias y dos camisas. Se murió mi planta carnívora, me retoñó la albahaca, pelechó la granadilla y se amargó el cilantro. Me acordé cómo se usan las agujas de crochet, intenté aprender a coser y fracasé estruendosamente en mi intento por mantener organizada mi oficina.
En otras palabras, mucho ha pasado.La vida pasa y nos pasa. Y ahora, heme aquí de nuevo como la logofílica que soy, adicta a las palabras, incapaz de dejar de escribir.
Escribir no es mi hobby; es mi vicio. No fumo, no meto, no hago trampa ni digo mentiras pero, ¡ay! las palabras son mi debilidad. Las mías y las ajenas, las de abolengo y los neologismos, las románticas y las groserías (y, tal vez especialmente, las groserías románticas), todas ellas me inundan y brotan de mí cuando menos lo espero. Y en medio de todo el revuelo de lo cotidiano, el dolor insoportable, el placer inesperado, el problema ninja, la deuda olvidada, el compromiso ineludible y cada abrazo de mi hijo, regreso a las palabras, a la escritura, como el alcohólico que pasa por el bar mil veces pero a la mil una entra con resignación.
No sé si mis lectores vuelvan. Hay muchas columnas y muchos blogs por ahí, mejor atendidos y hasta mejor nutridos que el mío. Quizás me hayan olvidado o reemplazado, vapuleado y vituperado y jurado nunca volverme a leer porque no me los merezco. O de pronto me han extrañado y se alegren de leerme como cuando uno se encuentra un par de jeans viejos que pensó que había regalado y al ponérselos recuerda por qué eran los favoritos. Es posible que ya no nos quedemos, que nos sintamos estrechos o pasados de moda. Pero tal vez recuperemos el molde, nos acoplemos a los kilitos de más o de menos y decidamos seguir juntos a pesar de los remiendos. O cualquier otra metáfora que les convenga. El caso es que aquí estoy y planeo volver. Al menos hasta que la vida vuelva y se interponga entre mi vicio y mi teclado.

6 comentarios en “Heme aquí

  1. DuXtin dijo:

    Bienvenida de vuelta, Ángela. Y que esta vez la gonoartrosis, el cañazo de docencia y el perro de Matías no eviten que sigas escribiendo.

    Fuerza.

    —DuXtin

  2. Ana Ruiz dijo:

    Hola mi única y preferida escritora. Claro q te extrañe y, mucho. Como me alegra tu regreso con todas esas anécdotas que me alegran el día. Felicitaciones y muchos éxitos en tu nueva cátedra. Un beso y otro para Mati.

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