La ética del hacker


El término hacker abunda por estos días en los medios nacionales. No voy a hablar ni del hombre al que se asocia el término ni de los actos que al parecer ha cometido. Mi problema es con la palabra hacker, porque la están usando mal. Según los noticieros y los titulares, un hacker es un cibercriminal, una persona falta de ética y moral que roba y vende información con el fin de hacerles daño a personas como ustedes o como yo.
Pero eso no es del todo cierto.
Para empezar, a palabra hacker proviene de una palabra inglesa del siglo XVII que describe obreros que labraban la tierra con un azadón. Los programadores adoptaron el término en los años sesenta para referirse a personas que sentían que el desarrollo de programas y tecnologías de computación era, más que una profesión, una pasión. Los primeros hackers eran ingeniosos y disfrutaban del reto intelectual que suponía sobreponerse a las limitaciones propias de los sistemas existentes. De allí nació la subcultura hacker, de donde salen también los crackers, los phreaks y los warez d00dz. La sociedad hacker tiene una jerarquía muy clara y organizada de castas como los samurai, los sneakers y los tiger teams. Algunos, como estos últimos, venden sus servicios a empresas que pagan por saber qué tan falible es su seguridad mientras que otros hacen lo mismo simplemente porque adoran el desafío de burlar la seguridad de cualquiera que ostenta ser impenetrable. Pero todos, o casi todos, tienen un código, una ética, descrita inicialmente en el Manifiesto Hacker de El Mentor luego de su arresto, y posteriormente explicada por Himanen y Castells.
Básicamente, los hackers  creen en crear software y compartirlo, que la libertad de la información es sagrada, los secretos son inherentemente malvados y la búsqueda del conocimiento es universal y por tanto el conocimiento también debería serlo. Son contestatarios, antiautoritarios  sin ser anarquistas y defienden la idea de que los computadores pueden cambiar vidas y que la información es bella y debe ser gratuita. Por eso atacan a las grandes corporaciones, porque sienten que estos no deberían ser los únicos con acceso a la tecnología moderna. Se ven a sí mismos como una especie de Robin Hood y abogan por el acceso universal a los computadores y al Internet.

El tipo que cogieron esta semana, si hizo lo que dicen que hizo, no es un hacker; es un lamer, una persona sin interés alguno por defender un ideal. Se trata de un fanfarrón, presumido y perezoso que no tiene las habilidades que dice tener y tampoco tiene intenciones de aprenderlas.
Y para un verdadero hacker, aprender es la mitad de la diversión; la otra mitad es compartir lo aprendido, y yo no vi ni diversión ni amor por más que el dinero en las noticias esta semana. Por eso digo que hacker es un halago que no se merecen los involucrados.

*Esta columna apareció en el diario La Tarde bajo el título Confieso que he leído La ética del hacker y el espíritu de la era de la información  de Pekka Himanen y Manuel Castells el domingo 11 de mayo de 2014

 

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