Poesía puerta a puerta


Hay cosas de las que no se puede hablar sin cierto ritmo o cierta rima y la poesía tiene la posibilidad de hablar de ellas, porque hay momentos en los que los fragmentos son lo único que parece tener sentido. Aún así, tengo una relación difícil con la poesía. Por un lado están los poemas que articulan emociones demasiado crudas y difíciles para describirse en oraciones largas; por otro, están las poesías vagas o cursis, deliberadamente obscuras, etéreas y medio izquierdosas que impacientan y espantan a la gente como yo.
Pero hasta la gente como yo sabe que Cassandra Clare tiene razón cuando dice “Sólo los débiles mentales se rehúsan a dejarse influenciar por la literatura y la poesía.”
Por eso agradezco a mis profesoras (Mrs. Higgins, Bertica, María Elena y mi mamá) que me enseñaron a querer la poesía desde niña porque honestamente no sé qué habría sido de mi niñez sin Shel Silverstein o de mi adolescencia sin Gustavo Adolfo Béquer. Pero también sé que no todo el mundo tiene esas profesoras y que hay mucha gente que no ve más allá de la poesía de canelazo. Sin embargo, creo que hay esperanzas.
Este mes, por si no sabían, es el Mes de la Poesía y por ello mi correo está lleno de mensajes alusivos a la celebración. Llevo varios días dejándome arrastrar por el torrente de versos que me llegan pero de todos sobresale un escrito, en prosa, de Joseph Brodsky. El ensayo Una propuesta inmodesta habla de cómo el sistema educativo ha fallado en su intento por promover el amor por la poesía y por qué eso es tan grave. Brodsky llega a sugerir que los libros, particularmente los de poesía, deberían entregarse a domicilio como otrora la leche y que deberían ser considerados un servicio público como el agua o la luz. Si eso no es posible, dice el autor, entonces al menos se deberían vender libros de poemas en las droguerías en lugar de antidepresivos (claramente Brodsky no se refiere a Julio Flores que es bastante deprimente) y que seguramente a todos nos iría mejor si al lado –o, mejor, en lugar de- una biblia encontráramos un tomo de poemas en los cajones de los hoteles.
Como resultado de este ensayo surgió en Estados Unidos una iniciativa para distribuir de manera gratuita libros de poesía en lugares inesperados. Han hecho jornadas de poetización (como alfabetización poética) en colegios, hoteles, estaciones de tren, hospitales, juzgados, supermercados, paraderos de buses y camiones, zoológicos y dentro de directorios telefónicos.
Probablemente no se logre mayor cosa poetizando a la gente. El mismo Brodsky dice que la poesía  no puede reducir la pobreza, pero sí puede hacer algo para reducir la ignorancia, y eso ya es un avance.
Por eso, les tengo el plan para este Domingo de Resurrección: resucitar una poesía. Anoten un verso en un papelito, échenselo al bolsillo y poeticen a alguien.
Me cuentan cómo les va.  
*Esta columna apareció en el diaro La Tarde bajo el nombre Confieso que he leído Una propuesta Inmodesta de Joseph Brodsky el domingo 21 de abril de 2014*

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