En defensa de los cuentos de hadas


Esta semana ha sido particularmente nefasta en temas noticiosos. Una joven fue víctima de un ataque con ácido, hay revocatorias, despidos, abusos y maldad en todas las estaciones de radio, en todas las notas del noticiero y en cada página del periódico. He llegado al punto en que no quiero saber más de esas noticias. Y sí, soy consciente de la ironía de que yo, siendo periodista y escribiendo esta columna que aparece en un periódico, diga que declino cualquier invitación a enterarme de la “vida real”, pero ahí lo tienen: de ahora en adelante no veré sino muñequitos animados y procuraré leer sólo libros con dibujos.
Algunos dirán, por supuesto, que la mía es una alternativa ingenua, tal vez hasta cobarde, y que huir de la realidad es peor que enfrentarla, pero discrepo.
Y no estoy sola. Es más, tengo muy buena compañía. Resulta que justo hoy estaba leyendo algo de J.R.R Tolkien, uno de mis autores preferidos de todos los tiempos. Tolkien dio una charla sobre los cuentos de hadas que aparece como ensayo en el apéndice del libro Cuentos desde el Reino Peligroso. En él, el legendario autor dice que la idea de que los cuentos de hadas son para niños es absurdo y que nadie debería escribir “para niños” porque la fantasía es para todos.
Me gusta esa idea y se me ocurre que la verdad es que la fantasía sí escribe para niños, pero para el niño o la niña que todos llevamos dentro, que según Maya Angelou nunca crece y permanece fresco como una magnolia toda la vida (conozco gente con la magnolia marchita pero esa es otra historia).
Dice Tolkein, y lo dice bellamente, que “La fantasía creativa, dado que está tratando de hacer algo (crear algo nuevo), puede abrir un reserva interna y permitir que todas las cosas allí encerradas salgan a volar como aves enjauladas”. Admito que pasé mucho rato con visiones de emociones aladas saliendo de mis oídos (por alguna razón me pareció que sería una pista de despegue lógica). Pero más allá de la idea de darle alas a lo que uno tiene encerrado, la frase me dio argumentos para enfrentarme a la gente que asegura que preferir una novela a un periódico es escapista, que ver Disney Channel es pueril y que el mundo no va a cambiar porque yo lo evada. Ah, pero es que no han entendido que no tengo intenciones de cambiar el mundo. Sólo estoy cambiándome a mí misma.
Puedo decir orgullosamente que mis reservas tienen las jaulas vacías y por eso puedo prescindir por ahora de alcaide de la “actualidad”. No necesito que me “actualicen”; no soy un app.
Así que si sienten que se enferman por una sobredosis de realidad, los invito a leerse un cuento de hadas, pero de hadas de verdad y ojalá con princesas y caballeros. Verán cuán bien le cae una escapadita a su niño interior.

 

* Esta columna apareció en el diario La Tarde el domingo 6 de abril de 2014 con el título Confieso que he leído Cuentos desde el Reino Peligroso de J.R.R Tolkien

2 comentarios en “En defensa de los cuentos de hadas

  1. deepfield dijo:

    Eso funciona, hasta que uno se da cuenta de que los cuentos de hadas son cosa de locos: la madrastra envenena al rey y manda a matar a la hijastra; los pobres leñadores no pueden sostener a su familia y abandonan a sus hijos en el bosque para que se los coma una bruja, que ellos felizmente matan en su propia olla; la otra madrastra que esclaviza a su hijastra y le roba su herencia…

Venga opine, deje la timidez...

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