Mi magia aún no está escrita


 Imagina una mujer de Patricia Lynn Reilly
Imagina a una mujer que cree que es justo y bueno ser mujer.
Una mujer que honra su experiencia y cuenta sus historias.
Que rehúsa cargar con los pecados de los demás en su cuerpo y en su vida.

Cómo me han impactado estas palabras hoy, justo hoy cuando hace pocas horas conocí a una mujer que vive en un cuerpo que considera su enemigo. Ella habita en territorio hostil. ¿Acaso no somos todas así? La mayoría, diría yo. Muchas, de eso no me cabe duda. Demasiadas porque con una sola que arranque el día poniéndose fajas para sacar la figura que no tiene, tacones para lograr la altura que cree que le falta, cremas rellenadoras para disimular las arrugas que no quiere reconocer y comiendo a escondidas las comidas a las cuales siente que no tiene derecho; con una sola que viva así ya hay de más.
Esta mujer que conocí hoy me hizo pensar en cómo muchas mujeres vivimos desde la percepción de la insuficiencia. No nos creemos lo suficientemente delgadas, jóvenes, altas, inteligentes, preparadas. Le hice a ella una pregunta que les he hecho a más de cien mujeres: ¿si su ídolo estuviera en el cuarto del lado, iría a verlo (o verla) tal como está en este momento? Hasta ahora, ninguna me ha dicho que sí; todas dicen que se tendrían que ir a la casa a cambiar de ropa y la mayoría irían a la peluquería antes de pensar siquiera en conocer a sus ídolos. La mujer de hoy ni siquiera piensa que en su clóset tiene la ropa indicada y me dijo que se haría cirugía antes de pensar en conocer a alguien tan importante. Y entonces le hablé de otra clase de mujeres, mujeres como la que describe Patricia Lynn Reilly, que “nombra a sus propios dioses [y] se imagina lo Divino a su imagen y semejanza”.
Yo conozco esa mujer. La he visto en el espejo sonriendo desprevenida y la he encontrado en algunas fotos en las que la luz del sol da justo donde debe dar y el obturador se disparó en el instante en el que la sonrisa es aún sincera, antes de que la preocupación por la papada y el temor por no tener una risa fotogénica le congelan el rostro en una expresión tragicómica de pánico y demencia. Pero no la veo todos los días. No ahora. No últimamente. Hoy la extrañé más que nunca pero sólo la encontré en las palabras de Maya Angelou que dice que baila como si tuviera diamantes en su entrepierna. No he logrado bailar así aún y no sé si sea capaz de enseñarle a la mujer que conocí hoy que su cuerpo no es un campo minado. Para hacerlo, tengo que empezar por creerlo yo. Por ahora, como lo dijo Audrey Lorde, creo que soy una mujer cuya magia aún no está escrita.

 

* Esta columna apareció el domingo 30 de marzo en el diario La Tarde como Confieso que he leído… Imagina una mujer de Patricia Lynn Reilly 

6 comentarios en “Mi magia aún no está escrita

  1. Constanza Mora dijo:

    Me encanto este artículo …lo compartí con muchos de mis contactos tanto amigas como amigos ….de tal madre tal hija ,muchas alegrias para ambas .

Venga opine, deje la timidez...

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