¿Me está hablando a mí o a mi cuerpo?


“No soy una princesa” de la serie “Whiteboard responses” en la que algunas mujeres tenían tableros en las que respondían a los comentarios de los hombres en las calles.

No es fácil describir lo que pasa cuando una mujer es víctima de un hombre que cree sinceramente que no está haciendo nada malo, o peor, honestamente convencido de que le está haciendo un favor. No estamos hablando de acoso ni de piropos desvergonzadamente sexuales o morbosos; esos son fáciles de detectar y los hombres que los propinan por lo general saben que son desagradables. No; estos son los comentarios que parecen inocentes, hasta coquetos, que salen de las bocas de los señores, de los padres de familia, de los vecinos y colegas que sienten que es su deber masculino ofrecer su opinión –no solicitada- sobre los cuerpos que ven.
Y he ahí el problema. Están evaluando un cuerpo. A ver les explico: cualquier comentario que vaya dirigido al cuerpo, así sea un comentario positivo, parte de la base de que ese cuerpo está allí para ser mirado, juzgado o evaluado, o de que las mujeres hacemos todo sólo por llamarles la atención.
Lo que muchos no entienden es que no es su trabajo hacer que una mujer se sienta bonita. Tampoco lo es hacerla sentir fea ni gorda, comentar sobre la manera como camina, la ropa que tiene puesta, la forma en que las diversas partes de sí reaccionan a la gravedad ni qué pensamientos ni antojos le produce el mirarla. Así crean que hacerlo es alegrarle el día, se equivocan. Hacerlo crea un ambiente en donde está bien pensar que las mujeres existimos sólo para ofrecerles placer visual.
Sé que es confuso. Lo era para mí también. No entendía por qué me molestaban tantos esos comentarios y aún más que cuando alguna tenía el coraje de informarles que sus opiniones no eran bienvenidas le contestaran pero por qué tan seria, no se ponga bravita y similares. Pero todo se aclaró cuando vi la obra y leí las palabras de Tatyana Fazlalidazeh sobre su proyecto “Stop telling women to smile”. Entendí que frases como no me gusta verte brava, no me hagas esa cara o regálame una sonrisa en realidad significan sólo quiero ver tu cuerpo y no me interesa saber lo que piensas ni sientes. Y como son frases amables, faltas de lenguaje grosero u ofensivo, pasan inadvertidas y los hombres que las dicen no entienden el daño que han hecho mientras que las mujeres que las oyen luchan por comprender por qué duelen tanto, por qué al oírlas sienten vergüenza, desconfianza y miedo.
¿Miedo a qué? A que la próxima vez no sean sólo palabras.
Algunos leerán esto y exasperados se preguntarán a qué horas se les acabó ese mundo tan regio en el que las secretarias se tenían de dejar manosear de los jefes, las mujeres se limitaban a sonrojarse discretamente cuando se les insinuaban en las calles y todo improperio quedaba cubierto bajo el manto de “el sí más dulce es el no de una mujer”.
Pero se les acabó.
Así que, de ahora en adelante, si lo que le va a decir a una mujer se lo diría a un hombre sin pena, hágale. Si no, mejor piense en otra cosa o quédese calladito.

“Dejen de decirles a las mujeres que sonrían y empiecen a darles motivos para que lo hagan.” Este hombre es mi héroe.

Esta columna apareció en el diario La Tarde en domingo 16 de marzo de 2014 con el título “Confieso que he leído No les digas a las mujeres que sonrían por Tatyana Fazlalidazeh”

6 comentarios en “¿Me está hablando a mí o a mi cuerpo?

  1. madrexilio dijo:

    Es muy cierto lo que dices, el tema es que lamentablemente la sociedad aún no comprende que no es nuestra obligación sonreír, ni estamos para complacer la vista de nadie. Saludos desde Budapest

  2. David Duarte dijo:

    Me encantan tus escritos pero esta vez quiero decirte de manera respetuosa que no estoy en total desacuerdo con este. Me preguntó sinceramente ¿Qué tiene de malo un buen piropo de un lado o del otro? Yo sí creo que pueden alegrarle el día a alguién o por lo menos generar una buena anécdota. Incluso sí detrás del piropo están las ganas de poseer el cuerpo y no se considera a la persona, un poco de erotismo hace que la vida sea emocionante. Los seres humanos no sólo queremos ser personas intelectuales o espirituales, también queremos ser sujetos de deseo. Creo que muchos adultos saben dar y buscar un piropo como una pequeña y agradable picardía, como una forma de ponerle algo interesante a la vida. Los sujetos no somos unidimensionales, el que hace un buen piropo también puede ser un grandioso amigo, alguien capaz de llevar una buena conversación con su sujeto de deseo e incluso solo interesarse por su contenido intelectual o su capacidad de trabajo. En definitiva un buen piropo no es agredir al otro. Me parece demasiado suponer que esta práctica divertida impulse otros conductas abusivas. Muchas personas saben que el juego solo llegan hasta ahí, el “piropero” no es un potencial agresor sexual ni alguien que reivindica este delito.

    • Angela Alvarez Velez dijo:

      Me encanta que te defiendas tan apasionadamente. Tal vez no quedó claro el tipo de piropo del que hablo. Por supuesto que el que un amigo o novio o incluso una amiga le diga a una mujer que se ve bien le alegra el día a cualquiera pero hay una diferencia clave: es un piropo anónimo o es un comentario sobre mi? Si me dices que te gusta cómo cambié mi peinado, es un comentario con historia, que reconoce un pasado, una relación, una persona. Eso es lindo, eso fortalece las relaciones y, como dices tu, hace interesante la vida. Pero la picardía no puede llegar a costa de la dignidad. Dime tu, alguna vez una mujer te ha dicho que un señor cualquiera de la calle la hizo sentir hermosa?

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