Confieso que he leído…


¿Qué importa por qué?

¿Qué importa por qué?

Once de Tyler Knoff Gregson.

Recién descubrí a Tyler Knoff Gregson y sus poemas breves diagramados de manera evocativa y nostálgica me tienen sonriendo sola. Uno llamado Once, en particular, me ha perseguido durante días. Dice algo como “Y me amaste tal y como era y siempre había sido, la respuesta y la pregunta no importaron ni importarían nunca”.
Es esa última frase la que me llega cada vez que la leo porque me recuerdan una de mis primeras noches como mamá durante la que Matías lloraba sin parar –como cualquier recién nacido- y yo abordé el tema con la única herramienta que había tenido hasta el momento: el conocimiento. Lo dejé en brazos de Jorge y me senté a Googlear. Busqué causas comunes de llanto, me metí a foros de discusión y estaba esperando para chatear en vivo con una niñera experta cuando Jorge me dijo unas palabras a la vez sabias e incomprensibles para mí: no importa por qué.
Mi primer instinto fue gritar ¿Cómo que no importa? Claro que importa. Es indispensable conocer todos los datos posibles, tener todas las teorías, hacer un cuadro sinóptico y una matriz de referencias cruzadas para identificar la causa y darle solución.   
Pero él no me dio oportunidad de hablar. Me entregó a nuestro hijito y yo sin pensarlo lo mecí en mis brazos. Se quedó dormido plácidamente pocos minutos después y no se volvió a despertar más.
Y entendí lo que Jorge me estaba tratando de decir.
A veces no importa por qué. Algunas veces, y no son pocas, tampoco importa quién, cómo, cuándo ni dónde. Esas preguntas tan importantes en el periodismo a veces no son tan relevantes en la vida. La verdad, a veces tratar de entender algo nos distrae del tratar de resolverlo, y para mí ese es un verdadero reto.
Antes de ser mamá, siempre quería entender. El mundo tenía que entrarme por el cerebro antes de poderlo pasar al corazón. Si no tenía sentido, no tenía importancia.
Ahora que soy mamá entiendo a Tyler y a Jorge y a todas las personas que saben que el conocimiento irrefutable y científico y lógico es sólo una manera de conocer el mundo, pero no la única. Cómo me ha costado desprenderme de ese por qué…por qué no entiendes, por qué no eres capaz, por qué lo hiciste, por qué dejaste de hacerlo. Y también del déjame te explico, es que no has entendido, ven te doy otro ejemplo.
Pero todos esas preguntas las he ido soltando como barquitos de papel.
Al fin entendí que ni las preguntas ni las respuestas importan mucho cuando hay amor. Cuando hay amor, importan las acciones. Importan las intenciones. Importa lo que no se puede explicar ni entender. Y cuando dejé de usar el “por qué”, aprendí una nueva palabra: gracias.

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