Confieso que he leído


Los regalos de la imperfección de Brené Brown

 
Emprender el camino hacia tener una relación más saludable conmigo misma, mi cuerpo, mente y mi alma no ha sido fácil y a veces me lleva a esquinas oscuras y puentes endebles que da miedo cruzar.
Y a veces es francamente humillante.
Resulta que estaba leyendo un pasaje que habla de la importancia de ser vulnerables y que el arte es imposible sin la vulnerabilidad. Si voy a tomarme en serio como artista debo empezar por reconocerme vulnerable y admitir que lloro viendo películas de Disney (y no sólo Bambi, lloré con el final de Congelados hace unas semanas y ni se quieren imaginar el torrente que fue la escena de Toy Story 3 cuando todos se cogen de la mano camino a la hoguera) y que el amor por mi hijo se me brota por entre los párpados al menos una vez al día.
Pero quería hacer más que eso, más que estar cómoda con mi vulnerabilidad en el presente. Quise indagar en mi pasado y reconocer los momentos en los que por tratar de hacerme la valiente o la adulta o la inteligente negué mis sentimientos y, como consecuencia, lastimé a otras personas. Pedí perdón a quienes tenía a la mano pero quise ir más lejos.
Aproveché la ocasión para llamar a un ex novio a felicitarlo por su cumpleaños y su respuesta no fue la que esperaba. Nos quisimos mucho alguna vez y quería darle las gracias por haber sido parte de mi vida, que lo recordaba con cariño, que yo era feliz y que me alegraba saber que él lo era. Quería contarle sobre mi hijo, que me contara historias sobre su hija, que recordáramos viejos tiempos y tal vez que descubriéramos algo en común después de tantos (¡veinte!) años. Pero mi llamada no lo hizo feliz y me trató como si le estuviera ofreciendo un seguro contra picaduras de pulga. Me despachó con velocidad y cortesía profesional y, después de preguntarme cómo lo había localizado -por internet, como lo habría hecho cualquier niño de ocho años- me colgó sin intenciones audibles de volverme a llamar ni recibir mis llamadas. Hasta el sol de hoy no ha querido ser mi amigo en Facebook y no sé si se ha dedicado a olvidar el incidente como una pesadilla o a burlarse de mí pensando que llamaba a pedirle que volviéramos. Me dolió. Mucho. Pero aprendí la lección: a veces el dolor no pasa, a veces la gente no perdona y no todo el mundo se alegra cuando el pasado llama a saludar.
Yo sigo creyendo que cualquier día que incluye una llamada de alguien que quiere decirte algo lindo es un buen día, que nunca es tarde para dar las gracias y que saber que fuimos importantes para alguien nunca está de más.
Pero tal vez sea sólo yo.
Por fortuna no hay más novios por llamar. Sólo fueron tres (estamos contando solamente los que ameritaron usar la palabra “amor”, no los de credencial de Timoteo ni los tinieblos) porque con uno hablo cada ratico y con el otro me casé así que esta humillación no se va a repetir. Pero si tuviera la posibilidad de hacerle llegar un mensaje a ese ex novio le diría que lamento haberlo lastimado, que supe antes que él que debíamos terminar y que tomé una decisión difícil por el bien de ambos pero que siempre habrá un lugar para él en mi corazón y que entiendo si no quiere tenerme en su vida ahora.
No hay canciones ni poemas para quien termina la relación. Todo es para el del corazón roto y no hay simpatía para quien lo rompe. No nos metamos mentiras, no he dejado precisamente una estela de corazones rotos en mi camino pero entiendo ahora que no sólo cargamos con nuestras tristezas, también cargamos con las que causamos. Y esas no sólo hay que lamentarlas; también hay que sentirlas.

 

Esta columna fue publicada en el diario La Tarde el domingo 16 de febrero de 2014

2 comentarios en “Confieso que he leído

  1. CONSUELO dijo:

    El hablar de lo vivido, no es otra cosa que la búsqueda espontánea de los afectos y desafectos, amores y desamores, que al igual que nos hicieron saltar de alegría, también nos rompieron sentimientos puros, limpios y buenos, por ello cuando se intenta desandar lo andado, mejor es hacerlo teniendo en cuenta que los años transcurridos siempre, traen consigo, profundos cambios, que convierten en extraños a quienes un día, dijimos conocer,

Venga opine, deje la timidez...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s