Ser artista no es lo mismo que hacer arte


Ha pasado tanto tiempo que WordPress no me recuerda. Tal vez algunos de ustedes también me hayan olvidado. Y eso está bien porque necesitamos volver a empezar.
A ver les cuento…todo empezó hace un par de años. O mucho más o mucho menos, dependiendo de cómo lo miren. Lo que sucede es que siempre he querido ser escritora. No sólo escribir, que es diferente, porque una cosa es ser una persona que escribe y otra muy diferente es ser escritora. Si no entienden la diferencia tal vez no deberían seguir leyendo porque esto tiende a complicarse. El caso es que desde niña y hasta mi adolescencia tardía, fui escritora. Quienes me conocieron entonces me recuerdan siempre con un cuaderno en la mano. Me gustaban unos de Paper Mate que no son argollados pero que se abren casi del todo y que tienen los renglones anchos porque mi letra es grande y garabatosa y mis cuadernos hacen las veces de legajador y álbum. En todo caso, la escritura era todo para mí y todo iba a dar a mi escritura.

Mi primer cuaderno, circa 1982.

Mi primer cuaderno, circa 1982.

Y un buen día, todo cambió. Decidí que ser escritora, por aquello de que se parece demasiado a ser artista, no era una opción socialmente respetable ni económicamente sana y me convertí en una persona que escribe. Estudié periodismo y me especialicé en estudios culturales y me refugié en la academia para poder tener un público cautivo para mis historias. Acepté tener una columna en un diario regional para poder escribir  -porque escribir para mí es como respirar- pero seguir siendo columnista, que es mucho menos “hippie” que eso del arte. Aunque paga igual (para quienes no sabían, las columnas de opinión no se pagan en Colombia. Al menos las mías, no).
Y así viví durante muchos años. Y estaba bien. Estaba cómoda. Tenía mis fans (el editor les dice ‘lectores’ pero decir que tengo fanaticada me hace sentir famosa) y de vez en cuando alguien me escribía o me mandaba la razón con mi papá de que le había gustado algo que había escrito, que los había hecho reír o, menos frecuentemente, que los había hecho pensar. Y me gustaba la sensación de saber que alguien había leído mis palabras, que yo había creado algo, puesto en el mundo algo que antes no estaba allí.
Pero después de un rato, me sentí asfixiada. Literalmente asfixiada; me despertaba a las dos de la mañana sin poder respirar y me atacaban accesos de llanto que me obligaban a salir sigilosamente de la cama para no despertar a Jorge porque no quería que me preguntara qué me pasaba porque no tenía ni idea qué era todo esto. Durante mucho tiempo no dije nada, sumida en una vergüenza que no sabía y aún no sé explicar. Pero Jorge se dio cuenta y gracias a él y a un par de amigos que me encontré en el camino (ellos saben quiénes son) me di cuenta de que lo que tenía era un ataque de culpa por haberle sido infiel a la única persona a la que le debía total fidelidad: mí misma.
Me puse los cachos. Me vendí barato. Me traicioné. Sofoqué mi voz interior y olvidé mi sueño de ser escritora porque pensé que lo más importante era encajar, cosa que nunca he hecho. Nunca he encajado, ni en el colegio ni en la universidad ni en la sala de redacción ni en el salón de profesores. No había dado con mi tribu y la soledad que eso trae consigo me había hecho pensar que yo tenía algo malo, algo que tenía que cambiar, tapar, ocultar, erradicar.
Afortunadamente, los años traen -junto con la presbicia- algo de sabiduría. Y, gracias al cielo (me refiero al espacio aéreo), el Internet me dio la posibilidad de encontrar mi tribu de manera virtual y reconocerme como escritora, probablemente hippie, decididamente extraña e irremediablemente artista.
Y eso, ¿dónde nos deja? Pues, lo primero que hice fue darme cuenta de que el lugar de donde salían las columnas de Mundo Moderno no siempre era un buen lugar. El humor puede derretir el hielo pero también puede edificar glaciares enormes y yo vivía detrás de uno. Muchas de mis columnas eran sinceras y expresaban una opinión verdadera sobre algo que me importaba mucho pero otras me costaban mucho y eran sólo humor por humor, sin nada detrás o debajo o lo que sea. Algunos notaron la diferencia pero la mayoría, no. Y me daba miedo cambiar, miedo de la gente que dice que he compartido demasiado, que he ido demasiado lejos, que me puse cansona y que ya no soy chistosa y que qué boleta dármelas de seria.

angie's poem

Pero el miedo a lo que dicen los demás es mucho menor que el miedo a lo que me diría a mí misma si algún día se ma acaba el tiempo y me voy con tantas historias por dentro. Por eso anuncio que Mundo Moderno ya no va más.
En La Tarde he contado con el apoyo del editor que me dijo, palabras textuales, “escribe algo bueno y yo veré dónde lo meto”, que es como de lo más sexy que le puede decir a uno un editor. Estamos haciendo el ensayo con una nueva columna que se llama “Confieso que he leído” que empezaré a publicar en este blog a partir de este fin de semana, y aquí en el blog empezaré a publicar más textos inéditos (digo inéditos en parte porque creo que nadie me los va a querer publicar).
Algunos serán humorísticos, o, lo que es más probable, todos tendrán un momento de humor porque el humor sigue siendo gran parte de mí. Pero la finalidad única no es hacer reír. Ni siquiera es hacer que me lean. Es permitirme escribir, y esa es una gran diferencia.
Una frase que nos dicen mucho a los periodistas es que el enemigo de la claridad es la insinceridad. Pues bien, no prometo mucho, pero claridad sí encontrarán en mis palabras, y harta.

Gracias por leer, gracias por llamar, escribir, preguntarme dónde he estado y pedirme que vuelva. Aquí estoy, para bien o para mal, pero para escribir.

Angelita.

Publicado en: 2013

11 comentarios en “Ser artista no es lo mismo que hacer arte

  1. monica pea dijo:

    Que bueno!! por mi parte felicitaciones y te cuento que mesiento absolutamente identificada! un abrazo y felices textos!!!

Venga opine, deje la timidez...

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