Llamadas indeseadas


Mi hijo está en la edad en la que el teléfono le parece mágico. Eso dura, según recuerdo, desde ahora hasta entrada la adolescencia. Yo era de las que pasaba todo el día con mis amigas y llegaba a al casa a llamarlas por si acaso en los diez minutos que nos habíamos dejado de ver había pasado algo trascendental –y admitámoslo, cuando uno es adolescente todo es trascendental. Mi encanto por el teléfono me dio hasta para casarme porque Jorge y yo nos conocimos y enamoramos gracias a este dichoso invento.
Pero ya entrada en la adultez me he dado cuenta de que no todas las llamadas son bienvenidas. He aquí una lista de las llamadas que nadie quiere recibir –y que yo o alguien que conozco ha recibido en la vida real.
La llamada del vecino diciendo que las nuevas cortinas no son lo suficientemente gruesas.
Del motel avisando que dejó la billetera encima de la mesa de noche.
Del banco a decir que esa platica extra que hay en su cuenta fue depositada por error y que la tiene que devolver.
Del taller a avisar que el arreglo del carro no es ni tan sencillo ni tan barato como inicialmente habían pensado.
De la profesora del niño a confirmar una epidemia de varicela en el salón.
De la ex avisando que tiene una enfermedad venérea.
Del ex a avisar que se casa seguida por la amiga que llama a decir que vio a tu ex con una reina de belleza (de verdad, una auténtica reina de belleza).
De la mamá diciendo “No te alarmes…”
Del jefe a decir que del Departamento de Sistemas entregaron el reporte de los sitios en los que uno se la pasa navegando y quiere hacer unas preguntas sobre unos sitios sospechosos.
Del amigo ingeniero de sistemas a decir que definitivamente el computador no tiene arreglo y toda la información se perdió.
Del la universidad a decir que calcularon mal y que uno todavía debe unos créditos y no se va a poder graduar.
Del colegio a decir que faltaron horas del vigía/alfabetización.
Del de la fiesta de anoche a decir que todo fue un error y que mejor olviden todo.
De la de la fiesta de anoche a decir que todo fue un acierto de cupido y que jamás lo olvidará.
De la novia a decir “tenemos que hablar”.
De la portería a decir que vinieron a cortar la luz.
De contabilidad a decir que van a pagar después del puente.
De la amiga diciendo “Si estás tan tranquila es porque no te has metido a Facebook.”
De tu papá a decir “No sé qué le hundí a este computador pero la pantalla está negra…”
De la contadora a decir que esos recibos no son deducibles.
Del marido que está de viaje a decir que lo dejó el avión.
Del papá a decir “Te acuerdas de esa perrita que querías tanto…”
De la empleada a decir “¿Cierto que esa porcelana no era fina?”
Del padrino de la boda a decir “Viejo, la novia no aparece…”
¿Se me olvidó alguna? Recibo aportes, pero mejor por correo electrónico.

*Esta columna apareció originalmente el 8 de diciembre del 2013 en Mundo Moderno en el diario La Tarde*

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