Ecuaciones bonitas y otros oxímoros


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Recuerdo con cariño -y algo de temor- a mi profesor de álgebra, Jaime Ossa (q.e.p.d). Jaime insistía que las ecuaciones eran lindas. Tengo grabada vívidamente la imagen de él emocionado como niño chiquito, manos blancas de la tiza, sonriéndole al tablero y volteando a mirarnos con ojos brillantes. –¿Sí ven lo linda que me quedó? –nos preguntaba. Y algunas asentían, pero yo arrugaba la boca y hacía gesto de asco.
Mis hermanas y yo, hijas de ingeniero, habíamos oído el cuentico ese de que los números son lindos y las ecuaciones son como novelas de misterio. Nosotras éramos más de la idea de que Aurelio Baldor, el autor de la muy voluminosa y vapuleada Álgebra de Baldor, fue un niño rechazado por la sociedad que se dedicó a redactar ejercicios imposibles para vengarse de los hijos de quienes no jugaron con él en el recreo. Pero hay gente como Jaime y mi papá que piensan que hay algo de estético en los números, y al parecer es mucha; tanta, de hecho, que el museo de diseño Cooper-Hewitt del Smithsonian en Nueva York adquirió recientemente el código fuente de Planetary, un app para iPad.
Lo interesante de esta adquisición no es lo que hace el código ni para lo que sirve el app (es un visualizador musical bacanísmo) sino el que un museo haya adquirido el código para exhibirlo, preservarlo y admirarlo, yendo más allá de la recolección de los objetos físicos como calculadoras y computadores y otro tipo de máquinas y dispositivos que ya tienen muchos otros museos, y decidiendo que lo que hace que funcionen esos aparatos es en sí mismo bello. En otras palabras, el código es como una partitura, apreciable por lo que puede suceder cuando se ejecutan sus comandos y por tanto dignos de admiración por el potencial de belleza que contienen, pero también hermosos por lo que son, por la sutileza de las relaciones entre las líneas de texto. Según eso, los programadores son tejedores de mundos comparables con el novelista más premiado.
Para mí es complicado entender este concepto porque eso de que los números son bonitos me cuesta desde que dejaron de ser mis amigos cuando me di cuenta de que lo que en realidad importaba de la canción de las tablas de multiplicar no era el ritmo sino la letra (y yo tratando de sacarla en la flauta para clase de música). Los números y yo peleamos desde eso y yo pensé que así estábamos bien pero últimamente no estoy tan segura, menos desde que me volví adicta a Numb3rs, que además de un alto contenido nérdico tiene un par de actores que me parecen delectables,  y hasta he pensado en darle otra oportunidad a la trigonometría, que siempre me produjo dolor de cabeza porque para mí seno de theta era un pleonasmo y derivar era algo que se le hacía a la leche para obtener queso.
Tal vez Jaime tenía razón después de todo y haya algo de bonito en una ecuación. Voy a nominarlos a él y a mi papá al Nóbel de la Literatura Algebraica.

 

 

 

*PUBLICADA EL DOMINGO 22 DE SEPTIEMBRE DE 2013*

 

8 comentarios en “Ecuaciones bonitas y otros oxímoros

    • Angela Alvarez Velez dijo:

      Toda la razón, fue eso y más. Jaime tiene un lugar especial en el corazón de muchas gimnasianas y apuesto que está dando clase en algún lugar allá arriba empezando, como empezaba siempre, con que: no me pueden revolver naranjas con manzanas.

  1. deepfield dijo:

    Como, sabe, soy su seguidor permanente y me gustan mucho sus columnas, que no dejo de leer.

    Sin embargo, me desconciertan aquellos que, como usted, hacen gala de su matematicofobia como si fuera una virtud. No sólo son las mátemáticas de verdad fascinantes (¿por qué las tres alturas de un triángulo se cortan en un punto? ¿por qué al tirar una piedra o una pelota de béisbol la curva que describe es la misma que se obtiene si se corta un cono en una dirección determinada?) sino que también son indispensables para cualquier actividad humana, dada la también increíble y fascinante propensión de la naturaleza a dejarse describir mediante matemáticas: ¿no es una maravilla que lo que hace caer una manzana de un árbol y lo que hace girar los planetas y las lunas sea exactamente lo mismo, y su ecuación matemática sea una sola? ¿Cree acaso que se podría hacer un computador más allá del ábaco sin matemáticas? ¿cómo cree que se diseñan las refinerías en las que se produce la gasolina para su carro? ¿o el motor de su carro, para que funcione por cientos de miles de kilómetros? ¿sabía que las notas musicales siguen una serie matemática precisamente definida, y que cada octava tiene exactamente el doble de la frecuencia de la anterior?

    Las matemáticas son algo de lo que la humanidad en general debería estar orgullosa. ¡Pobre don Jaime!

    • Angela Alvarez Velez dijo:

      Tapo, tapo, tapo. Vamos por partes.
      Primero que todo, sé que me lee y, como dicen en los noticieros, agradecemos su sintonía. Pero creo que esta vez leyó con afán y tal vez no terminó la columna porque la verdad aquí no hago gala de ninguna matematicofobia. Lo que hago al principio de la columna es reconocer que las matemáticas no me gustaban hace veintipucha de años que las vi en el colegio. Y, a propósito, no siempre me disgustaron. Fui bastante buena en aritmética y parte del problema con las matemáticas avanzadas fue la barrera del idioma, pues aunque nací en Colombia pasé toda mi niñez en Estados Unidos y mi lengua maternal es el inglés. La verdad es que nunca me fui así como muy bien que digamos en el colegio aquí, me dio mucho trabajo aprender a tildar y casi pierdo el año por Religión (otra historia para otro día). Pero si sigue leyendo verá que después cuento cómo he aprendido a apreciar la belleza de las matemáticas, y concluyo con que mi papa y Jaime tenían razón sobre las ecuaciones bonitas.
      Y en cuanto al pobre Don Jaime, ni pobre ni Don. Jaime Ossa es uno de los profesores más recordados del Gimnasio Pereira y cuando digo que lo recuerdo con cariño no es ninguna ironía. Jaime y yo nos encontramos no hace mucho y el abrazo fue fenomenal y se me encharcaron los ojos cuando me dijo que leía mi columna.
      Entiendo que se ponga a la defensiva cuando alguien raja de las matemáticas que tanto ama. Lo mismo me sucede cuando alguien raja de la química, que me fascina, o de la biología o de la ortografía. Pero lea bien que esa no era la intención de esta columna, sino todo lo contrario. Y es bien diferente admitir una falencia que presumir de ella. Lamento herir susceptibilidades y cuando me equivoco lo reconozco, pero esta vez creo que aceleró en amarillo. Respire hondo, vuelve y lea y después hablamos.
      Mientras tanto, un abrazo al cuadrado.

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