Apología del pocillo tintero


English: A photo of a cup of coffee. Esperanto...

English: Cup of coffee. Esperanto: Taso de kafo. Français : Tasse de caffé Español: Taza de café. No importa el idioma, lo que importa es el hmmmmm.

 

Recibí con sentimientos encontrados la noticia de que Starbucks abrirá sucursales en Colombia. Me alegra que vengan empresas nuevas, que generen empleos nuevos y que traigan consigo sabores y placeres novedosos. Conozco la cadena y he disfrutado de las tortas, panecillos y sorbetes de té y frutas que ofrecen pero no me gusta el café, más específicamente la manera como lo sirven.
 
Verán, por más que me guste la idea de la asepsia del desechable, a la hora de tomar café me hace falta la taza, el pocillo, el mug y hasta la coca sin orejas de azul celeste desvanecido que se usaba ahora años y que a veces se encuentra en las fincas. Quienes asienten en este punto son los verdaderos tinteros, los que saben que en Colombia cuando se pide un tinto no se habla de licor sino del vino de la casa, del cafecito, de ese líquido oscuro y misterioso que no se chupa, no se sorbe sino que se atrae lentamente hacia la lengua con los labios tiernitos que son los que miden el calor. Si está caliente, no importa, más rato para la conversa. No se deja enfriar porque eso sería un pecado. Los buenos anfitriones saben que la temperatura del café y la temperatura de la parva son un maridaje, una simbiosis, una sinergia.
 
Ponerle tapa al café interfiere con la física del enfriamiento y la evaporación, la química de la oxidación y cinética de revolver el azúcar; nos impide ver el brillo seductor de la superficie aceitosa cargada de tonos caramelizados que dejan adivinar el tueste; le quita el aroma, que es como quitarle el preámbulo a un encuentro amoroso. Ponerle tapa al café es el equivalente gastronómico a la piyama que usaba Fernanda del Caprio en Cien años de soledad.
 
Pero llega Starbucks y con ello aumentan los sitios que sirven café en vasito de cartón con cojedero plegable que en realidad no sirve. Uno intenta sonsacar el brebaje pero ese roto no empata bien con los labios, que no logran formar un túnel perfectamente hermético y el líquido –que además siempre está hirviendo- se derrama y uno se vuelve un ocho y se unta la corbata o la blusa o lo que sea y la gente termina haciendo muecas como de asco formando una “o” con la boca para no chorrerase e inclinándose hacia delante para salvaguardar la pinta. Se toman el café de pie, de prisa, de paso, sin conversar, sin tener contacto visual con algo más que esos rectángulos centelleantes que tanto nos esclavizan.
 
Leía que una de las razones por las cuales los cafeteros están felices de que venga Starbucks es porque los colombianos no tomamos suficiente café. Según cuentas, el colombiano promedio consume alrededor de dos kilos de café al año mientras que en noruega consumen doce. Pero es que el tema no es cuánto café se toma uno sino cómo, cuándo, con quién, hablando de qué y acompañado de cuáles comistrajes.
 
Así que bienvenidos, Starbucks y los que quieran venir. Pero vengan con humildad y guárdense sus cartones que aquí les enseñamos cómo se disfruta de verdad de un tintico.

 

*PUBLICADA EL 1 DE SEPTIEMBRE DE 2013 EN LA TARDE*

 

6 comentarios en “Apología del pocillo tintero

      • deepfield dijo:

        Entrando en materia, yo no soy muy de cafés calientes, y definitivamente no me gusta el tinto: denme un granizado o una malteada de café, y ahí sí negociamos…

        Sin embargo, creo que cualquier cosa que incentive el gusto y el consumo de café en nuestra (otrora) potencia mundial cafetera es bienvenida. No hay derecho a que en el reino del café suave se consiga (y se consuma) té en todas las variedades y en cantidades alarmantes.

  1. Philip Brown dijo:

    Totalmente cierta tu opinión al respecto y la comparto. Pero lamentablemente me temo que veremos colas y tumultos para pagar cuatro veces más por un café solo para sentirse como en una serie de TV sentados en un sillón mullido y después salir por la calle, con el dichoso vasito en la mano para sentirse en Hollywood, Manhattan, Madrid o similares…
    Mi conflicto está en que esto como espectador de una ciudad manipulada me molesta, pero como persona dedicada al marketing/publicidad me apasiona… es de locos, lo sé.
    Por otra parte, a el que le gusta el tinto en taza, lo seguirá tomando donde siempre… donde se está a gustito.

  2. Luis Zárate Rodríguez dijo:

    Qué maravilla. Me encanta leer a Angela, porque ella sabe como peinar una calavera para que le vuelva a salir cabello. Hablando de café, les cuento que una amiga me regaló un paquete de café pergamino molido. Qué delicia. El cafecito colombiano es mejor que el vino.

Venga opine, deje la timidez...

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