La verdad sobre los perros y los gatos


Una miríada de circunstancias –que incluyen un trasteo y una infestación de roedores- nos han traído tres nuevos miembros a nuestra familia y con ellos hemos descubierto mucho sobre las relaciones intrafamiliares, intraespecíficas e introspectivas.

Dalí, con nombre de artista, es un labrador negro de siete años rescatado, que nos conste, dos veces de una muerte inminente. De babosidad baja y actividad media, afectuosidad extrema y lealtad superlativa, juicioso, no vela, ladra poco, corre ocasionalmente, no persigue la pelota y está teniendo un affaire de lo más enternecedor con la Husky del lado (se lamen por entre la cerca. Es de postal, se los juro). Dalí es de Jorge y tiene un lugar privilegiado, sentado a Su Derecha (con mayúscula, por favor) en la mesa y en la sala. El perro tolera paciente y amorosamente a Matías y básicamente me ignora a mí y mira con desdén al resto.

Se le suman Matilda y Mafalda, con nombres de brujas, gatas de 9 semanas, criollas, salvadas de las garras esmaltadas de una niña para caer en las manos pegajosas de un niño. De babosidad nula, necedad alta, afectuosidad escasa, lealtad inexistente. Son de nadie pero parecen tolerar mi presencia, le bufan a Dalí, le huyen a Matías y están planeando asfixiar a Jorge con una bola de pelo en cuanto lo cojan desprevenido.

Hasta ahora, nadie ha salido lastimado. La creencia de que los perros y los gatos son enemigos naturales no es correcta. Los perros no odian a los gatos; simplemente persiguen cualquier cosa que corra, sea gato, ardilla, mapache o niña usando medias con pelotitas colgantes (pregúntenle no más a mi hermana Lina). Los gatos no odian los perros; simplemente los consideran un ser vivo más que hay que esquivar es su intento por pasar por el mundo con el menor contacto posible con objetos no lácteos. Ambas especies pueden convivir y en algunos casos hasta jugar y formar vínculos afectivos (o, como los gatos lo definen, fuentes de calor en caso de lluvia).

Los humanos, en cambio, somos otro cuento.

Entre Jorge diciendo “tus gatas le han robado la coca a mi perro”; yo alegando porque “tu perro se le come la comida a mis gatas” y Matías llorando porque “ninguna de mis mascotas quiere jugar conmigo a dejarse decorar el pelaje con escarcha”, admito que hemos tenidos algunos roces. Las batallas peludas han comenzado y mientras canino y felinas luchan por dominar territorios como mi escritorio, el tapetico al lado de la cama de Matías, la zona debajo de la mesa del comedor y el lugar justo delante de la chimenea donde llega el calor pero no hay peligro de llamas, los humanos nos damos codazos para ver con quién nos arrunchamos a ver televisión.

Mi predicción es que Dalí, Matilda y Mafalda terminarán hechos una bola peluda de paz y amor mientras Jorge y yo nos peleamos por Matías quien pronto se aburrirá de la escarcha.

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Mafalda es la que está dormida. Matilda mira fijamente al celular con cara de “una más y te rayo la pantalla…o la cara, tu eliges”

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Las gatas en el regazo de Jorge.

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Dalí y Matías nos echaron a mí y a Jorge de la cama.

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Amor puro y verdadero.

* PUBLICADA EL 18 DE AGOSTO DE 2013

Matilda, Dalí y un pedacito de Matías. No hay sangre ni lágrimas.

Matilda, Dalí y un pedacito de Matías. No hay sangre ni lágrimas.

EN LA TARDE*

2 comentarios en “La verdad sobre los perros y los gatos

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