La mamicartera


Mi mamicartera. Esta foto no es un montaje.

Mi mamicartera. Esta foto no es un montaje.

Yo estaba preparada para la transformación. Yo sabía que mi cuerpo no sería el mismo pero todo eso lo enfrenté con gracias y dignidad (y la ocasional rabieta porque pensaba que con la última contracción dejaría de ser parturienta y me convertiría en mamá y todo volvería a la normalidad.

Ja, ja, ja. Aparte de las estrías que me dejaron como si me hubiera revolcado con un tigre, se me deformaran los pies y los globos oculares, se me oscureció el pelo, me salieron canas, me volví alérgica a mi marca de maquillaje predilecta y se me resecó la piel y quedé con problemas de azúcar en la sangre

Pero no sólo sufrió mi cuerp. Sufrieron mis posesiones. Antes de tener que pensar en banalidades como alimentar a mi hijo yo podía invertir una porción generosa de mi quincena en la compra de útiles e insumos profesionales como libros, esmaltes para uñas, polvos, cremas, ungüentos, perfumes, barras hidratantes para labios, estilógrafos, cuadernos de diseñador y trufas de whisky. Y todo iba a dar a una de mis fabulosas carteras. Ay, cómo me encantan las carteras…y las billeteras y las bolsitas y los portalápices y los monederos y los portalabiales y los estuches y todas las cositas con cremallera y espejitos y…en fin, tienen la idea.

Mas ahora, mi cartera, otrora de tamaño decente y hecha en cuero, negra, con mariposas en relieve y forro satinado, altar y receptáculo de todas mis vanidades, banalidades y feminidades, es ahora grande, de material antiinflamatorio, a prueba de agua, sismoresistente, deforme y decididamente maternal. Abro mi mamicartera, con cautela meto la mano y me topo con al menos cinco crayones, pañuelos faciales en diferentes estados de humedad, un surtido de partes de juguetes –un brazo, una cabeza, un casco que no pertenecen al mismo cuerpo- y algo que alguna vez se pareció a una barra labial hidratante con sabor a cereza que ahora está mordida y babiada.  Además mi mamicarera tienen un lugar para el jabón antibacterial, los pañitos húmedos, el Neosporin, las curitas del Hombre Araña (que sirven tanto para las laceraciones reales como para las imaginarias), el atomizador desinfectante, el Spray Mágico (que espanta arañas, zombies y monstruos comeniños), botella de agua, termito con jugo, coca con tapa hermética con trocitos de manzana verde, bolsita hermética con trocitos de zanahoria, marcadores lavables, hojitas para rayar (porque no todos los restaurantes tienen juguetes para niños, lo cual debería ser obligatorio por ley) y una billetera que está que se revienta porque además de mi pase, mi cédula y dos billetes de diez contiene el registro civil, el carné de la EPS, el carné de vacunación, el carné del colegio, la tarjeta con el número del pediatra y las tarjetas de las cuatro mil empresas de salones de juegos con maquinitas y atracciones (ya no son de monedas) y las tarjetas de descuentos de club infantil de siete restaurantes distintos.

No cabe duda, a la mamita se le reconoce por la cartera. Pero no cambiaría la mía por nada…aún. Feliz Día de la Mamicartera habiente y nos vemos en la fila (no sé cuál pero siempre hay una).

 

* PUBLICADA EL 12 DE MAYO DE 2013 EN LA TARDE

3 comentarios en “La mamicartera

  1. abundancia77 dijo:

    Jaja te entiendo! Hace 5 años nació mi hija y peso 2 kilos y medio.. A la fecha en mi espalda llevo como 5 kilos de peso en mi bolsa..jaja entre crayolas, peines, ligas para el cabello, galletas..etc tu si me has de entender..

Venga opine, deje la timidez...

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