El Mundo AM


La pata de la vaca

La pata de una vaca. Esto estaba en el borde de la carretera ayer. Matías y yo la vimos camino al cole. Esta es una de esas cosas mañaneras… (la cabeza de la vaca estaba al lado pero me parece demasiado macabra publicarla. Pero le tomé foto…)

No soy una persona mañanera. Mi cerebro se despierta tipo 11 y mi simpatía no se asoma antes del mediodía. Tipo 4:30 soy una caja de música pero realmente llego a mi mejor momento a las 5:45, que curiosamente coincide con el Happy Hour en la mayoría de los bares pero creo que es pura coincidencia (o memoria genética, no estoy segura). La noche es mi amiga. Mis tesis y el par de libros que he escrito los que escrito de noche, tres de ellos anteriores con la misma gata acostada en mi regazo. La noche se me hace emocionante, llena de energía misteriosa y un ambiente eléctrico. Lo que se hace de noche está teñido de complicidad. Las actividades más mundanas y cotidianas adquieren un matiz nuevo cuando se realizan a la luz de la luna. Cómanse un huevo frito a las 11:30 PM y verán que les sabe diferente.

Pero hace rato no veo la noche. Llego a las 8 PM cabeceando como toro bravo porque mi hijo es madrugador. MUY madrugador. Se despierta generalmente antes de las 6, incluyendo domingos, festivos y días helados, y pasa de fundido a disfrazado de Batman en cinco segundos. Cuando logro dormirlo a las 7:30 PM ya no me dan ganas de leer ni de escribir ni de revisar si tengo pedazos de chicle en el pelo. A duras penas tengo energía para comer y ya. Lejos han quedado los días en los que llamaba a mis amigos noctámbulos para hablar hasta altas horas de la mañana de toda suerte de temas intrigantes (porque la verdad es que la sexualidad de Luke Skywalker es un tema que de día no puede tratarse), me metía a las redes sociales o leía autores densos como Milan Kundera o W. Sommerset Maugham (no me imagino uno cómo lee Foucault a plena luz del sol). Incluso esas noches de recién casados cuando Jorge y yo nos quedábamos hasta tarde hablando de todo y de nada, antes de que nuestras noches estuvieran llegas de remedios para la tos, teteros y vaporizadores.

Ahora me levanto temprano y el sol me sorprende caminando por la carretera veredal con Matías de la mano, rumbo al colegio que queda cerca. Trato de ponerle buena cara a la cosa pero la verdad es que el sol se me hace vulgar y medio mañé. Los colores son chillones, los sonidos son estruendosos y huele a queso. Mientras que la noche es de los gatos, las brujas, los amantes y las conspiraciones, la mañana es de los perros callejeros, los lecheros, los maletines de cuero y las cirugías.

Pero poca opción tengo. Ya mi blancura vampiresca ha cedido y tengo tantas pecas que de lejos parezco bronceada y me he hecho amiga de los demás matutinos. Tengo gorro de viejita y botas pantaneras y le he cogido cariño al olor de la boñiga.

Todavía extraño mi amiga noche. Tal vez algún día regale mis piyamas de franela que huelen a tetero y me compre una piyama de satín negro. Aunque lo más probable es que Matías luego la use como disfraz de Drácula para una presentación del colegio.

 

+ PUBLICADA EL 7 DE ABRIL EN LA TARDE

3 comentarios en “El Mundo AM

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