Todo por metro


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Esta fue la cantidad de cajas que necesitamos para empacar mis libros. Y eso fue después de hacer una purga y regalar varios.

Recuerdo que cuando era (más) joven había una empresa que sacaba chicle por metros. El metro de chicle venía en una caja redonda y el que más me gustaba era rosado. También recuerdo pizza y sánduches por metro. Aquello del metro me parecía novedoso y ahora he descubierto libros por metro. Interesante, ¿no?

Se trata de la original propuesta de la librería Strand de Nueva York que se especializa en libros raros pero que ha ido creando un negocio alternativo de venta y alquiler de libros por metros. Se preguntarán para qué necesita uno un metro de libros. Pues resulta que muchos clientes son cineastas, o mejor dicho, las personas encargadas de diseñar los escenarios para cine o televisión y necesitan, por decir algo, diez metros de libros de cuero rojos de 15 centímetros de alto. También hay personas que usan los libros como decoración y llaman buscando el metro y medio que les falta para llenar un rincón de la biblioteca. Yo desconozco lo que es una biblioteca vacía y ya antes he confesado que tengo libros en todos los rincones de mi casa (algunos recordarán el famoso embargo que mi hizo Jorge cuando me prohibió comprar más libros hasta que me leyera todos los que tenía. Pero entonces llegó Kindle…). Pero Jenny McKibbe, la diseñadora jefe de Strand, ofrece otro servicio más interesante aún: metro de libros curado. O sea, una biblioteca curada por metro. Es decir, uno le dice que quiere diez metros de libros de arte de Picasso o le hace como una lista de mercado y ella le arma a uno la biblioteca de sus sueños. Eso sí que suena sexy.

Mi biblioteca está lejos completa. Hay libros que añoro pero nimiedades como comprar mercado y vacunar al niño se interponen entre nosotros. Reconozco que a veces voy a las librerías y acaricio el lomo de los volúmenes de cuero como quien soba a los perritos en las tiendas de mascotas. Y yo hasta los oigo gemir un poco cuando me voy sin ellos…

Pero el caso es que he pensado mucho en cómo sería mi lista de mercado para McKibben si me gano el baloto. Creo que sería algo así:

 Dos metros de novelas latinoamericanas de principios del siglo XX; seis metros de Mafalda; dos metros de Calvin y Hobbes; quince centímetros de Garfield; un metro de Justo y Franco; medio metro Psicología; dos metros de alquimia –pero de la buena, de libro con pasta dura decorada que tenga cara de haber sobrevivido varias guerras; diez metros de historia; cinco metros de diccionarios; veinte metros de fotografía, arte y diseño surtidos.

Me gusta este ejercicio. Creo que esto del metro curado tiene potencial. Por ejemplo se podría hacer negocio con la música: un metro de Queen, dos metros de U2, cinco centímetros de Phil Collins, diez metros de música de los ’80 y así.

¿Y qué tal una cocina curada? Condimentos por metros. Dos metros de italiano, metro y medio de árabe y veinte centímetros de caribe. Podría ser.

Creo que le voy a decir a Jenny que hagamos negocio. Tal vez hasta podríamos expandir e incluir metros de zapatos, de ropa, de cine, de amigos…

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