Sencillez y sensibilidad


Turkish Tea

Ejemplo del té cachaco

Esta semana comprendí algo: la sencillez está sobrevalorada, sobre todo en Colombia. Como no crecí aquí no tengo esa apreciación por lo sencillo y con frecuencia me ofendo cuando invito a alguien a comer a mi casa, le dedico tiempo y esfuerzo a preparar algo rico y en lugar de echarme flores me dicen –ay, pero no has debido molestarte, la próxima vez me haces algo más sencillo.

 

La persona cree que me está diciendo que no era necesario todo lo que hice, pero lo que en realidad quiere decir es que no se lo merece, o que nuestra relación no lo amerita. Les voy a contar un secreto: si no se lo mereciera, no lo haría. Yo tengo dos cajas de té, el de la visita normal y el de la visita que me cae bien. A los primeros les doy aromática común y silvestre; a los segundos les ofrezco de mi colección privada de mezclas exóticas que vienen con historias y sueños de viajes. Lo mismo con los postres, dulces, mermeladas y recetas. Si no me importara le daría un paquete de galletas saltinas y una sopa en sobre,  pero si me puse a hacerle mi famosa pechuga de pavo con salsa de mostaza Dijon con estragón o el cheescake con salsa de moras y menta que cultivé yo misma en mi propio jardín es porque quiero hacer algo personal y decirme que no lo he debido hacer me duele un poco. Me duele porque si cree que no valió la pena es porque piensa que nosotros no valemos la pena, que la ocasión no da para tanto o, en algunos casos, que no haría lo mismo por mí.

 

Ahora, muchos dirán que es señal de confianza cuando se recibe la visita en piyama, de pierna peluda y se le da de comer arepa con queso, y tienen razón. Cuando es una visita que se repite a menudo, cuando es “de la casa” uno le puede dar café tibio en taza despicada y decirle que lave el plato. Pero yo estoy hablando de la visita, de la comida, de los convites que se anhelan y se planean con gusto y cariño. Si me tomé el trabajo de sacar la vajilla bonita, poner flores y depilarme el bigote, lo mínimo que puede hacer es reconocer que hice algo especial y sentirse importante por ello.

 

Entiendo que para muchas personas no es fácil aceptar los derroches de atención. Nos han enseñado que nos de pena o nos sintamos incómodos porque no queremos importunar. Lo que muchos no ven es que también es un placer dedicarle un rato a pensar en cómo contemplar a alguien, cómo hacerle sentir que vale el esfuerzo y expresarle nuestra dicha porque podemos compartir un rato. La comida elegante, el mantel bordado y la servilleta alcholchada son cariñitos que no hay que despreciar.

 

De allí que diga que eso de la sencillez está sobrevalorada. Yo creo que la complicación también es una forma válida de expresar amor, y si yo me complico por usted, agradézcalo, siéntase halagado, aprecie la bomba y valore los platillos. En otras palabras, déjeme complicar por usted, y si siente el impulso, bien pueda complíquese por mí.

 

2 comentarios en “Sencillez y sensibilidad

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