De vacaciones


 

Holy Rodents, Karmi Mata temple, Deshnok, India

Holy Rodents, Karmi Mata temple, Deshnok, India (Photo credit: haypelones)

 

Mi esposo anda con el cuento de irnos de vacaciones. No tenemos cómo ni con qué pero hacer reservaciones imaginarias le resulta divertido y a mí me parecía inofensivo hasta que me dijo que deberíamos pensar en hacer algo “diferente”. Esa palabra es bien peligrosa. Es decir, hay diferente bueno, como cuando uno se arriesga y pide adición de ciruela con tocineta en la pizza, pero hay también diferente malo como cuando uno pide el plato vegetariano en el avión y resulta que todo es gris y huele a medias viejas.

 

Me puse a investigar un poco sobre planes vacacionales exóticos y averigüé cosas bien interesantes.

 

En la lista de posibilidades descartadas está el nuevo cinema-jacuzzi deLondres. A mí el cuento del jacuzzi me parece maluco, sobre todo cuando se trata de mezclar aguas tibias y licor con personas cuyas vejigas desconozco. Otro que definitivamente no intentaré es el restaurante-cueva de Finlandia. En el uno, la gente ve películas mientras está sumergido en agua caliente con amigos y desconocidos y en el otro la gente cena a 80 metros bajo tierra e incluye postre a 350 metros bajo tierra (¿si afuera es al fresco, allá abajo es al rancio?). . El restaurante subterráneo, sin embargo, no me seduce para nada. Además de darme claustrofobia mental de sólo pensarlo, debo decir que la idea de cenar respirando aliento de ajo que hace una semana retumba por la cuevame quita el apetito más pronto que una cucharada de manteca.

 

No muy lejos en la lista del NO está la Isla de las Muñecas de México. Suena hermoso, como una especie de Barbie resort, pero no lo es. Se trata de una isla llena de muñecas enteras y descuartizadas en diferentes estados de descomposición. La idea de pasear por una playa y ver cabezas plásticas tuertas y extremidades flotando por ahí no me parece divertido. Definitivamente no haré reservaciones para pasar Navidad allá.

 

Tampoco me esperen en el Templo de Karmi Mata en India. Las 20 mil ratas que se veneran allí no contarán con mis caricias ni oraciones y no pienso tener el honor de comer algo que haya sido mordisqueado por ellas, ni siquiera las más sagradas ratas blancas.

 

Y ni crean que sucumbiré al encanto del Musee des egouts de París. Si llego a París es para tomar café au lait (que hasta hace poco  pensaba que era café olé) y dármelas de intelectual citando El código Da Vinci, pero hacer el recorrido por las cañerías parisinas no me suena. Si quiero ir de vacaciones a un lugar donde huela a popó hay un río por aquí cerquita que me sale gratis.

 

Esto de las vacaciones alternativas no creo que sea para mí. En conclusión, creo que le diré a mi marido que si quiere unas vacaciones diferentes mejor nos quedamos en casa y pedimos pizza con cerezas. Es suficiente aventura para mi.

 

Venga opine, deje la timidez...

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